martes, 26 de julio de 2016

¿Qué significa el socialismo hoy?


http://www.herramienta.com.ar/herramienta-web-5/que-significa-el-socialismo-hoy ¿Qué significa el socialismo hoy? Autor(es): Cerletti, Jorge Cerletti, Jorge. Recapitulación crítica “Estamos frente a un proceso social y político diferente, frente al cual no se puede repetir más lo sabido.” (“Reformismo social y disputa de hegemonía” de Francisco Hidalgo Flor, Herramienta Nº 41) La cita demarca la frontera teórico-política ante la que nos hallamos. Y aún no podemos desprendernos de los contrapesos del bagaje conceptual anterior que no responde a los desafíos actuales, sea por repetición de libretos ya “vencidos” o por proclamar lo nuevo como si bastara con invocarlo. Desde luego existen aportes de ideas valiosas, pero lo más rico de lo que está naciendo surge de experiencias concretas con diversas características sin que las construcciones teóricas estén a su altura. No es de extrañar entonces que la situación que se presenta en Argentina y en Latinoamérica dispare fuertes polémicas y divisiones, producto de interpretaciones sostenidas desde discursos parcializados cuando no precarios. Así, quienes apoyan las políticas de los gobiernos “progresistas”, cualquiera sea su grado de adhesión, apuntan a morigerar los efectos depredadores del orden capitalista pero sin cuestionar la naturaleza del sistema que origina dichos efectos. En cuanto a los que sí cuestionamos al capitalismo, ubicados al margen de los cánones clásicos y de la reproducción de cursos agotados, constituimos una franja donde el momento que vivimos también provoca valoraciones disímiles y no pocas fricciones. Este entramado de divergencias muestra lo difícil que supone el reto: “no se puede repetir más lo sabido” y mayor aún, el de lograr bases comunes para que vaya surgiendo una inteligencia colectiva capaz de inducir cambios sustanciales, comenzando por los propios. Las limitaciones de los primeros no implican omitir las que atañen a las distintas aperturas donde prevalece la negación, sin que aún se constituyan alternativas contrahegemónicas que tengan suficiente fortaleza y que engendren un cuerpo teórico acorde a los trascendentes cambios que se viven. Es que las experiencias innovadoras, en desarrollo, enfrentan agudos problemas que no pudo resolver la teoría marxista confrontada a varias de sus previsiones claves que fueron refutadas por los hechos. Lo cual remite a la cuestión del Estado, del poder, de la representación, de los sujetos y de la producción mercantil. Cuestiones que atravesaron la frustrada transición al socialismo y que continúan vigentes en la problemática actual del campo emancipatorio. Las mismas forman parte de un cuadro más amplio que plantea la prefiguración de otro orden social que se identifica con el “socialismo” concebido como transformación radical. Lo cual exige pasar de la crítica negadora del sistema capitalista, condición necesaria pero insuficiente, a las propuestas creativas que conciernen a los lineamientos de un modelo, a los proyectos políticos estratégicos y a su metodología de construcción. Trilogía con claros vínculos en contradicción con las “urgencias” cuando éstas son asumidas como justificaciones de la sempiterna postergación de los temas de fondo. Lo que someramente expondremos a continuación apunta a esa irresuelta problemática cuyo abordaje nos parece impostergable para pasar de la crítica antisistema a la gestación de políticas emancipatorias que, fundando un suelo común, potencien las múltiples contribuciones existentes. Sin embargo, la fragmentación de nuestro campo es una evidencia de las dificultades para articular ideas y experiencias que ayuden a clarificar lo que está en juego en esta etapa con vistas a su superación. Las diferencias bien entendidas movilizan, pero lo que engendra serios obstáculos es la disposición a transformarlas en reductos grupales y/o personales impermeables a razones ajenas lo que conspira contra el quehacer colectivo. Algunas tesis que no resistieron la prueba Evidentemente transitamos un período de incertidumbre luego del vacío engendrado por la teoría emancipatoria más importante de la historia, la que produjo Marx, que preveía la transición al socialismo como la primera fase del proceso de liquidación del sistema capitalista. Y esta prognosis fallida incluyó la concepción política debida a Lenin. La perdurable influencia de ambos radicó en que protagonizaron e inspiraron los mayores logros revolucionarios de los dos últimos siglos. Sin embargo, lo acontecido en las décadas recientes y asumiendo la práctica como criterio de verdad, que tanto uno como otro profesaron, emergieron los déficits que portaba su andamiaje teórico político. En función de lo señalado, cabe preguntarse por el significado del socialismo hoy y su nivel de universalidad. Con ese fin mencionaremos algunas tesis clásicas que no resistieron la prueba del tiempo, según nuestra opinión. Y esto tiene importancia pues se relaciona con la situación actual que demanda construcciones políticas innovadoras con vistas a la emancipación. El desarrollo de las fuerzas productivas estuvo asociado a la idea de progreso como un curso inexorable de la historia. Ligado a ello, las relaciones sociales de producción cobraron un claro tinte economicista que se reflejó en la definición de las clases como el lugar ocupado en la producción por los diversos agentes. Todo lo cual redundó en la separación entre lo que se dio en llamar la superestructura y la estructura económica de la sociedad. Divorcio que no logró subsanar la apelación a ésta como “última instancia”, dado que subsistió como factor determinante que desplazó, en el imaginario socialista, a la política como eje principal que debía dirimir la viabilidad de las transformaciones estructurales. Y esto resultó así a pesar del formidable impulso que le insufló el leninismo a la política revolucionaria. Impulso que potenció a ésta y que cobró cuerpo en la antinomia entre “reformistas” y “revolucionarios”. Los primeros, como fieles exponentes del economicismo. Los segundos, que lo combatieron sin lograr desprenderse cabalmente de la concepción que criticaban y que subyacía en su interior. Esto influyó en las conocidas divisiones de las corrientes socialistas que cristalizaron en la Tercera Internacional. El triunfo de la revolución bolchevique dio razón a estos últimos que hegemonizaron el proceso. Pero el problema quedó latente, ya que se entrelazaron las cuestiones irresueltas en función de la persistencia de la sociedad mercantil y el fenómeno de la concentración del poder y del Estado a cargo del partido. La situación en Rusia y demás países donde triunfó la revolución se caracterizó por el escaso crecimiento de las fuerzas productivas comparadas con las naciones de punta del sistema capitalista (desarrollo desigual). Esto dio lugar a la tesis de Lenin del “eslabón más débil” y en los países dependientes a la posterior formulación del “subdesarrollo”, que planteó la CEPAL, y también a la teoría de la dependencia que propusieron los sectores radicalizados. De acuerdo a lo que nos interesa destacar en este punto, sólo haremos una breve mención al caso paradigmático de la ex URSS soslayando sus particularidades. La socialización de los medios de producción, objetivo del período de transición del socialismo, en rigor se tradujo en una estatización de los mismos. O sea, de la apropiación privada se pasó a la apropiación pública como patrimonio del Estado. Por tanto, la cuestión de la socialización quedó en manos del Estado que representaba a las grandes mayorías, entre las cuales la clase obrera cumplía el papel rector de aquéllas. Lo cual comportaba una serie de mediaciones coronadas en el liderazgo del PC. A todo esto, el aparato del Estado se sostuvo en una vasta burocracia administrativa, dueña de saberes y procedimientos conformados en base a la tradición burguesa que debía revertir el partido, controlando y reorientando, política e ideológicamente, a los funcionarios técnico-administrativos encargados de implementar las medidas revolucionarias. Los revolucionarios que tomaron por asalto el Estado burgués no previeron en toda su magnitud el riesgo de ser asaltados, a su vez, por el peso cultural-político que arrastraba dicho aparato. Sólo que ese peligro, superados los enfrentamientos armados, no provino de contrarrevoluciones sino de la lenta corrosión del empuje emancipatorio. Y aquí funcionó el Estado como dispositivo de poder, cuya estructura jerárquica fue distanciando a los dirigentes de los dirigidos. La clase obrera y los oprimidos en general, obtuvieron conquistas sociales importantes pero, en verdad, se produjo un cambio de patrones, pues los productores directos siguieron siendo obreros asalariados de las fábricas regenteadas por representantes del Estado nutridos por los cuadros del partido. Y por más que se planificara la producción, generando una distribución más equitativa de la riqueza, no cambió la estructura mercantil heredada, y el dinero continuó como patrón de valor para la planificación socialista que debía compatibilizar la asignación de recursos de la demanda interna con las exigencias del mercado mundial. Luego su presunto papel de intermediario del trabajo humano, aparentemente aséptico, desplazó a la producción de bienes de uso como ordenatriz social y el valor se constituyó en la base del cálculo económico. Lo que interactuó con el imaginario de los “administradores”, que erigieron el crecimiento del PBI en su principal objetivo y razón de ser, fetiche que fue relegando el aspecto cualitativo y el sentido de la producción asociado al bienestar de la población y al cuidado de la naturaleza. En ese proceso, la jerarquía del partido y sus diversos estamentos fue ocupando los cargos cupulares del Estado y la militancia política fue mutando hacia el gerenciamiento. Crecieron entonces las atribuciones de la burocracia estatal cada vez más alejada del mundo del trabajo, cuya participación se redujo a cumplir las directivas emanadas del poder central. De allí que la llamada transición al socialismo nunca llegó a superar el nivel del capitalismo de Estado. De ese modo, la lucha por desarrollar una cultura socialista fue perdiendo adeptos a dos puntas, a consecuencia de la cada vez mayor distancia entre dirigentes y dirigidos. Los primeros, conformando un estrato superior con intereses propios, y los segundos, ganados por el escepticismo frente al paulatino enajenamiento de lo público y su inexistente incidencia en las decisiones que influían sobre sus vidas. De ese proceso regresivo se desprende una enseñanza reiteradamente soslayada por gran parte de los actores políticos que hablan en nombre del socialismo, o los que hoy asumen al Estado como asiento de lo nacional y popular, confundiendo aquél con la transitoria suerte de los gobiernos que lo presiden. Porque una cosa es reconocer la gran hegemonía del capitalismo y el marco económico-político que constriñe a los gobiernos actuales y muy otra es la perspectiva estratégica desde la cual generar la oposición al sistema y manejar los tiempos. [Aquí viene a colación la siguiente cita de Luckács que hace Mészáros: “…sin estrategia no puede tenerse una táctica.”]. Si rescatamos del socialismo los aspectos que le dieron entidad histórica y que aún tienen vigencia, la socialización de los medios de producción sigue siendo un principio fundamental. Socialización que de acuerdo a lo que venimos argumentando, exige desarrollar formas de socialización del poder, pues la una sin la otra ha demostrado ser un dilema irresoluble. En ese sentido operó el carácter segregador de la representación tradicional, cuyas sucesivas delegaciones conformaron una pirámide ascendente en cuyo vértice se concentró el poder. Y esta construcción política, que en su momento obtuvo resonantes triunfos, hoy sufre una profunda crisis al quedar en evidencia su vulnerabilidad que se hizo visible tras la reconversión capitalista del socialismo de Estado, ineludible testimonio incorporado a los desafíos de esta época. Desafíos y debates …logramos des-privatizar la política, entendiendo, de manera muy simple ésta como “la manera de auto-regular la convivencia común, de dialogar, de confrontar, de decidir y de ejecutar”. Oscar Olivera, palabras en el Segundo Viento Lo enunciado en esta cita que suscribimos, implica un prolongado proceso de generación de una creciente subjetividad colectiva, interrelacionada con el desarrollo de nuevas políticas emancipatorias que puedan ir contrarrestando la fuerte hegemonía cultural-política inherente a este orden social. Por cierto, un mayúsculo desafío. Con esa orientación vamos ahora a enfocar sumariamente las polémicas que suscita la situación que se vive en Latinoamérica y especialmente en nuestro país. Ello presupone una estrecha relación con los cambios operados en el escenario mundial, sólo que éstos, como los virus, ofrecen diversas adaptaciones según sea la realidad sobre la que actúan. Situaciones que exhiben la tensión entre las estrategias ligadas al largo plazo y las respuestas tácticas que demanda el dinamismo de las coyunturas políticas. El rebrote de las luchas populares, que desde principios de siglo y en distinta medida influyen en los gobiernos de varios de nuestros países, lo vamos a relacionar, salvando las distancias, con los sucesos de dos décadas anteriores. Nos referimos a las décadas de los setenta y de los noventa, que han dejado su impronta y que repercuten de distinto modo en la política de estos últimos años. Los setenta dejaron una doble enseñanza. Por un lado, mostraron el empuje de las luchas populares latinoamericanas que cristalizaron en los procesos antiimperialistas y revolucionarios y que derivaron en el ascenso de varios gobiernos afines. Por otro, emergieron las respuestas bélico-políticas propiciadas por los dueños del “patio trasero”, en sintonía con los respectivos establishment internos, lo que coronó en los reiterados y cruentos golpes militares que “apagaron el incendio”. Mientras que en los noventa, desbaratadas las pujantes rebeldías y consolidada la hegemonía mundial del capitalismo, se arrasaron las conquistas anteriores y languidecieron las resistencias que retrocedieron manifiestamente a pesar de que nunca se extinguieron. Período en que se impusieron los dictados del Consenso de Washington en Latinoamérica y que aquí, vía el gobierno peronista de Menem, produjo el mayor desastre social de nuestra historia. Dicho desastre resultó el preludio de la caída de De la Rúa, continuador radical del menemismo, y también supuso la muerte del Frepaso, fugaz intento “progresista” desprestigiado por su descalificadora participación en el gobierno de la Alianza. Los sucesos que conmovieron a la Argentina en 2001/2002, plenos de puebladas que expresaron la resistencia popular, sepultaron a aquél gobierno pero sin que se gestaran políticas cuya envergadura pudiera sustituir el sistema político partidocrático imperante. En cambio, se produjo algo inesperado. En 2003, de la sucesión que apañó Duhalde por descarte, emergió la presidencia de Kirchner, quien obtuvo una magra cosecha electoral que contó con poco más del 22% de los votos. Nacido de la debilidad, se fue haciendo fuerte al propiciar algunas medidas de corte popular que fueron rescatando el rol del Estado como soporte de los intereses nacionales que, siquiera en parte, no respondían a los designios de los establishment interno-externos. Aquí no vamos a historiar lo acontecido según el “paladar” de la política en boga, que enumera “aciertos y falencias” de acuerdo a quien contabiliza. Nuestro propósito es situar la problemática de este período que suma tantos interrogantes como debates sesgados que contribuyen a la fragmentación del campo popular (con licencia del término a falta de otro). Y así llegamos a la relación que propusimos con el objeto de apreciar hasta qué punto las secuelas de aquéllas décadas inciden sobre el escenario político vigente. Siguiendo este enfoque, señalamos una contradicción cuyo abordaje abre cauce a diferentes líneas interpretativas acerca del momento actual y a sus proyecciones. Esquemáticamente, se pueden tomar como términos de comparación a los setenta y a los noventa. En el primer caso, el kirchnerismo resultaría una versión aggiornada y empobrecida de lo que se jugaba entonces y que, debido a sus compromisos con los factores de poder real, hoy posibilita la recuperación política de los sectores dominantes que se mantuvieron sin mengua y al acecho. A la vez, tal valoración reconoce distintas vertientes que, desde la izquierda hasta la derecha, lo descalifican rotundamente. En el segundo caso, significaría un paso adelante respecto del “neoliberalismo” menemista de los noventa y un curso susceptible de profundizarse para gestar un movimiento “nacional y popular”. Al margen de tales posturas, que se desenvuelven dentro del marco de esta “democracia” representativa que supimos conseguir, tan mediática y falaz como vulnerable, aparecen tendencias que propugnan políticas a distancia del Estado, las cuales, con sus matices, se oponen al sistema político tradicional existente e intentan gestar alternativas con vistas a la emancipación. Y es en torno a estas interpretaciones que giran los principales desencuentros. Desencuentros que conservan un viejo hábito nacional en el que las posturas de barricada sustituyen a los debates productivos y los transforman en una especie de discusión esquizofrénica. Lo común es abroquelarse en lógicas maniqueas: o de nada sirve lo que producen las de por sí diversas políticas estatales que se han dado desde comienzos de siglo en el subcontinente, o éstas son lo mejor que podría ocurrirnos y la precondición de un avance popular con vistas a un desarrollo nacional independiente favorable a las grandes mayorías, una suerte de recreación del Estado de Bienestar. Compartimentar la comprensión de la realidad actual dificulta la praxis política que no termina de sobreponerse a la caída de las certezas que alimentaron el fervor revolucionario que prevaleció en el siglo XX. Cada una de esas posturas, en verdad, se ahorran los análisis de situación porque tanto una como otra los tienen resueltos de antemano. Y lo más importante, contribuyen a la pobreza del debate político que refleja la crisis de la concepción estratégica que padecemos y a la que se refiere el título de este artículo. Pasado, presente y futuro convergen hacia ese interrogante en demanda de respuestas que orienten los ensayos que desde diferentes lugares luchan por un mundo mejor. El porvenir es impredecible, pero las apuestas políticas no se hacen a ciegas (aunque el azar juegue), ni se fundan en el deseo de cada uno (que por supuesto existe). Atentos a lo expresado, creemos necesario determinar cuestiones que posibiliten centrar la discusión sobre ejes comunes referenciales de la reflexión política colectiva. Es un momento de incertidumbre acerca de la evaluación y el devenir de los sucesos actuales. Momento que demanda el ejercicio de un pensamiento crítico, despojado de preconceptos, que sirva para ir construyendo políticas tendientes a la emancipación. [“Emanciparse, según el sentido más clásico de la palabra, quitarse de encima la mano del amo.” (ibid. artº de Oscar Olivera)] A tal fin, exponemos las que para nosotros son las cuestiones más relevantes a las que deben responder las interpretaciones en juego, si se aspira a generar estrategias que orienten y den sentido a las prácticas coyunturales. Asimismo, la siguiente enumeración tentativa presupone una interrelación entre sus enunciados: 1) La posición frente al régimen capitalista y significado del socialismo hoy. 2) El problema de los tiempos. Lo inmediato, lo mediato y la cuestión del poder. 3) Sujetos de cambio. Protagonismo y representación. 4) Estado, nación e internacionalización del capital. 5) Latinoamérica y Argentina en la actualidad como correlato de los puntos precedentes. Creemos que su tratamiento no sólo tiene vigencia como problemática general sino que resulta indisociable del acuciante momento que vivimos. Es evidente que la derecha en el continente, la que representa política e ideológicamente al poder económico concentrado en colusión con los intereses imperiales, está recomponiendo sus fuerzas y pasando a la contraofensiva, lo que se manifiesta en las diversas vicisitudes que sufren nuestros países. Y cuanto más tibia es la lucha popular y sus gobiernos más dóciles a la requisitoria del sistema imperante, más favorables son las condiciones para dicha recomposición. El espacio político abierto en Latinoamérica puede resultar las vísperas de su cierre, como tantas veces ha ocurrido. Luego, si a las circunstanciales oportunidades no logramos inscribirlas en estrategias perdurables de signo propio, mayores serán los obstáculos en coyunturas adversas. Seguiremos dependiendo de políticas estatales ajenas y cíclicamente pasaremos de la euforia a los lamentos. Debemos superar el estrabismo político que supone igualar situaciones en función de un ideal a realizarse, aún carente de construcciones que lo avalen, o erigir al mal menor como una estrategia que no es tal sino la tácita confesión de la propia impotencia. Destrabar debates que transitan por sendas separadas comporta un considerable esfuerzo y la voluntad de nuclear energías para que las transformaciones que se pregonan no se queden en la autocomplacencia inherente a las discusiones bizantinas. No es una casualidad que connotados actores de los procesos de liberación de los setenta resulten hoy cultores de un “realismo” reformista que pretende pulir aristas de un orden social impuesto por la supremacía de los que, detrás de bambalinas, garantizan su continuidad por más concesiones que transitoriamente se vieron forzados a aceptar. Es otra muestra de la gran hegemonía del capitalismo, que no caerá por obra y gracia de sus contradicciones sino por la lucidez y la acción de quienes lo cuestionan. En ese sentido, contra los intereses y previsiones de los sectores de poder del capital súper concentrado, a comienzos del siglo XXI creció en Latinoamérica la reacción popular que parecía un imposible en los noventa, período en que el discurso único festejaba “el fin” del socialismo y la derrota de los movimientos de liberación nacional. Y producto de las luchas libradas en nuestras respectivas sociedades resurgió la problemática de la emancipación, exigencia política cultural que no se extinguirá mientras subsista la injusticia, la inequidad y la opresión. Herramienta web 5 Argentina Socialismo Versión para impresora Enviar a un amigo

Salvador Allende


Salvador Allende (Salvador Allende Gossens; Valparaíso, 1908 - Santiago de Chile, 1973) Político chileno, líder del Partido Socialista, del que también fue cofundador en 1933. Fue presidente de Chile desde 1970 hasta el golpe de estado dirigido por el general Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973, día en que falleció en el Palacio de la Moneda, que fue bombardeado por los golpistas. Salvador Allende perteneció a una familia de clase media acomodada. Estudió medicina y, ya desde su época de estudiante universitario, formó parte de grupos de tendencia izquierdista. Más tarde, alternó su dedicación a la política con el ejercicio profesional. Participó en la elección parlamentaria de 1937, y salió elegido diputado por Valparaíso. Fue ministro de sanidad del gabinete de Pedro Aguirre Cerdá entre 1939 y 1942. A partir de entonces se convirtió en líder indiscutible del partido socialista.
Salvador Allende En 1952, 1958 y 1962 se presentó a las elecciones presidenciales. En la primera ocasión fue temporalmente expulsado del partido por aceptar el apoyo de los comunistas, que habían sido ilegalizados, y quedó en cuarto lugar. En 1958, con el apoyo socialista y comunista, quedó en segundo lugar tras Jorge Alessandri. En 1964 fue derrotado por Eduardo Frei Montalba, que propugnaba un programa de "revolución en libertad", cuyos puntos sustantivos eran la reforma agraria, el establecimiento de un programa destinado a incrementar la participación de la ciudadanía, la chilenización del cobre (es decir, el control por el estado de los beneficios de su explotación) y la realización de una reforma educacional. La candidatura de Allende, que encabezaba el FRAP, conformado por la alianza de socialistas y comunistas, sólo suponía diferencias de ritmo y envergadura. El FRAP proponía nacionalizar la totalidad de las empresas cupríferas, transformándolas en propiedad social por medio del Estado, y una reforma agraria de mayor alcance. El resultado de las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1964 fue claro y definitivo. Eduardo Frei obtuvo el 56,9% de los votos, en tanto que Salvador Allende lograba el 38,93% del total. La "revolución en libertad" estaba concebida como un intento de modificar las estructuras fundamentales del país, pero en un marco de democracia y respeto al orden institucional. Las críticas que desde un comienzo surgieron hacia el gobierno de Frei tuvieron su origen en la naturaleza de las medidas a tomar. Para la derecha, las transformaciones propuestas tenían un repudiable carácter socialista. Para la izquierda, eran sólo intentos reformistas, condenados al fracaso por su propia banalidad. En paralelo con el avance de importantes medidas sociales, el panorama político durante el gobierno de Frei Montalva fue de aumento de la polarización, incluso en el interior del Partido Democratacristiano, que sufrió importantes divisiones, así como el desligamiento de sectores de su juventud hacia posturas más vinculadas a la izquierda. Por fin, las elecciones parlamentarias de 1969 mostraron la nueva situación política del país, en tanto sus resultados apuntaron a perfilar tercios irreconciliables, en gran medida debido a la disminución del apoyo al centro político y el fortalecimiento de las opciones de izquierda y de derecha. Esta situación se reflejaría con mayor claridad en las elecciones presidenciales de 1970, marcadas por el enfrentamiento de proyectos de sociedad antagónicos e imposibles de conciliar. En ellas resultó victoriosa la alianza de comunistas, socialistas, sectores del radicalismo y el MAPU en la llamada Unidad Popular, que estaba encabezada por Allende, con el 36, 3 % de los sufragios. El estrecho margen de diferencia con los votos recibidos por los otros dos candidatos, Jorge Alessandri por la derecha y Radomiro Tomic por la Democracia Cristiana, obligó a que la elección de Allende fuera ratificada por el congreso, en el que se enfrentó a una fuerte oposición. Por fin, el 24 de octubre de 1970, tras lograr el apoyo del Partido Demócrata Cristiano con la firma de un Estatuto de Garantías Democráticas que se incorporaría al texto constitucional, Salvador Allende fue proclamado presidente. Desde la fecha de comienzo del mandato (el 3 de noviembre), las dificultades que el nuevo gobierno debió enfrentar fueron inmensas. Ya antes de la asunción presidencial se realizaron intentos por abortar el proceso, el más grave de los cuales terminó con el asesinato por parte de un comando de ultraderecha apoyado por la CIA del Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider, que era un decidido partidario de la subordinación del poder militar al civil. A pesar de ello, la Unidad Popular, una vez en el gobierno, emprendió la realización de su plan de acción, el cual ponía énfasis en la profundización de las medidas reformistas iniciadas por la administración anterior. Así, se amplió el volumen de tierras expropiadas y se inició la socialización de importantes empresas hasta entonces en manos privadas, las cuales pasaron a ser dirigidas por cooperativas de trabajadores asesorados por funcionarios proclives al Gobierno. Además, se concretó la nacionalización del cobre, sin pago de indemnizaciones a las empresas norteamericanas, lo cual significó el enfrentamiento con los Estados Unidos, quienes a partir de ese momento apoyaron abiertamente a los grupos opositores al gobierno socialista. Esta oposición se estructuró en distintos frentes; en lo político, en un parlamento en el cual representantes de derecha y democratacristianos actuaban unidos; en el plano de lo ilegal, en los grupos de carácter terrorista que dinamitaron torres de alta tensión y líneas férreas. A pesar de esta rígida oposición, el Gobierno de Allende contó con un apoyo importante por parte de la ciudadanía, en particular de los sectores populares, que se veían directamente beneficiados. En efecto, el Estado subsidiaba gran parte de los servicios básicos, además de apoyar a organizaciones de trabajadores, campesinos y pobladores urbanos en sus demandas de participación. Este apoyo a la presidencia de Allende se demostraría claramente en las elecciones parlamentarias de 1971 y las municipales de 1973, en las cuales los partidos de la Unidad Popular crecieron en número de votos. Junto con ello, el discurso político de los partidos de izquierda fue adquiriendo tintes cada vez más radicales, en tanto que el enfrentamiento abierto con los grupos opositores se hacía realidad en las calles e indicaba una situación de lucha de clases a sus ojos inevitable. Acciones de grupos como el MIR y sectores del Partido Socialista venían a confirmar este diagnóstico, al considerar urgente la creación y el fortalecimiento de instancias de "Poder Popular" que fueran alternativas a los estrechos marcos que la institucionalidad prefijaba para una posible construcción de una sociedad socialista. Este intento, conocido como la "Vía chilena al socialismo", conoció el interés y el apoyo de sectores de todo el mundo, en particular desde el Bloque Soviético, Cuba y los Países No Alineados, lo que se traducía en el envío de ayuda material y asesores industriales. A pesar de todo ello, una serie de problemas vinieron a polarizar aún más a la sociedad chilena bajo la presidencia de Allende, en gran medida debido a causas económicas. La inflación se hizo incontrolable, ya que las alzas salariales y los gastos del Estado fueron financiados con emisión de circulante sin base de sustentación en la producción, la cual se vio disminuida y contraída como consecuencia del bloqueo iniciado por los Estados Unidos y el permanente conflicto que vivían muchas empresas, en virtual paralización permanente por la falta de recursos. A ello se agregaban problemas de distribución de alimentos y bienes, lo que hacía difíciles las condiciones de vida del común de la población. Este clima de desabastecimiento y crisis, azuzado por los distintos sectores políticos, se tradujo en numerosas movilizaciones a favor y en contra del gobierno de Allende, la más importante de las cuales fue la paralización del yacimiento de cobre de El Teniente, junto a la huelga de los gremios de transportistas, que prácticamente inmovilizó el traslado de bienes de un punto a otro del país. A ello se sumaban conflictos en la universidad y en los colegios profesionales (médicos y profesores fundamentalmente), que dibujaban una división profunda en todos los ámbitos de la vida nacional. Ante tal situación, el presidente decidió tomar, ya en 1973, medidas que sirvieran como vehículos de diálogo y negociación con la oposición democratacristiana, tales como el ingreso de importantes figuras militares al gabinete, representadas por el Comandante en Jefe, general Carlos Prats, y la oferta de realizar un plebiscito para consultar a la ciudadanía en torno a la continuidad del régimen o la convocatoria a nuevas elecciones. A estas medidas siguió un endurecimiento en las posiciones más radicales de la izquierda, que proponían al Primer Mandatario el cierre del Congreso y la utilización de Facultades Extraordinarias para gobernar. Pese al bombardeo del Palacio de la Moneda por los golpistas, Allende se negó a entregar el poder La derecha y algunos sectores de la Democracia Cristiana consideraron la situación insoluble, por lo que decidieron, de forma más o menos abierta, recurrir al recurso del golpe de estado militar contra el presidente Allende. En junio de 1973 hubo un primer intento de golpe, conocido como "El Tancazo": un regimiento de blindados de la capital se alzó contra el gobierno, pero las fuerzas leales, encabezadas por Prats, lograron dominar la situación. Finalmente, el 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet encabezó un golpe militar, durante el cual bombardeó el palacio de la Moneda, sede del gobierno. El presidente Allende rechazó las exigencias de rendición y murió en el palacio presidencial. En 1990 su cuerpo fue exhumado de la tumba anónima en la que se hallaba, y recibió en Santiago un enterramiento formal y público.http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/allende_salvador.htm

Cuando Chile Cambió de Golpe - Informe Especial - 09/09/2013 (HD 720p)

Histórico diálogo entre Fidel Castro y Salvador Allende (Completo)

Documental "PINOCHET" // Documentary "Pinochet" //"Пиночет" Документальные

lunes, 25 de julio de 2016

TECNO La génesis de Pokémon: el padre de la criatura y sus inicios en los 90-INFOBAE


TECNO La génesis de Pokémon: el padre de la criatura y sus inicios en los 90 El juego se creó para Game Boy en 1996. Al poco tiempo causó furor en el mundo y pronto llegaron los juegos de cartas, la película y la serie. Un recorrido por este “universo monstruoso” que vino de la mano de Satoshi Tajiri Por Desireé Jaimovich 25 de julio de 2016 (AFP) (AFP) Pokémon comenzó como un videojuego de rol o RPG (por sus siglas en inglés). Luego salieron las cartas, llegó a la tele y la pantalla grande también. Hoy, este fanatismo que alcanzó su pico entre fines de los 90 y comienzo del 2000, se plasmó en Pokémon Go, el juego de realidad aumentada que enloquece al mundo entero. Pero el amor por estas criaturas no es nuevo. Cuando se lanzó en 1996 para la consola Game Boy ya comenzó a dar que hablar. Y el éxito no tardó en llegar con cada una de las versiones subsiguientes. Para diciembre de 2006, se habían vendido 175 millones de ejemplares, lo que ubicó a Pokémon en el segundo lugar de las sagas de videojuegos más populares de Nintendo. El padre de la criatura es el japonés Satoshi Tajiri, que hoy tiene 50 años. Creció en Machida, una zona que tenía un estilo rural en aquel entonces. Su pasatiempos era coleccionar insectos, algo que, evidentemente, luego le sirvió de inspiración para su futura gran creación. Sus padres lo enviaron a Tokio a estudiar ingeniería, pero a él la idea no le gustaba del todo. Era un fanático del mundo animal, el universo fantástico y los videojuegos. ¿Querés saber más sobre este tema? Encontrá todas las novedades de #PokemonGoArgentina en un solo lugar La pasión pudo más que el mandato familiar y así fue que, en 1989, fundó, junto con Ken Sugimori, una revista llamada Game Freak pensada específicamente para los fans de los juegos. Por ese entonces la consola NES de Nintendo era un éxito, así fue que los dos amigos decidieron crear un juego que luego presentaron a la compañía nipona. Tajiri era el cerebro detrás de la idea y Sugimori se hizo cargo del diseño. El juego consistía en atrapar y coleccionar monstruos, algo que resultaba bastante novedoso para la época. De todos modos, la empresa, en un principio, no se mostró interesada en la idea. Luego Tajiri y Sugimori se pusieron en contacto con el creador de Super Mario Bros, Shigeru Miyamoto, que los ayudó a darle más forma al proyecto. Como una suerte de homenaje a quien fue su maestro, Tajiri decidió llamar Shigeru (azul) al rival de Satoshi (rojo), los personajes principales de la primera versión del juego Pokémon. Luego de seis años de idas y vueltas se publicaron las primeras versiones para Game Boy y también se lanzó merchandising como juegos de cartas y comics. En Estados Unidos salió a la venta en 1998 y al año siguiente llegó a Europa y al resto del mundo. El nombre original, que era Pocket Monster, fue abreviado a Pokémon. ¿Quiénes son esas criaturas? Los pokémons son pequeños monstruos, en muchos casos basados en criaturas mitológicas o reales, que hay que atrapar con pokébolas Infobae Tecnología ✔ @InfobaeTecno
Hay 18 clases de pokémons. Cada espécimen puede aprender una cierta cantidad de movimientos o ataques que se pueden determinar por su elemento o tipo. A su vez, tienen ventajas o desventajas según el tipo al que pertenezcan. En este sentido, uno de agua tiene más chances de ganarle a uno de fuego, porque el agua apaga el fuego. Esta lógica es parecida al juego de piedra, papel o tijera. (Wikipedia) (Wikipedia) La llegada a la TV y el cine Las películas y series se basan en la saga de videojuegos. La historia se centra en la vida de Ash Ketchum y su amigo Brock. Ash quiere ser maestro pokémon y Brock, criador. Juntos viajan por el mundo buscando cumplir su sueño. La serie se estrenó en Japón el 1 de abril de 1997 y llegó a Occidente, de la mano de 4Kids Entertainment. En la actualidad, Pokémon USA está a cargo de la producción y distribución del animé en Occidente.INFOBAE

Manuel Florencio Mantilla - Correntino


- de CARAS Y CARETAS Manuel Florencio Mantilla Manuel Florencio Mantilla.JPG Fotografía del Dr. Manuel Florencio Mantilla
Escudo de la Provincia de Corrientes.svg Senador de la Nación Argentina por la Provincia de Corrientes 1898-1904 1904-19091 Escudo de la Provincia de Corrientes.svg Diputado de la Nación Argentina por la Provincia de Corrientes 1894-1898 Información personal Nacimiento 25 de julio de 1853 Doctor en JURISPRUDENCIA Manuel Florencio Mantilla Fernández Blanco (Saladas, Provincia de Corrientes, 25 de julio de 18532 - Buenos Aires, 17 de octubre de 1909). Fue doctor en jurisprudencia, asesor municipal, fiscal de Estado, ministro de gobierno, diputado y senador de la Nación Argentina. También fue un destacado periodista, escritor e historiador. Su nacimiento y primeros estudios[editar] Nació en la Provincia de Corrientes, en la localidad de Saladas, el 25 de julio de 1853. Hijo de Juan Ramón Mantilla y Avelina Benítez de Arriola, miembros de antiguas familias de la época colonial. Recibió su primera educación en la escuela de Mercedes y luego en la ciudad de Corrientes, donde concluyó sus estudios primarios en la Escuela del Convento de San Francisco. Luego de quedar huérfano de su padre por la invasión paraguaya a la provincia de Corrientes a los 11 años, fue enviado por su madre a proseguir sus estudios a la Provincia de Santa Fe, bajo el cuidado de los padres jesuitas en el Colegio de la Inmaculada Concepción. Más tarde pasó a la Universidad de Buenos Aires a cursar jurisprudencia, donde terminó su carrera en 1873, cuando cumplía 21 años. En mérito a ser el alumno con calificaciones más sobresalientes, la facultad le concedió el más alto galardón al que podía aspirar un alumno, consistente en costear la impresión de su tesis. Esta tesis se titulaba “Traición a la patria”.3 Egresado en 1874, volvió a Corrientes incorporándose al Partido Liberal en el que militaría hasta su muerte. Su vida y su obra[editar] De regreso a su provincia el 4 de mayo de 1874, se inició en el periodismo formando parte del cuerpo de redactores del diario “El Argos”, dirigido por los doctores Emilio Díaz, Daniel Artaza y Manuel Pedevilla (quienes apoyaban la candidatura de Nicolás Avellaneda a la presidencia). Menos de una semana después, el 10 de mayo, compró a Díaz su parte del diario y comenzó a dirigir la redacción. En un principio, no fue partidario de la candidatura de Avellaneda y tampoco de la de Bartolomé Mitre, ya que simpatizaba por el doctor Manuel Quintana, de quien fue discípulo. Tampoco simpatizaba con la alianza gobernante en Corrientes, conocida como “El fusionismo”, agrupación política que aglomeraba federales y sectores del liberalismo. Posteriormente, se sumó al Partido Liberal e inició una intensa tarea de reconstrucción y unificación partidaria. El ambiente de la provincia para ese entonces estaba caldeado. El Argos cambió de tono, se volvió crítico a la gestión del gobernador Gelabert remarcando sus errores aunque sin dejar de reconocerle sus aciertos. Comenzó su carrera pública en su provincia en 1875, a los 22 años, siendo nombrado fiscal de Estado, pasando luego a desempeñarse como asesor municipal y a la edad de 25 años fue nombrado ministro de gobierno. Cuando se acercaba la elección nacional, la provincia estaba dividida en el apoyo a dos candidatos: Juan Vicente Pampín organizó todo para apoyar a Nicolás Avellaneda y Roberto Billinghurst gestionó el apoyo a Mitre. Finalmente Mantilla, a través de las páginas de El Argos, sostuvo el apoyo a la candidatura de Avellaneda (mientras que La Esperanza apoyó la candidatura de Mitre). El 9 de julio de 1877, fundó el periódico “La Libertad”.4 Al mismo tiempo, colaboró escribiendo en “La Revista Universitaria de Buenos Aires”; “El Orden”, “El Constitucional”; “La Campaña de Corrientes”; “La Nación”, “La Tribuna”; “La Bandera Liberal de Buenos Aires”; “Las Cadenas y la Patria de Corrientes”; “El Sudamericano” y la“Revista Nacional”, entre otros. Tiempo después, ocupó el cargo de ministro general de gobierno, desde donde contribuyó a la organización del estado provincial durante el gobierno de Felipe Cabral en el año 1878, inaugurando en esa oportunidad el "Consejo Provincial de Educación". El 11 de julio de ese año, contrajo matrimonio con Rosalía Pampín, hija del ex gobernador Juan Vicente Pampín y Ana Lagraña. Con 27 años, dio el salto a la escena nacional en 1880 al ser nombrado Diputado de la Nación, pero con el estallido de la Revolución de ese año el Congreso destituyó a los diputados de la mayoría que se resistieron a sesionar, entre ellos a Mantilla.
Fotografía de Mantilla en sus primeros años en la actividad pública. Al regresar a Corrientes, fue apresado y posteriormente desterrado hasta el año 1882. Durante este tiempo de prisión y alejamiento de la vida pública, se dedicó a escribir numerosos ensayos históricos y biográficos. A pesar de estos años de encarcelamiento y proscripción, su ánimo no decayó lo que se puso de manifiesto cuando, siendo ya Senador, afirmó: “(…) jamás caminé de rodillas ante los hombres”. Como historiador e investigador escribió variadas obras, entre las que podemos destacar: “Narraciones”; “La ciudad de Vera”; “Estudios biográficos sobre patriotas correntinos”; “Páginas históricas” y su obra cumbre “Crónica Histórica de la Provincia de Corrientes”. Dejó también algunas obras inéditas como “Historia de los Regimientos Argentinos”. También escribió un sinnúmero de artículos, que se hallan esparcidos en revistas, periódicos y diarios. En 1884 fue designado jefe del Archivo General de la Nación, desempeñando ese cargo hasta 1893. Si bien rechazó los reiterados ofrecimientos que se le hicieron para ser gobernador de su provincia, en el año 1894 aceptó su elección por la legislatura correntina para representar a esa provincia en la Cámara de Diputados de la Nación por un período de cuatro años, luego de la insistente presión de varios de sus amigos más cercanos. Sobre su formación y estilo discursivo, afirma Ángel Acuña: “(…) leía a Homero y Virgilio en su propio idioma y era devoto absoluto de los “Pensamientos” de Marco Aurelio y para su especialidad parlamentaria, el derecho constitucional, abrevaba de las fuentes de los constitucionalistas norteamericanos, en los que se inspiraron nuestros constituyentes en 1853, para plasmar su ideario en nuestra Constitución Nacional. (…)Si no era Mantilla un orador de tribuna popular porque la selección de su espíritu y lenguaje lo alejaba de los gustos de la multitud, ni un orador académico porque su palabra se encendía con el calor de la convicción y el sentimiento, era un perfecto orador parlamentario.” Por su parte, el Dr. Juan Balestra dijo respecto de él: “Mantilla era un constitucionalista formidable, acaso el que mejor exponía la materia en debates parlamentarios.” Con respecto a su gestión como diputado, se puede destacar el testimonio del Dr. Mariano Drago5 en la formación de la Comisión de Homenaje a Mantilla en el año 1953: “Lejos del tipo corriente del diputado provinciano que sólo persigue ventajas para su terruño, con miras a la reelección, Mantilla fue realmente un legislador nacional. Según el viejo símil, el árbol no le impidió ver el bosque. Intervino con eficacia en los debates y concretó en proyectos de ley, iniciativas de progreso. (…) De su actuación en la Cámara recuérdanse entre otros discursos en que impugnó por ser inconstitucionales las leyes de impuestos internos.” Su actividad intelectual fue vasta. Organizó el Museo Histórico; se vinculó a la Facultad de Filosofía y Letras, desde su fundación en 1896, brindándole su apoyo hasta el día de su muerte; fue miembro fundador de la Junta de Historia y Numismática; miembro del Instituto Geográfico Militar, etc. Finalizado su mandato como diputado en el año 1898, fue nombrado senador el 2 de mayo de ese mismo año por un período de 6 años siendo juramentado por el general Bartolomé Mitre. Ese mismo año, al asumir Julio Argentino Roca por segunda vez la presidencia de la República, le ofreció la cartera de Justicia e Instrucción Pública, que Mantilla declinó por haber sido en el pasado adversario del flamante presidente y prefirió mantenerse fiel a sí mismo aún a costa de rechazar el cargo. En 1901 se fundó la Junta de Historia y Numismática Americana, actual Academia Nacional de la Historia de la República Argentina, siendo Mantilla uno de los miembros fundadores. Ocupó su cargo en el Senado de la Nación, al lado de figuras relevantes como Bartolomé Mitre, Carlos Pellegrini, Bernardo de Irigoyen, Joaquín V. González y Miguel Cané. De su actuación como senador, afirma Drago: ”Joven todavía, pues tenía cuarenta y cinco años, habló con autoridad de asuntos que conocía y fue escuchado con atención por un auditorio de hombres ilustres. En el recinto y en el seno de las comisiones ejerció una influencia benéfica en las funciones ejecutivas del Senado y participó en la discusión de las leyes más importantes de su tiempo.” Sus iniciativas y comisiones fueron muchas, entre las que se puede destacar la ley Nº 3445, de creación de la hoy denominada Prefectura Naval Argentina,6 su defensa acérrima de las autonomías provinciales, su lucha por los derechos inalienables a los que jamás deben renunciar las provincias y muchas otras. Caricatura de Mantilla en la Revista "Caras y Caretas". Por eso, el socialista Alfredo Lorenzo Palacios, en uno de sus discursos se refirió a Mantilla como: "(...)el gran senador federalista”. En 1903 fue designado por la Convención de Notables para ocupar el cargo de vicepresidente del futuro gobierno de Manuel Quintana,7 pero rechazó el nombramiento debido a sus diferencias con el sistema electoral. Para entender el porqué de su rechazo, es necesario retroceder en el tiempo hasta 1878, cuando se desempeñaba como Ministro del gobernador Felipe J. Cabral. En vísperas de las elecciones, abordó el estudio de la Ley electoral, proponiendo el "voto secreto". Si bien era un defensor del voto secreto, no era ajeno al hecho de que en ese momento el grado de analfabetismo en el país generaría desigualdades, por lo que afirmaba: “(...) aunque era consciente que había que adoptarlo más adelante, porque en ese instante crearía un predominio de los alfabetos, quedando la mayoría de la población a merced de éstos.” Sin perjuicio de ello, en una circular dirigida a las autoridades de campaña con motivo de la elección de Diputados Nacionales, afirmaba: "La elección debe ser libre. La autoridad tiene en el acto electoral y antes, la misión de garantir la verdad del sufragio; y todo otro objeto que de a sus facultades, es criminal. Será destituido todo empleado que directa o indirectamente se mezcle en la elección, ya sea en el trabajo como en el votar. (...)El gobierno no ha sido establecido para provecho de los que mandan, sino para felicidad del pueblo. El mandatario es un comisionado del pueblo y le es rebelde, le es traidor, cuando en beneficio propio convierte el mando." Su actuación descollante en el Senado le valió la reelección en 1904 por un período de nueve años, al que puso fin su muerte repentina el 17 de octubre de 1909. En 1905 ocurrió un curioso episodio con su maestro y amigo el presidente Manuel Quintana, que pone de manifiesto hasta qué punto respetaba sus convicciones y el sentido honor y las virtudes cívicas. En cierta oportunidad el presidente llamó al doctor Mantilla, para pedirle que reconsidere su voto en un proyecto de ley, alegando que bastaba su firma al pie de un proyecto, para que sus amigos la respetaran. Ante esta solicitud, Mantilla respondió: “De manera que, según usted, ante su firma ¿debemos inclinarnos siempre, pasando por todo, haciendo caso omiso de nuestras ideas, de nuestra conciencia, de nuestra tradición? […] Su firma vale mucho, sin duda; pero yo hombre, yo senador, tengo ideas, tengo convicción, tengo voluntad propia, y por ellas me dirijo; puedo declinar de ellas por deferencia al amigo, algunas veces, dentro de un margen de discreta tolerancia; pero no soy ni seré de los que digan a todo amén porque lleve al pie la firma de Manuel Quintana. Y si no fuese así, Usted no me apreciaría de verdad, no me tendría en el concepto de un hombre digno y de autoridad”. Murió en plena madurez cuando podían esperarse de él nuevos e importantes servicios a la Nación y a su provincia, a la que tanto amó y a la que consagró un libro justamente alabado, la “Crónica Histórica de la Provincia de Corrientes” que al decir de Ángel Acuña era “(...)por su estructura científica, la clase y la calidad de la documentación y el espíritu que lo ha presidido viene a ocupar un lugar entre los trabajos orgánicos y de conjunto que hasta ayer correspondió exclusivamente a las obras de Mitre y López”.WIKIPEDIA

viernes, 22 de julio de 2016

Federico Cantoni: El mito y la leyenda


12/05/2004 REALIDAD Federico Cantoni: El mito y la leyenda "Federico José María Cantoni escaló todos los peldaños públicos, desde concejal a gobernador, pero ganados voto a voto". Carlos Quinteros http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=39752 Un día como hoy, el 12 de mayo de 1923, a la hora 15, asumía la gobernación de San Juan Federico José María Cantoni, el primero de los tres hijos del matrimonio compuesto por el ingeniero Angel Cantoni y doña Ursulina Aimó Both. Con sus 33 años fue el más joven de todos los gobernadores que tuvo la provincia y, sin embargo, llegó a calar muy hondo en la historia política sanjuanina, pese al escaso tiempo que le dejaron las intervenciones federales para gobernar. No hay memoria de algún gobernante que haya sido tan amado y, a la vez, tan temido y odiado. Además, dueño de un carismático poder de convocatoria. Emprendió el sinuoso camino de la política -en un viaje sin regreso- apenas llegó a la provincia en 1913, con el título de médico. Tenía 23 años y pasó a integrar la juventud de la Unión Cívica Radical. Su fama de médico "curalotodo"; su forma de ser campechana, desaliñado al vestir, atrevido, audaz y transgresor en la palabra y en los hechos, pero férreo ejecutor de sus ideas; esa manera de vivir y de gobernar lo puso al borde del mito, de la leyenda y la idolatría. Su avasallante personalidad tenía forzosamente que generar enemigos o simpatizantes. Se estaba con él o contra él. Fue perseguido sin contemplaciones y fue también un empecinado perseguidor. Así estaban planteadas las cosas en una provincia que tenía abultados antecedentes de revoluciones y asesinatos de gobernadores o ex mandatarios. Se hacía política con un arma en la cintura y había que tener, como decía Sarmiento, "un cogote de repuesto para gobernar". De allí que, con toda razón, se dice que Cantoni fue un producto de la época y no un inventor de la violencia, que ya estaba instalada casi como una costumbre entre los sanjuaninos. De todas maneras, en el llano o en el poder, pese a la profunda división de opiniones que levantaba con sus acciones, pocos pondrían en duda que Federico Cantoni fue un digno adversario, que iba de frente y adelante sin mezquinarle el pecho a los enfrentamientos en el terreno al que lo llevaran. Sin duda que revolucionó y sacudió la modorra provinciana de principios del siglo pasado. Su presencia en el escenario político local rompió con la monotonía de gobiernos conservadores que se sucedían en el poder; que sabían administrar, pero no se arriesgaban a terminar con el aislamiento del interior de la provincia; que eran muy dependientes del poder central nacional y, lo peor, de escasa sensibilidad social (ése era "su talón de Aquiles", dicen Héctor Arias y Carmen Peñaloza de Varese en Historia de San Juan). En esos terrenos clavó Cantoni sus banderas: de independencia económica, para que con sus propios recursos la provincia generara riquezas, y la justicia social, las mismas que 20 años después fueron doctrina en el justicialismo de Perón. A través de las leyes de salario mínimo, la jornada de ocho horas y 48 semanales, horas extras, pensiones a la vejez e invalidez y atención médica asegurada, los pobres vieron que el sol ya no era el que regía sus jornadas. Todo eso no fue obra de la improvisación sino de las experiencias vividas por Federico desde la niñez, desde la juventud como médico y político. No en vano escaló todos los peldaños públicos, desde concejal a gobernador, pero ganados voto a voto, innovando en la forma de hacer campaña, pateando la calle, armando tribuna en cada esquina, exponiendo los proyectos casa por casa, en los lugares de trabajo y hablándole al oído al obrero sobre sus derechos. En realidad 1923 fue, por razones de tiempo, un precalentamiento de lo que vendría después, porque 1924 fue el año de despegue de los proyectos bloquistas. Los sanjuaninos notaron toda una sucesión de realizaciones que perduran en el tiempo. Observaron la ejecución de distintas obras y pudieron constatar que prácticamente había pleno empleo. Alcanzó a gobernar durante casi 27 meses, los suficientes para dejar sentado que no fue un gobernante dedicado a administrar. Lo corroboran las otras etapas de los gobiernos bloquistas: la que protagonizó Aldo Cantoni, desde diciembre de 1926 hasta octubre de 1928, continuador de la obra de su hermano e iniciador de otras, además de reformar la Constitución provincial. Sin embargo, el gobierno de Aldo fue igualmente intervenido a los 22 meses de gestión. Eran las intervenciones federales que no cesaban. Pero los Cantoni, luego de cada "langosta federal" como las denominaban y las que por otra parte no venían con un "ramo de olivo" en las manos, regresaban al gobierno por el voto de sus leales seguidores, de sus "chinos" de alpargata, y lo hacían con renovados bríos. "Pertenezco a un partido que encontró en los sacrificios y obstáculos que se le presentaron su mayor disciplina", decía el carismático líder. El 12 de mayo de 1932 se inició el último gobierno bloquista encabezado por Federico Cantoni. Se encontró con una oposición que ya estaba velando sus armas y que salieron a relucir el 21 de febrero de 1934, en un tiroteo que por unos milímetros no le voló la cabeza. La plaza 25 de Mayo fue testigo de otra jornada escrita a sangre y fuego, igual que al comienzo del primer gobierno, en Concepción, igual que antes de la era cantonista. Federico Cantoni no pudo concluir su mandato ni coronar su obra. Estaba convencido de que no podía haber desarrollo sin diversificación y puso los cimientos para que la provincia enfrentara su destino de grandeza. En una década llevó a su partido a memorables triunfos electorales, los que retomó en 1963 su heredero, el doctor Leopoldo Bravo. A 81 años de aquel primer gobierno es sólo un recuerdo la frase que acompañaba al título de "La Reforma", periódico partidario: "Nos odian, porque nos temen", decía. Hoy al bloquismo nadie lo odia, pero lo que indignaría a Cantoni es que ya casi nadie le teme, electoralmente. Carlos Quinteros Escritor, periodista.

martes, 19 de julio de 2016

Túpac Amaru - José Gabriel Condorcanqui]


- TÚPAC AMARU Túpac Amaru (José Gabriel Condorcanqui o Quivicanqui; Surimana, 1738 - Cuzco, 1781) Revolucionario peruano. José Gabriel Condorcanqui descendía por línea materna de la dinastía real de los incas: era tataranieto de Juana Pilco-Huaco, la hija del último soberano inca, Túpac Amaru I, que había sido ejecutado por los españoles en 1572. Más de doscientos años después, en 1780, el vigoroso José Gabriel, hombre carismático, culto y de elegante estampa, lideró el más importante de los levantamientos indígenas contra las autoridades coloniales españolas. Túpac Amaru II [José Gabriel Condorcanqui] Tras el fracaso de la revuelta, que ha sido vista como el preludio de las luchas por la independencia, fue ejecutado con extrema crueldad, uniendo su destino al de su ancestro. Las rebeliones indígenas prosiguieron durante dos años en diversas regiones del país, y obligaron a las autoridades a introducir poco más que algunas reformas. Pero el nombre de Túpac Amaru se convirtió en símbolo y bandera para posteriores insurrecciones indígenas y criollas; todavía en el siglo XX diversos movimientos guerrilleros revolucionarios reivindicaron su figura. Biografía Hijo del cacique Miguel Condorcanqui, nació Surimana o quizá en Tungasuca hacia 1738, y se educó con los jesuitas en el Colegio de San Bernardo de Cuzco. Durante un tiempo se dedicó al negocio del transporte entre las localidades de Tungasuca, Potosí y Lima, para lo cual contó con un contingente de varios centenares de mulas; hizo también fortuna en negocios de minería y tierras. Hombre educado y carismático, llegó a ser cacique de Tungasuca, Surimana y Pampamarca, y las autoridades reales le concedieron el título de marqués de Oropesa. Su prestigio entre los indios y mestizos le permitió encabezar una rebelión contra las autoridades españolas del Perú en 1780; dicha rebelión (precedida por otras similares) estalló por el descontento de la población contra los abusos de los corregidores y contra los tributos, el reparto de mercaderías y las prestaciones obligatorias de trabajo que imponían los españoles (mitas y obrajes). José Gabriel Condorcanqui adoptó el nombre de su ancestro Túpac Amaru (razón por la que sería conocido como Túpac Amaru II) como símbolo de rebeldía contra los colonizadores. Se presentó como restaurador y legítimo heredero de la dinastía inca y envió emisarios para extender la rebelión por todo el Perú. El levantamiento se dirigía contra las autoridades españolas locales, manteniendo al principio la ficción de lealtad al rey Carlos III. Sin embargo, no solamente los insistentes abusos de los corregidores, sino también la dureza de algunas de las recientes medidas impulsadas por la misma monarquía española (y las cargas económicas que implicaron para la población indígena) fueron el motor de la sublevación de Túpac Amaru II. Las raíces de una crisis Los levantamientos de finales del siglo XVIII, en especial en las regiones con una fuerte presencia indígena, fueron el preludio de la descomposición del imperio español en América. Debido a la penuria en que se hallaban las arcas públicas a causa de los conflictos internacionales, la corona española impuso una carga fiscal excesiva en sus dominios americanos. El despliegue reformista que transformó el viejo orden colonial entre los años 1776 y 1787, período en que José de Gálvez ocupó la Secretaría de Indias, tuvo consecuencias divergentes en los distintos territorios. En general, las nuevas medidas favorecieron el crecimiento de las economías portuarias vinculadas al comercio con España. En cambio, sobre las regiones que habían sido hasta entonces centros neurálgicos del imperio, como Perú, el impacto fue más bien negativo. Las ciudades sufrieron un claro retroceso, como muestra el estancamiento de Lima, y se desencadenó una crisis económica, con caída de la industria y de la circulación monetaria, así como una gran inquietud social a causa de la fuerte presión fiscal, que castigó duramente a las clases campesinas y urbanas, atrapadas entre el descenso de sus ingresos y el alza de los precios. Las poblaciones indígenas, el eslabón más débil del sistema económico, no podían cumplir con estas imposiciones; sufrieron los abusos de los corregidores, y no encontrarían otro camino que enfrentarse a esa opresión con métodos violentos.
Túpac Amaru II Al llegar a Lima el visitador José Antonio de Areche (enviado por José de Gálvez para ejecutar las nuevas medidas dictadas por la corona), se inició un sistemático aumento de los impuestos de alcabala y un reajuste de los impuestos aduaneros en el sur de Perú, lo cual produciría grandes dificultades comerciales. Por ejemplo, para ir de Arequipa al Cuzco había que pasar por territorio del Virreinato del Río de la Plata, porque Puno pertenecía a esa jurisdicción, y ello comportaba el pago de impuestos aduaneros. Por otra parte, una vez legalizado el reparto forzoso de mercaderías (la obligación de comprar mercancías al corregidor a precios injustamente altos), se intentó regular legalmente esta abusiva práctica comercial, restringiéndola a un tope que no podía ser excedido. No obstante, el corregidor Antonio Arriaga, encargado de los cacicazgos de José Gabriel Condorcanqui, había sobrepasado con creces dicho límite. Los indígenas peruanos sufrían además la imposición del servicio personal forzoso o mita: periódicamente eran llamados y obligados a trabajar en las minas, en los campos, en las obras públicas y en el servicio doméstico a cambio de un salario irrisorio. Curiosamente, se concedían mitas para la construcción de casas para particulares porque se consideraba de "interés público", pero no así para el cultivo de determinadas plantas juzgadas dañinas, como la coca y la viña. El sistema de mitas tuvo graves consecuencias, porque el traslado de la sierra al llano y del llano a la sierra de la población indígena (lo que se ha dado en llamar la "agresión climática") desencadenó una gran mortandad entre los indios peruanos; las aldeas se iban despoblando, de modo que a los supervivientes les tocaba cada vez con más frecuencia cumplir el servicio de mita. No eran los únicos en ser explotados: los que trabajaban en los obrajes (fábricas de tejidos) comenzaban su tarea al alba, no la interrumpían hasta que las mujeres les traían la comida y continuaban hasta que faltaba la luz solar, en una extenuante jornada. La rebelión de Túpac Amaru Ante este intolerable estado de cosas se produjeron numerosos alzamientos, de intensidad creciente, y que tuvieron escenarios y razones variadas; pero en Perú y en el territorio de la Audiencia de Charcas, las manifestaciones más o menos puntuales de descontento popular se transformarían en una sublevación general que sacudió los cimientos del orden colonial. Debe decirse que Túpac Amaru intentó primeramente promover, de forma pacífica, reformas que aliviasen la insoportable situación de sus protegidos. En 1776 se trasladó a Lima para solicitar que se exonerara a los indígenas de los servicios de mita y de la abusiva explotación que padecían en los obrajes. Pero todas sus reclamaciones fueron desatendidas y en 1778 volvió a su cacicazgo de Tungasuca. La revuelta no se haría esperar. El alzamiento se inició el 10 de noviembre de 1780, con la ejecución del despótico corregidor Antonio Arriaga, que había sido apresado en Tinta por sus partidarios. Túpac Amaru lo mandó ajusticiar en la plaza de Tungasuca, ordenando asimismo la destrucción de diversos obrajes. Como respuesta inmediata, las autoridades de Cuzco enviaron una expedición punitiva formado por mil doscientos hombres, que cayó derrotada en Sangarará el 18 de noviembre. Por razones difíciles de comprender, Túpac Amaru no intentó entonces el asalto definitivo a Cuzco, sino que regresó a Tungasuca, se autoinvistió de la dignidad de soberano legítimo del imperio incaico e intentó ingenuamente negociar la rendición de la ciudad. Mientras tanto, los llamamientos enviados a través de sus emisarios extendieron la revuelta por todo el Bajo y el Alto Perú y parte del virreinato del Río de la Plata, es decir, por la actual Bolivia, Perú y el norte de Argentina. Con razón la historiografía considera que la de Túpac Amaru fue la más importante insurrección del siglo XVIII contra el dominio español: su influencia se dejó sentir incluso en la revolución de los comuneros del virreinato de Nueva Granada (1781) y tuvo profundas repercusiones en toda la América española. La reacción fue, como era previsible, militar y no diplomática. En enero de 1781, las fuerzas de Túpac Amaru II fueron rechazadas por los españoles en las inmediaciones de la antigua capital: el asedio de Cuzco había fracasado. A partir de entonces el movimiento se estancó y pasó a la defensiva. El virrey Agustín de Jáuregui mandó desde Lima un poderoso ejército de 17.000 hombres, al tiempo que desalentaba la rebeldía haciendo concesiones a los indios (como crear en la Audiencia una sala especial para atender sus quejas o limitar los poderes de los corregidores). Derrota y ejecución Apenas un mes antes de ser derrotado, Túpac Amaru envió una carta a las autoridades coloniales en la que expresaba tanto su preocupación por la situación de sus protegidos como su posición ideológica. En dicha misiva se aprecia la amplitud de sus conocimientos; se declara católico, recuerda la acción de Vespasiano y de Tito en la destrucción de Jerusalén, y compara a sus opresores con "ateístas, calvinistas y luteranos, enemigos de Dios"; detalla los abusos cometidos por los funcionarios, pide que los indígenas no sean reclutados como esclavos y que desaparezcan los malos corregidores y las encomiendas. Tras una minuciosa denuncia en torno a cada uno de los problemas planteados, basa su reclamación de justicia en el derecho indiano, del que era profundo conocedor, ya que había cursado estudios jurídicos en la Universidad de Chuquisaca. En la noche del 5 al 6 de abril de 1781, el ejército virreinal asestó el golpe definitivo a los sublevados en la batalla de Checacupe. Túpac Amaru II se retiró a Combapata, pero fue traicionado por el criollo Francisco Santa Cruz, que lo entregó a los realistas junto con su familia. Para el líder de los rebeldes estaban reservadas, en los días que mediaron entre su captura y su ejecución, las torturas mandadas ejecutar por el implacable visitador José Antonio de Areche, cuya misión consistía en averiguar los nombres de los cómplices del vencido caudillo. Sin embargo, pese a los pocos miramientos que tuvo para con el prisionero, no obtuvo de Túpac Amaru sino esta noble respuesta: "Nosotros somos los únicos conspiradores: Vuestra Merced por haber agobiado al país con exacciones insoportables y yo por haber querido librar al pueblo de semejante tiranía." Ejecución de Túpac Amaru
El 18 de mayo de 1781, conforme a la sentencia dictada cuatro días antes, el visitador Areche mandó ejecutar sañudamente, en presencia de Túpac Amaru, a la esposa, hijos y otros familiares y lugartenientes del cabecilla en la plaza de Cuzco. El propio Areche hubo de conceder que Túpac Amaru era "un espíritu de naturaleza muy robusta y de serenidad imponderable". Ello no fue óbice para que a continuación, convencido de que nunca lograría convertir a Túpac Amaru en delator, mandase al verdugo que le cortara la lengua, que le atasen las extremidades a gruesas cuerdas para que tirasen de ellas cuatro caballos y que se procediera a la descuartización. Así se hizo, pero las bestias no consiguieron durante largo rato desmembrar a la imponente víctima, por lo que Areche, según algunos piadosamente, según otros más airado que compadecido, decidió acabar con el inhumano espectáculo de la tortura ordenando que le cortaran la cabeza. Cumplida la sentencia, se envió cada parte de su cuerpo a un pueblo de la zona rebelde, en un intento de dar a la ejecución un valor ejemplarizante. Aunque la revuelta continuó durante algún tiempo más (encabezada por un primo y un sobrino de Túpac Amaru) y algunas otras le siguieron, ninguna llegaría a revestir especial gravedad, y en este sentido la muerte de Túpac Amaru marcó el fin de un ciclo de levantamientos indígenas anticoloniales. Durante mucho tiempo algunos historiadores situaron en esta rebelión el inicio de la independencia del Perú; hoy posiblemente no se pueda ser tan enfático, puesto que se debe tener en cuenta que en el proceso de independencia intervinieron otros factores, como la conciencia de los criollos acerca de sus derechos de autogobierno. En cualquier caso, es innegable que el levantamiento de Túpac Amaru II tuvo un carácter plural, ya que en sus filas confluyeron indígenas, mestizos, criollos e incluso españoles, una integración que fue un paso importante para el logro de la futura emancipación.http://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/tupac_amaru.htm

sábado, 16 de julio de 2016

Detrás de la Razón - Turquía Y terroristas

TURQUÍA, LA FRONTERA DE ASIA

ESTAMBUL ( Turquia ). Ciudad bajo tierra. Canal Historia.

LA HISTORIA MODERNA DE TURQUÍA


Política de partido único Mustafa Kemal La historia moderna de Turquía se inicia con el establecimiento de la república el 29 de octubre de 1923 (República fue declarada el 20 de enero de 1921), con Mustafa Kemal (Atatürk) como su primer presidente. El 3 de marzo de 1924, la Asamblea Nacional abolió el ministerio de la Sagrada Ley, todas las escuelas pasaron a estar bajo supervisión del Ministerio de Educación y una nueva constitución fue aprobada el 20 de abril de 1924. Durante los próximos 10 años, hubo un proceso estable de occidentalización secular, cuyas reformas han sido anteriormente citadas, y que fue dirigido por Mustafa Kemal. Después de la fundación del Partido Republicano Liberal por Fethi Okyar, grupos fanáticamente religiosos se unieron a los liberales y sangrientos desórdenes se extendieron a continuación, sobre todo en el territorio oriental. El partido liberal fue disuelto el 17 de noviembre de 1930 y ninguna tentativa adicional en pos de una democracia multipartidista fue propuesta hasta 1945, gobernando un único partido, el Partido Republicano del Pueblo (Cumhuriyet Halk Partisi), fundado por Atatürk. Turquía pasó a ser miembro de pleno derecho en la Sociedad de Naciones en julio de 1932. El sucesor de Atatürk después de su muerte el 10 de noviembre de 1938 fue Ismet Inönü. Cuando todos sus vecinos occidentales estaban bajo la ocupación alemana o italiana durante la Segunda Guerra Mundial, Turquía firmó un tratado de paz con Alemania y oficialmente permaneció neutral hasta el final de la guerra. En 1945 Turquía se incorporó a las Naciones Unidas, y en febrero de 1945 declaró la guerra contra Alemania y Japón. Esto fue simbólico, pues nunca llegaron a entrar en batalla, las tropas turcas. Turquía fue admitida en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1952. Período multipartidista[editar] Adnan Menderes Adnan Menderes y miembros del Partido Liberal Republicano. Debido a la creciente presión e influencia de intelectuales liberales y grupos religiosos el gobierno multipartidista fue instaurado de nuevo en las elecciones de 1950, resultando vencedor el Partido Demócrata (Demokrat Parti) de Adnan Menderes. El gobierno fue muy popular al principio, suavizando las restricciones frente al Islam y presidiendo una economía en auge. Durante la segunda mitad de la década, sin embargo, la economía entró en crisis y el gobierno introdujo leyes de censura que limitaban la disensión. La alta inflación y una deuda masiva dañó la reputación del ejecutivo demócrata. Ante esta situación el ejército protagonizó un golpe de estado el 27 de mayo de 1960 el General Cemal Gürsel que retiró de sus cargos al presidente Celal Bayar y el Primer Ministro Adnan Menderes, el segundo de los cuales fue ejecutado. El ejército devolvió el país a manos control civil en el octubre de 1961. El sistema político que surgió como consecuencia del golpe de 1960 estaba fracturado, produciendo una serie de coaliciones de gobierno inestables en el parlamento, que alternaban entre el Partido de Camino Verdadero (Doğru Yol Partisi) de Süleyman Demirel por un lado y el Partido Republicano del Pueblo (Cumhuriyet Halk Partisi) de Ismet Inönü y Bülent Ecevit por el otro. Un nuevo golpe de estado fue organizado en 1971, aboliendo un parlamento ya de por sí fracturado durante el ejecutivo de Demirel. Durante la coalición del Primer Ministro Ecevit con el Partido de Salvación Nacional (Milli Selamet Partisi-MSP) de tendencia religiosa, Turquía efectuó una operación militar en Chipre en 1974 con el fin de intervenir en la crisis producida por un golpe de estado cuya intención era unificar la isla con Grecia y que estaba causando graves problemas a la minoría turca de la isla, creando un conflicto que hasta el día de hoy todavía no ha sido resuelto al instaurar la República Turca del Norte de Chipre. Golpe militar de 1980[editar] Artículo principal: Golpe de Estado en Turquía de 1980 Una escena política fragmentada y una pobre economía condujo a un auge de la violencia en las ciudades turcas entre grupos nacionalistas paramilitares, denomınados Bozkurtlar (Lobos Grises) fomentados por el Partido del Movimiento Nacional (Milliyetçi Hareket Partisi-MHP) y los comunistas. Un parlamento paralizado y un gran número de víctimas de estos trágicos sucesos desembocaron en 1980, en otro golpe de estado, liderado por Kenan Evren. Se disolvió el parlamento, se suprimeron todas libertades y se aplicó la ley marcial.3 Tras un periodo de dos años, los militares devolvieron el gobierno a manos civiles, prohibiendo el regreso a la política de Demirel, Ecevit, además de varios políticos turcos y se aprobó una nueva constitución. Tras retirarse de la política, en 1989, el presidente Kenan Evren (líder del golpe de 1980 que accedió al cargo tal y como hizo en su día Atatürk, abandonando su condición de general del ejército turco), Özal fue elegido presidente, dejando el parlamento en manos de Yildirim Akbulut, y luego, en 1991, a cargo de Mesut Yilmaz. Yilmaz redobló el perfil económico de Turquía y renovó su orientación hacia Europa. De las ruinas del sistema político anterior surgió una forma de gobierno monopartidista gobernada por el Partido de la Madre Patria (Anavatan Partisi) de Turgut Özal, que combinó un programa económico global junto con valores sociales conservadores. Con Özal, la economía resurgió, y en la década de los noventa, ciudades como Gaziantep (una pequeña capital de provincia) pasaron a ser verdaderos centros neurálgicos de la economía turca. Pero la inestabilidad política seguida de un gran número de políticos incompetentes apareció de nuevo, y el Partido de la Madre Patria se hizo cada vez más corrupto. Turgut Özal murió de un ataque cardíaco en 1993 y Demirel Suleyman fue elegido presidente. Las elecciones 1995 condujeron a una coalición de gobierno efímera entre el Partido de la Madre Patria de Yilmaz y el Partido del Camino Verdadero, ahora con Tansu Çiller como líder. Ciller entonces dio un giro y se alió con el Partido del Bienestar (Refah-Yol Partisi RP), encabezado por Necmettin Erbakan, antiguo líder del Partido de Salvación Nacional (Milli Selamet Partisi-MSP), permitiendo a Erbakan entrar en el ejecutivo principal. En 1998, en un pseudo-golpe de estado postmoderno, los militares una vez como garantes del laicismo instaurado en la República turca por Atatürk, juzgaron peligrosas para la naturaleza secular de Turquía la política de apoyo del gobierno de Erbakan a ciertos asuntos religiosos, enviando un ultimátum al mismo solicitándole que dimitiera, lo cual hizo. A partir de ese momento, el Partido del Bienestar de Erbakan fue prohibido. Un nuevo gobierno se formó con la coalición del Partido de la Madre Patria (Anavatan Partisi) y el Partido de la Izquierda Democrática (Demokratik Sol Partisi, DSP) de Ecevit apoyado a su vez por el Partido Republicano del Pueblo (Cumhuriyet Halk Partisi CHP), liderado por Deniz Baykal. Durante este gobierno, Abdullah Öcalan, líder del grupo revolucionario y separatista kurdo PKK, fue capturado en Kenia. Fue procesado por traición a la patria y condenado a la muerte, pero su pena fue revocada y desde entonces el caso sigue en el Tribunal europeo de los Derechos Humanos. Recep Tayyip Erdoğan, líder de un partido de tendencia islamista conservadora, pero a la usanza de los partidos democristianos europeos. El DSP ganó ampliamente en las elecciones 1999. El segundo lugar fue, sorprendentemente, para el nacionalista Partido del Movimiento Nacional (Milliyetçi Hareket Partisi-MHP). Estos dos partidos, junto al Partido de la Madre Patria (Anavatan Partisi) de Yilmaz formaron un gobierno. La opinión del pueblo era que esta coalición fallaría; no en vano, eran los herederos de los dos grupos que luchaban tan violentamente en las calles de Turquía durante la década de los 70 y los 80. Sin embargo, el gobierno fue en cierta medida eficaz, si no armonioso, causando la reforma económica muy necesaria, instituyendo la legislación de derechos humanos, y trayendo a Turquía alguna vez más cerca a la Unión Europea. Una serie de crisis económicas condujo a nuevas elecciones en 2002, trayendo al poder al Partido de la Justicia y el Desarrollo (Adalet ve Kalkınma Partisi AKP) del actual presidente turco y antiguo alcalde de Estambul Recep Tayyip Erdoğan, un partido de tendencia islamista conservadora, pero a la usanza de los partidos democristianos europeos. Su gobierno ha visto grandes avances en la economía y gracias a su política doméstica de cambios (Avance en los derechos humanos, reconocimiento de la lengua kurda, etc.) ha logrado iniciar el proceso de adhesión a la Unión Europea el pasado 3 de octubre de 2005. Resultados de las elecciones a la presidencia en Turquía desde 1991 Partido 1991 1995 1999 2002 DSP 11%/7 escaños 15%/76 escaños 22%/136 escaños 1.23%/0 escaños MHP 17%/62* escaños 8%/0 escaños 18%/129 escaños 8.33%/0 escaños RP/FP/SP4 17%/62* escaños 21%/158 escaños 15%/111 escaños 2.48%/0 escaños ANAP 24%/115 escaños 20%/132 escaños 13%/86 escaños 5.10%/0 escaños DYP 27%/178 escaños 19%/135 escaños 12%/85 escaños 9.55%/0 escaños CHP 21%/88 escaños 11%/49 escaños 9%/0 escaños 19.42%/177 escaños AKP - - - 34.41%/365 escaños Política exterior[editar] Pese a los indudables avances políticos y económicos que se han producido en Turquía desde la llegada al poder del AKP, diversos analistas han querido ver en el Gobierno turco, particularmente en los últimos años, un nuevo y más ambicioso enfoque global de la política exterior hacia sus vecinos y aliados. Esta tendencia, que se ha manifestado en una actitud más independiente y un cierto acercamiento hacia las posiciones defendidas por otros Estados musulmanes moderados, ha sido calificada en ocasiones como “neo-otomanismo”, apuntando con ello a la toma de conciencia por parte de Turquía de su renovada influencia regional y de su peso geopolítico en Oriente Próximo, que se manifestaría en una cierta “orientalización” de sus relaciones exteriores. El ataque de Israel a la flotilla de Gaza en junio de 2010 sólo sirvió para acentuar esta tendencia5 y ha supuesto un enfriamiento de la tradicional relación de cordialidad con el país hebreo. Turquía y la Unión Europea[editar] Artículo principal: Relaciones entre Turquía y la Unión Europea UE TURK1.png Durante el mandato de Erdoğan como Primer Ministro Turquía obtuvo el estatus oficial de país candidato a la adhesión europea, bajo recomendación de la Comisión Europea, que constató los intensos avances que se estaban produciendo recientemente en Turquía y calificó por primera vez su suficiencia para la candidatura oficial. Al asumir el cargo de Primer Ministro Erdoğan declaró que la primera prioridad de su gobierno sería la culminación del complicado proceso de adhesión de su país a la Unión Europea. Durante sus primeros años al frente del ejecutivo, Erdoğan adoptó importantes reformas, especialmente significativas en los ámbitos constitucional (reforma política del Estado, libertad religiosa, reforma de las Fuerzas Armadas, etc.) y penal (abolición de la pena de muerte y del delito de adulterio, suavizamiento de las penas por delitos contra el Estado, etc.) en sintonía con los parámetros democráticos exigidos para la incorporación de Estados a la UE y con la severa jurisprudencia contra Turquía, en esos ámbitos, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. No obstante, una cierta línea crítica ha señalado la relativa parálisis reformista del Gobierno turco en los últimos años, especialmente desde la tercera victoria electoral del AKP. Aun así, pueden constatarse ciertos avances de importancia en la actitud del Estado hacia las corrientes separatistas kurdas, y también en la reforma del Estado. Erdoğan, por su parte, ha criticado la conducta de Bruselas hacia Turquía, que ha calificado en ocasiones de “doble juego”. Erdoğan participó como testigo en la firma de la Constitución Europea. Incursión turca en el norte de Irak[editar] Artículo principal: Incursión turca en el norte de Irak Erdoğan ha sostenido la posición de Turquía dentro de la OTAN, aunque no aceptó que el Ejército de los Estados Unidos utilizara suelo de su país durante la Guerra de Irak. Sin embargo, sí permitió el uso del espacio aéreo turco por parte de la aviación estadounidense en las semanas de la invasión de Irak en 2003. Protestas en Turquía de 2013[editar] Artículo principal: Protestas en Turquía de 2013 Fuego en Taksim tras los altercados nocturnos. A finales de mayo de 2013 comienzan una serie de protestas contra el intento de destruir el parque Taksim Gezi en Estambul para construir un centro comercial. La dureza de la represión de las manifestaciones llevaron a una generalización de las protestas contra su política, interpretada como un intento de régimen radical y absolutista. También en contra de la corrupción y de la censura en todos los medios controlados por este régimen.[cita requerida] Erdoğan ha sido acusado por los turcos seculares de dilapidar la herencia de Atatürk con la gradual islamización del país y de convertirse en una figura polarizadora. Este descontento quedó en evidencia durante las protestas de 2013. Aunque se demostró que su alta popularidad acalló todas sus críticas.6 Presidente de Turquía[editar] Recep Tayyip Erdoğan junto al Primer Ministro ruso Dmitri Medvédev. El 28 de agosto de 2014, en el salón de plenos turco, Erdoğan fue proclamado oficialmente Presidente de Turquía, sucediendo así, tras ser elegido por primera vez en el país por los ciudadanos, a Abdullah Gül. Como primer acto, condecoró la carrera política de su predecesor, y anunció que está por llegar "una nueva Turquía". [1] Durante su proclamación, grupos de la oposición abandonaron el salón de plenos, además de realizar desde sus tribunas lanzamientos de objetos dirigidos al recién nombrado Presidente. En su mandato quiere modificar la constitución para instaurar un sistema presidencialista que acoja además control sobre el ejecutivo.7 Con este fin, tras los resultados electorales de junio de 2015 en los que perdió la mayoría necesaria (2/3 del parlamento) para cambiar la constitución e instaurar dicho régimen presidencialista debido a la irrupción en el parlamento del partido prokurdo HDP, convocó nuevas elecciones para el 1 de noviembre de ese mismo año, y acto seguido inició una campaña de represión contra los periodistas críticos contra su persona, además de bombardear las bases del PKK con intención de desprestigiar a la minoría kurda del país, provocando la respuesta armada de este grupo y poniendo fin unilateralmente a una tregua de más de dos años. A pesar de señalar que sus intenciones son las de "acabar con el terrorismo [tanto del Estado Islámico como del PKK]", la realidad es que la gran mayoría de sus acciones militares han ido destinadas a luchar contra el PKK, mientras que apenas ha movido alguna ficha en la lucha contra el Estado Islámico.WIKIPEDIA

viernes, 8 de julio de 2016

Hacia los 200 años (en 45 días). Capítulo 29. El lado B del Congreso de ...

2015 Julio 26 - Anecdotas del Congreso de Tucuman

Viaje en el tiempo... 9 de Julio de 1816

Cuento de la Independencia

PROPUESTA BICENTENARIO 1816 2016 yb

1816: Bicentenario de la declaración de la Independencia

Mini Historias JBJ - ¿QUÉ SUCEDIÓ EL 9 DE JULIO DE 1816?

Acta de la declaración de la independencia argentina - 9 de julio de 1816


Acta de la declaración de la independencia argentina - 9 de julio de 1816 Desde la conformación del primer gobierno patrio sin injerencia de España, se había desatado una larga guerra independentista, de la cual muy pocos se animaban a vaticinar de forma explícita cómo terminaría; no sólo por las dificultades económicas a que había que hacer frente y la tenaz resistencia por parte de los ejércitos realistas; también porque no eran pocas las diferencias internas respecto a cómo organizar el nuevo país, todavía inexistente. Las rivalidades se dirimían en golpes de mando, encarcelamientos, campañas militares, etc. Aun así, sin consensos definidos y con grandes turbulencias, el proceso independentista avanzaba. En 1815, tras la deposición de Alvear como Director Supremo ocurrida el 15 de abril, el director interino Ignacio Álvarez Thomas, envió una circular a las provincias invitándolas a realizar la elección de diputados para un congreso general que se reuniría en Tucumán. Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental decidieron no enviar representantes. Tampoco asistirían diputados de Paraguay y del Alto Perú, con excepción de Chichas o Potosí, Charcas (Chuquisaca o La Plata) y Mizque o Cochabamba. Pronto comenzaron a ser electos en las provincias los diputados que se reunirían en Tucumán para inaugurar un nuevo congreso constituyente. Entre las instrucciones que las provincias -no todas- daban a sus diputados, se encontraba la de “declarar la absoluta independencia de España y de sus reyes”. El 24 de marzo de 1816 fue finalmente inaugurado el Congreso en Tucumán. El porteño Pedro Medrano fue su presidente provisional y los diputados presentes juraron defender la religión católica y la integridad territorial de las Provincias Unidas. Entretanto, el gobierno no podía resolver los problemas planteados: la propuesta alternativa de Artigas, los planes de San Martín para reconquistar Chile, los conflictos con Güemes y la invasión portuguesa a la Banda Oriental, entre otros. Finalmente, cuando San Martín llamaba a terminar definitivamente con el vínculo colonial, una comisión de diputados, integrada por Gascón, Sánchez de Bustamante y Serrano, propuso un temario de las tareas que debía acometer el Congreso, conocido como “Plan de materias de primera y preferente atención para las discusiones y deliberaciones del Soberano Congreso”, que a continuación reproducimos. El 9 de julio de 1816, el mismo día en que se aprobó el temario, se resolvió considerar como primer punto el tema de la libertad e independencia de las Provincias Unidas. Los diputados no tardaron en ponerse de pie y aclamar la Independencia de las Provincias Unidas de la América del Sud de la dominación de los reyes de España y su metrópoli. Fuente: El Redactor del Congreso Nacional, Nº 6, pág. 4, 23 de septiembre de 1816, en Ravignani Emilio, Asambleas Constituyentes Argentinas, Tomo I, Buenos Aires, 1937, págs. 216-217. En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos diez y seis, terminada la sesión ordinaria, el Congreso de la Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto, y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España. Los representantes, sin embargo, consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, la de los pueblos representados y la de toda la posteridad. A su término fueron preguntados si querían que las provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli. Aclamaron primero, llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime voto por la independencia del país, fijando en su virtud la determinación siguiente: “Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia, que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra que, es voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo el seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación, y en obsequio del respeto que se debe a la naciones, detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.” ”Dada en la sala de sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del congreso y refrendada por nuestros diputados secretarios. – Francisco Narciso de Laprida, presidente. –Mariano Boedo, vice-presidente, diputado por Salta. –Dr. Antonio Sáenz, diputado por Buenos Aires. – Dr. José Darregueyra, diputado por Buenos Aires. – Dr. Fray Cayetano José Rodríguez, diputado por Buenos Aires. – Dr. Pedro Medrano, diputado por Buenos Aires. – Dr. Manuel Antonio Acevedo, diputado por Catamarca. – Dr. José Ignacio de Gorriti, diputado por Salta. – Dr. José Andrés Pacheco Melo, diputado por Chichas. – Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante, diputado por la ciudad y territorio de Jujuy. – Eduardo Pérez Bulnes, diputado por Córdoba. – Tomás Godoy Cruz, diputado por Mendoza. – Dr. Pedro Miguel Aráoz, diputado por la capital del Tucumán. – Dr. Esteban Agustín Gazcón, diputado por Buenos Aires. – Pedro Francisco de Uriarte, diputado por Santiago del Estero. – Pedro León Gallo, diputado por Santiago del Estero. – Pedro Ignacio Ribera, diputado de Mizque. – Dr. Mariano Sánchez de Loria, diputado por Charcas. – Dr. José Severo Malabia, diputado por Charcas. – Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros, diputado por La Rioja. – L. Jerónimo Salguero de Cabrera, diputado por Córdoba. – Dr. José Colombres, diputado por Catamarca. – Dr. José Ignacio Thames, diputado por Tucumán. – Fr. Justo Sta. María de Oro, diputado por San Juan. – José Antonio Cabrera, diputado por Córdoba. – Dr. Juan Agustín Maza, diputado por Mendoza. – Tomás Manuel de Anchorena, diputado de Buenos Aires. – José Mariano Serrano, diputado por Charcas, Secretario. – Juan José Paso, diputado por Buenos Aires, Secretario”.EL HISTOREADOR

miércoles, 6 de julio de 2016

ARGENTINA: LA ISLA MARTÍN GARCÍA


Es difícil resumir la historia de la Isla Martín García, ya desde la lejana fecha de 1516 cuando Juan Díaz de Solís la bautizó con el nombre de su despensero. En 1851 Domingo Faustino Sarmiento desembarcó en la isla y escribió en una roca Argirópolis, (Ciudad del Plata), pensando que ese sitio era el lugar ideal para erigir la capital de los Estados Unidos de América del Sud. Algo con lo que el soñaba. Antiguamente se encontraba en la isla una importante cantera, donde los presos extraían el material para empedrar las calles de Rosario y Buenos Aires. En 1895 Rubén Dario durante una breve estadía compuso allí la famosa marcha triunfal. Para alimentar la imaginación los habitantes recuerdan que la isla tuvo su propio pirata: en 1582 el corsario ingles Eduardo Tenton, quien intentó desembarcar allí. Fueron varios los que quisieron apoderarse de la isla. Ya Guillermo Brown en 1827 la defendió con su escuadra y la fortificó estableciendo su base de operaciones durante la guerra contra el Brasil. Entre 1870 y 1920 funcionó allí un lazareto, es decir un lugar donde los inmigrantes cumplían con una estricta cuarentena antes de ingresar en el país, para evitar la propagación de las epidemias de fiebre amarilla y cólera en Buenos Aires. En 1884 se inauguraba en la isla el faro para la navegación de los ríos Uruguay y Paraná. Según los expertos la isla es uno de los territorios más antiguos del continente americano. Cuenta una leyenda que allá por el año 1860, un poblador de la zona tenía una yegua y un potrillo. Bastaba llevar a éste de una costa a otra para que la yegua a las pocas horas, notara su ausencia, y atravesara nadando el canal que estaba entre Martín García y Martín Chico en el Uruguay. Y encontrarse con su potrillo. La habilidad de la yegua fue aprovechada por los presos políticos.Los cuales recobraron su libertad haciéndose remolcar, agarrados de la cola del animal. Lamentablemente al descubrirse el hecho, la yegua fue llevada a juicio y sentenciada a muerte. Pero, sin dudas, la historia más conocida de la isla es la del confinamiento de presidentes. Allí estuvieron Hipólito Yrigoyen y Arturo Frondizi al ser depuestos de sus cargos por golpes militares. También Marcelo T. de Alvear por participar, en 1933, de una revuelta radical contra el gobierno del general Agustín P. Justo. Y, cuando era vicepresidente, Juan Domingo Perón fue enviado a este reducto del que salió gracias a la movilización del 17 de octubre de 1945. Por todo esto y mucho más un lugar que resulta encantador poder visitar. Esta entrada fue publicada en El viajero del tiempo por Gabriela Miño, y etiquetada como Archivoscopio, Isla Martin Garcia. ...de WIKIPEDIA La isla Martín García se hallaba en el área en que charrúas y guaraníes chandules disputaban y fue descubierta por europeos en la expedición de Juan Díaz de Solís en 1516. Debe su nombre al despensero de la expedición, Martín García, quien murió a bordo y su cadáver fue sepultado en la isla. Ese desembarco fue el primero fehacientemente comprobado que europeos produjeron en territorio de la actual Argentina. Posteriormente la isla fue disputada permanentemente por España y Portugal debido a su estratégica posición en medio del cauce principal del río y como puerta de entrada a sus principales tributarios, los ríos Paraná y Uruguay. Desde 1765 funcionó como cárcel y lugar de destierro, al mando de un comandante del Presidio de Martín García que contaba con una guarnición de soldados del Regimiento de Infantería de Buenos Aires. Al crearse el Virreinato del Río de la Plata el primer virrey, Pedro de Cevallos, la fortificó y convirtió en guarnición militar. Luego de la Revolución de Mayo de 1810 el secretario de la Primera Junta de Buenos Aires, Mariano Moreno, en su secreto Plan de operaciones, propuso cederla4 al Reino Unido para hacer de ella una base militar de una potencia extranjera enemiga de España, pero la isla fue ocupada por los realistas de Montevideo. Iniciada la Campaña Naval de 1814, entre el 10 y 15 de marzo de ese año se produjo el Combate de Martín García entre las fuerzas navales realistas al mando de Jacinto de Romarate y la flota de Buenos Aires al mando de Guillermo Brown. Luego del desembarcó y asalto de la isla por las fuerzas de Brown, fue evacuada por los realistas quedando en manos de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En 1826, durante la guerra del Brasil, fue ocupada brevemente por las fuerzas brasileñas y liberada nuevamente por Brown, que la artilló.5 La isla fue escenario de otros combates durante el proceso del surgimiento del Estado Argentino. Durante el Bloqueo francés al Río de la Plata contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas en la Provincia de Buenos Aires, Martín García fue atacada y tomada el 11 de octubre de 1838 por fuerzas francesas coaligadas con el Partido Colorado de Uruguay y el Partido Unitario argentino, produciéndose el Combate de Martín García (1838). La isla fue devuelta en noviembre de 1840. Posteriormente fue ocupada por fuerzas de Montevideo aliadas a los unitarios exiliados. En 1843 fue recuperada por las tropas federales de Rosas, pero en septiembre de 1845 Giuseppe Garibaldi la reconquistó para Montevideo. En 1852 fue devuelta a la Confederación Argentina. Durante la Guerra entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires se produjeron dos nuevos combates en torno a la isla: Combate de Martín García (1853) y Combate de Martín García (1859). A fines de siglo XIX Domingo Faustino Sarmiento propuso fundar en la isla la ciudad de Argirópolis como capital de un estado que reuniría a —por lo menos— la Argentina, el Uruguay y el Paraguay. Tras la Conquista del Desierto —iniciada formalmente en 1879— muchos de los jefes indígenas capturados fueron confinados allí. Desde 1886 fue jurisdicción de la Armada Argentina. Ya en 1900 existía en la isla un presidio y un lazareto además de importantes baterías de artillería, también en esa época la isla era una de las canteras proveedoras de piedra para el adoquinado de la ciudad de Buenos Aires. En 1936 se instalaron las fuerzas de defensa de la Zona del Plata y más tarde la Sub-área Naval del Plata, y en 1950 se creó el Centro Provisorio de Reclutamiento. Debido a su polémica histórica, la calidad de exclave argentino rodeado por aguas uruguayas que actualmente posee la isla Martín García surge recién tras la firma del Tratado del Río de la Plata entre la República Oriental del Uruguay y la República Argentina a mediados de 1973; en efecto, por estos tratados la isla está rodeada por aguas de jurisdicción uruguaya, aunque la distancia respecto al resto del territorio argentino es inferior a los dos kilómetros. A cambio del reconocimiento de la soberanía argentina sobre la isla Martín García, Argentina debió reconocer la soberanía uruguaya de la isla Timoteo Domínguez —un banco aluvional hoy ya adosado al borde norte de Martín García—.6 La solución adoptada, si bien no conformó a ninguna de las partes, permitió llegar a una fórmula de mal menor, en el límite de lo aceptable para ambas naciones.7 El art. 45 del tratado señala: la Isla Martín García será destinada exclusivamente a reserva natural para la conservación y preservación de la fauna y flora autóctonas, bajo jurisdicción de la República Argentina. Por otra parte, se delimitó un deslinde que acota la extensión de Martín García hacia el norte y al sudeste, porque teniendo en cuenta el enorme arrastre aluvional existente en la zona, se previó que se produciría su unión con la isla Timoteo Domínguez, de jurisdicción uruguaya, cosa que ya es realidad. La adición aluvional que se deposite en los frentes de Martín García que miran al canal de Martín García —o «Buenos Aires»—, y al canal del Infierno pertenecerá a la Argentina, en virtud del art. 46. En 1985 la Armada transfirió a la provincia de Buenos Aires la propiedad de los edificios e instalaciones existentes en la isla. En la actualidad la isla es un destino turístico en el cual se pueden visitar -entre varias otras cosas- el antiguo "Barrio Chino", los restos de las fortificaciones, del lazareto y del presidio, así como la flora y fauna nativa. Aunque con una producción pequeña, es famoso el pan dulce elaborado en Martín García.

Isla Martín Garcia - Programa En El Camino 1/4

Isla Martín García - Programa En El Camino 2/4

Isla Martín García - Programa En El Camino 3/4

Isla Martín García - Programa En El Camino 4/4

Recorremonumentos ISLA MARTIN GARCIA La isla de mar dulce.-

Isla Martin Garcia (Martin Garcia)

Isla Martin Garcia-Argentina-Encanto y Misterio-Producciones Vicari.(Jua...

Isla Martin Garcia (Río de la Plata - Argentina)