miércoles, 15 de enero de 2014

Por qué no estalla una revolución... - Fuente: http://gazzettadelapocalipsis.wordpress.com


Por qué no estalla una revolución. ¿Te has preguntado alguna vez porqué nadie reacciona ante la infame oleada de opresión y abusos de todo tipo que estamos sufriendo? ¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada? ¿Te has preguntado porqué no estalla una Revolución masiva y por qué todo el mundo parece estar dormido o hipnotizado? Estos últimos años se han hecho públicas informaciones de todo tipo que deberían haber dañado la estructura del Sistema hasta sus mismísimos cimientos y sin embargo la maquinaria sigue intacta, sin ni tan solo un arañazo superficial. titulares apatía Y esto pone de manifiesto un hecho extremadamente preocupante que está sucediendo justo ante nuestras narices y al que nadie parece prestarle atención. El hecho de que SABER LA VERDAD YA NO IMPORTA Parece increíble, pero los acontecimientos lo demuestran a diario. La información ya no tiene relevancia Desvelar los más oscuros secretos y sacarlos a la luz ya no produce ningún efecto, ninguna respuesta por parte de la población. Por más terribles e impactantes que sean los secretos revelados. Durante décadas hemos creído que los luchadores por la verdad, los informadores capaces de desvelar asuntos encubiertos o airear los trapos sucios, podían cambiar las cosas. Que podían alterar el devenir de la historia. De hecho, hemos crecido con el convencimiento de que conocer la verdad era crucial para crear un mundo mejor y más justo y que aquellos que luchaban por desvelarla eran el mayor enemigo de los poderosos y de los tiranos. Y quizás durante un tiempo ha sido así. Pero actualmente, la “evolución” de la sociedad y sobretodo de la psicología de las masas nos ha llevado a un nuevo estado de cosas. Un estado mental de la población que no se habría atrevido a imaginar ni el más enajenado de los dictadores. El sueño húmedo de todo tirano sobre la faz de la tierra: no tener que ocultar ni justificar nada ante su pueblo. Poder mostrar públicamente toda su corrupción, maldad y prepotencia sin tener que preocuparse de que ello produzca ningún tipo de respuesta entre aquellos a los que oprime. apathy einstein Ésta es la realidad del mundo en el que vivimos. Y si crees que esto es una exageración, observa a tu alrededor. El caso de España es palmario. Un país inmerso en un estado de putrefacción generalizado, devorado hasta los huesos por los gusanos de la corrupción en todos los ámbitos: el judicial, el empresarial, el sindical y sobretodo el político. Un estado de descomposición que ha rebosado todos los límites imaginables, hasta salpicar con su pestilencia a todos los partidos políticos de forma irreparable. casos corupcion españa Y sin embargo, a pesar de hacerse públicos de forma continuada todos estos escándalos de corrupción política, los españoles siguen votando mayoritariamente a los mismos partidos, derivando, como mucho, algunos de sus votos a partidos subsidiarios que de ninguna manera representan una alternativa real. Ahí está el alucinante caso de la Comunidad Valenciana, la región más representativa del saqueo desvergonzado perpetrado por el Partido Popular y donde, a pesar de todo, este partido de auténticos forajidos y bandoleros sigue ganando las elecciones con mayoría absoluta. fabra png Una vergüenza inimaginable en cualquier nación mínimamente democrática. Y desgraciadamente, el caso de Valencia es solo un ejemplo más del estado general del país: ahí tenemos el indignante caso de Andalucía dominada desde hace décadas por la otra gran mafia del estado, el PSOE, que junto con sus socios de los Sindicatos y el apoyo puntual de Izquierda Unida han robado a manos llenas durante años y años. O el caso de Cataluña con Convergencia y Unió, un partido de elitistas ladrones de guante blanco, por poner otro ejemplo más. Y es que podríamos seguir así por todas las comunidades autónomas o por el propio gobierno central, donde las dos grandes familias político-criminales del país, PP y PSOE, se han dedicado a saquear sin ningún tipo de recato. caso noos Y a pesar de hacerse públicos todos estos casos de corrupción generalizada; a pesar de revelarse la implicación de las altas esferas financieras y empresariales, con la aquiescencia del poder judicial; a pesar de demostrarse por activa y por pasiva que la infección afecta al Sistema en su generalidad, en todos los ámbitos, imposibilitando la creación de un futuro sano para el país; a pesar de todo ello, la respuesta de la población ha sido…no hacer nada. La máxima respuesta de la ciudadanía ha sido “ejercer el legítimo derecho de manifestación”, una actividad muy parecida a la que hace la hinchada cuando su equipo de fútbol gana una competición y sale en masa a la calle para celebrarlo.manifestaciones y celebraciones deportivas Es decir, nadie ha hecho nada efectivo por cambiar las cosas, excepto picar cacerolas. Y el caso de la corrupción política desvelada en España y la nula reacción de la población es solo un ejemplo de entre muchos tantos a lo largo y ancho del mundo. armstrong doping png Ahí está el caso del deporte de masas, azotado como está por la sospecha de la corrupción, de la manipulación y del dopaje y por la más que probable adulteración de todas las competiciones bajo el control comercial de las grandes marcas…y a pesar de ello, sus audiencias televisivas y su seguimiento no solo no se ve afectado, sino que sigue creciendo cada vez más y más y más… marcas depoprte 2 png Pero todos estos casos empequeñecen ante la gravedad de las revelaciones hechas por Edward Snowden y confirmadas por los propios gobiernos, que nos han dicho, a la cara, con luz y taquígrafos, que todas nuestras actividades son monitoreadas y vigiladas, que todas nuestras llamadas, nuestra actividad en redes sociales y nuestra navegación en Internet es controlada y que nos dirigimos inexorablemente hacia la pesadilla del Gran Hermano vaticinada por George Orwell en “1984”. Y lo que es más alucinante del caso: una vez “filtradas” estas informaciones, nadie se ha preocupado de rebatirlas. ¡Ni mucho menos! nsa prism b Todos los medios de comunicación, los poderes políticos y las grandes empresas de Internet implicadas en el escándalo han confirmado públicamente este estado de vigilancia como algo real e indiscutible. Como mucho han prometido, de forma poco convincente y con la boca pequeñaque no van a seguir haciéndolo… ¡Incluso se han permitido el lujo de dar algunos detalles técnicos! ¿Y cuál ha sido la respuesta de la población mundial cuando se ha revelado esaverdad? ¿Cuál ha sido la reacción general al recibir estas informaciones? Ninguna. smartphone subway hongkong png Todo el mundo sigue absorto con su smartphone, sigue revolcándose en el dulce fango de las redes sociales y sigue navegando las infestadas aguas de Internet sin mover ni una sola pestaña… smartphones1 Así pues, ¿De qué sirve saber la verdad? En el caso hipotético de que Edward Snowden o Julian Assange sean personajes reales y no creaciones mediáticas con una misión oculta, ¿De qué habrá servido su sacrificio? ¿Qué utilidad tiene acceder a la información y desvelar la verdad si no provoca ningún cambio, ninguna alteración, ni ninguna transformación? ¿De qué sirve saber de forma explícita y documentada que la energía nuclear solo nos puede traer desgracias, como nos demuestran los terribles accidentes de Chernobyl y Fukushima, si tales revelaciones no surten ni el más mínimo efecto? fukushima ¿De qué nos sirve saber que los bancos son entidades criminales dedicadas al saqueo masivo si seguimos utilizándolos? ¿De qué nos sirve saber que la comida está adulterada y contaminada por todo tipo de productos tóxicos, cancerígenos o transgénicos si seguimos comiéndola? comida basura png ¿De qué nos sirve saber la verdad sobre cualquier asunto relevante si no reaccionamos, por más graves que sean sus implicaciones? No nos engañemos más, por duro que sea aceptarlo. Afrontemos la realidad tal y como es. En la sociedad actual, saber la verdad ya no significa nada Informar de los hechos que verdaderamente acontecen, no tiene ninguna utilidad real Es más, la mayoría de la población ha llegado a tal nivel de degradación psicológica que, como demostraremos, la propia revelación de la verdad y el propio acceso a la información refuerzan aún más su incapacidad de respuesta y su atonía mental. fight apathy png La gran pregunta es: ¿POR QUÉ? ¿Qué nos ha conducido a todos nosotros, como individuos, a este estado de apatía generalizado? Y la respuesta, como siempre sucede cuando nos hacemos preguntas de este calado, resulta de lo más inquietante. Y está relacionada, directamente, con el condicionamiento psicológico al que está sometido el Individuo en la sociedad actual. Pues los mecanismos que desactivan nuestra respuesta al acceder a la verdad, por más escandalosa que ésta resulte, son tan sencillos como efectivos. Y resultan de lo más cotidiano. hypnotized family Simplemente todo se basa en un exceso de información En un bombardeo de estímulos tan exagerado que provoca una cadena de acontecimientos lógicos que acaban desembocando en una flagrante falta de respuesta. En pura apatía. Y para luchar contra este fenómeno, resulta clave saber cómo se desarrolla el proceso… Times Square ¿CÓMO SE DESARROLLA EL PROCESO? Para empezar, debemos entender que todo estímulo sensorial que recibimos está cargado de información. Nuestro cuerpo está diseñado para percibir y procesar todo tipo de estímulos sensoriales, pero la clave del asunto radica en la percepción de información de carácter lingüístico, entediendo por “lingüistico”: todo sistema organizado con el fin de codificar y transmitir información de cualquier clase. Por ejemplo, escuchar una frase o leerla implica una entrada de información en nuestro cerebro, de caracter lingüístico. Pero también lo implica ver el logo de una empresa, escuchar las notas musicales de una canción, ver una señal de tráfico o oir la sirena de una ambulancia, por poner algunos ejemplos… señales transito Una persona en el mundo actual, está sometida a miles y miles de estímulos lingüisticos de este tipo a lo largo de un día normal, muchos de ellos percibidos de forma consciente, pero la inmensa mayoría percibidos de forma inconsciente, que deben ser procesados por nuestro cerebro. El proceso de captación y procesamiento de esta información lo podríamos dividir básicamente en 3 fases: percepción, valoración y respuesta MyEye Percepción Sin lugar a dudas, formamos parte de la generación con mayor capacidad de procesamiento de información a nivel cerebral de la toda historia de la humanidad, con muchísima diferencia, sobretodo a nivel visual y auditivo. Es más, a medida que nacen y crecen nuevas generaciones, éstas adquieren una mayor velocidad de percepción de información. Una muestra de ello la podemos encontrar en el propio cine. john wayne png Visualiza un antiguo western de John Wayne, en una secuencia cualquiera de acción, como por ejemplo, un tiroteo. Y después visualiza una secuencia de un tiroteo o de una persecución de coches en una película actual. Cualquier secuencia de acción de una película actual está trufada de sucesiones rapidísimas de planos de corta duración. En tan solo 3 o 4 segundos verás diferentes planos: la cara del protagonista conduciendo, la del acompañante gritando, la mano en el cambio de marcha, el pie pisando el pedal, el coche esquivando un peatón, el perseguidor que derrapa, el malo que agarra la pistola, como dispara por la ventanilla, etc…y cada plano habrá durado apenas décimas de segundo. Las imágenes se suceden a toda velocidad como los disparos de una ametralladora. Y sin embargo eres capaz de verlas todas y procesar el mensaje que contienen. best action sequence gran IM-3 Ahora ponte la película de John Wayne. No encontrarás sucesiones de planos a ritmo de ametralladora, sinó sucesiones de planos mucho más largos en duración y con mayor tamaño de campo visual. john wayne shooting Probablemente, un espectador de la época de John Wayne se habría mareado viendo una película actual, pues no estaría acostumbrado a procesar tanta información visual a tanta velocidad. vintage cinema audience png Esto es un ejemplo sencillo del bombardeo de información al que está sometido el cerebro de alguien en la actualidad, en comparación con el de una persona de hace tan solo 50 años. Añádele a esto todas las fuentes de información que te rodean, como la televisión, la radio, la música, la omnipresente publicidad de todo tipo, las señales de tráfico, los diferentes y variados ropajes que viste cada una de las personas con las que te cruzas por la calle y que representan, cada uno de ellos una serie de códigos lingüísticos para tu cerebro, la información que ves en tu móvil, en la tablet, en internet y añádele, además, tus compromisos sociales, tus facturas, tus preocupaciones y los deseos que te han programado tener, etc, etc, etc… bombardeo info times square Se trata de una auténtica inundación de información que debe procesar tu cerebro continuadamente. Y todo ello en un cerebro del mismo tamaño y capacidad que el de ese espectador de los westerns de John Wayne hace 50 años. Por lo visto, parece que nuestro cerebro tiene capacidad suficiente para percibir tales volúmenes de información y comprender los mensajes asociados a esos estímulos. Ahí no radica el problema. De hecho parece que nuestro cerebro disfruta con ello, pues nos hemos convertido en adictos al bombardeo de estímulos. El problema aparece en la siguiente fase. scales Valoración Es cuando debemos valorar la información recibida, es decir, cuando llega la hora dejuzgar y analizar sus implicaciones, que nos topamos con nuestras limitaciones. Porque, literalmente, no disponemos de tiempo material para hacer una valoración en profundidad de esa información. Antes de que nuestra mente, por sí misma y con criterios propios, pueda juzgar de forma más o menos profunda la información que recibimos, somos bombardeados por una nueva oleada de estímulos que nos distraen e inundan nuestra mente. Es por esta razón que nunca llegamos a valorar en su justa medida, la información que recibimos, por importantes que sean sus posibles implicaciones. Para comprenderlo mejor, vamos a utilizar una analogía, en forma de pequeña historia. Imaginemos a una persona muy introvertida, que pasa la mayor parte de su tiempo encerrada en casa. Prácticamente no tiene amigos ni entabla relaciones sociales de ningún tipo. Ahora supongamos que esa persona baja al supermercado a comprar una botella de leche y cuando va a pagarla, se le cae al suelo y la rompe, causando gran estruendo y manchando su ropa a ojos de todos los clientes y de la cajera. Cuando esa persona vuelva a su casa, aislada de toda relación y estímulo social, probablemente dará un gran valor a lo acontecido en el supermercado. Se preguntará por qué le cayó la leche y qué movimiento en falso realizó para que eso sucediera; se preguntará si fue culpa suya o fue culpa de la botella que era demasiado resbaladiza; analizará en su cabeza la mirada de la cajera y los gestos y comentarios de todos y cada uno de los clientes; incluso observará las manchas en su ropa e intentará adivinar lo que pensaban sobre ella las demás personas al verla en esa situación. Se sentirá ridícula y juzgará aquel acontecimiento meramente anecdótico como mucho más importante de lo que realmente es. Simplemente porque para ella, ese ridículo en el supermercado será el gran acontecimiento social del día o de la semana. Y quizás no lo olvide nunca más en su vida. Ahora sustituyamos a la persona introvertida y sin relaciones por un modelo opuesto. Una persona extrovertida, que pasa el día entero rodeada de gran cantidad de personas y acontecimientos, interactuando frenéticamente con clientes y compañeros de trabajo, hablando por teléfono, concertando citas, comprando, vendiendo, haciendo reuniones, riendo, enfadándose y rematando el día tomando copas con los amigos. Supongamos que esta persona va a comprar la leche y también se le cae causando gran estruendo y manchándose la ropa. La valoración que hará del hecho será meramente anecdótica, pues representará un evento más de entre los muchos acontecimientos de carácter social que experimenta a lo largo de la jornada. Y en pocas horas se habrá olvidado de lo sucedido. Una persona en la sociedad actual se asemeja mucho al segundo modelo, sometida a gran cantidad de estímulos sensoriales, sociales y lingüísticos. Para nosotros, toda información recibida es rápidamente digerida y olvidada, arrastrada por la corriente incesante de información que entra en nuestro cerebro como un torrente. Porque vivimos inmersos en la cultura del twit, un mundo donde toda reflexión sobre un evento dura 140 caracteres. Y esa es la profundidad máxima a la que llega nuestra limitada capacidad de análisis. twitter Es por esta razón, por nuestra impotencia a la hora de valorar y juzgar por nosotros mismos el volumen de información al que estamos sometidos, que la propia información que nos es transmitida lleva incorporada la opinión que debemos tener sobre ella, es decir, aquello que deberíamos pensar tras realizar una valoración profunda de los hechos. Es decir, el emisor de la información le ahorra amablemente al receptor el esfuerzo detener que pensar. Ese es el procedimiento que utilizan los grandes medios de comunicación y en un mundo con individuos auténticamente pensantes sería calificado de manipulación ylavado de cerebro washing brain La televisión es un claro ejemplo de ello. Fijémonos en un noticiario cualquiera. Todas las noticias de todos las cadenas estan narradas de forma tendenciosa, de manera que contengan en su redactado y presentación no solo la información que debe ser transmitida, sinó la opinión que debe generar en el espectador. O más claramente aún, el ejemplo de las omnipreentes tertulias políticas, donde los tertulianos son calificados como “generadores de opinión”. Es decir, su función es generar la opinión que deberías fabricar por tí mismo. las noticias tve png Así pues, el bombardeo contínuo e incesante de información en nuestro cerebro nos impide juzgar adecuadamente el valor de los hechos, con criterio propio y según nuestros códigos internos. Nos quita el tiempo que deberíamos tomarnos para sopesar las consecuencias de un acontecimiento y lo fragmenta en pedacitos de 140 caracteres y con ello, convierte en breve y superficial cualquier juicio que emitamos sobre una información recibida. Resumiendo: nos hace pensar “en titulares” y por norma general, esos titulares ni tan solo los pensamos nosotros mismos, sino que nos son inoculados con la propia información. fist Respuesta Una vez reducido a la mínima expresión nuestro tiempo de valoración personal de los hechos, entramos en la fase decisiva del proceso, aquella en que nuestra posible respuesta queda anulada. Aquí entran en juego las emociones y los sentimientos, el motor de toda respuesta y acción. Y es que al fragmentar y reducir nuestro tiempo dedicado a juzgar una información cualquiera, también reducimos la carga emocional que asociamos a esa información. Observemos nuestras propias reacciones: podemos indignarnos mucho al conocer una noticia cualquiera, ofrecida en un noticiario, como por ejemplo el desahucio forzoso de una familia sin recursos, pero al cabo de unos segundos de recibir esa información, somos bombardeados por otra información distinta que nos lleva a sentir otra emoción superficial diferente, olvidando así la emoción anterior. desahucio violento 2 salt Para decirlo de forma gráfica y clara: de la misma manera que nuestra capacidad de juicio y análisis queda reducida a un twit, nuestra respuesta emocional queda reducida a un emoticono emoticones 3 Y aquí es donde reside la clave del asunto. Es en este punto donde queda desactivada nuestra posible respuesta. Para comprenderlo mejor, volvamos a la analogía de las personas introvertida y extrovertida que rompían la botella de leche en el supermercado. La persona introvertida encerrada en su hogar, que ha otorgado un valor más profundo a los hechos acontecidos en el supermercado seguirá dándole vueltas al asunto una y otra vez. Es decir, no olvidará fácilmente las emociones vinculadas al ridículo que sintió en ese momento y con mucha probabilidad, esa exposición continuada a sus propias emociones acabará desembocando en un sentimiento de incomodidad ante la posibilidad de volver al lugar de los hechos. Así pues, es muy posible que esa persona no vuelva durante un tiempo a comprar en ese supermercado, aunque eso implique que ha que ir bastante más lejos a comprar la leche. Hasta el punto de llegar a fabricar un sentimiento de repulsa hacia el propio establecimiento y las personas que la vieron hacer el ridículo. Es decir, la energía emocional que habrá volcado sobre ese hecho concreto, habrá terminado desembocando en una reacción efectiva ante el hecho en sí. Sin embargo, la persona extrovertida volverá sin ningún problema al supermercado a comprar leche, pues en su mente, el suceso llevará asociada muy poca carga emocional. Como mucho, quizás se ruborice un poco al ver a la cajera o a algún cliente. Es decir, la persona extrovertida, no emprenderá acciones efectivas y tangibles derivadas del suceso de la botella de leche. Más allá de las valoraciones que hagamos sobre estos personajes inventados, estos ejemplos nos sirven para demostrar que el bombardeo incesante de información al que estamos sometidos acaba desembocando en una fragmentación de nuestraenergía emocional y por ello acabamos ofreciendo una respuesta superficial o nula. Una respuesta que en momentos como el que vivimos, intuímos debería ser mucho más contundente y que sin embargo, no llegamos a generar porque carecemos de energía suficiente para hacerlo. soul on fire Y todos observamos desesperados a los demás y nos preguntramos “¿Por qué no reaccionan? ¿Por que no reacciono yo?” Y esa impotencia desemboca, al final, en una sensación de frustración y apatía generalizadas. Ésta parece ser la razón básica por la que no se produce una Revolución cuando, por la lógica propia de los acontecimientos, debería producirse. Se trata pues, de un fenómeno meramente psicológico apatía carcel png Éste es el mecanismo básico que aborta toda respuesta de la población ante los continuos abusos recibidos. La BASE sobre la que se sustentan todas las manipulaciones mentales a las que estamos sometidos actualmente. El mecanismo psicológico que mantiene a la población idiotizada, dócil y sumisa Lo podríamos resumir así: El excesivo bombardeo de información nos impide tomarnos el tiempo necesario para otorgar el valor adecuado a cada información recibida y con ello, nos impide asociarle la suficiente carga emocional como para generar una reacción efectiva y real apathy mass destruction ¿CONSPIRACIÓN O FENÓMENO SOCIAL? Poco importa si todo esto forma parte de una gran conspiración para controlarnos o si hemos llegado a este punto por la propia evolución de la sociedad, porque las consecuencias son exactamente las mismas: los más poderosos harán lo posible por mantener estos mecanismos en funcionamiento; incluso fomentarán tanto como puedan su desarrollo, simplemente porque les beneficia. De hecho, la propia revelación de la verdad favorece estos mecanismos. A los más poderosos ya no les importa mostrarse tal y cómo son ni desvelar sus secretos, por sucios y oscuros que éstos sean. Revelar estas verdades ocultas contribuye en gran medida a aumentar el volumen de información con el que somos bombardeados. Cada secreto sacado a la luz crea nuevas oleadas de información, que puede ser manipulada e intoxicada con datos adicionales falsos, contribuyendo con ello a la confusión y al caos informativo y con ello a nuevas oleadas secundarias de información que nos aturdan aún mas y nos suman más profundamente en la apatía. Si combinamos esta apatía, fruto de la poca energia emocional con la que intentamos responder, con las tremendas dificultades que el propio sistema nos pone a la hora de castigar a los responsables, se generan nuevas oleadas de frustración, cada vez más acusadas, que nos llevan, paso a paso, a la rendición definitiva y a la sumisión absoluta. Así pues, no lo dudes: a las personas que ostentan el poder les interesa bombardearte con enormes volúmenes de información lo más superficial posible Porqué una vez instaurada en la sociedad esta forma de interactuar con la información recibida, todos nosotros nos convertimos en adictos a ese incesante intercambio de datos. Nielsen_watching_TV El bombardeo de estímulos representa una auténtica droga para nuestro cerebro, que cada vez necesita más velocidad en el intercambio de informaciones y exige menos tiempo para tener que procesarlas. brain hyperactivity Nos sucede a todos: cada vez nos cuesta más dedicar tiempo a leer un artículo largo cargado de información estructurada y razonada. Exigimos que sea más resumido, más rápido, que se lea en una sola línea y que se ingiera como una pastilla y no como un ágape decente. apathy pill Nuestro cerebro se ha convertido en un drogadicto de la información rápida, en un yonqui ávido de contínuos chutes de datos que ingerir, a poder ser pensados y analizados por cualquier otro cerebro, para no tener que hacer el esfuerzo de fabricarnos una compleja y contradictoria opinión propia. Porque odiamos la duda, pues nos obliga a pensar. Ya no queremos hacernos preguntas. Solo queremos respuestas rápidas y fáciles. grabar tv Somos y queremos ser antenas receptoras y replicadoras de información, como meros espejos que rebotan imágenes externas. Pero los espejos son planos y no albergan más vida en ellos que la que reflejan proviniendo del exterior. Hacia ahí se dirige el ser humano de forma acelerada. ¿Vamos a permitirlo? limp bizkit recorte portada CONCLUSIÓN Quizás todo lo expuesto anteriormente no es lo que querías escuchar. Es poco estimulante y resulta algo complicado y farragoso, pero las realidades complejas no pueden reducirse a un ingenioso titular en forma de twit. Para emprender una transformación profunda de nuestro mundo, para iniciar una auténtica Revolución que lo cambie todo y nos lleve a una realidad mejor, deberemos descender hasta las profundidades de nuestra psique, hasta la sala de máquinas, donde estan en marcha todos los mecanismos que determinan nuestras acciones y movimientos. Ahí es donde se está dirimiendo la auténtica guerra por el futuro de la humanidad Nadie nos salvará desde un púlpito con brillantes proclamas y promesas de una sociedad más justa y equitativa. Nadie nos salvará sólo contándonos la supuesta verdad, ni desvelando los más oscuros secretos de los poderes en la sombra. Como acabamos de ver, la información y la verdad ya no tienen importancia, porque nuestros mecanismos de respuesta están averiados. Debemos descender hasta ellos y repararlos; y para conseguirlo, debemos saber cómo funcionan. Para ello no será necesario hacer un complejo curso de psicología: observando con atención y razonando por nosotros mismos podemos conseguirlo. Porque no se trata de algo esotérico ni fundamentado en creencias extrañas de carácter Místico, Religioso o New Age. Es pura lógica: No hay revolución posible sin una transformación profunda de nuestra psique a nivel individual. Porque nuestra mente está programada por el Sistema. Y por lo tanto, para cambiar ese Sistema que nos aprisiona, antes debemos desinstalarlo de nuestra mente. ¿Tú lo vas a hacer? Fuente: http://gazzettadelapocalipsis.wordpress.com

martes, 14 de enero de 2014

TEXTOS SOBRE EDUARDO AZCUY-SU PENSAMIENTO...


TEXTOS SOBRE EDUARDO AZCUY 01. Relación parcial de Eduardo Azcuy Pablo José Hernandez Centro de Estudios Latinoamericanos 1999 El título pone en evidencia los límites: esta Relación parcial de Eduardo Azcuy es, en efecto, fragmentaria. La decisión de encarar sólo algunos aspectos, sin embargo, no es mezquina. Trata, en cambio, de encontrar lo esencial y unificante en una personalidad profunda y rica en matices. El concepto "parcial" denuncia, (además) una toma de posición: es desde el afecto y la admiración que estamos escribiendo; situarse en otro ángulo equivaldría, en este caso, a violentar la perspectiva. Su persona y su pensamiento están en sus libros. Eduardo Azcuy nació en Buenos Aires el 12 de abril de 1926 y se identificó "desde muy joven -como sostiene Graciela Maturo-con los grandes pensadores románticos. De allí, y sin duda de una innata vocación por la belleza y el sentido de la realidad, nació su vocación poética".Sus tres libros de poesía testimonian esta preferencia: Poemas para la hora grave (1952), Poemas existenciales (1954) y Persecución del sol (1972).Los poemas que integran este último, según se reseña en el libro editado por Sudamericana, "reflejan desde una zona de suprarealidad, el impulso hacia la Vida Plena capaz de conjugar, en un proceso simultáneo , los principios de la revolución en el plano formal con la experiencia de la transformación psicológica". Esa vocación poética lo lleva a incursionar en el ensayo tras quedar fascinado con Jean Arthur Rimbaud. Tal como lo testimonia Victor Redondo,"entrevisto por Cortázar y traducido parcialmente por Gonzalez Trillo y Ortiz Behety, el poeta maldito, prácticamente desconocido en el Río de la Plata, encontró en Azcuy a su más activo difusor. En importantes diarios y revistas publicó a partir de 1952 artículos y estudios profundizando el sentido místico y esotérico de la experiencia del poeta. En 1958, Dintel publicó Poemas de Rimbaud, nuevos estudios y traducciones de Azcuy; y en 1966, Sudamericana, en el memorable El ocultismo y la creación poética, incluyó el ensayo La rebelión fundamental. En él, Azcuy estableció relaciones y correspondencias entre la experiencia místico-poética de Rimbaud y las doctrinas herméticas de Gurdjieff y Ouspensky". La coherencia, virtud ejercida por Azcuy en sus disímiles facetas tampoco estaría ausente en este tema. En septiembre de 1991, escasos meses antes de su muerte, ediciones Ultimo Reino, retomando el título Rimbaud, la rebelión fundamental, publicaría un muy interesante libro que recupera sus ensayos anteriores, su versión al castellano de una selección de poemas de Rimbaud, que abarcan el período 1870-1872 y una breve iconografía reunida por Azcuy que ayuda a completar la imagen del autor estudiado. Eduardo Azcuy y Graciela Maturo (circa 1971) 02. Presentación de la obra Asedios a la Otra Realidad de Eduardo A. Azcuy,1 Graciela Maturo Hoy es el día en que Eduardo Azcuy hubiera cumplido 74 años. A 8 años de su muerte, quise que se realizara en esta fecha, a modo de homenaje, la presentación de un libro que dejó preparado y en el cual puso muchas expectativas. Así lo manifesté al Dr. Francisco García Bazán, quien auspicia este acto desde la Universidad Kennedy, y así se hace por su generoso apoyo. Me siento gratificada al ver cumplida la edición por la editorial Kier, que asumió la tarea de publicarlo con la dedicación y el respeto que la caracterizan, y me siento también muy feliz de haber convocado a presentadores de alta valía intelectual y a un público calificado que integran también amigos y familiares. Hasta aquí mis palabras de saludo y agradecimiento. Pero creo que además de este aspecto personal y afectivo, dictado por largos años de compartir la vida y colaborar en una serie de tareas culturales con Eduardo Azcuy, tengo la suficiente perspectiva de su obra como para asumir la responsabilidad de emitir una valoración intelectual. Esta obra, audaz y fundamentada, me parece una culminación y una síntesis del pensamiento de Eduardo Azcuy, que viene circulando a partir de la década del `50 a partir de un doble cauce: la poesía, permanentemente acompañada de un lúcido espejo reflexivo y teórico. Azcuy es fundamentalmente un poeta, y con ello quiero certificar que el poeta es un hombre de conocimiento y no el que entretiene con imágenes bellas a la sociedad. Produjo tres libros de poesía, dos de ellos en plena juventud, Poemas para la hora grave y Poemas existenciales, y el tercero, Persecución del sol, en su madurez. Su poesía muestra al escritor tempranamente desvelado por el sentido de la vida y la muerte, su búsqueda del sentido, y su conciencia del poetizar como ejercicio simbólico inherente a la plena realización humana. En tanto escribía esos poemas y durante toda su vida, Azcuy fue un lector infatigable de la filosofía antigua y moderna, de obras de antropología, religiones, psicología profunda y ciencias en general, disciplinas a las que sumaba el aporte de su propia experiencia poética, es decir de una intuición viviente sobre toda realidad, y de una aguda introspección. Esta atención a los procesos interiores lo condujo a evaluar permanentemente el proceso poético, y a constituirse en defensor de la relación poesía-verdad, una relación negada por la Ilustración europea y luego revalorada por la fenomenología en el siglo XX. Su obra El ocultismo y la creación poética, publicada en 1966 y premiada al año siguiente, fue reeditada en 1982 en Venezuela y ha llegado a ser un libro de cabecera para los poetas del continente. Autodidacta - como lo fueron muchos de nuestros grandes, desde Lugones a Arlt, Marechal o Borges- se sentía pulsado por una honda y diversificada inquietud gnoseológica que lo llevó continuamente a sobrepasar el marco libresco en aventuras poéticas y vitales. Se convirtió en estudioso de las tradiciones, indagador de mitos y mandalas de diferentes culturas, estudioso de mitos antropogónicos como lo muestra su libro Los dioses en la creación del hombre, en vías de ser reeditado. Su libro Arquetipos y símbolos celestes contiene algunos de sus trabajos más importantes sobre el tiempo, el hombre y el símbolo. (Ultimamente fue para mí una satisfacción el comprobar que dos estudiosas latinoamericanas, la chilena María Eugenia Urrutia y la ecuatoriana Zheila Henriksen habían consultado con provecho este libro para sus respectivos trabajos, una sobre Rosamel del Valle y la otra sobre Borges y Cortázar. Cuánta será su alegría el día que encuentren esta nueva obra, que viene a certificar lo que para los estudiosos de las letras es casi un tópico, un lugar común: la otra realidad). Buscaba Eduardo, y este libro lo pone de manifiesto, caminos de convergencia e integración entre modalidades distintas del conocer. Prestaba oído a las conquistas de la ciencia física y biológica, sin pretensión de compartir lo más íntimo de un santuario que había venido a sustituir para muchos el de la fe, las mancias, e incluso el arte y la poesía que surgieron como herederos de un pensamiento no racional. En Azcuy prevaleció siempre el equilibrio, tan ajeno a la tentación irracionalista como a los excesos de esa otra forma de locura que mecaniza el pensamiento racional, elimina el sueño y la fantasía, o resta sdignificación al sentimiento. Azcuy había estudiado profundamente el proceso creador de grandes poetas europeos que fueron los maestros de la generación del 40, de la cual ambos nos sentimos discípulos y seguidores; esos maestros eran los metafísicos ingleses, los románticos, Novalis, Hölderlin, Nerval, y sus herederos, Rimbaud, Rilke. También leyó con admiración a Lugones, Borges, Marechal y Sábato. A Arthur Rimbaud dedicó Eduardo su último libro publicado en vida, Arthur Rimbaud: la rebelión fundamental, que le dio honda satisfacción ver editado gracias al esfuerzo del poeta Victor Redondo, en el centenario de la muerte del poeta francés. Creo que el giro de su pensamiento, finalmente volcado a líneas antiguas y tradicionales, fue marcado fundamentalmente por su lectura de Schelling, el gran pensador romántico que en pleno auge de las Luces pretendió constituir una filosofía del mito, y por Nietzsche, genial acusador del racionalismo occidental. Muchas veces le oí decir que el pensamiento romántico era una cumbre en el devenir de la humanidad. Y su obra lleva la marca de esa filosofía reivindicadora del pensamiento arcaico, de lo oscuro y marginal a la ciencia positiva, lo simbólico y ritual que permanente asedia el poeta a partir de intuiciones prístinas. No se limitó a alentar estéticamente tales intuiciones. Las revalidó y las defendió, sumándose a esas defensas de la poesía que circulan desde la Antigüedad, pero no en la manera retórica de Horacio y Quintiliano, sino en el modo iniciático de Virgilio y de Dante. Ese pensamiento poético, nutrido en la poesía y la filosofía dentro del marco de una fe religiosa, bien podría llamarse seminal como lo denominaba Rodolfo Kusch, de quien fue Azcuy tan amigo. Este libro muestra las distancias y también los puentes que relacionan al pensamiento poético, que Azcuy denomina cálido y participativo, y el pensamiento científico, calificado de frío y distante. No ignoraba Azcuy las posibilidades de su integración, siempre ambicionada por los grandes filósofos de todo tiempo, aunque algunos de ellos dieran anticipadamente por concluida la etapa del mito y de las artes. Su planteo profundo consiste en devolver a la órbita del conocimiento y de la vida un orden que rescate lo fundante y primario, colocando en su justo lugar lo reflexivo e instrumental. En sus últimos años juntos fuimos transitando los tramos de esa renovación cultural que ambos reconocimos señalada por la fenomenología de la existencia. Leía incansablemente a maestros fenomenólogos de la cultura como Scheler y Mircea Eliade, y a un maestro que excede los límites de la psicología como Carl Gustav Jung. Pero este libro no se limita a plantear cuestiones de alto interés gnoseológico y epistemológico. Lo vemos recorrido, como todo el pensamiento de Eduardo Azcuy, por una preocupación ética y política. Sus últimos ensayos, así el Juicio ético a la revolución tecnológica, publicado póstumamente en 1994 por el sacerdote español Luis Capilla, como los que integran este libro, Asedios a la otra realidad, evidencian una constante preocupación humanista. Lejos de ser uno de esos poetas dedicados a perfeccionar un lenguaje, o un estudioso dedicado al ahondamiento de temas especializados, Azcuy fue un hombre hondamente comprometido con la situación del hombre y con la humanidad por venir en nuestro tiempo conflictivo. Lo obsesionaba el futuro de la juventud, lo desvelaba la idea de construir defensas para la cultura ante la posibilidad de un tiempo de barbarie tecnológica o pérdida de objetivos realmente humanos. Prestó atención a los mensajes de una ciencia de avanzada que parece hacer suyas las afirmaciones de antiguos legados, intuiciones metafísicas, o experiencias llamadas sobrenaturales, pero sobre todo puso oído en su propio corazón, inflamado de amor, voluntarismo y generosidad. Más allá de sus aciertos puntuales, este libro tiene el mérito de constituir un ámbito de discusión, un lugar desde donde otear desprejuiciadamente los caminos de la cultura, una advertencia sobre la cerrazón, los autoritarismos de un lado u otro, la trivialización o la mecanización de la vida. Estos planteos evidencian su posición avizora en el momento de la gestación del libro, es decir la década del 80 - pues Eduardo trabajó hasta el año 90, y mantuvo su heroica lucidez combatiente hasta su último día, el 14 de enero de 1992; sin embargo mantienen su vigencia en los inicios del año 2000, siempre visto por nuestros coetáneos como una frontera o límite, o como el posible comienzo de un nuevo tiempo cultural. Por todo ello creo que valorar esta publicación es un acto de justicia en un medio intelectual que suele caracterizarse por la mediocridad y la ingratitud. Reitero mi agradecimiento a todos ustedes por venir a este acto, y a todos aquellos que lo han hecho posible. 1. Buenos Aires, Kier, 1999. Universidad John F.Kennedy, 12 de abril de 2000. Eduardo Azcuy y Graciela Maturo en Roma (El Vaticano) 03. El pensamiento poético de Eduardo A. Azcuy en su libro Asedios a la otra realidad Graciela Maturo La obra poética y de pensamiento de Eduardo Azcuy (1926-1992) no ha merecido aún toda la atención que merece, hecho que no es raro en un medio intelectual decaído, que incurre a menudo en el olvido de sus mejores protagonistas. Su último libro, póstumamente editado -Asedios a la otra realidad. Kier, 1999- encierra un grupo de ensayos audaces en su propuesta y rigurosos en su fundamentación, que son a la vez una síntesis de su pensamiento, prodigado a partir de la década del `50 por el múltiple doble cauce: de la poesía, la filosofía y la ciencia. Azcuy es fundamentalmente un poeta, y con ello quiero ratificar que el poeta es un hombre de conocimiento y no el que entretiene con imágenes bellas a la sociedad. Pero no todo poeta alcanza a proponer un espejo reflexivo de su propio quehacer, legitimándolo como vía de conocimiento y abriendo un diálogo con otros tipos de discurso como lo hizo Azcuy. Produjo tres libros de poesía, dos de ellos en plena juventud, Poemas para la hora grave (1952) y Poemas existenciales (1954), y el tercero, Persecución del sol (1972), en su madurez. Su poesía muestra al escritor tempranamente desvelado por el sentido de la vida y la muerte, la búsqueda del sentido, y la conciencia del poetizar como ejercicio simbólico inherente a la plena realización humana. Durante toda su vida, Azcuy fue un lector infatigable de la filosofía antigua y moderna, de obras de antropología, religiones, psicología profunda y ciencias en general, disciplinas a las que sumaba el aporte de su propia experiencia poética, es decir una intuición viviente y una aguda introspección. Esta atención a los procesos interiores lo condujo a evaluar permanentemente el proceso poético, y a constituirse en defensor de la relación poesía-verdad, relación negada por la Ilustración europea y luego recobrada por la fenomenología en el siglo XX. Su obra El ocultismo y la creación poética, publicada en 1966 y premiada al año siguiente por la Sociedad Argentina de Escritores en la Fiesta de las Letras, fue reeditada en 1982 en Venezuela por iniciativa del poeta Juan Liscano, y ha llegado a ser un libro de cabecera para muchos poetas del continente. Autodidacta - como lo fueron muchos de nuestros grandes, desde Lugones a Arlt, Marechal o Borges- Azcuy se sentía pulsado por una honda y diversificada inquietud gnoseológica que lo llevó continuamente a sobrepasar el marco libresco en aventuras poéticas y vitales. Se convirtió en estudioso de las tradiciones, indagador de ritos y mandalas de diferentes culturas, estudioso de mitos antropogónicos como lo muestra su libro Los dioses en la creación del hombre. Su libro Arquetipos y símbolos celestes (García Cambeiro, 1976) contiene algunos de sus trabajos más importantes sobre el tiempo, el hombre y el símbolo. Últimamente fue para mí una satisfacción el comprobar que dos estudiosas latinoamericanas, la chilena María Eugenia Urrutia y la ecuatoriana Zheila Henriksen, habían consultado con provecho este libro para sus respectivos trabajos sobre Rosamel del Valle, y sobre Borges y Cortázar. Asedios a la otra realidad, publicada a fines del 99, vino a abrir una ventana hacia aquella realidad oculta de la que hablan siempre los poetas. Tipificada como un motivo literario, reiterada como un "lugar" poético y añorado, la imagen de otra realidad es una constante de la poesía antigua y moderna. Sólo una mente tocada por la Poesía puede otorgar realidad de verdad a la imagen, al descubrimiento a-racional, a los vuelos del alma. Buscaba Azcuy, y este libro lo pone de manifiesto, caminos de convergencia e integración entre modalidades distintas del conocer. Prestaba oído a las conquistas de la ciencia física y biológica, sin pretensión de compartir lo más íntimo de un santuario que había venido a sustituir para muchos el de la fe, las mancias, e incluso el arte y la poesía que surgieron como herederos de un pensamiento no- racional. En Azcuy prevaleció siempre el equilibrio, tan ajeno a la tentación irracionalista como a los excesos de esa otra forma de locura que mecaniza el pensamiento racional, elimina el sueño y la fantasía, o resta significación al sentimiento. Había estudiado profundamente el proceso creador de grandes poetas europeos que fueron los maestros de la generación del 40, de la cual ambos nos sentíamos discípulos y seguidores; esos maestros eran los metafísicos ingleses, los románticos alemanes y franceses, los simbolistas y post-simbolistas: Novalis, Hölderlin, Nerval, Rimbaud, Rilke. También leyó con admiración a Lugones, Borges, Marechal y Sábato, y se abrió en sus últimos años a numerosas lecturas sobre ciencia y nuevas tecnologías. A Arthur Rimbaud dedicó el escritor su último libro publicado en vida, Arthur Rimbaud: la rebelión fundamental, que editó en 1991 el poeta Víctor Redondo, como contribución al Centenario de la muerte del poeta de las Iluminaciones. Le dio honda satisfacción ver editado ese libro en cuyos capítulos, parcialmente publicados, había trabajando desde su juventud. El giro de su pensamiento, finalmente volcado a líneas antiguas y tradicionales, fue marcado fundamentalmente por su lectura de Federico Schelling, el gran pensador romántico que en pleno auge de las Luces pretendió constituir una filosofía del mito, y por F. G. Nietzsche, genial acusador de los excesos del racionalismo occidental. Muchas veces le oí decir que el pensamiento romántico era una cumbre en el devenir de la humanidad. Y su obra lleva la marca de esa filosofía reivindicadora del pensamiento arcaico, de lo oscuro y marginal a la ciencia positiva, lo simbólico y ritual que permanente asedia el poeta a partir de intuiciones prístinas. No se limitó a alentar estéticamente tales intuiciones. Las revalidó y las defendió, sumándose a esas defensas de la poesía que circulan desde la Antigüedad, pero no en la manera retórica de Horacio y Quintiliano, sino en el modo iniciático de Virgilio y Dante. Ese pensamiento poético, nutrido en la poesía y la filosofía dentro del marco de una fe religiosa, bien podría llamarse seminal como lo denominaba Rodolfo Kusch, de quien fue Azcuy tan amigo, desde 1970 hasta la muerte de Kusch en 1979. Asedios a la otra realidad muestra las distancias y también los puentes que relacionan al pensamiento poético, que Azcuy denomina cálido y participativo, con el pensamiento científico, calificado de frío y distante. No ignoraba Azcuy las posibilidades de su integración, siempre ambicionada por los pensadores de todo tiempo, aunque algunos de ellos dieran anticipadamente por concluida la etapa del mito y de las artes. Su planteo profundo consiste en devolver a la órbita del conocimiento y de la vida un orden que permita rescatar lo fundante y primario, colocando en su justo lugar lo reflexivo e instrumental. En sus últimos años juntos fuimos transitando los tramos de esa renovación cultural que ambos reconocimos señalada por la fenomenología de la existencia. Leía incansablemente a fenomenólogos de la cultura como Scheler y Mircea Eliade, y a un maestro que excedió los límites de la psicología como Carl Gustav Jung. Pero este libro no se limita a plantear cuestiones de alto interés gnoseológico y epistemológico. Lo veo recorrido, como todo el pensamiento de Eduardo Azcuy, por una preocupación ética y política, que nos remonta a un libro anterior, Juicio ético a la revolución tecnológica, publicado póstumamente (en 1994) por el sacerdote español Luis Capilla. Tanto esta obra como Asedios a la otra realidad, gestadas en su última década, evidencian una constante preocupación humanista, una acuciante pregunta por el destino del hombre en nuestro tiempo, y una búsqueda de respuestas filosóficas y epistemológicas. Eduardo. Azcuy, se hallaba lejos del perfil de un poeta exclusivamente dedicado a perfeccionar un lenguaje, o del especialista ceñido a determinadas disciplinas excluyentes. Por el contrario, fue un hombre hondamente comprometido con la situación del hombre y con la humanidad por venir, en nuestro tiempo conflictivo. Lo obsesionaba el futuro de la juventud, lo desvelaba la idea de construir defensas para la cultura ante la posibilidad de un tiempo de barbarie tecnológica y pérdida de objetivos realmente humanos. Azcuy prestó atención a los mensajes de una ciencia de avanzada que parece hacer suyas las afirmaciones de antiguos legados, intuiciones metafísicas, o experiencias llamadas sobrenaturales, pero sobre todo puso oído en su propio corazón, inflamado de amor, voluntarismo y generosidad. Más allá de sus aciertos puntuales, este libro tiene el mérito de crear un ámbito de discusión, un lugar desde donde otear desprejuiciadamente los caminos de la cultura, y una advertencia sobre la cerrazón, los autoritarismos de un lado u otro, la trivialización o mecanización de la vida. Estos planteos evidencian su posición avizora en el momento de la gestación del libro, la década del 80. Pareciera que los tiempos han profundizado los males que anunció, y otorgado mayor vigencia a su pensamiento. En estos momentos de crisis y disolución de viejas estructuras, resuena su esperanza en el comienzo del nuevo milenio, como frontera o límite de una gran etapa y como posible iniciación de un nuevo tiempo para el hombre. 04. Eduardo Azcuy frente a la Literatura Hugo Francisco Bauzá Universidad de Buenos Aires Antes de conocer personalmente a Eduardo Azcuy sabía de su nombre a través de algunos artículos que había publicado en el suplemento literario del diario La Nación, dirigido entonces, con mano sabia y equilibrada, por Don Jorge Gallardo. Eran notas sugerentes, ricas en ideas recuperadoras de un saber tradicional que pretendía -y pretende- alertarnos sobre un vínculo entre el micro y el macrocosmos. En esos ensayos se apreciaba un trasfondo hermético poblado de resonancias milenarias, en particular pitagóricas: como es arriba, es abajo; la música de las esferas es una melodía sublime, cabe sólo al filósofo o al iniciado percibirla no con los sentidos ordinarios, sino con la psyché; es preciso estar abierto a las teofanías, a las fulguraciones, a la Erscheinung y éstas pueden ocurrir en los sitios más insospechados: en un bosque, en una esquina, en medio de la noche o bien a plena luz. Sólo es menester estar abierto para poder percibir, aunque sea por un instante, la urdimbre cósmica que religa el todo, ya que la totalidad de los elementos que conforman la creación están enlazados por hilos sutiles -casi invisibles- que articulan y dinamizan el corpus viviente que llamamos universo. Esos artículos me sorprendían no sólo por el propósito de intentar recuperar ese saber tradicional, como he dicho, sino también, en ocasiones, por lo audaces. El segundo paso de mi encuentro con Azcuy fue la lectura de uno de sus libros: El ocultismo y la creación poética que había publicado la Editorial Sudamericana en la década del '60 y que, si mal no recuerdo, recibió una mención de la Sociedad Argentina de Escritores; luego leí sus otros libros. De uno de ellos hice una reseña para el suplemento literario del antiguo diario La Prensa, que en esa época se editaba en color sepia, en admirable y muy cuidada tipografía. Aún no conocía personalmente a Eduardo Azcuy. Semanas después de la publicación de esa reseña Ernesto La Croce, que tenía cierta amistad con Eduardo, me dijo que éste deseaba conocer a quien había hecho ese comentario bibliográfico y el buen Ernesto ofició de mediador y así se dio el encuentro cara a cara. Eduardo me invitó a tomar un café en el Tortoni, café que, con la frecuentación amistosa y el paso de los años, se convirtió en el primer eslabón de una serie de encuentros. En ese primer encuentro estuvo también Ernesto La Croce. Para ese entonces Eduardo había sido desplazado de un cargo en el área cultural de nuestra Cancillería, producto de la sinrazón y del despropósito que, en ocasiones, dominan a nuestros gobernantes. Parafraseando a su admirado Leopoldo Marechal, alguna vez le oí decir que se consideraba un "funcionario depuesto", degraciadamente esa condición debía extendérsele de por vida. Eso no opacó su carácter optimista fundado en su alegría por vivir y, entre otras circunstancias de afecto, por la comprensión y amor de su compañera: Graciela Maturo. Salvo en los últimos momentos, cuando la enfermedad comenzó a diezmar su cuerpo, le vi perder las esperanzas y mudar su rostro: éste iba siendo invadido cada vez con más fuerza por la tristeza que nace de toda despedida, la de él lenta, pero despedida al fin. Con Eduardo charlamos sobre muchos temas, aunque no siempre coincidíamos. Cabe referir que el sostener con firmeza y educación nuestras convicciones aun cuando choquen con la persona con quien se comparte un café demuestra, en mi opinión, amén de un rasgo de inteligencia, una señal de respeto y sinceridad ante el amigo. No coincidía con Eduardo, por ejemplo, en algunas apreciaciones políticas, tampoco en su absoluta certeza respecto de una vida extraterrestre (sobre ese tema visceral por momentos me atrapan las dudas), en su pasión por la ufología -es decir, en la credibilidad en "objetos voladores no identificados"-; coincidía, en cambio, en su gusto por la poesía, en su intento por establecer los lazos que religan el aquende con el allende, en su planteo -de cuño junguiano- sobre los arquetipos, en su curiosidad por los "símbolos celestes" y, fundamentalmente, en su idea de concebir la poesía no como divertimiento, sino como una verdadera aventura metafísica. Compartía también con Eduardo el gusto por los poetas parnasianos y surrealistas franceses, en especial por su "amado" Rimbaud. Si la memoria no me traiciona la tapa de uno de sus volúmenes estaba -y debe estarlo- ornada con una reproducción del dibujo de Valentine Hugo sobre el poeta de las Iluminaciones. Recuerdo también que, llevado por su entusiasmo por el poeta maldito, él mismo había hecho un dibujo al lápiz del joven rebelde con su ensortijada y dionisíaca cabellera (creo que el dibujo no era bueno, pero Eduardo le tenía afecto; en cierta ocasión me obsequió una copia del mismo dada nuestra mutua admiración por ese poeta). Me unía también a Eduardo la preocupación por el destino latinoamericano; eso nos llevó muchas veces a discurrir sobre autores de nuestra predilección: el colombiano José Eustasio Rivera de La vorágine, novela ejemplar sobre la que solíamos volver cuando se presentaba la ocasión, Gabriel García Márquez, Martínez Estrada... Recuerdo también, como si fuera hoy, una tarde en el Tortoni con E. Azcuy hablando sobre Pedro Páramo y El llano en llamas, las eximias creaciones de Rulfo. Después de haber frecuentado con Eduardo varias tardes en el citado Tortoni, a algunas de esas charlas se sumó Graciela. Con su presencia Marechal pasó a ocupar el centro de las conversaciones: Adán Buenosayres, El banquete de Severo Arcángelo, Megafón o la guerra fueron obligado motivo de referencia. Eduardo, que yo sepa, no había hecho una carrera universitaria de manera sistemática, era, en materia de estudios, un self-made-man formado en una lectura sostenida sobre temas diversos de su interés: la poesía mística, la hermética, la simbolista, el ocultismo, los fenómenos paranormales, ciertos estudios de psicología, la alquimia... Muchos de sus puntos de vista están condensados en su volumen El legado extrahumano editado por A.T.E. en 1976 donde se ve su propósito de integrar en un mismo corpus conceptual ideas provenientes de variada procedencia. Así, por ejemplo, su deseo de enlazar la cultura de Tiakanaku y otras tradiciones de la América precolombina con elementos de la tradición bíblica -sobre lo que no estaba ni estoy de acuerdo-; con todo me sorprendía la firmeza con que exponía lo que eran sus "convicciones". La variedad de sus intereses era grande y polifacética. Nada escapaba a sus ojos voraces de lector. Era un lector consumado y de curiosidad infinita. Era infrecuente verlo sin un libro en la mano. Andar sereno, hablar pausado; mirada fija y penetrante. Lento en emitir un juicio pero cuando lo pronunciaba lo hacía después de haberlo sopesado a conciencia. Serían muchos los aspectos sobre los que podría discurrir sobre Eduardo. Sólo me limitaré a evocar su figura a través de su gusto por la poesía -que era el aspecto con el que me hallaba más a gusto-; para ello me valdré, como guía, de su ensayo sobre El ocultismo y la creación poética, obra en la que, en mi opinión, está Eduardo todo entero. Este trabajo está vertebrado en torno de dos ejes clave: el primero compete a "la poesía como aventura metafísica"; el segundo, concebir el quehacer poético como un medio que permite el "descenso al cosmos interior". El primero está conformado a través de cuatro hitos en los que delinea el quid de la poesía de la mano de autores románticos junto a los que se lanza a la búsqueda del paraíso perdido. En ese sentido la clave la constituye Schelling a través de su propósito de recuperar el tiempo primordial. El segundo postula una indagación por un campo situado más allá de la conciencia ordinaria. En ese orden valora la tradición, no como cosa anquilosada, sino como un saber viviente que aspira entender el mundo como totalidad; se inclina así por los poetas filiados en una línea hermética, por los volcados al ocultismo y por los que, por sobre otros valores, privilegian la fantasía como una de las notas más sublimes de lo poético. El tercer aspecto compete al vínculo entre romanticismo y misticismo: bajo esa liaison aborda el tópos de la noche como símbolo de lo absoluto y la idea de muerte no como finitud sino como acceso a otra dimensión de la existencia; también la noción de asombro que, en la lectura platónica, además del punto de partida del filosofar, es el que hace posible la poesía lírica. Son éstas algunas de las preocupaciones que, como constante, se advierte a lo largo de todo el pensamiento de Eduardo, abierto siempre a la noción de Misterio. En esta suerte de peregrinaje por sus temas e inclinaciones, hay que citar a Novalis del que destaca el tópico de la ensoñación; es también la misma ensoñación la que guió a Azcuy en su viaje hacia otras riberas del pensamiento, y en ese orden, privilegió siempre el rol alquímico de lo poético, capaz de mudar en "oro espiritual" todo cuanto toca. La segunda sección -el "Descenso al cosmos interior"- nos propone una suerte de viaje hacia el interior de la conciencia; una katábasis introspectiva luego de la cual se produce una anábasis o ascenso revelatorio, del que se emerge siempre renovado. Ahí es donde Eduardo advierte el aspecto soteriológico de la poesía: ésta permite bucear en las profundidades más recónditas luego de lo cual es posible ascender hasta la luz y en ese orden atendió tanto al surrealismo, cuanto a autores del campo del imaginaire; así, por ejemplo, a Breton y a Bachelard. Del primero valora su propuesta de abrir nuevos modos de inteligir la realidad; del segundo, su visión poética del mundo, la naturaleza del artista en perpetuo estado de poíesis y la idea de la ensoñación poética como una situación privilegiada de apertura a un plano trascedente de la existencia. Los que tuvimos el gusto de tratar y frecuentar a Eduardo Azcuy, como es mi caso, lo tenemos presente -aunque sea silenciosamente-, entre otros hechos, toda vez que evocamos esa suerte de suprarrealidad a la que es posible tener acceso a través de lo poético.

Eduardo Antonio Azcuy


3.
Eduardo Antonio Azcuy Nota Biobibliográfica, Selección de Textos y Editor Luis Alberto Vittor Universidad Argentina John F. Kennedy La promoción cultural desarrollada en Argentina, desde la década del '70 hasta la del '90, probablemente pueda ejemplificarse en la persona y la labor de Eduardo Antonio Azcuy, al grado de que mucho de lo que ahora se hace es el seguimiento de una forma que Azcuy encontró para hacer llegar a un gran público obras de autores olvidados, poco conocidos o escasamente difundidos, pero todos esenciales. Como principal impulsor de Megafón, una revista literaria que es un hito fundamental de la cultura argentina, difundió a varios poetas y escritores del interior y, estando al frente de las colecciones de la Editorial Castañeda, la de Estudios Antropológicos y Religiosos y la de Estudios Filosóficos, rescató a autores casi olvidados del calibre intelectual de José Imbelloni, Enrique Oltra, Adán Quiroga, Rodolfo Kusch, y, al mismo tiempo, promovió a nuevas figuras que se consolidaron definitivamente como Francisco García Bazán, Mario C. Casalla, Carlos Cullen, entre otros. Aunque fue un intelectual autodidacto, formado al modo de los antiguos escritores, frecuentando las grandes bibliotecas, los círculos intelectuales más exigentes y los medios culturales más diversos, Azcuy fue un escritor sensible a los nuevos paradigmas alternativos del pensamiento latinoamericano contemporáneo, interesándose por el mestizaje, la transculturación, la diversidad, la identidad y la cultura en la sociedad y política de América Latina. Fue un impulsor de la renovación del pensamiento critico social latinoamericano porque supo entrever los desafíos de una nueva manera de hacer y pensar en Nuestra América. Le interesaba dar respuestas a las necesidades nacionales del momento que le correspondió vivir; así, más que teorizar y plasmar su pensamiento en publicaciones propias, que las tiene, se puso al frente, junto con su esposa Graciela Maturo, para dar cuerpo a innumerables proyectos, publicaciones e instituciones que diseñó y puso en marcha. Desde esa perspectiva se puede decir que la configuración de su enfoque transcultural, su método transdisciplinario y la hermenéutica simbólica de la cultura, ha convertido a Azcuy en uno de los precursores en Argentina e Hispanoamérica de lo que hoy día se denominan "Estudios Culturales", "Estudios Poscoloniales" y "Estudios Subalternos." Los estudios culturales tienen un precedente en los aportes del “Birmingham Centre for Cultural Studies" de Inglaterra, que en cierto sentido fue el modelo fundador de un nuevo espacio transdisciplinario que, desde una postura crítica, intenta comprender la cultura desde aquellos agentes históricamente "desprovistos" de ella, la cultura vista desde la perspectiva de los subalternos. Azcuy ha potenciado aquella tradición de los estudios de la cultura en nuestro país, y ha agregado un valor extra a dichos estudios al ampliar el foco de su análisis a la función política de la cultura. Adicionalmente, Azcuy supo mostrar que la dimensión cultural de los procesos sociales contemporáneos no se limita a asuntos relacionados con las “artes”, las “culturas populares” y las “industrias culturales”, sino con otros procesos históricos y aspectos culturales significativos desarrollados simbólicamente en otros espacios y prácticas sociales. Como Ángel Rama, Antonio Cornejo Polar, Graciela Maturo, Eduardo Azcuy practicó los estudios culturales, pero sin desconocer jamás la especificidad de la tradición literaria ni reducir el texto literario a la ideología del autor, buscando siempre dialogar libremente con el poema o la novela, respetando la pluralidad de sentidos que contiene el simbolismo artístico. Y es que aun cuando Azcuy era un hombre de convicciones firmes y elaboradas, que sabía defender con celo y energía sus puntos de vista, porque sus palabras no eran fruto de la inspiración, sino del pensar largamente meditado y varias veces rumiado, nunca faltaba el respeto a su lector o a su oyente, por esta razón, cuando hablaba, su interlocutor no podía quedar indiferente, enseguida era magnetizado por la fuerza inmantadora de su pensamiento que lo atraía hacia el centro de amables discusiones y fluidos intercambios de ideas. Ningún área, ningún aspecto, ninguna zona o dimensión del conocimiento humano, antiguo o contemporáneo, tradicional o moderno, le era ajeno o desconocido, fue un lector omnivoro, quizás algo desordenado por la multitud indefinida de curiosidades e inclinaciones, de ahí su fecundidad. Sus lecturas no semejaban un jardín ordenado, sino una selva exhuberante donde florecían generosamente con libertad y espontaneidad toda clase de intereses, los más diversos y los más enigmáticos, ya que era capaz de apasionarse encendidamente tanto por la arqueología, la antropología, la filosofía, la psicología, la sociología, lo politología, como por las ciencias sagradas del simbolismo, la metafísica, la religión y el esoterismo, y hasta por aquellas formas del conocimiento marginal, aquellas teorías despreciadas, por inusuales o insólitas, que buscaban carta de ciudadanía científica, por lo mismo, excluidas del canon del conocimiento ortodoxo, a veces anatematizadas y condenadas por heréticas, debido a que su objeto de estudio son aquellos fenómenos exóticos e inexplicables que observan la parapsicología y la ufología. Aunque fue un autor del siglo XX y receptivo a todas las novedades de la modernidad, Azcuy era, por naturaleza y temple, un escritor a la antigua que cultivaba la erudición, las humanidades y las ciencias, con espíritu ascético y monástico. A veces costaba seguirle el hilo de la conversación porque su familiaridad y trato cotidiano con los temas y cuestiones menos habituales le permitían saltar ágilmente de una a otra cosa con total naturalidad, exigiéndole a su interlocutor un ritmo de vértigo y un estado de atención constante, uno no podía distraerse so pena de perderse en medio de esos vaivenes, razón por la que no pocas veces los esfuerzos resultaban agotadores. Esos desbordes de su personalidad no eran más que continuos brotes o borbotones de un conocimiento manantío que, cuando afloraba, se derramaba generosamente en la conversación. Tengo la impresión de que, pese a todos los que se le acercaron y le trataron, muy pocos fueron quizás los que han logrado comprenderle o aun más acompañarle por aquellos caminos solitarios e insondables de la curiosidad humana en los que se aventuraba con ingenuo y confiado optimismo. Y es que sólo los puros de corazón pueden adentrarse en territorios peligrosos y salir indemnes de esos intentos. Eduardo Antonio Azcuy pertenece a una estirpe de intelectuales y escritores absolutamente necesarios que casi ha desaparecido porque, varios de ellos, se han ido demasiado pronto. Su singularidad no reside solamente en ser el autor de obras fundacionales adscritas al género de ese realismo fantástico que se atribuyen otras literaturas con exclusividad, sino en haber derrochado a manos llenas, trabajo y generosidad. Sin haber concluido aun toda su labor, dejó cientos de proyectos, ideas, ilusiones. Nos ha quedado una obra incompleta, pero suficiente, para damos idea de su valía intelectual. Por esta razón, en esta evocación, rescato junto con la obra, al hombre. Los trabajos que hemos seleccionado para este primer dossier reflejan muy bien a ambos. Fundamentales son los trabajos de Graciela Maturo, no sólo porque son testimonios de primera mano de quien fuera su compañera de vida sino también uno de sus principales críticos y exégetas; el lector advertirá que, en tanto algunos de esos textos han sido concebidos como conferencias o presentaciones del libro de Azcuy Asedios a otra realidad hay conceptos y pasajes que se repiten textualmente; no hemos querido refundirlos en un solo texto ni tampoco eliminar alguno de ellos, ya que cada uno de los mismos, con títulos diferentes y ligeras modificaciones, fueron leídos en distintos momentos. Los conservamos como testimonios de esos momentos particulares y los publicamos como variantes del mismo tema. Igualmente iluminadores nos parecen los textos de Pablo José Hernandez, Hugo Francisco Bauzá y Jorge A. Foti, quienes, aparte de secundarlo y acompañarlo en diversos proyectos, compartieron muchos momentos con él al haber frecuentado y cultivado su entrañable amistad. De Eduardo Antonio Azcuy solo nos resta decir que nació el 12 de abril de 1926 y falleció en 1992. Fue Poeta, ensayista, crítico literario, periodista, estudioso del simbolismo en las culturas y de la tradición mítico-poética occidental, pensador político, produjo más de una decena de obras publicadas en Buenos Aires, Madrid, Barcelona y Caracas y numerosos artículos y opúsculos. Encabezó junto a Rodolfo Kusch una generación de pensadores de un nivel excepcional, signada por la reafirmación de la identidad nacional y latinoamericana. Fueron sus obras: Poemas para la hora grave. Editorial Botella al mar, Buenos Aires, 1952. Poemas existenciales. Buenos Aires, 1954. Aproximaciones a la poética de Rimbaud, y versión castellana de Poemas y Los desiertos del amor de Arthur Rimbaud. Editorial Dintel, Buenos Aires, 1958. El ocultismo y la creación poética. Premio de Ensayo de la Sociedad Argentina de Escritores, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1966. Segunda edición Monte Avila, Caracas, 1982. Persecución del sol (poesía) Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1972. El legado extrahumano, A.T.E., Barcelona, 1976. Arquetipos y símbolos celestes, Ed. Fernando García Cambeiro, Buenos Aires, 1976. Los dioses en la creación del hombre. Con la colaboración de Lesly Sánchez, Pomaire, Argentina, 1980. Identidad cultural, ciencia y tecnología. Aportes para un debate latinoamericano. Compilación y prólogo de E.A A. Ed. F.García Cambeiro, Buenos Aires, 1987. Kusch y el pensar desde América. Compilación y prólogo de E.A.A. Ed. F. García Cambeiro, Buenos Aires, 1989. Rimbaud. La rebelión fundamental. Ed. Ultimo Reino, Buenos Aires, 1991. Juicio ético a la revolución tecnológica. Acción Cultural Cristiana, Madrid, 1994. Asedios a la otra realidad, Kier, Buenos Aires, 2000. DOSSIER ÍNDICE TEXTOS SOBRE EDUARDO AZCUY 01. Relación parcial de Eduardo Azcuy Por Pablo José Hernandez 02. Presentación de la obra Asedios a la otra realidad de Eduardo A. Azcuy Por Graciela Maturo 03. El pensamiento poético de Eduardo A. Azcuy en su libro Asedios a la otra realidad Por Graciela Maturo 04. Eduardo Azcuy frente a la Literatura Por Hugo Francisco Bauzá 05. Eduardo Azcuy, un surubí contra la corriente Por Jorge A. Foti 06. Misión del escritor en el siglo XXI: La respuesta de Eduardo Azcuy Por Graciela Maturo 07. El pensamiento simbólico en la última obra de Eduardo A. Azcuy por Graciela Maturo 08. Eduardo Azcuy y el Proyecto Latinoamericano hacia el Nuevo Milenio por Graciela Maturo 09. Azcuy y la cultura tradicional por Francisco García Bazán 10. Eduardo Azcuy, un pensador de la Aurora: El pensamiento de Eduardo A. Azcuy en su libro Asedios a la otra realidad. por Graciela Maturo TEXTOS DE EDUARDO AZCUY 01. Graciela de Sola. El mar que en mí resuena (1965) por Eduardo A. Azcuy 02. La revolución científico-tecnológica. Una visión desde el pensamiento poético [Fragmentos] por Eduardo Azcuy 03. El tiempo vivo por Eduardo A. Azcuy

viernes, 10 de enero de 2014

Gregorio Funes


Gregorio Funes Fallecimiento 10 de enero de 1829 (79 años) Bandera de Argentina Buenos Aires, Argentina Otras afiliaciones políticas Revolución de Mayo Profesión Sacerdote Alma máter Universidad de Alcalá de Henares Tratamiento Deán Religión Cristianismo Gregorio Funes, conocido como el Deán Funes (Córdoba, Argentina, 25 de mayo de 1749 - Buenos Aires, Argentina, 10 de enero de 1829) fue un eclesiástico y político argentino, rector de la Universidad de Córdoba, periodista y escritor. Fue partidario de la Revolución de Mayo, y llegó a ser miembro y director político de la Junta Grande. Índice [mostrar] Carrera eclesiástica[editar · editar código] Gregorio Funes nació en una familia acaudalada de la ciudad de Córdoba, y estudió en el Colegio de Monserrat de su ciudad natal. Se ordenó sacerdote en 1773 y fue director del seminario de su obispado. El mismo año de su ordenación se produjo un conflicto entre el cabildo de la Catedral y el rector de la Universidad Nacional de Córdoba (apoyado por el obispo), causado por el reparto de los bienes que habían dejado los jesuitas al ser expulsados. Como Funes acaudillaba al grupo opositor del obispo, éste lo nombró cura de la parroquia de la Punilla, pago que en esa época era la zona rural más importante de toda la provincia, con la intención de evitar la participación de Funes en el conflicto. Sin permiso de su obispo se trasladó a España, donde se doctoró en derecho canónico en la Universidad de Alcalá de Henares en 1779. Durante su estadía en España tomó contacto con las ideas de la Ilustración, que entonces eran la norma rectora de las reformas que quería llevar a cabo el rey Carlos III de España. Regresó a Córdoba acompañando al nuevo obispo de Córdoba José Antonio de San Alberto, y fue nombrado canónigo de la Catedral. En 1793 fue nombrado provisor del obispado, y en 1804 fue ascendido a Deán de la Catedral; el mismo año murió el Obispo y ocupó la gobernación del obispado hasta la llegada de su reemplazante, Rodrigo de Orellana. Desde 1807 fue rector de la Universidad y del Colegio de Monserrat. Redactó un plan de reforma de la Universidad, que incluía materias nuevas, como las matemáticas, la física experimental, el idioma francés, la música y la trigonometría. Era partidario de la enseñanza gratuita y donó diez mil pesos para fundar una cátedra de geometría, aritmética y álgebra. Pero en filosofía se negó a estudiar las escuelas nuevas, como las de René Descartes, John Locke y Leibniz, ya que consideraba que la escolástica era lo suficientemente segura y probada. Tuvo serios problemas por sus ideas democráticas con las autoridades locales, principalmente con el gobernador Rafael de Sobremonte.1 La Revolución de Mayo[editar · editar código] En 1809, de viaje por Buenos Aires, se enteró por intermedio de Manuel Belgrano y Juan José Castelli de los planes de los grupos revolucionarios. Adhirió al carlotismo, movimiento orientado a la independencia por medio de la coronación de la hermana del rey cautivo, Fernando VII. Fue el primer cordobés en enterarse del estallido de la Revolución de Mayo — antes incluso que el gobernador Juan Gutiérrez de la Concha — y se adhirió de inmediato al partido revolucionario. Un grupo de notables lo invitó a participar en una reunión, donde se trató el rechazo del reconocimiento a la autoridad de la Junta. Funes fue el único que se opuso a los planes de los enemigos de la Revolución. Denunció a la Primera Junta que el gobernador Concha, apoyado por el ex virrey Santiago de Liniers, habían jurado al Consejo de Regencia, desconociendo su autoridad. Cuando la expedición del Ejército del Norte hizo huir al gobernador Concha y sus aliados, Funes logró reunir el Cabildo y hacer que reconociera la autoridad de la Primera Junta. Capturados los contrarrevolucionarios, convenció al general Francisco Ortiz de Ocampo de no fusilarlos. Ocampo los envió a Buenos Aires, pero fueron ejecutados en el camino por Castelli y Balcarce. Poco después fue elegido diputado por su ciudad a la Junta de Gobierno. Fue el dirigente del grupo de diputados del interior que presionó para ser incorporados a la Junta de inmediato, lo que se logró en diciembre de 1810. Apoyó la política del presidente de la misma, Cornelio Saavedra, en su política contraria al grupo que fuera dirigido por Mariano Moreno. Una vez incorporado a la Junta, fue objeto de numerosas consultas de la mayor importancia y fue el redactor de la mayor parte de las proclamas, cartas y manifiestos. Después de la revolución de abril de 1811, dirigió la Gazeta de Buenos Aires, el periódico oficial del gobierno. Fue, además, un decidido defensor de la libertad de imprenta. Apoyó la teoría de que el patronato debía revertir a la Junta, y lo consideraba una de las más importantes fuentes de autoridad que la Revolución podía administrar. Quería lograr la Independencia formal y real, cuanto antes. Fue también autor de la redacción de la exhortación al pueblo a la resistencia luego de la derrota en la batalla de Huaqui. Después de la derrota de Huaqui, Saavedra fue autorizado por la Junta para ir al Norte a reorganizar el Ejército del Norte y frenar la posible invasión española, dejando al gobierno sin su principal autoridad. El espíritu revolucionario de Funes sufrió una crisis y fue uno de los firmantes del armisticio con el gobierno realista de Montevideo, en el cual se le reconocía a los realistas el dominio de toda la Banda Oriental. Incluso aconsejó a su hermano Ambrosio Funes y sus amigos en Córdoba ser moderados en sus expresiones de adhesión a la Revolución. La caída de la Junta Grande[editar · editar código] La iniciativa en la capital pasó al cabildo de la ciudad, que decidió desplazar al ausente Saavedra. Presionó a la Junta y la convenció de concentrar el poder en un Triunvirato, electo por el cabildo y formado por tres porteños, que asumió el 8 de septiembre de 1811. La Junta se transformó en Junta Conservadora, con la misión de controlar al Ejecutivo y ejercer el poder legislativo. La Junta, dirigida por Funes, sancionó un Reglamento Orgánico para regular el gobierno, el primer reglamento constitucional argentino. Éste proclamaba la división de poderes, pero el Triunvirato, dirigido por el secretario Bernardino Rivadavia, se negó a reconocer a la Junta como algo más que una dependencia del gobierno. A fines de ese año, el llamado “Motín de las Trenzas”, una rebelión de los soldados del Regimiento de Patricios, terminó en una matanza de los mismos. Funes fue acusado de provocar el motín y fue arrestado, mientras la Junta era disuelta y sus miembros expulsados de la capital. El Triunvirato asumió la totalidad del gobierno y excluyó del mismo a las provincias interiores. El Congreso de Tucumán en Buenos Aires[editar · editar código] Funes fue puesto en libertad y regresó a Córdoba a principios de 1812. Se dedicó a escribir su "Ensayo de Historia Civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán", una de las primeras historias escritas en nuestro país. Por estar dedicado de lleno a su escritura, renunció a representar a su provincia en el Congreso de Tucumán. Cuando el Congreso se trasladó a Buenos Aires, los diputados José Antonio Cabrera, Eduardo Pérez Bulnes y Miguel Calixto del Corro se negaron a acompañarlo, por lo que el gobierno cordobés eligió otros dos en su reemplazo. Uno de ellos era Funes, que se incorporó al mismo a fines de 1817 y entre otras tareas se encargó de redactar el periódico oficial del Congreso, El Redactor. Era un monárquico convencido y propugnó una constitución monárquica. Intervino también en la elaboración de la Constitución unitaria de 1819. Su preámbulo fue obra exclusivamente suya, y fue también él el autor de la proclama a las provincias, anunciando la nueva constitución. Después de la batalla de Cepeda fue enviado a negociar la paz con los caudillos Francisco Ramírez y Estanislao López, y fue uno de los gestores del Tratado del Pilar. La época de Rivadavia[editar · editar código] Tumba del Deán Funes en la catedral de Córdoba. Más tarde, fue agente de negocios del gobierno de Colombia (que incluía a la Nueva Granada , Venezuela y Ecuador) ante el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Representó al Libertador venezolano Simón Bolívar en Buenos Aires y quiso que los porteños se sumaran al Congreso Continental que éste pensaba convocar en Panamá. Fue diputado por Córdoba en el Congreso General de 1824, al que se incorporó en 1826. Pero su participación no fue destacada. Falleció en Buenos Aires en enero de 1829. Fue sepultado en el Cementerio de La Recoleta, pero sus restos fueron luego trasladados a la Catedral de Córdoba. Según cuenta José A. Wilde, testigo presencial de los hechos, la tarde del 1º de enero de 1829, mientras el deán visitaba la casa quinta de don Santiago Spencer Wilde, que ocupaba la manzana comprendida por las calles Templé (hoy calle Viamonte), Córdoba (hoy avenida Córdoba), calle Uruguay y calle Paraná y luego de un breve paseo por el parque, conversando con su anfitrión frente al proscenio del pequeño teatro del antiguo Parque Argentino o Vauxhall que funcionara en el lugar, el deán cayó repentinamente muerto.2

jueves, 2 de enero de 2014

México: qué fue del subcomandante Marcos Juan Carlos Pérez Salazar BBC Mundo, Ciudad de México


México: qué fue del subcomandante Marcos Juan Carlos Pérez Salazar BBC Mundo, Ciudad de México Lunes, 30 de diciembre de 2013 Facebook Twitter Google+ Compartir Envíe esta página por e-mail Imprima esta nota Utilizar un reproductor alternativo Desde los años 60 y el Che Guevara no se veía algo así: un guerrillero latinoamericano que atrajera las miradas del mundo y se convirtiera -con la rapidez que proporcionaban los nacientes medios digitales- en un ícono global. Eso fue lo que ocurrió en 1994 con el subcomandante Marcos, uno de los dirigentes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN. Contenido relacionado Chiapas: los indígenas que hacen misa en tzotzil México: frenar la violencia narco, ¿la nueva cruzada zapatista? Subcomandante Marcos publica comunicado a 20 años del alzamiento en Chiapas El 1 de enero de ese año, día en que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, que supuestamente simbolizaba el ingreso de México a la modernidad, la insurrección armada le recordó al país los problemas que lo anclaban al pasado. El historiador Enrique Krauze, en su libro "Redentores: ideas y poder en América Latina", lo describe así: "Era como si se precipitara sobre nosotros un meteorito, pero no del espacio sideral sino del pasado". Fueron sólo doce días de combate. Los muertos se contaron por decenas no por centenares, pero fue suficiente para atraer la atención mundial. Luego vino la tregua, el diálogo. Y entonces emergió la figura de Marcos. El pasamontañas, la pipa, su humor mordaz y finalmente su prosa lo convirtieron en un favorito de la prensa. Fue entrevistado por Gabriel García Márquez, saludado por Eduardo Galeano y Noam Chomsky. Alabado como el mejor escritor latinoamericano del momento por Regis Debray (antiguo alumno de Louis Althusser; amigo del Che, a quien acompañó en Bolivia y ex asesor en política internacional del presidente francés François Mitterrand). Comités de solidaridad brotaron como hongos por todo el planeta y Chiapas se convirtió en un imán para jóvenes -muchos europeos- en busca de una causa que consideraran justa. Pero no sólo eso: en 1996, en una entrevista con la comandancia del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, cuando les pregunté sobre la pertinencia de su lucha armada para llevar el socialismo al poder luego de la caída de la Unión Soviética, Nicolás Rodríguez Bautista "Gabino" (actual comandante máximo del ELN) invocó la lucha de los Zapatistas como ejemplo y justificación. Sucomandante Marcos, foto AP Figura mediática: Marcos con sus características gorra, pipa y pasamontañas. ¿Qué ocurrió con ese Marcos que surgió hace 20 años como un meteorito en el panorama de la izquierda mexicana e internacional? ¿Improvisado? Varios años después, el "sup" Marcos diría que buena parte de lo ocurrido los primeros días de enero del 94 fue improvisado, incluido el simbólico pasamontañas. Que en ningún momento pensó en convertirse en lo que se convirtió. En la última entrevista que concedió a un medio de comunicación, publicada en la Revista Gatopardo de México en diciembre de 2007, se lo explicó de la siguiente manera a la periodista Laura Castellanos. "No lo habíamos planeado así, eso resultó del alzamiento (...). Se convirtió en un símbolo, pero originalmente el símbolo era el paliacate rojo. Ahora es el pasamontañas. Porque empezó el tira y afloja de 'que se quiten el pasamontañas y que den la cara'. Y nosotros dijimos: 'bueno, vamos a quitárnoslo y ustedes también, o sea los políticos y el país entero'. Y se convirtió en un símbolo y se quedó". En su libro "Marcos, la genial impostura" los periodistas Bertrand de la Grange y Maite Rico argumentan que la improvisación fue mucho más allá. Publicado en 1998, es un reportaje en torno a la figura del subcomandante zapatista. Allí exploran el pasado de Rafael Sebastián Guillén Vicente, a quien el gobierno de Ernesto Zedillo reveló, a principios de 1995, como el verdadero rostro tras el pasamontañas. Marcos aún lo niega. Marcos, ¿el gran líder zapatista? En su libro "Redentores", el historiador Enrique Krauze argumenta que al EZLN -al que considera casi desaparecido- hay que analizarlo a través del prisma del perfil e ideas del subcomandante Marcos: "Porque igual que en muchos otros momentos y períodos de la historia mexicana, el neozapatismo fue también, hasta cierto punto, una proyección social de la historia de sus líderes (caudillos, caciques, presidentes)". Es algo en lo que no está en de acuerdo Augusto (nombre supuesto), un "adherente" del zapatismo, quien ha seguido el movimiento por años. Dice que al principio pudo verse así, porque era Marcos quien hablaba y llamaba la atención de los medios. Pero, agrega, el movimiento es esencialmente indígena y aunque Marcos cumplió el importante papel de interlocutor ante la sociedad civil nacional e internacional, no es su máximo líder. Y acá toca un punto incómodo: "como yo lo veo, influye muchísimo que sea una figura diferente al indígena. Desde la estatura hasta el color de la piel". "Porque si hubiera sido un indígena -que sí había algunos que hablaban español- no sé qué hubiera pasado, si hubiera tenido igual impacto porque hay que tener en cuenta el desprecio hacia todo lo indígena, el racismo". "Sabía cómo llegar a la gente de la ciudad y sabía cómo traducir lo que quiere la gente de las comunidades". Finalmente, recuerda que, por ejemplo, los acuerdos de San Andrés no fueron negociados ni acordados con Marcos, sino con los líderes indígenas, que consultaron cada punto con sus comunidades. En el libro -donde hablan con su padre, profesores, excompañeros de la universidad y de la guerrilla- se hace un recorrido por la vida de quien es popularmente aceptado en México como Marcos, nacido en 1957. Se habla de su infancia en la ciudad de Tampico, su radicalización en la universidad -donde estudió Filosofía- sus lecturas de los teóricos franceses (Althusser, Derrida, Foucault), su admiración fervorosa por el Che Guevara (insinúan que de ahí le viene fumar pipa) y sus viajes a Nicaragua y Cuba. Finalmente, relatan su adentramiento en la selva chiapaneca en 1984, con un puñado de correligionarios, para hacer la revolución. Y acá es donde viene la improvisación: según De la Grange y Rico, Marcos cambió su discurso político casi literalmente de un día para otro: entre el 1o y el 6 de enero de 1994. Algo que también ha señalado Enrique Krauze. Pasó del discurso marxista casi granítico de los primeros comunicados a la variante indigenista y burlona que caracterizó los posteriores. ¿Y cómo es él? Concepción Villafuerte conoció a Marcos cuando ya era Marcos. La historia de esta mujer también podría dar para un libro. Junto a su esposo, Amado Avendaño, fundó, escribió y editó -palabra por palaba en una imprenta manual del siglo XVIII- el periódico El Tiempo (primero semanario, luego diario) de San Cristóbal de las Casas. En enero de 1994, Concepción y su esposo fueron quienes avisaron a medios internacionales -y a través de ellos al mundo-, de la insurrección zapatista. Estaban inmejorablemente situados para hacerlo: no sólo vivían en San Cristóbal, donde estuvo el núcleo ardiente del levantamiento armado, sino que -según ella- eran el único medio regional que reconocía la existencia de los indígenas chiapanecos. Los demás simplemente los ignoraban. Eso hizo que los del EZLN siempre les dieran prioridad para entregarles sus comunicados en esos 12 días de guerra de enero del 94. (Ese mismo año, Amado Avendaño sería candidato a la gobernación de Chiapas por el Partido Revolución Democrática y con el apoyo del EZLN. Perdió y siempre se alegó que hubo fraude). Estamos en su casa de San Cristóbal, en un cuarto repleto de fotos, libros antiguos y recuerdos de su esposo, ya fallecido. También hay cajas y más cajas con las ediciones de El Tiempo, igualmente desaparecido. Una de las fotos muestra a Marcos junto a Amado Avendaño. Es del 2 de enero, una de las primeras imágenes del subcomandante. La periodista Concepción Villafuerte dice que no ve a Marcos como un héroe romántico Concepción Villafuerte se encontró con Marcos en abril de ese año. Según relata, luego del asesinato de Luis Donaldo Colossio, candidato oficial del PRI a la presidencia (aunque en México no hay años tranquilos, 1994 fue especialmente agitado), decidió subir a las montañas a hablar directamente con los zapatistas. Después de dos días de peripecias, se encontró con Marcos una tarde, a las cuatro. "Hablamos, me preguntaba cosas muy comunes, casi intrascendentes. Yo le pregunté qué iba a pasar, pues estábamos en la nada. Habían matado al candidato Colossio, retirado al encargado del diálogo por parte del gobierno con los zapatistas...". "Me dijo: 'estamos en alerta roja porque no sabemos nada, igual que ustedes'. Me pareció un tipo sumamente informado, a pesar de estar en la montaña... Muy sagaz. Una especie de persona que lo empieza a medir a uno, a valorar". "Se había hecho ya un mito de Marcos y todo el mundo lo veía como una cosa muy especial. Conmigo fue diferente, yo no lo veía como el ídolo romántico. Hablamos de cosas serias, de lo que a mí me interesaba saber, como el secuestro de un general, la desaparición de unos militares. Todo me lo respondió". Muchos años después Laura Castellanos también tuvo un encuentro en las montañas con Marcos, pero en 2007. Mucha agua había pasado bajo el molino. En 2001, Marcos tuvo lo que algunos consideran su momento culmen, cuando viajó de Chiapas a Ciudad de México en lo que se conoció como la Marcha del Color de la Tierra, con la que buscaban exigir el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, un documento firmado en 1996 entre el EZLN y el gobierno, que se comprometía a realizar cambios en la Constitución para consagrar los derechos indígenas. Centenares de extranjeros acompañaron al subcomandante y a sus compañeros en el recorrido. Más de un millón de personas los aclamaron en El Zócalo del DF. Allí estaban esperándolo, entre otros, José Saramago, Danielle Miterrand, Manuel Vázquez Montalbán y Alain Touraine. Capítulo sobre Marcos en el libro de Enrique Krause. Ríos de tinta han corrido sobre Marcos y el EZLN. Después vino el anticlímax. Así lo explica el profesor e investigador Luis Daniel Vázquez, de la Facultad de Ciencias Sociales Latinoamericana, Flacso: "Lo que tenemos es una interacción muy interesante entre el zapatismo y el gobierno, que nunca llega a buen puerto". "El último de los aprendizajes muy fuertes que tiene el zapatismo es la marcha del Color de la Tierra, donde de nuevo salen, con la transición democrática, con Vicente Fox. Intentan llegar al Congreso de la Unión para pasar los acuerdos de San Andrés y plasmarlos en el acuerdo constitucional correspondiente". "El Congreso aprueba una reforma distinta a lo que estaba establecido en esos acuerdos, algunos más light, en especial de autonomía política indígena. Tal vez lo más grave es que, con esa decepción, van a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que se lava por completo las manos". Repliegue zapatista Luego de eso vino un período de repliegue y silencio, tanto de los zapatistas como de Marcos. En 2003 vuelven a la escena pública con su propuesta de los Caracoles y el buen gobierno: asociaciones de "municipios autónomos zapatistas" (son 29 municipios y cinco caracoles) que, desde entonces, le han dado la espalda al Estado mexicano (a quien llaman el "mal gobierno") y se han dedicado a construir una estructura autosuficiente a todo nivel: económico, de salud, justicia y educación. Así se han mantenido hasta la actualidad. En 2006 vino otro hito: unas elecciones presidenciales en las que la izquierda tuvo la posibilidad de llegar al poder con Andrés Manuel López Obrador. Los zapatistas decidieron no apoyarlo. Como se sabe "AMLO" (como es conocido en México) perdió por un margen muy estrecho frente a Felipe Calderón y, aunque hasta el día de hoy sigue diciendo que hubo fraude, muchos en la izquierda también señalaron a los zapatistas. De haberlo apoyado, argumentan, López Obrador habría ganado sin problemas. ¿Y el gobierno? ¿Cuál ha sido la postura del gobierno mexicano frente al EZLN? Hace 20 años, tras doce días de combate, la administración de Carlos Salinas de Gortari ordenó el cese el fuego unilateral. Luego vendría el proceso de diálogo, que continuaría en el gobierno de Enrique Zedillo, sin embargo los acuerdos alcanzados nunca se cumplieron. Este mes, la revista mexicana "Emeequis" publicó un artículo en el que, citando documentos secretos de la Secretaría de Gobernación, se revela que la estrategia de Zedillo y su círculo era "administrar el conflicto", alargarlo y "contener y desgastar" a los zapatistas. Luis Daniel Vázquez, profesor e investigador de la Flacso, cree que para el gobierno federal actúa -e incluso para el anterior- "el zapatismo no es un problema relevante". "El zapatismo, por ejemplo, no forma parte de todo lo que echa a andar con las policías comunitarias (o autodefensas, muchas de ellas de origen indígena)". Por su parte, la periodista Laura Castellanos dice que "lo que yo he observado es que la actitud del gobierno sigue siendo la misma de lo que se considera una contrainsurgencia de baja intensidad". "Tu no vas a lanzar a los tanques o al ejército a combatir cuerpo a cuerpo o a arrasar comunidades. Pero el Estado, así como lo ha hecho en otras ocasiones, recurre a diversas herramientas para sofocar, dividir, y una de ellas es a través de los programas sociales". En cambio, el EZLN y sus simpatizantes iniciaron "La Otra Campaña". Así la explica el profesor de la Flacso a BBC Mundo: "Su lógica es 'nosotros no tenemos que pensar a la izquierda desde arriba, sino desde abajo'. Y desde ese 'abajo y a la izquierda' -nuevo lema- su objetivo es dar a conocer movimientos muy locales que pueden tener los mismos problemas políticos pero que no están interconectados. Es la misma apuesta de los Caracoles". Se presenta entonces la última salida pública de Marcos: adopta el apelativo de "Delegado Zero" y durante un año recorre los 31 estados de México, más el Distrito Federal, reuniéndose con representantes de esos movimientos. Luego regresa a Chiapas y no vuelve a salir de las montañas. Al menos de manera visible. "Invisibilización mediática" A la periodista Laura Castellanos, Marcos le pareció "un hombre muy ocurrente e inteligente". "Sobre todo lo que me llamó la atención fue su proceso de autocrítica. Porque una cosa es ser autocrítico cuando estás en la cima, pero cuando estás en un momento de invisibilización mediática, de cuestionamiento, de crítica, no es fácil", le dice a BBC Mundo. La entrevista, publicada como libro en 2008 bajo el nombre de "Corte de caja", es esclarecedora. En ella Marcos hace un balance de todo ese período. Cómo él y su movimiento habían "pasado de moda", cómo, según su versión, la izquierda tradicional mexicana los apoyó mientras se quedaran en Chiapas: "había una especie de división del trabajo: 'ustedes hablen allá y escriban poemas (...) y nosotros nos encargamos de la política de los grandes'". También habló de algunos grupos de solidaridad europeos: "No se atreven a decirlo abiertamente, pero expresaban 'no, pues es que el zapatismo ya pasó de moda, ya no es como antes, si ya no tiene la atención de los medios para qué lo apoyamos (...)". Entre lo más interesante de esa entrevista se encuentra su mirada sobre su propio fenómeno. Marcos el ícono. "El atractivo reside en el símbolo, no en uno... porque el misterio, la máscara, atraen todo eso que también fue cultivado por los medios". También acepta que su figura, magnificada por la prensa, se convirtió en el símbolo del EZLN, sobre todo en los inicios del levantamiento: "sí se dio una sobrevaloración de lo que se podía conseguir usando los medios de comunicación, fue en el 94, cuando el movimiento sí salió a la luz de los medios de comunicación de todo el mundo y ese año transcurrió prácticamente de entrevista en entrevista". Agrega que si pudiera cambiar algo, sería esa parte mediática. "Hacer un esfuerzo para que se concentrara menos la atención en la figura de Marcos, precisamente en los primeros años. Porque más tarde quisimos remediarlo y ya no se podía". Escuela zapatista en el Caracol de Oventic, en Chiapas. Después de esa entrevista, Marcos trató de remediarlo. Se sumió en el silencio mediático. Empezaron entonces los rumores: que estaba gravemente enfermo. Que había muerto, que vivía en Ciudad de México, más exactamente en la acomodada Colonia Roma. Pero de vez en cuando da señales de vida: a través de cuentos en la Revista Rebeldía o de algunos comunicados. Uno de los últimos, del pasado 22 de diciembre, se titula "Rebobinar 2: de la muerte y otras coartadas" (el 28 de diciembre publicó "Rebobinar 1"). Allí, además de las múltiples posdatas, vuelve sobre asuntos que le son caros, como la muerte. Y regresa al tema de la identidad, del rostro tras el pasamontañas. "Esto de tomar otro nombre y ocultar el rostro, ¿es para escondernos del enemigo o para desafiar su escalafón de mausoleo, su nomenclatura jerárquica, sus ofertas de compra-venta así sea disfrazadas de puestos burocráticos, premios, loas y alabanzas, clubes grandes o pequeños de seguidores?". Por lo que pueder verse en el largo comunicado, desde las sombras, la pluma del subcomandante Marcos sigue siendo, sino tan popular y seguida, sí igual de mordaz y lírica. ___________________________________________________________ Siga al corresponsal de la BBC en México y Centroamérica a través de Twitter en @JCPerezSalazar