miércoles, 12 de noviembre de 2014

EL PAPA FRANCISCO, VISTO POR EL DIARIO IZQUIERDISTA DE ESPAÑA


Usted está en: Portada | NOTICIAS Y OPINIONES EL PAPA FRANCISCO, VISTO POR EL DIARIO IZQUIERDISTA DE ESPAÑA UNA NOTA DIGNA DE SER LEÍDA y difundida …….. EL PAPA FRANCISCO VISTO POR EL DIARIO IZQUIERDISTA DE ESPAÑA Por Juan Arias - EL PAIS, Madrid 30-3-2013 En el diario EL PAIS, Madrid 30-3-2013, apareció un artículo escrito por Juan Arias. El País tiene la fama de ser un diario más de izquierda y muchas veces crítico a la Iglesia. La escribe no precisamente un católico, sino alguien que mira las cosas desde otro punto de vista. En este caso, desde la óptica del liderazgo mundial. Creo que muestra perspectivas sobre las cuales vale la pena reflexionar. Dios guia la historia a través de causas segundas, afirma una y otra vez el P. Kentenich. Y el Papa Francisco está siendo un instrumento privilegiado en manos del Dios de la historia | Schvivo -Juan Arias. El Pais Schvivo -Juan Arias. El Pais "La Iglesia ha encontrado un líder” ¿Y el mundo político? – La Iglesia ha sido más rápida que el mundo político. Ambos estaban hasta ayer en profunda crisis de identidad. La Iglesia hundida en sus escándalos vaticanos y convertida en un “fósil”, en expresión dura del teólogo brasileño Leonardo Boff, con sus iglesias vendidas para convertirlas en salas de fiestas nocturnas y los confesionarios en muebles bar. Y el mundo político se encuentra perdido en una profunda crisis, no sólo económica sino también de valores, huérfano de liderazgo, en plena revuelta civilizatoria sin saber por donde tirar. Ambas instituciones, la religiosa y la laica, se arrastran sin horizontes para sus jóvenes generaciones, dando palos de ciego. En ese panorama, la Iglesia, con sus dos mil años de historia, sus santos y demonios, sus inquisiciones y sus mártires de la caridad, ha conseguido encontrar un líder mundial cuando empezaba a resbalar por el barranco de la desesperanza. Y lo ha hecho a través de un puñado de cardenales, la mayoría ancianos y conservadores, reunidos durante dos semanas en Roma, sin grandes alharacas y revestidos de misterios y secreto, pero que se dieron cuenta que el eje del mundo ha cambiado, ya no es Europa, sino que se ha trasladado a los países emergentes. La Iglesia acabó viéndolo y se fue a buscar el nuevo líder a las Américas. “Me buscaron muy lejos”, subrayó significativamente el papa Francisco al aparecer en el balcón la tarde de su elección. El papa Francisco, que sigue llamándose sacerdote y obispo, no papa, se ha convertido, en menos de un mes al mando de la nave Iglesia, en el personaje más en vistas del planeta, como un día lo fueron un Gandhi o un Luther King. Con un puñado de gestos simbólicos, ha dado rienda suelta a una auténtica revolución religiosa y política que empieza a resonar más allá de la misma Iglesia. ¿Y el mundo político qué está esperando? Una vez Stalin preguntó cuántos ejércitos tenía el papa de Roma. Hablaba de armas, pero la Iglesia es un ejército con otras armas en sus manos, que empezaban a oxidársele. Es una institución, a pesar del peso de errores que arrastra, de las mejor organizadas del mundo, que cuenta con la friolera de - 1.200 millones de fieles, - un ejército de más de 1.000.000 de sacerdotes y religiosos, - con 114.736 instituciones asistenciales en el mundo; - 5.246 hospitales; - 74.000 dispensarios y leproserías; - 15,208 residencias de ancianos incurables; - 1.046 universidades; - 205.000 colegios; - 70.000 asilos nido con 7.000.000 de alumnos; - 687.282 centros sociales y - 131 centros de personas con sida en 41 países. Una vez el líder comunista italiano Enrico Berlinguer, que no era creyente pero acompañaba los domingos a misa, a su mujer e hijos que si lo eran, a los que esperaba en la puerta de la Iglesia, solía decir:“Si nosotros los comunistas tuviésemos a un millón de mujeres y hombres, como las monjas y religiosos católicos, con voto de obediencia y dispuestos a cualquier sacrificio, haríamos una verdadera revolución social”. Y es esa revolución social la que el nuevo papa Francisco ha empezado a llevar a cabo en la Iglesia y que el mundo político parece incapaz de hacerla, sumergido en sus recetas de sacrificios y recortes a los más débiles, mientras se multiplica como una cizaña maligna, la corrupción de políticos y banqueros. Si al mundo de hoy le falta un gran líder, capaz de devolver esperanza y abrir nuevos horizontes a una sociedad desencantada y en ruinas, la Iglesia parece haberlo encontrado. Y no un líder místico, encerrado en sus rezos, con una visión arcaica y autoritaria de la fe, sino alguien que ha pedido a los soldados de ese ejército hoy bajo su mando, que dejen de ser “coleccionadores de antigüedades” y cultivadores de “teologías narcisistas” y se vayan a manchar sus pies con el barro “de las periferias del mundo”, donde se encuentran los más explotados por el poder. Un jesuita que posee “racionalidad y fe”, como afirman quienes le conocen de cerca, que además de teología ha estudiado psicología y literatura, y que al mismo tiempo ha escogido como símbolo papal un “corazón franciscano”, puede llegar a ser más que un mero líder espiritual de una Iglesia. Sus antecedentes como arzobispo y cardenal de Buenos Aires y sus primeros gestos de desapego a las apariencias y símbolos del poder vaticano para poner su énfasis en una Iglesia que debe ser “pobre y para los pobres”, lo están ya convirtiendo también en una referencia política y social del mundo. Es justamente el mundo el que está entendiendo – de ahí la perplejidad y hasta miedo de ciertos políticos que el papa Francisco, no es sólo un religioso que se contentará con lavar los pies a los pobres y visitar favelas. Los poderosos han empezado a entender que apostar por los desheredados de la Tierra, por la escoria del mundo, por los desahuciados, no sólo para consolarlos, sino también para elevarles social y culturalmente, para despertar en ellos la fuerza de su dignidad como personas, sus derechos y su espíritu crítico, equivale a una nueva revolución mundial. Y que su mentor puede acabar siendo más que un mero líder espiritual. El papa Francisco le dice al rabino judío argentino Skorka, en su libro Entre el cielo y la tierra que a él “le gusta la política”, concebida como “la fuerza responsable del bienestar de la gente“. Le cuenta que cuando se encuentra con agnósticos y ateos “no les habla de Dios”, sino que les pregunta si están dispuestos a empeñarse en la lucha contra las injusticias perpetradas contra los más desamparados del sistema, ya que eso le basta. “Sólo les hablo de Dios si ellos me hablan”, comenta. A una madre que desesperada, se le quejaba, en Buenos Aires, de que su hijo joven había abandonado la fe, el entonces cardenal Bergoglio, le preguntó: - “¿Sigue su hijo siendo una buena persona que se interesa por los demás?” - La mujer le dijo que sí. - “Entonces quédese tranquila. Su hijo sigue creyendo en lo que debe creer”, la consoló. Un líder así, puede crear esperanza en unos y temores en otros, ya que está pidiendo a una Iglesia anquilosada y en buena parte aburguesada, que salga de la retaguardia para ir a combatir a la primera línea del frente, puede acabar convirtiéndose en una referencia mundial de lo que el teólogo Boff llama “un liderazgo no autoritario, de valores universales en el que lo importante no es ya la institución Iglesia sino la humanidad y la civilización que hoy pueden ser destruidas”. Como un día surgieron líderes capaces de sacudir al mundo como Gandhi, Luther King o Mandela, entre otros, es posible que a esa lista de líderes contra la violencia y contra las discriminaciones de los diferentes, haya que añadir pronto al papa Francisco. Eso si le dejan actuar en paz, sin blindarle en los palacios vaticanos, que por ahora ha descartado, impidiéndole de acercarse y de escuchar demasiado a la gente. En Brasil, para el viaje a Río del papa, el próximo julio, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, las autoridades le han preparado un blindaje de 750 policías civiles y militares para proteger su vida, y que le acompañarán día y noche. No será fácil, sin embargo, blindar del todo a un papa que ha pedido a los sacerdotes del mundo entero que no tengan miedo de “perder la propia vida”, si su empeño social y religioso se lo exigiera. Jesús fue crucificado con poco más de 30 años. Los primeros cristianos, apóstoles, obispos y papas acabaron todos mártires de su fe y de su desobediencia al poder que les pedía que se arrodillase ante él. El viernes santo pasado, el papa Francisco se echó en la Iglesia de bruces al suelo en adoración no a los poderes del mundo. Lo hizo en señal de fidelidad a aquel Jesús que predicaba que “quién defiende la propia vida la perderá” y que los “que se humillan serán ensalzados”. Los cobardes, al final, son ya vivos muertos, como decía Gandhi. Cuando en Diciembre de 2012 se vaticinó que empezábamos una nueva ERA, el papa FRANCISCO nos muestra que ello es una realidad

lunes, 10 de noviembre de 2014

¿ Qué es la diabetes ?


Qué es la diabetes Sección realizada por: Esmeralda Colino | Endocrinólogo pediatra. Madrid Ilustraciones: Lucrecia Herranz Definición de diabetes La diabetes mellitus son un grupo de enfermedades metabólicas caracterizadas por niveles de azúcar (glucosa) en sangre elevados. A la glucosa que circula por la sangre se le llama glucemia. El aumento de glucemia es el resultado de defectos en la secreción de insulina, en su acción o en ambas. La insulina es una hormona que fabrica el páncreas y que permite que las células utilicen la glucosa de la sangre como fuente de energía. Como hemos comentado, un fallo de la producción de insulina, de la acción de la misma, o de ambas cosas, generará un aumento de los niveles de glucosa en la sangre (hiperglucemia). De no controlarse adecuadamente, a largo plazo, la presencia continua de glucosa alta en la sangre puede provocar alteraciones en la función de diversos órganos, especialmente los ojos, los riñones, los nervios, el corazón y los vasos sanguíneos. Esto se puede evitar realizando el tratamiento de la diabetes correctamente basado en: ¿Es común tener diabetes?. Prevalencia mundial y en España La diabetes es una enfermedad muy común. Se estima que en el mundo hay alrededor de 143 millones de personas con diabetes. La OMS considera que el 50% de las personas que tienen diabetes están sin diagnosticar. La forma más frecuente de diabetes es la diabetes tipo 2 (85-90%). Es un tipo de diabetes casi exclusiva de adultos, aunque actualmente podemos verla cada día más en niños y adolescentes. En EEUU, de cada 10 diabéticos menores de 18 años, 2 ó 3 tienen diabetes tipo 2. La diabetes tipo 1 es característica de personas jóvenes. Prácticamente el 95% de los niños y adolescentes que tienen diabetes en España tienen diabetes tipo 1. En España se calcula que hay 29.000 menores de 15 años con diabetes mellitus. Cada año hay unos 1.100 casos nuevos. subirsubir Funcionamiento del cuerpo Para poder comprender los cambios que se producen cuando se tiene diabetes es importante entender cómo funciona el cuerpo de una persona sin diabetes. Los alimentos se forman fundamentalmente de tres componentes: grasas, proteínas e hidratos de carbono. Estos últimos son los primordiales para las personas con diabetes. Existen diferentes tipos de hidratos de carbono: los azúcares simples y los almidones. Los azúcares simples (glucosa, fructosa...) son absorbidos muy rápido ya que no necesitan degradarse en productos más pequeños, sin embargo los almidones son largas cadenas de azúcares que necesitan ser descompuestas para ser absorbidas. Diversas sustancias de la saliva, del estómago y del intestino son las encargadas de esta descomposición de los almidones. Una vez absorbidos los azúcares en el intestino pasarán a la sangre. Desde allí antes de ir al torrente sanguíneo del resto del cuerpo pasarán al hígado, dónde buena cantidad de este azúcar se quedará almacenado en forma de un compuesto llamado glucógeno. El azúcar que no se queda almacenado en el hígado pasará al resto de la sangre y desde ahí se distribuirá a todas las células del cuerpo. Estas células utilizarán la glucosa como fuente de energía para realizar sus funciones. Existe otro almacén de glucógeno y son los músculos. Sin embargo, mientras el glucógeno del hígado puede utilizarse para elevar el nivel de glucosa de la sangre, el almacenado en los músculos sólo puede ser utilizado por ellos mismos al hacer ejercicio. ¿Qué es la insulina? y ¿cómo actúa? Muchas de las diversas funciones que realiza el cuerpo se encuentran controladas por hormonas. La insulina es una hormona que se produce en el páncreas dentro de unas células especiales llamadas células beta. La insulina actúa como una llave que “abre la puerta” de las diferentes células del cuerpo para que la glucosa entre en ellas y así las células tengan energía para poder realizar sus funciones. Cuando una persona que no tiene diabetes come, la cantidad de insulina aumenta rápidamente para hacerse cargo de la glucosa proveniente de los alimentos. Una gran parte de los hidratos de carbono ingeridos se acumulan en el hígado en forma de glucógeno. En ayunas los depósitos de glucógeno del hígado se van degradando poco a poco para así mantener los niveles de glucosa constantes. De esta manera el cuerpo necesita una pequeña cantidad de insulina durante el ayuno nocturno y entre las comidas del día para poder asimilar la glucosa que proviene del hígado. Resumiendo, podemos decir que las funciones de la insulina son: Permitir el paso de glucosa al interior de las células. Estimular el almacenamiento de glucosa en el hígado en forma de glucógeno. subirsubir Manifestaciones de la diabetes Poliuria u orinar muchas veces. Al estar la glucosa alta en la sangre, ésta aparece en la orina. Para poder eliminarse, necesita disolverse en cantidades muy grandes de agua, por esta razón el diabético orina muchas veces. Polidipsia. Para compensar la pérdida de agua por la orina se tiene mucha sed, incluso a veces se necesita beber líquidos varias veces durante la noche. Polifagia. Al no poder utilizar la glucosa, las células reclaman energía y tratamos de compensarlo aumentando la cantidad de alimento. Pérdida de peso. Aunque se coma más, la glucosa no llega a las células y el niño con diabetes pierde peso. Fatiga. Irritabilidad Visión borrosa ¿Qué es el periodo de luna de miel o fase de remisión? Se trata de un espacio de tiempo, que puede variar desde unas semanas a incluso algunos años, en el que las necesidades de insulina externa disminuyen de manera importante. Poco después de diagnosticarse la diabetes y de iniciarse el tratamiento con insulina externa el páncreas se recupera levemente y empieza a producir algo de insulina. Por ello la cantidad de insulina que hay que suplementar será cada vez menor. Es importante mantener la insulinoterapia externa, aunque se precisen dosis de insulina muy pequeñas, para ayudar al páncreas y prolongar este periodo lo máximo posible. Esta fase de remisión no la tienen todos los niños, de hecho es poco frecuente en los menores de tres años. subirsubir La diabetes en niños y adolescent--http://www.fundaciondiabetes.org/diabetesinfantil/la_diabetes/que_es_la_diabetes.htm

domingo, 9 de noviembre de 2014

TRADICIÓN TANGUERA


Evolución del tango - Guardia Vieja La Guardia Vieja - 1880 a 1920 "Ésa fue la época de gestación y desarrollo de los elementos que definieron el tango. Determinación de una combinación inicial: arpa, violín, flauta. Enseguida, flauta, violín y guitarra . Y después del inicio del siglo XX, piano, violín y bandoneón. El modo interpretativo era la improvisación, sin solistas. En esa secuencia se define también el típico baile del tango. Desde el punto de vista social, el tango de la Guardia Vieja es, durante mucho tiempo, patrimonio exclusivo de los grupos marginales de la ciudad. Se debe a la Guardia Vieja, asimismo, el gran apogeo internacional del tango producido poco después de 1910, y fue lo que determinó su aceptación". (Horácio Ferrer). Había en el barrio de la Boca muchos bares que eran servidos por chicas. En los pequeños y estrechos tablados que servían de escenarios, surgió la fama de algunos de los nombres más significativos de la vieja guardia del tango: Agustín Bardi (pianista), Francisco Canaro (violín), Roberto Firpo (piano), Vicente Greco (bandoneón), Samuel Castriota (piano), Eduardo Arolas (bandoneón) y Angel Villoldo (cantor), entre otros. En el inicio, aparecen en el tango algunas demostraciones de la influencia de tres estilos populares. La Bordona de Emilio Balcarce - de 1956 - se parece a la milonga y al tango español. Flores Negras de Francisco de Caro - 1927 – se parece a la habanera. En Gallo Ciego de Agostín Bardi - 1915 - se percibe el ritmo de la milonga. El Choclo de Angel Villoldo - 1903 - es casi una milonga. Otros grandes nombres predominaron en la época de transición, creadores de la orquesta típica, como el violinista Francisco Canaro. El estilo de su orquesta era un ritmo veloz , marcado, influenciado por la milonga, para un baile rápido . El pianista Roberto Firpo componía músicas más melodiosas, fáciles para bailar, con un buen ritmo marcado, más lento. Los salones de entretenimiento llamados La Marina , La Turca , La Taquera , La Popular, El Griego, Las Flores , El Argentino y El Royal se transformaron en un centro de reunión de la vida marginal de Buenos Aires, que tenía como eje la legendaria esquina formada por el cruce de las calles Suárez y Necochea. Allí nacieron las siguientes composiciones: Guardia Vieja: compositores Don Juan - Ernesto Ponzio Trio: violino, flauta y guitarra Unión Cívica - Domingo Santa Cruz El bandoneón La Cachiporra - J. L. Roncallo Banda popular Conjuntos primitivos del tango Dir. mus. y arr.: Argentino Galvan 9 de Julio - José Luis Padula Juan Cambareri y su cuarteto El llorón - Ambrosio Radizzani Juan Cambareri y su cuarteto El Entrerriano - Rosendo Mendizábal Anibal Troilo y su orquesta Felicia - Enrique Saborido Los solistas El Caburé - Arturo de Bassi Carlos di Sarli y su orquesta Rodriguez Peña - Vicente Greco Carlos di Sarli y su orquesta Nunca tuvo novio - Agustín Bardi Anibal Troilo - Roberto Grela El amanecer -Roberto Firpo Carlos di Sarli y su orquesta De las casas de mala fama del barrio de la Boca y otros salones de los suburbios, pasa a las casas de mala fama que rodean el centro de la ciudad donde reinan: la Morocha, Laura, Maria La Vasca, Mamita, Madame Blanche y la china Joaquina. Son lugares privados que seleccionan la frecuencia con entradas caras, que se tornan prohibitivas para los más pobres. Algunos de esos bailes son animados por nombres de la Guardia Vieja: Rozendo Mendizábal, José Luiz Roncallo y Ernesto Ponzio. El barrio de Palermo también concentra su atención en el tango en Hansen , El Tambito y El Velódromo , donde actúan Luis Teisseire, Enrique Saborido, José Luis Padula, Paulos, Ponzio, Berto y Bazán. La Guardia Vieja ocupa el centro A medida que el tango gana espacio, las pequeñas orquestas de la Guardia Vieja comienzan a ocupar los cafés de suburbios, preparándose para el gran salto al centro. Manuel Aróstegui anima las noches de Maratón, Canning y Costa Rica. Domingos de Santa Cruz exhibe sus habilidades de bandoneonista en el Café Atenas de Canning y Santa Fe; Castriota en El Protegido de San Juan y Pasco; los hermanos Greco en El Estribo de Entre Ríos e Independencia; Bardi, TVO de Montes de Oca y California ; "Pacho" es un gran suceso en el Garibotto de Pueyrredón y San Luis. Otros músicos de igual importancia actúan en La Fatinola , La Fazenda , El Caburé , y en el famoso salón Rodriguez Peña. Debido a esa actuación en los barrios, los líderes del tango inician su marcha al centro. "Pacho" se presenta en el Bar Corrientes, en el 1400 de la calle del tango; Eduardo Arolas ocupa el Botafogo (Lavalle y Suipacha) y Roberto Firpo acompañado por Bachicha (J. B. Deambroggio) intentan ocupar la hispánica Avenida de Mayo, transformando El Centenario en un café de tango, al 1300 de esa avenida. En esos cafés se cumplía un ritual, una mística exclusiva para hombres solitarios que pasaría para las famosas "catedrales" del tango, en las décadas de 30 y 40, llamadas cafés: El Nacional , Marzott o y Germinal , todos desaparecidos en los primeros años de la década de 50. Angel Villoldo En 1910, también en un café-concierto, en el barrio de la Boca, actuaba Ángel Villoldo ( El Choclo y El Esquinazo ), sin duda el más creativo de su tiempo. (Escuchar El Esquinazo ) Es suyo el mérito de ampliar el espectro del tango, llevándolo a un nivel más familiar. Después de componer obras con versos que aluden al bordel (como la letra de La Morocha , de Saborido), Villoldo lleva esas composiciones a las pianolas de Rinaldi-Roncallo, para que sean incluidas en su repertorio. Montados en esos instrumentos ambulantes, que sustituyen la eficacia de la radio en la tarea de divulgar y promover la música popular, los compasos del tango se expanden por la ciudad. De esa manera, el tango se desliga de los prostíbulos. Nace el tango triste El año 1917 fue una época fundamental para el desarrollo del tango. Surge una nueva generación de jóvenes y talentosos músicos y compositores que darán un diferente relieve al tango, ampliando su calidad: Julio de Caro (19 años) - de cuyo conjunto participaban su hermano Francisco (20 años), Pedro Maffia (17 años) y Pedro Laurenz (15 años) - creó un estilo que revolucionó estéticamente el tango. Maffia-Laurenz, según Luiz A. Sierra: "inventaron todas las posibilidades de estilística del bandoneón en el tango". Se juntaron a ellos: Enrico Delfino (22 anos), Juan Carlos Cobián (21 anos), Fresedo (20 anos), Anselmo Aieta (21 anos), además de Sebastián Piana, Oswaldo Pugliese y Edgardo Donato. El hecho más marcante del año y que se confirmaria más tarde, fue el suceso de los versos de un joven de 28 años, cantor y guitarrista (Pascual Contursi), hechos para una música llamada "Lita", un tango de Castriota. Entonces Contursi compone "Mi noche triste", la música que, según Enrico Santos Discépolo, "lleva el tango de los pies a la boca". La creación del "tango-canción", diferente de todo lo que había sido hecho antes, causa un enorme mudanza en el panorama vivido hasta entonces. El tango abandona el tono alegre y satírico de su origen marginal, para transformarse, con su melancólica temática, en el testimonio de la vida popular. Buenos Aires, la ciudad gigantesca y múltiple, encuentra su canción y con ella expresará sus sentimientos y críticas ante el amor, el dolor y la alegría. Como ocurrió inicialmente en "Mi noche triste", los tangos cantados hablan, generalmente, de la nostalgia, de lo perdido e irrecuperable, de la rebelión contra el ausente y de la amargura creada por esa orfandad económica que lleva a la miseria el hombre del pueblo. El tango se constituirá en un canto de infinita e insoluble tristeza. El tono de interpretación de ese nuevo tango es proporcionado por Carlos Gardel (27 anos), que era, hasta entonces, un intérprete de canciones rurales, especialmente del sur. Usa su accento malevo, aprendido en el barrio de Abasto, un microcosmo de la vida popular de Buenos Aires caracterizada por exceso de italianos, españoles y judíos, que eran la mitad de sus habitantes . Enfrentando a los criollos (nativos marginados por la ola de inmigrantes extranjeros), son forzados a aceptar tareas que consideraban indignas (diferentes de las tareas masculinas del campo que habían dejado). Gracias a ellas fue erguida Buenos Aires, esa gran metrópolis. De esa mezcla de idiomas del inmigrante resulta el lunfardo, un idioma lumpen. Ésa será la lengua hablada del porteño. La mujer pasa a ser: la percanta, la mina, la grela, la naifa, etc; La casa: el bulín, el cotorro, el nido, la zapie; La cama: la catrera; El trabajo: el yugo, el laburo, el jotrabo, etc (Escuchar Mi noche triste com Carlos Gardel): Percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida, dejándome el alma herida y espina en el corazón, sabiendo que te quería, que vos eras mi alegría y mi sueño abrasador, para mí ya no hay consuelo y por eso me encurdelo pa'olvidarme de tu amor. Cuando voy a mi cotorro y lo veo desarreglado, todo triste, abandonado, me dan ganas de llorar; me detengo largo rato campaneando tu retrato pa poderme consolar. Ya no hay en el bulín aquellos lindos frasquitos arreglados con moñitos todos del mismo color. El espejo está empañado y parece que ha llorado por la ausencia de tu amor. De noche, cuando rne acuesto no puedo cerrar la puerta, porque dejándola abierta me hago ilusión que volvés. Siempre llevo bizcochitos pa tomar con matecitos como si estuvieras vos, y si vieras la catrera cómo se pone cabrera cuando no nos ve a los dos. La guitarra, en el ropero todavía está colgada: nadie en ella canta nada ni hace sus cuerdas vibrar. Y la lámpara del cuarto también tu ausencia ha sentido porque su luz no ha querido mi noche triste alumbrar. La sucesión de palabras y sinónimos agregados a cada término legal o autorizado formó un idioma de casi seis mil palabras. Ellas brindan al tango un idioma único, que necesita de traducción en cualquier lugar que no sea Buenos Aires. La cadencia de esa nueva manera de hablar se vuelve en una de las "pinturas" más marcadas del tango. La mujer: causa de todo El surgimiento de la letra para el tango "Mi noche triste" lo transformó esencialmente en una canción de amor. La mujer es tema invariable y asume el papel de la protagonista de todas las penas de los poetas tangueros. En el tango, ella se torna la panacea universal, mitigando la angustia, la soledad y la tristeza que el hombre debe pasar en la tierra. luizadeandrade@terra.com.br

sábado, 8 de noviembre de 2014

John Lennon: Imagine, subtitulos español

REFLEXIONES - Rafael Moratilla Lopez


Rafael Moratilla Lopez 15 de diciembre de 2013 · Albacete, Spain · Editado · No hay que hacer grandes esfuerzos para comprobar que desde tiempo hay personas que con ingenio, con arte y con amor, tratan de comunicar que es necesario modificar nuestra visión de la realidad, aplicar el sentido común, la prudencia y el conocimiento. El mundo es un planeta maravilloso, donde podemos vivir más de 7000 millones de seres de una misma especie, junto a mas de un millón de otras especies, impresionante. En este planeta no puede ser que el objetivo de la especie que domina sea que unos pocos acaparen todos los recursos y dividan el planeta con unas fronteras cada vez más pequeñas. El dinero que es un invento que facilita las transacciones y la vida de todas las personas, pero creo que no puede estar gobernado por unas pocas familias del planeta. Lo fácil que parece en el terreno económico que el dinero no sea una mercancía que permita ganar (o perder) dinero sin producir nada a cambio, que sea un instrumento que facilite los intercambios. Es tan fácil que parece un sueño, imaginar un escenario donde los bancos (un solo banco) únicamente se dediquen a controlar el nivel general de los precios, fijar el tipo de interés de la moneda y establecer la conexión entre las personas que tienen exceso de dinero y las que lo necesitan, controlando que estas últimas devuelvan el dinero que han recibido prestado. Cambiar el sistema financiero, establecer nuevas reglas de funcionamiento, establecer reglas, parece tan obvio que incluso debería ser ofensivo expresarlo. Cuando el mundo esta bajo las decisiones de unas pocas familias en el mundo que no tienen ninguna regla, que actúan en un sistema desreglado, sin reglas, donde pueden ingeniar nuevos instrumentos financieros, el resultado ya estamos comprobando que lleva a situaciones que colapsan los logros que con mucho esfuerzo hemos conseguido entre todos. 7000 millones de personas tenemos reglas para todo, reglas que nos permiten saber en cada momento lo que podemos hacer, reglas que permiten que compartamos el esfuerzo que realizamos entre todos. Cualquier actividad que realizo, trabajar, comprar, vender... esta sujeta a reglas, esta sujeta a control, esta sometida al pago de impuestos. Impuestos que permiten a los gobernantes facilitar seguridad, justicia, educación y sanidad entre otros aspectos imprescindibles. Las transacciones que realizan unas pocas personas (diríamos 7 millones) cuando se venden o compran dinero entre ellos, generan productos financieros desconocidos para apropiarse del dinero de sus clientes sin tener que pedirlo prestado, o realizan cualquier transacción con imaginación especulativa, no están sujeto a reglas y no pagan impuestos. Si la operación imaginativa no tiene éxito tenemos ademas los 7000 millones que hacernos cargo de las perdidas que nos han originado. Como dice euronews en sus noticias "no comment", aquí nos quedamos solo observando como se desmantela la educación, la sanidad y la seguridad. No sabemos a donde llegará la capacidad de esa minoría privilegiada en desmontar el sistema que nuestros padres, nuestros abuelos y varias generaciones anteriores lograron construir para nuestro bienestar, lo único que puede frenarlos es que sean conscientes de su minoría 7000 frente a 7 y de que lo único que pretendemos es vivir en un mundo en paz como imagina John Lennon, gracias maestro por tan magnífica canción. RAFAEL MORATILLA LÓPEZ VIDEO APARTE-John Lennon: Imagine (1971)

DERECHOS HUMANOS DEL NIÑO


Diez Derechos ¿Qué derechos tienen los niños? Casi la totalidad de los países han ido consegrando medidas especiales para su protección, a nivel legislativo e incluso constitucional. Entre los derechos del niño que han sido reconocidos en forma creciente, podemos anotar: Principio 1: A tener derechos sin ser discriminando El niño disfrutará de todos los derechos enunciados en esta Declaración. Estos derechos serán reconocidos a todos los niños sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición, ya sea del propio niño o de su familia. Principio 2: A gozar de una seguridad social. El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con este fin, la consideración fundamental a que se atenderá será el interés superior del niño. Principio 3: A tener un nombre y una nacionalidad. El niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre y a una nacionalidad. Principio 4: A disfrutar de alimentación, vivienda, recreo y servicios médicos adecuados. El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social. Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud; con este fin deberán proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda, recreo y servicios médicos adecuados. Principio 5: A recibir atención y cuidados especiales cuando el niño sufre algún impedimiento físico, mental o social. El niño física o mentalmente impedido o que sufra algún impedimento social debe recibir el tratamiento, la educación y el cuidado especiales que requiere su caso particular. Principio 6: El amor y a la familia El niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión. Siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material; salvo circunstancias excepcionales, no deberá separarse al niño de corta edad de su madre. La sociedad y las autoridades públicas tendrán la obligación de cuidar especialmente a los niños sin familia o que carezcan de medios adecuados de subsistencia. Para el mantenimiento de los hijos de familias numerosas conviene conceder subsidios estatales o de otra índole. Principio 7: A la educación. El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social, y llegar a ser un miembro útil de la sociedad.El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres.El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho. Principio 8: A ser los primeros en recibir atención en situaciones de emergencia. El niño debe, en todas las circunstancias, figurar entre los primeros que reciban protección y socorro. Principio 9: Al buen trato. El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No será objeto de ningún tipo de trata. No deberá permitirse al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se le dedicará ni se le permitirá que se dedique a ocupación o empleo alguno que pueda perjudicar su salud o su educación o impedir su desarrollo físico, mental o moral. Principio 10: Al la protección contra todo tipo de discriminación y a la educación en la tolerancia frente a las diferencias. El niño debe ser protegido contra las práticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole. Debe ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes. Credito: http://www.educared.edu.pe/estudiantes/derechos/index.htm

miércoles, 5 de noviembre de 2014

CLAVES WIFI - ( Claves WiFi: cómo se obtienen y cómo protegerse de ello)


Fabrizio Ferri-Benedetti |20 de junio del 2014 Windows A fondo Móviles Linux Antivirus y seguridad Proteger tu conexión WiFi es importante, si quieres evitar accesos no permitidos. En este artículo aprenderás cómo trabajan los que buscan conexiones vulnerables, y cómo defenderte ante ellos. Un buen día alguien se encuentra lejos de casa, sin tarifa de datos en el móvil y rodeado de redes WiFi protegidas. Necesita conectar como sea para leer ese mensaje WhatsApp importante, enviar un correo, consultar el mapa o subir una foto... Pero sin conexión de datos, su móvil o portátil están incomunicados. Ese alguien necesita obtener claves WEP/WPA y desproteger una red inalámbrica. Hay formas bastante rápidas de lograrlo, que aprovechan vulnerabilidades en routers de todas las marcas. Y tú, que pensabas que una clave WPA era suficiente para blindar tu red inalámbrica, te encuentras de repente indefenso... Cómo actúan los que buscan redes WiFi vulnerables Normalmente, quienes intentan conectar a redes protegidas han agotado ya todos los recursos posibles, esto es: QueWifi, que ya supera los 15.000 puntos de acceso para toda España FON Maps, con más de 1,5 millones puntos FON en todo el mundo WeFi, una curiosa comunidad para compartir puntos de acceso libres JiWire, excelente si viajas al extranjero Cuando se escanean las redes WiFi desde un móvil o portátil, se ven muchas o pocas dependiendo de la zona. Los centros de las grandes ciudades, por ejemplo, rebosan de redes WiFi, pero la mayoría pertenece a tiendas y empresas. Su nivel de seguridad, configurado por profesionales, es probablemente mejor. Densidad de puntos de acceso Es más probable encontrar redes WiFi en zonas densamente pobladas. Hay más de un 25% de redes pobremente protegidas esperando a que alguien vulnere su seguridad. Para aumentar las posibilidades de dar con una, los que pretenden acceder a ellas... Se mueven hacia zonas residenciales: las redes domésticas suelen estar menos protegidas Buscan una alta concentración de nombres de redes genéricos (p.ej. WLAN_XXX) Usan un escáner de redes WiFi mejor que el que viene con el sistema operativo Se sitúan en un lugar cómodo y despejado, como el banco de una plaza Cómo poner a prueba la seguridad de tu red WiFi Ya hay muchos programas que auditan vulnerabilidades conocidas de routers de todas las marcas, como la conocida vulnerabilidad de los routers Comtrend y Zyxel, que permite calcular claves WPA al instante. Hasta la fecha, las apps que permiten sacar claves WiFi aprovechando estos fallos son las siguientes: Wifipass (Android) - Para routers de Movistar y Jazztel (WLAN_XXX, Jazztell_XXX) WiFi Auditor (Windows, Mac, Linux) - No muy usable, pero funciona igual de bien que Wifipass WLANAudit (Android) - Eficaz con routers Zyxel y Comtrend WLAN_XXX Decrypter (Android) - Del mismo autor de WiFi Auditor. Usa códigos de colores AirCrack (Windows, Linux) - Desde la versión 0.9, puede descifrar claves WEP en muy poco tiempo Reaver (Linux) - Aprovecha una vulnerabilidad WPS para obtener la clave WPA. Tarda unas horas Wifiway (LiveCD) - Repletos de herramientas de auditoría WiFi y muy popular Beini (LiveCD) - Otro LiveCD que inyecta paquetes para dar con claves WiFi Cabe destacar que los exploits que se usan para acceder a las redes no suponen ningún peligro para el router ni tampoco para los demás ordenadores en red; no dañan ningún programa ni dispositivo. Cómo protegerse de los ataques que obtienen claves WiFi Si las herramientas anteriores han traspasado la seguridad de tu red WiFi, es el momento de actuar y reforzar la seguridad de tu red inalámbrica. En nuestro tutorial sobre cómo detectar intrusos WiFi ya mostramos herramientas para descubrir si alguien está usando tu conexión y cómo blindar la red. A modo de resumen, y añadiendo algunos extras: Cambiar la clave WiFi por defecto del router Cambiar el nombre de red (SSID) por defecto Usa un cifrado WPA2 (AES, a poder ser) Cambia la contraseña de administración del router Limita el número de direcciones IP asignables Desactiva tecnologías que no uses, como WPS Actualizar el firmware del router Cambiar el SSID y la clave WiFi evita la gran mayoría de ataques instantáneos perpetrados con herramientas como Wifipass. Pero eso no detendrá un cracker experto y, por ello, a veces no queda más remedio que cambiar el router o actualizar el firmware periódicamente. Actualizar firmware El nuevo firmware suele cargarse a mano desde uno de los menús de administración. Actualizar el firmware del router es una operación compleja y delicada. Te recomendamos que lo intentes con la ayuda del servicio técnico de tu compañía de Internet o usando las guías y tutoriales de páginas como ADSLAyuda. ¿Has probado esas herramientas? ¿Es segura tu red WiFi? Sígueme en Twitter: @remoquete Este artículo fue publicado por primera vez el 13/01/2012, y actualizado el 20/06/2014.

INFORMÁTICA - LLAVES CURVAS


CÓDIGO ASCII Breve historia del Código ASCII : El código ASCII (siglas en ingles para American Standard Code for Information Interchange, es decir Código Americano ( Je! lease estadounidense... ) Estándar para el intercambio de Información ) ( se pronuncia Aski ). Fue creado en 1963 por el Comité Estadounidense de Estándares o "ASA", este organismo cambio su nombre en 1969 por "Instituto Estadounidense de Estándares Nacionales" o "ANSI" como se lo conoce desde entonces. Este código nació a partir de reordenar y expandir el conjunto de símbolos y caracteres ya utilizados en aquel momento en telegrafía por la compañía Bell. En un primer momento solo incluía letras mayúsculas y números, pero en 1967 se agregaron las letras minúsculas y algunos caracteres de control, formando así lo que se conoce como US-ASCII, es decir los caracteres del 0 al 127. Así con este conjunto de solo 128 caracteres fue publicado en 1967 como estándar, conteniendo todos lo necesario para escribir en idioma ingles. En 1981, la empresa IBM desarrolló una extensión de 8 bits del código ASCII, llamada "pagina de código 437", en esta versión se reemplazaron algunos caracteres de control obsoletos, por caracteres gráficos. Además se incorporaron 128 caracteres nuevos, con símbolos, signos, gráficos adicionales y letras latinas, necesarias para la escrituras de textos en otros idiomas, como por ejemplo el español. Así fue como se sumaron los caracteres que van del ASCII 128 al 255. IBM incluyó soporte a esta página de código en el hardware de su modelo 5150, conocido como "IBM-PC", considerada la primera computadora personal. El sistema operativo de este modelo, el "MS-DOS" también utilizaba el código ASCII extendido. Casi todos los sistemas informáticos de la actualidad utilizan el código ASCII para representar caracteres, símbolos, signos y textos (431) . Como utilizar el código ASCII: Sin saberlo lo utilizas todo el tiempo, cada vez que utilizas algún sistema informatico; pero si lo que necesitas es obtener algunos de los caracteres no incluidos en tu teclado debes hacer lo siguiente, por ejemplo: Como escribir con el teclado, o tipear : Abre llave curva - llaves curvas WINDOWS: en computadoras con sistema operativo como Windows 8, Win 7, Vista, Windows Xp, etc. Para obtener la letra, caracter, signo o símbolo "{" : ( Abre llave curva - llaves curvas ) en ordenadores con sistema operativo Windows: 1) Presiona la tecla "Alt" en tu teclado, y no la sueltes. 2) Sin dejar de presionar "Alt", presiona en el teclado numérico el número "123", que es el número de la letra o símbolo "{" en el código ASCII. 3) Luego deja de presionar la tecla "Alt" y... ¡ Ya está listo ! (432) . LINUX: en ordenadores con sistema operativo GNU/Linux, como Ubuntu ( Fedora o Debian solo con escritorio GNOME ). Para obtener la letra, caracter, signo o símbolo "{" : ( Abre llave curva - llaves curvas ) en computadoras con sistema operativo GNU / Linux con escritorio GNOME como UBUNTU : 1) Presiona las teclas "CTRL+SHIFT+u " en tu teclado, y no las sueltes. 2) Sin dejar de presionar "CTRL+SHIFT+u", presiona en el teclado " 7b ", que es el valor hexadecimal de la letra o símbolo "{" en el código ASCII. 3) Luego deja de presionar la tecla "CTRL+SHIFT+u" y... ¡ Ya está listo ! (433) . Lista completa de caracteres, letras, signos y símbolos del código ASCII : Caracteres de control ASCII no imprimibles :codigo ascii 00 = NULL ( Carácter nulo ) codigo ascii 01 = SOH ( Inicio de encabezado ) codigo ascii 02 = STX ( Inicio de texto ) codigo ascii 03 = ETX ( Fin de texto, palo corazon barajas inglesas de poker ) codigo ascii 04 = EOT ( Fin de transmisión, palo diamantes barajas de poker ) codigo ascii 05 = ENQ ( Consulta, palo treboles barajas inglesas de poker ) codigo ascii 06 = ACK ( Reconocimiento, palo picas cartas de poker ) codigo ascii 07 = BEL ( Timbre ) codigo ascii 08 = BS ( Retroceso ) codigo ascii 09 = HT ( Tabulador horizontal ) codigo ascii 10 = LF ( Nueva línea - salto de línea ) codigo ascii 11 = VT ( Tabulador vertical ) codigo ascii 12 = FF ( Nueva página - salto de página ) codigo ascii 13 = CR ( ENTER - retorno de carro ) codigo ascii 14 = SO ( Desplazamiento hacia afuera ) codigo ascii 15 = SI ( Desplazamiento hacia adentro ) codigo ascii 16 = DLE ( Escape de vínculo de datos ) codigo ascii 17 = DC1 ( Control dispositivo 1 ) codigo ascii 18 = DC2 ( Control dispositivo 2 ) codigo ascii 19 = DC3 ( Control dispositivo 3 ) codigo ascii 20 = DC4 ( Control dispositivo 4 ) codigo ascii 21 = NAK ( Confirmación negativa ) codigo ascii 22 = SYN ( Inactividad síncronica ) codigo ascii 23 = ETB ( Fin del bloque de transmisión ) codigo ascii 24 = CAN ( Cancelar ) codigo ascii 25 = EM ( Fin del medio ) codigo ascii 26 = SUB ( Sustitución ) codigo ascii 27 = ESC ( Esc - escape ) codigo ascii 28 = FS ( Separador de archivos ) codigo ascii 29 = GS ( Separador de grupos ) codigo ascii 30 = RS ( Separador de registros ) codigo ascii 31 = US ( Separador de unidades ) codigo ascii 127 = DEL ( DEL - Suprimir, borrar, eliminar ) Caracteres ASCII alfanumericos imprimibles :codigo ascii 32 = espacio ( Espacio en blanco ) codigo ascii 33 = ! ( Signos de exclamacion, signo de admiracion ) codigo ascii 34 = " ( Comillas dobles , comillas altas o inglesas ) codigo ascii 35 = # ( Signo numeral o almohadilla ) codigo ascii 36 = $ ( Signo pesos ) codigo ascii 37 = % ( Signo de porcentaje - por ciento ) codigo ascii 38 = & ( Y - ampersand - et latina ) codigo ascii 39 = ' ( Comillas simples, apóstrofe ) codigo ascii 40 = ( ( Abre paréntesis ) codigo ascii 41 = ) ( Cierra paréntesis ) codigo ascii 42 = * ( Asterisco ) codigo ascii 43 = + ( Signo mas, suma, positivo ) codigo ascii 44 = , ( Coma ) codigo ascii 45 = - ( Signo menos , resta , negativo , guión medio ) codigo ascii 46 = . ( Punto ) codigo ascii 47 = / ( Barra inclinada, división, operador cociente ) codigo ascii 48 = 0 ( Número cero ) codigo ascii 49 = 1 ( Número uno ) codigo ascii 50 = 2 ( Número dos ) codigo ascii 51 = 3 ( Número tres ) codigo ascii 52 = 4 ( Número cuatro ) codigo ascii 53 = 5 ( Número cinco ) codigo ascii 54 = 6 ( Número seis ) codigo ascii 55 = 7 ( Número siete ) codigo ascii 56 = 8 ( Número ocho ) codigo ascii 57 = 9 ( Número nueve ) codigo ascii 58 = : ( Dos puntos ) codigo ascii 59 = ; ( Punto y coma ) codigo ascii 60 = < ( Menor que ) codigo ascii 61 = = ( Signo igual, igualdad, igual que ) codigo ascii 62 = > ( Mayor que ) codigo ascii 63 = ? ( Cierra signo interrogación ) codigo ascii 64 = @ ( Arroba ) codigo ascii 65 = A ( Letra A mayúscula ) codigo ascii 66 = B ( Letra B mayúscula ) codigo ascii 67 = C ( Letra C mayúscula ) codigo ascii 68 = D ( Letra D mayúscula ) codigo ascii 69 = E ( Letra E mayúscula ) codigo ascii 70 = F ( Letra F mayúscula ) codigo ascii 71 = G ( Letra G mayúscula ) codigo ascii 72 = H ( Letra H mayúscula ) codigo ascii 73 = I ( Letra I mayúscula ) codigo ascii 74 = J ( Letra J mayúscula ) codigo ascii 75 = K ( Letra K mayúscula ) codigo ascii 76 = L ( Letra L mayúscula ) codigo ascii 77 = M ( Letra M mayúscula ) codigo ascii 78 = N ( Letra N mayúscula ) codigo ascii 79 = O ( Letra O mayúscula ) codigo ascii 80 = P ( Letra P mayúscula ) codigo ascii 81 = Q ( Letra Q mayúscula ) codigo ascii 82 = R ( Letra R mayúscula ) codigo ascii 83 = S ( Letra S mayúscula ) codigo ascii 84 = T ( Letra T mayúscula ) codigo ascii 85 = U ( Letra U mayúscula ) codigo ascii 86 = V ( Letra V mayúscula ) codigo ascii 87 = W ( Letra W mayúscula ) codigo ascii 88 = X ( Letra X mayúscula ) codigo ascii 89 = Y ( Letra Y mayúscula ) codigo ascii 90 = Z ( Letra Z mayúscula ) codigo ascii 91 = [ ( Abre corchetes ) codigo ascii 92 = \ ( Barra invertida , contrabarra , barra inversa ) codigo ascii 93 = ] ( Cierra corchetes ) codigo ascii 94 = ^ ( Intercalación - acento circunflejo ) codigo ascii 95 = _ ( Guión bajo , subrayado , subguión ) codigo ascii 96 = ` ( Acento grave ) codigo ascii 97 = a ( Letra a minúscula ) codigo ascii 98 = b ( Letra b minúscula ) codigo ascii 99 = c ( Letra c minúscula ) codigo ascii 100 = d ( Letra d minúscula ) codigo ascii 101 = e ( Letra e minúscula ) codigo ascii 102 = f ( Letra f minúscula ) codigo ascii 103 = g ( Letra g minúscula ) codigo ascii 104 = h ( Letra h minúscula ) codigo ascii 105 = i ( Letra i minúscula ) codigo ascii 106 = j ( Letra j minúscula ) codigo ascii 107 = k ( Letra k minúscula ) codigo ascii 108 = l ( Letra l minúscula ) codigo ascii 109 = m ( Letra m minúscula ) codigo ascii 110 = n ( Letra n minúscula ) codigo ascii 111 = o ( Letra o minúscula ) codigo ascii 112 = p ( Letra p minúscula ) codigo ascii 113 = q ( Letra q minúscula ) codigo ascii 114 = r ( Letra r minúscula ) codigo ascii 115 = s ( Letra s minúscula ) codigo ascii 116 = t ( Letra t minúscula ) codigo ascii 117 = u ( Letra u minúscula ) codigo ascii 118 = v ( Letra v minúscula ) codigo ascii 119 = w ( Letra w minúscula ) codigo ascii 120 = x ( Letra x minúscula ) codigo ascii 121 = y ( Letra y minúscula ) codigo ascii 122 = z ( Letra z minúscula ) codigo ascii 123 = { ( Abre llave curva - llaves curvas ) codigo ascii 124 = | ( Barra vertical, pleca , linea vertical ) codigo ascii 125 = } ( Cierra llave - llaves curvas ) codigo ascii 126 = ~ ( Signo de equivalencia , tilde o virgulilla de la ñ ) Caracteres ASCII extendidos imprimibles :codigo ascii 128 = Ç ( Letra C cedilla mayúscula ) codigo ascii 129 = ü ( Letra u minúscula con diéresis ) codigo ascii 130 = é ( Letra e minúscula con acento agudo ) codigo ascii 131 = â ( Letra a minúscula con acento circunflejo ) codigo ascii 132 = ä ( Letra a minúscula con diéresis ) codigo ascii 133 = à ( Letra a minúscula con acento grave ) codigo ascii 134 = å ( Letra a minúscula con anillo ) codigo ascii 135 = ç ( Letra c cedilla minúscula ) codigo ascii 136 = ê ( Letra e minúscula con acento circunflejo ) codigo ascii 137 = ë ( Letra e minúscula con diéresis ) codigo ascii 138 = è ( Letra e minúscula con acento grave ) codigo ascii 139 = ï ( Letra i minúscula con diéresis ) codigo ascii 140 = î ( Letra i minúscula con acento circunflejo ) codigo ascii 141 = ì ( Letra i minúscula con acento grave ) codigo ascii 142 = Ä ( Letra A mayúscula con diéresis ) codigo ascii 143 = Å ( Letra A mayúscula con anillo ) codigo ascii 144 = É ( Letra E mayúscula con acento agudo ) codigo ascii 145 = æ ( Diptongo latino ae minúscula ) codigo ascii 146 = Æ ( Diptongo latino AE mayúscula ) codigo ascii 147 = ô ( Letra o minúscula con acento circunflejo ) codigo ascii 148 = ö ( Letra o minúscula con diéresis ) codigo ascii 149 = ò ( Letra o minúscula con acento grave ) codigo ascii 150 = û ( Letra u minúscula con acento circunflejo ) codigo ascii 151 = ù ( Letra u minúscula con acento grave ) codigo ascii 152 = ÿ ( Letra y minúscula con diéresis ) codigo ascii 153 = Ö ( Letra O mayúscula con diéresis ) codigo ascii 154 = Ü ( Letra U mayúscula con diéresis ) codigo ascii 155 = ø ( Letra o minúscula con barra inclinada ) codigo ascii 156 = £ ( Signo Libra Esterlina ) codigo ascii 157 = Ø ( Letra O mayúscula con barra inclinada ) codigo ascii 158 = × ( Signo de multiplicación ) codigo ascii 159 = ƒ ( Símbolo de función, florín neerlandés ) codigo ascii 160 = á ( Letra a minúscula con acento agudo ) codigo ascii 161 = í ( Letra i minúscula con acento agudo ) codigo ascii 162 = ó ( Letra o minúscula con acento agudo ) codigo ascii 163 = ú ( Letra u minúscula con acento agudo ) codigo ascii 164 = ñ ( Letra eñe minúscula - letra n con tilde - enie ) codigo ascii 165 = Ñ ( Letra EÑE mayúscula - letra N con tilde - ENIE ) codigo ascii 166 = ª ( Ordinal femenino, indicador de genero femenino ) codigo ascii 167 = º ( Ordinal masculino, indicador de genero masculino ) codigo ascii 168 = ¿ ( Abre signo interrogacion ) codigo ascii 169 = ® ( Símbolo de Marca Registrada ) codigo ascii 170 = ¬ ( Signo de negacion ) codigo ascii 171 = ½ ( Un medio, mitad, fracción ) codigo ascii 172 = ¼ ( Un cuarto, cuarta parte, fracción ) codigo ascii 173 = ¡ ( Abre signos de exclamacion, signo de admiracion ) codigo ascii 174 = « ( Abre comillas bajas, angulares, latinas o españolas ) codigo ascii 175 = » ( Cierra comillas bajas, angulares, latinas o españolas ) codigo ascii 176 = ░ ( Bloque color tramado densidad baja, carácter gráfico ) codigo ascii 177 = ▒ ( Bloque color tramado densidad media, gráfico ) codigo ascii 178 = ▓ ( Bloque color tramado densidad alta, carácter gráfico ) codigo ascii 179 = │ ( Línea simple vertical de recuadro gráfico ) codigo ascii 180 = ┤ ( Línea vertical con empalme de recuadro gráfico ) codigo ascii 181 = Á ( Letra a mayúscula con acento agudo ) codigo ascii 182 = Â ( Letra A mayúscula con acento circunflejo ) codigo ascii 183 = À ( Letra A mayúscula con acento grave ) codigo ascii 184 = © ( Símbolo Copyright, bajo derecho de autor ) codigo ascii 185 = ╣ ( Doble línea vertical empalme izquierdo, gráfico ) codigo ascii 186 = ║ ( Líneas doble vertical de recuadro gráfico, verticales ) codigo ascii 187 = ╗ ( Línea doble esquina superior derecha de recuadro ) codigo ascii 188 = ╝ ( Línea doble esquina inferior derecha de recuadro ) codigo ascii 189 = ¢ ( Signo centavo, céntimo o centésimo ) codigo ascii 190 = ¥ ( Signo monetario YEN japonés, YUAN chino ) codigo ascii 191 = ┐ ( Línea simple esquina de recuadro gráfico ) codigo ascii 192 = └ ( Línea simple esquina de recuadro gráfico ) codigo ascii 193 = ┴ ( Línea horizontal con empalme de recuadro gráfico ) codigo ascii 194 = ┬ ( Línea horizontal con empalme de recuadro gráfico ) codigo ascii 195 = ├ ( Línea vertical con empalme de recuadro gráfico ) codigo ascii 196 = ─ ( Línea simple horizontal de recuadro gráfico ) codigo ascii 197 = ┼ ( Líneas simples empalmes de recuadro gráfico ) codigo ascii 198 = ã ( Letra a minúscula con tilde ) codigo ascii 199 = Ã ( Letra A mayúscula con tilde ) codigo ascii 200 = ╚ ( Línea doble esquina inferior izquierda de recuadro ) codigo ascii 201 = ╔ ( Línea doble esquina superior izquierda de recuadro ) codigo ascii 202 = ╩ ( Doble línea horizontal empalme arriba, recuadro ) codigo ascii 203 = ╦ ( Doble línea horizontal empalme abajo, recuadro ) codigo ascii 204 = ╠ ( Doble línea vertical empalme derecho, recuadro ) codigo ascii 205 = ═ ( Líneas doble horizontales de recuadro gráfico ) codigo ascii 206 = ╬ ( Líneas dobles cruce de líneas de recuadro gráfico ) codigo ascii 207 = ¤ ( Signo monetario - divisa general ) codigo ascii 208 = ð ( Letra eth latina minúscula ) codigo ascii 209 = Ð ( Letra eth latina mayúscula ) codigo ascii 210 = Ê ( Letra E mayúscula con acento circunflejo ) codigo ascii 211 = Ë ( Letra E mayúscula con diéresis ) codigo ascii 212 = È ( Letra E mayúscula con acento grave ) codigo ascii 213 = ı ( Letra minuscula i sin punto ) codigo ascii 214 = Í ( Letra i mayúscula con acento agudo ) codigo ascii 215 = Î ( Letra I mayúscula con acento circunflejo ) codigo ascii 216 = Ï ( Letra i mayúscula con diéresis ) codigo ascii 217 = ┘ ( Línea simple esquina de recuadro gráfico ) codigo ascii 218 = ┌ ( Línea simple esquina de recuadro gráfico ) codigo ascii 219 = █ ( Bloque color pleno solido, carácter gráfico ) codigo ascii 220 = ▄ ( Medio bloque color pleno, mitad inferior, carácter gráfico ) codigo ascii 221 = ¦ ( Barra vertical partida ) codigo ascii 222 = Ì ( Letra I mayúscula con acento grave ) codigo ascii 223 = ▀ ( Medio bloque color pleno, mitad superior, carácter gráfico ) codigo ascii 224 = Ó ( Letra o mayúscula con acento agudo ) codigo ascii 225 = ß ( Letra alemana eszett o ese-zeta ) codigo ascii 226 = Ô ( Letra O mayúscula con acento circunflejo ) codigo ascii 227 = Ò ( Letra O mayúscula con acento grave ) codigo ascii 228 = õ ( Letra o minúscula con tilde ) codigo ascii 229 = Õ ( Letra O mayúscula con tilde ) codigo ascii 230 = µ ( Signo micro ) codigo ascii 231 = þ ( Letra latina thorn minúscula ) codigo ascii 232 = Þ ( Letra latina thorn mayúscula ) codigo ascii 233 = Ú ( Letra U mayúscula con acento agudo ) codigo ascii 234 = Û ( Letra U mayúscula con acento circunflejo ) codigo ascii 235 = Ù ( Letra U mayúscula con acento grave ) codigo ascii 236 = ý ( Letra y minúscula con acento agudo ) codigo ascii 237 = Ý ( Letra Y mayúscula con acento agudo ) codigo ascii 238 = ¯ ( Macron (marca larga), superguión, guión alto ) codigo ascii 239 = ´ ( Acento agudo ) codigo ascii 240 = ≡ ( Símbolo matemático de congruencia ) codigo ascii 241 = ± ( Signo mas menos ) codigo ascii 242 = ‗ ( ASCII 242 ) codigo ascii 243 = ¾ ( Tres cuartos, fracción ) codigo ascii 244 = ¶ ( Fin de párrafo - signo de calderón ) codigo ascii 245 = § ( Signo de sección ) codigo ascii 246 = ÷ ( Signo de división ) codigo ascii 247 = ¸ ( Cedilla , virgulilla baja ) codigo ascii 248 = ° ( Signo de grado, anillo ) codigo ascii 249 = ¨ ( Diéresis ) codigo ascii 250 = · ( Punto centrado, punto medio, coma georgiana ) codigo ascii 251 = ¹ ( Superíndice uno ) codigo ascii 252 = ³ ( Superíndice tres , potencia tres , al cubo ) codigo ascii 253 = ² ( Superíndice dos , al cuadrado ) codigo ascii 254 = ■ ( ASCII 254 ) codigo ascii 255 = nbsp ( Espacio sin separación - non breaking space )

domingo, 2 de noviembre de 2014

ESPAÑA DEBÁTICO-ABC.es - (Debate ético)


ESPAÑA / DEBATE ÉTICO La corrupción constituyente POR GABRIEL ALBIAC Día 02/11/2014 - 15.39h España está entre los países europeos peor dotados para que el automatismo de la corrupción política pueda ser interferido con solidez La corrupción constituyente NIETO «Con las mismas letras se componen una tragedia y una comedia». Puede ser el más asombroso de los textos de Aristóteles. Y es, sin duda, el que nos suena más cercano. Acerca de la generación y la corrupción es un tratado de los seres vivos: o sea, de los seres que mueren. Sólo no muere lo muerto, desarrolla allí el filósofo. Llamamos vida al decurso determinado de las formas de ser que en el curso del tiempo se corrompen, se descomponen, pierden la transitoria solidez de su estructura. Acotando esa fuga de descomposición, somos hombres y hombres libres: animales en consciente lucha con lo efímero que los horada. Si algún contenido tienen ética y política, en ese combate debemos edificarlo. Sabiendo que el monstruo estará siempre allí, que la corrupción va en el destino paradójico de lo humano, que bastará un descuido o una debilidad para que pueda tomar de nuevo nuestras vidas en sus manos, que no hay victoria irreversible sobre ella… Y resistir al cansancio y seguirla combatiendo. Bajo todas sus máscaras. Con las mismas letras se componen democracia y corrupción. Que no hablan lenguas ajenas. La descomposición acecha siempre a los sistemas democráticos, al modo en que dice Aristóteles que muerte y corrupción son parte de la vida. Y, aun en sus enfermedades más mortales, la democracia es el más vivo de los modelos políticos. O el menos fósil. También, el más vulnerable. Por eso, sus primeros teóricos modernos, en el siglo XVII, hacían tan expresa su angustia ante lo fácil que es darle muerte. Y su amargura ante la blindada estabilidad de las tiranías. La libertad es tan exaltadora cuanto arriesgada. Los despotismos asientan su control completo sobre la supresión de cualquier autonomía individual. Frente a eso, la libertad abre a un mundo en el cual nada está decidido: lo mejor y lo peor son entonces posibles. A ese riesgo buscaba, en 1748, hacer frente la fórmula de Montesquieu que tanto irritaba a los socialistas españoles de la transición: «es necesario que por la disposición de las cosas, el poder contrarreste al poder». El Estado moderno es un máquina de acumular poder sin precedente. La independencia de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, al fragmentar esa máquina, permite al ciudadano sobrevivir en los intersticios que el conflicto de poderes permite salvaguardar. El poder legislativo que produce leyes y normas, el poder ejecutivo que gobierna conforme a lo que la ley dicta y el poder judicial que controla que los otros dos queden sometidos a las leyes, configuran el juego de tensiones sin el cual el ciudadano quedaría laminado por la arbitrariedad de una máquina de dimensiones colosales. Si la división, autonomía y contraposición de poderes es la condición previa a cualquier constitución democrática, ello deriva, no de «consenso» alguno -el consenso o consentimiento es una categoría de Ancien Régime-. La democracia se asienta sobre la desconfianza esencial que deriva de un principio básico: todo poder que no sea contrapesado tenderá a erigirse en absoluto. No hay más garantía, frente a eso, que el juego de conflictos entre poderes que se vigilen los unos a los otros. La Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 dará a ese principio su forma constitucional canónica: «Toda sociedad en la cual la garantía de los derechos no esté asegurada y la división de poderes no esté determinada, no posee constitución». En España, la ley Orgánica del Poder Judicial de 1985 acabó con tal principio de división y autonomía, que el texto de 1978 afirmaba aún formalmente. Y el gobierno de los jueces pasó a ser equitativamente repartido entre los partidos parlamentarios. Lo que es lo mismo, a ser la extensión judicial de ellos. De ese modo, el poder judicial, de cuya independencia podían temer los partidos un control que los ajustase -como a todo ciudadano- a ley, quedó irreversiblemente quebrado. Y la puerta de la corrupción impune fue abierta. La coartada inicial de tal blindaje frente al control judicial buscó justificarse sobre la fragilidad de los partidos en una sociedad recién salida de la dictadura. Y sobre la necesidad de no imponer controles excesivos a sus procedimientos de financiación. Pero la contigüidad de eso con el delito iba a quedar manifiesta muy pronto. La propia Constitución encomendaba la gestión del suelo a las autoridades municipales. De inmediato se vio por qué. La recalificación de terrenos movía beneficios literalmente indescriptibles. Los constructores entendieron enseguida que la prosperidad de sus negocios dependía de la benevolencia con que las autoridades locales operaran. Lo a cambio de ello pagado, era de sobra rentable. Lo recibido indujo una súbita euforia en las cuentas de los partidos. Al cabo de muy pocos años, el primer escalón de esos partidos era propiedad privada de las grandes empresas inmobiliarias. Las Cajas de Ahorros se convirtieron simultáneamente en los bancos privados de partidos y, por extensión, sindicatos. Poseían todas las atribuciones de cualquier entidad financiera. Pero su dirección no se ajustaba a criterio de accionistas y propietarios. Sus consejos fueron la madriguera de cargos directamente designados por los partidos: por todos los representados en las instancias autonómicas concernidas. Y operaron al servicio exclusivo de los intereses de esos partidos. Ningún criterio de rentabilidad financiera regía sus actuaciones. Y sí dos diferenciadas funciones políticas: garantizar las finanzas partidarias y asegurar, en la medida de lo posible, la satisfacción de las clientelas electorales. Las tarjetas «invisibles» de los consejeros de Bankia son la dimensión más grotesca, y en lo personal más envilecedora, de esa estafa. Consagraban la impunidad de hombres de partido y de sindicato a la hora de no rendir cuentas ni a Hacienda ni a nadie de sus abusos. Pero la verdadera estafa, la corrupción a escala mastodóntica está en el sistema de créditos y ayudas, políticamente orientados, que ha sido su función durante estas más ya de tres decenios. Y es altamente poco probable que lleguemos a conocer nunca con exactitud esas cifras. Puede que, en un primer momento, quienes pusieron en pie el entramado financiero que acabó por tragarse cualquier sombra de política o ideología soñasen que aquello iba a quedarse en saqueo al solo beneficio de las arcas del partido o del sindicato; y que, como tal, se trataría de un bandolerismo benevolente. Pero se hace duro creer que nadie con una cabeza medianamente adulta pudiera pensar que aquellos que movían beneficios negros de cientos de millones no se llevasen su merecida parte personal en el negocio. La utilización de la política como fuente de ingresos, en diversas tonalidades negras, no fue nunca una excepción ni una onerosa irregularidad de específicos sinvergüenzas con nombres y apellidos. Que los hubo, pero que son en esta historia sólo anécdota. La corrupción en España fue una potencia constituyente. Porque alzó el pilar financiero de un Estado parasitado por esa oligarquía de partidos políticos que ante ninguna ley, que ante ningún control efectivo, tenían por qué rendir cuentas. La reduplicación de las administraciones hacía esa maraña financiera aún más inextricable. Las comunidades autónomas han funcionado como simulacros de Estado en los cuales las prácticas de impunidad y saqueo podían ser multiplicadas al infinito. El caso andaluz es casi una caricatura. Versión modernizada del viejo caciquismo, en la cual la distribución benévola de subvenciones sin otra función que la de garantizar la servidumbre de un voto literalmente esclavo, ha servido para encubrir el saqueo brutal que hace posible un gobierno monolítico de casi cuarenta años. Una Sicilia a gran escala, en la cual no existe otra garantía de supervivencia que el carnet de partido, estanca a buena parte del sur español en un anacronismo económico para el cual no parece, hoy por hoy, haber salida. Cataluña ha dado en ser el coto privado de quienes supieron hacer de las mitologías localistas lo que hace siempre ese tipo de farsantes: un metódico saqueo en nombre de la patria maltratada, que hasta se le fue de la lengua a Maragall en sus años de presidente. Y la fuga adelante, si los jueces apuntan a la cabeza de esa tela de araña que lo invadió todo, ofrece pocas dudas en cuanto a su desarrollo: mejor ruina e independencia que devolución de todo lo robado. Lo que se juega tras la solemnidad de las proclamas de los continuadores de Pujol en sus diversas ramas es el miedo cerval a rendir cuentas y acabar en la cárcel. La corrupción fue un negocio fantástico. Para los partidos políticos. Y para un buen puñado de sus más altos miembros. Beneficios inmensos y riesgo nulo. Pero también en esas cosas conviene ser algo cauto, guardar cierto sentido de la medida. Y no exhibir el robo como aquí se ha exhibido. Fueron demasiado lejos. Todos. Pero eso pasa siempre cuando la impunidad prima. El robo fue tomando tales dimensiones, prescindió hasta tal punto de cualquier disimulo, que hasta el más resignado ciudadano acabó por percibirlo como la mofa sangrienta de una casta aparte. No es la primera vez que estalla ese brutal desafecto de la ciudadanía hacia aquellos en quienes supuso poder delegar el rumbo de su destino razonablemente. Y el desafecto acaba ahora inexorablemente en cólera. Y la cólera acabará por llevarse todo por delante. La tentación populista está a la puerta: como un cálido consuelo sentimental para los hartos. Sucedáneo escénico de la fría racionalidad política, de la cual sólo vino corrupción y ruina. Y esa tentación populista sólo puede traer lo pésimo. La Europa de entreguerras sabe de ello en su forma más dramática. Y de ello sabe -en versión tragicómica- la Italia que vio, entre 1992 y 1994 volatilizarse en el aire a los dos partidos que, durante medio siglo, tuvieron el práctico monopolio del parlamento italiano. Partido Comunista y Democracia Cristiana se extinguieron. De la noche a la mañana. Puede que esto que está viniendo aquí no sea tan distinto. Como nada distinto hay entre el populismo que allí los sucedió y el populismo que aquí aguarda recoger su herencia: televisión más demagogia. Y un completo desprecio por la racionalidad política. La ruina que vendrá de eso ofrece pocas dudas. Pero, ¡vaya usted a hablarle de racionalidad económica y de ruina al ciudadano terminalmente cabreado! El ciudadano terminalmente cabreado sólo quiere venganza. Y está bastante en su derecho. Aunque de esa venganza acabe por venirle a él mismo lo peor de todo. En los meses más duros del Gran Terror del año 1794, Robespierre formulará su tesis extrema. Una Constitución, dice, sólo puede erigirse o sobre la corrupción o sobre el terror, no hay otro fundamento sólido del Estado moderno. Frente al rival modelo inglés, que ha dispuesto de los recursos económicos precisos para comprarse entero el lote del Viejo Régimen y hacer de él ornamento funcional del Nuevo, él va a apostar por el segundo. Y por la muerte. Lo más definitorio de la democracia moderna es el estar genéticamente vinculada a la corrupción, desde su origen mismo: la representación de los muchísimos por los muy pocos; y la delegación en los casi ninguno del mayor cúmulo de dinero que haya administrado jamás institución conocida, el que recauda una relojería impositiva que no tiene precedente aproximado en la historia. La Hacienda Pública, joya de la corona del Estado moderno, es el perecedero barro del cual está cocida su esencial aptitud para ser corrupto. Mejor eso, desde luego, que asesino. O menos malo. Pero toda democracia con un curso lo suficientemente largo sabe hasta qué punto no obstaculizar ese automatismo, mediante las codificadas trabas que un poder judicial autónomo regule, es adentrarse en la pendiente del suicidio. De entre los países europeos en diverso grado democrático, España está entre los peor dotados para que el automatismo de la corrupción política pueda ser sólidamente interferido. Está la ley que corrompió -o sea, descompuso- la independencia del poder judicial en 1985. Estaba, desde la Constitución misma, el artículo que ponía bajo exclusiva tutela municipal la recalificación del suelo, y que ha sido el primer y más estable foco de soborno en la política española, sin distinción de partidos. Están las Autonomías, está la devastación del tejido social que hace que aquí, ninguna forma organizativa que no sea la de los partidos sobreviva al aniquilamiento. Todo en España se ha codificado para que la corrupción funcione con precisión automática de reloj suizo. Y sea indispensable para la supervivencia del sistema. ¿Qué porcentaje del dinero que bancos y cajas prestan a partidos y sindicatos es jamás devuelto? ¿Qué cifras puso el ladrillo a disposición indistinta de todos los partidos? ¿Cómo hacer que el contribuyente sepa, al menos, la cifra aproximada de cuanto le fue robado? ¿Hasta dónde va a seguir la ficción? -Hasta donde Aristóteles sabe que sigue siempre: «Con las mismas letras se compone una tragedia o una comedia». Peor aún, una farsa. Y puede que esté en puertas.

sábado, 25 de octubre de 2014

Biografía de Alfonsina Storni (29 de Mayo de 1892 - 25 de Octubre de 1938)


- MONUMENTO A ALFONSINA Biografía de Alfonsina Storni (29 de Mayo de 1892 - 25 de Octubre de 1938) http://www.los-poetas.com/j/bioastorni.htm La autora La familia Storni -el padre de Alfonsina y varios hermanos mayores- llegó a la provincia de San Juan desde Lugano, Suiza, en 1880. Fundaron una pequeña empresa familiar, y años después, las botellas de cerveza etiquetadas «Cerveza Los Alpes, de Storni y Cía», circulan por toda la región. Los padres de Alfonsina viajaron a Suiza en el año 1891, junto con sus dos pequeños hijos. En 1892, el 29 de mayo, nació en Sala Capriasca Alfonsina, la tercera hija del matrimonio Storni. Llevó el nombre del padre, de un padre melancólico y raro. Más tarde le diría a su amigo Fermín Estrella Gutiérrez: «me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo». Alfonsina aprendió a hablar en italiano, y en 1896 vuelven a San Juan, de donde son sus primeros recuerdos. «Estoy en San Juan, tengo cuatro años; me veo colorada, redonda, chatilla y fea. Sentada en el umbral de mi casa, muevo los labios como leyendo un libro que tengo en la mano y espío con el rabo del ojo el efecto que causo en el transeúnte. Unos primos me avergüenzan gritándome que tengo el libro al revés y corro a llorar detrás de la puerta». En 1901, la familia se trasladó nuevamente, esta vez a la ciudad de Rosario, un próspero puerto del litoral. Paulina, la madre, abrió una pequeña escuela domiciliaria, y pasa a ser la cabeza de una familia numerosa, pobre y sin timón. Instalaron el «Café Suizo», cerca de la estación de tren, pero el proyecto fracasó. Alfonsina lavaba platos y atendía las mesas, a los diez años. Las mujeres comenzaron a trabajar de costureras. Alfonsina decide emplearse como obrera en una fábrica de gorras. En 1907 llega a Rosario la compañía de Manuel Cordero, un director de teatro que recorría las provincias. Alfonsina reemplaza a una actriz que se enferma. Esto la decide a proponerle a su madre que le permita convertirse en actriz y viajar con la compañía. Recorre Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán. Después dirá que representó Espectros, de Ibsen, La loca de la casa, de Pérez Galdós, y Los muertos, de Florencio Sánchez. En sus cartas al filólogo español don Julio Cejador Alfonsina resume algunos momentos de su vida. Refiriéndose a esta época, le dirá: «A los trece años estaba en el teatro. Este salto brusco, hijo de una serie de casualidades, tuvo una gran influencia sobre mi actividad sensorial, pues me puso en contacto con las mejores obras del teatro contemporáneo y clásico (…). Pero casi una niña y pareciendo ya una mujer, la vida se me hizo insoportable. Aquel ambiente me ahogaba. Torcí rumbos…». Luego, en un reportaje de la revista El Hogar, contará que al regresar escribió su primera obra de teatro, Un corazón valiente, de la que no han quedado testimonios. Cuando volvió a Rosario se encuentra con que su madre se ha casado y vive en Bustinza. La poeta decide estudiar la carrera de maestra rural en Coronda, y allí recibe su título profesional. Gana un lugar sobresaliente en la comunidad escolar, consigue un puesto de maestra y se vincula a dos revistas literarias, Mundo Rosarino y Monos y Monadas. Allí aparecen sus poemas durante todo ese año, y si bien no hay testimonio de ellos, sí sabemos de otros publicados al año siguiente en Mundo Argentino, y que tienen resonancias hispánicas. Poeta en Buenos Aires Al terminar el año de 1911, decide trasladarse a Buenos Aires. «En su maleta traía pobre y escasa ropa, unos libros de Darío y sus versos». Así, con nostalgia, evoca su hijo Alejandro la llegada. Pobre equipaje para enfrentarse con una ciudad que estaba abierta al mundo, con las expectativas puestas en esa inmigración que traería nuevas manos para producir y nuevas formas de convivencia. El nacimiento de su hijo Alejandro, el 21 de abril de 1912, define en su vida una actitud de mujer que se enfrenta sola a sus decisiones. Trabaja como cajera en la tienda «A la ciudad de México», en Florida y Sarmiento. También en la revista Caras y Caretas. Su primer libro, La inquietud del rosal, publicado con grandes dificultades económicas, apareció en 1916. En un homenaje al novelista Manuel Gálvez, por primera vez en Buenos Aires, en esta clase de reuniones, aparece Alfonsina recitando con aplomo sus propios versos. En junio de 1916, aparece en Mundo Argentino un poema titulado «Versos otoñales». Aunque los versos son apenas aceptables, sorprende su capacidad de mirarse por dentro, que por entonces no era común en los poetas de su generación. Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas He sentido el otoño; sus achaques de viejo Me han llenado de miedo; me ha contado el espejo Que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas. Sus amigos los poetas modernistas Amado Nervo, el poeta mejicano paladín del modernismo junto con Rubén Darío, publica sus poemas también en Mundo Argentino, y esto da una idea de lo que significaría para ella, una muchacha desconocida, de provincia, el haber llegado hasta aquellas páginas. En 1919 Nervo llega a la Argentina como embajador de su país, y frecuenta las mismas reuniones que Alfonsina. Ella le dedica un ejemplar de La inquietud del rosal, y lo llama en su dedicatoria «poeta divino». Vinculada entonces a lo mejor de la vanguardia novecentista, que empezaba a declinar, en el archivo de la Biblioteca Nacional uruguaya hay cartas al uruguayo José Enrique Rodó, otro de los escritores principales de la época, modernista autor de Ariel y de Los motivos de Proteo, ambos libros pilares de una interpretación de la cultura americana. El uruguayo escribía, como ella, en Caras y Caretas y era, junto con Julio Herrera y Reissig, el jefe indiscutido del nuevo pensamiento en el Uruguay. Ambos contribuyeron a esclarecer los lineamientos intelectuales americanos a principios de siglo, como lo hizo también Manuel Ugarte, cuya amistad le llegó a Alfonsina junto con la de José Ingenieros. Su voluntad no la abandona, y sigue escribiendo. En mejores condiciones publica El dulce daño, en 1918. El 18 de abril de 1918 se le ofrece una comida en el restaurante Génova, de la calle Paraná y Corrientes, donde se reunía mensualmente el grupo de Nosotros, y en esa oportunidad se celebra la aparición de El dulce daño. Los oradores son Roberto Giusti y José Ingenieros, su gran amigo y protector, a veces su médico. Alfonsina se está reponiendo de la gran tensión nerviosa que la obligó a dejar momentáneamente su trabajo en la escuela, pero su cansancio no le impide disfrutar de la lectura de su «Nocturno», hecha por Giusti, en traducción al italiano de Folco Testena También en 1918 Alfonsina recibe una medalla de miembro del Comité Argentino Pro Hogar de los Huérfanos Belgas, junto con Alicia Moreau de Justo y Enrique del Valle Iberlucea. Años atrás, cuando empezó la guerra, Alfonsina había aparecido como concurrente a un acto en defensa de Bélgica, con motivo de la invasión alemana. Comienzan sus visitas a la ciudad de Montevideo, donde hasta su muerte frecuentará amigos uruguayos. Juana de Ibarbourou lo contó años después de la muerte de la poetisa argentina: «En 1920 vino Alfonsina por primera vez a Montevideo. Era joven y parecía alegre; por lo menos su conversación era chispeante, a veces muy aguda, a veces también sarcástica. Levantó una ola de admiración y simpatía… Un núcleo de lo más granado de la sociedad y de la gente intelectual la rodeó siguiéndola por todos lados. Alfonsina, en ese momento, pudo sentirse un poco reina». La amistad de Quiroga, el escritor de la selva En 1922, Alfonsina ya frecuentaba la casa del pintor Emilio Centurión, de donde surgiría posteriormente el grupo Anaconda. Allí conoció, seguramente, al escritor uruguayo Horacio Quiroga, que había llegado de su refugio en San Ignacio, Misiones, durante el año 1916. Su personalidad debió atraer a Alfonsina. Un hombre marcado por el destino, perseguido por los suicidios de seres queridos, que, además, se había atrevido a exiliarse en Misiones, e intentado allí forjar un paraíso. En 1922, era ya el autor de sus libros más importantes, Cuentos de la selva, Anaconda, El desierto. Vivía modestamente de sus colaboraciones en diarios y revistas y desempeñó un papel protagónico en el intento de profesionalizar la escritura. Alfonsina había publicado sus libros Irremediablemente (1919) y Languidez (1920). La amistad con Quiroga fue la de dos seres distintos. Cuenta Norah Lange que en una de sus reuniones, adonde iban todos los escritores de la época, jugaron una tarde a las prendas. El juego consistió en que Alfonsina y Horacio besaran al mismo tiempo las caras de un reloj de cadena, sostenido por Horacio. Este, en un rápido ademán, escamoteó el reloj precisamente en el momento en que Alfonsina aproximaba a él sus labios, y todo terminó en un beso. Quiroga la nombra frecuentemente en sus cartas, sobre todo entre los años 1919 y 1922, y su mención la destaca de un grupo donde había no sólo otras mujeres sino también otras escritoras. Sin embargo, cuando Quiroga resuelve irse a Misiones en 1925, Alfonsina no lo acompaña. Quiroga le pide que se vaya con él y ella, indecisa, consulta con su amigo el pintor Benito Quinquela Martín. Aquél, hombre ordenado y sedentario, le dice: «¿Con ese loco? ¡No!». Un nuevo camino para la poesía En el año 1923, la revista Nosotros, que lideraba la difusión de la nueva literatura argentina, y con hábil manejo formaba la opinión de los lectores, publicó una encuesta, dirigida a los que constituyen «la nueva generación literaria». La pregunta está formulada sencillamente: «¿Cuáles son los tres o cuatro poetas nuestros, mayores de treinta años, que usted respeta más?». Alfonsina Storni tenía en ese entonces treinta y un años recién cumplidos, es decir, que apenas bordeaba la cifra exigida para constituirse en «maestro de la nueva generación». Su libro Languidez, de 1920, había merecido el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura, lo que la colocaba muy por encima de sus pares. Muchas de las respuestas a la encuesta de Nosotros coinciden en uno de los nombres: Alfonsina Storni. Mil novecientos veinticinco fue el año de la publicación de Ocre, un libro que marca un cambio decisivo en su poesía. Desde hace dos años es profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas, y su postura como escritora está absolutamente afianzada entre el público y sus iguales. Por aquella época muere José Ingenieros, y esto la deja un poco más sola. Hasta la casa de la calle Cuba llega una tarde la chilena Gabriela Mistral. El encuentro debió ser importante para la chilena, ya que publicó su relato ese año en El Mercurio. Llamó por teléfono a Alfonsina antes de ir, y le impresionó gratamente su voz, pero le habían dicho que era fea y entonces esperaba una cara que no congeniara con la voz. Por eso cuando la puerta se abre pregunta por Alfonsina, porque la imagen contradice a la advertencia. «Extraordinaria la cabeza, recuerda, pero no por rasgos ingratos, sino por un cabello enteramente plateado, que hace el marco de un rostro de veinticinco años». Insiste: «Cabello más hermoso no he visto, es extraño como lo fuera la luz de la luna a mediodía. Era dorado, y alguna dulzura rubia quedaba todavía en los gajos blancos. El ojo azul, la empinada nariz francesa, muy graciosa, y la piel rosada, le dan alguna cosa infantil que desmiente la conversación sagaz y de mujer madura». La chilena queda impresionada por su sencillez, por su sobriedad, por su escasa manifestación de emotividad, por su profundidad sin trascendentalismos. Y sobretodo por su información, propia de una mujer de gran ciudad, «que ha pasado tocándolo todo e incorporándoselo» (1). El 20 de marzo de 1927 se estrena su obra de teatro, que despertaba las expectativas del público y de la crítica. El día del estreno asistió el presidente Alvear con su esposa, Regina Pacini. Al día siguiente la crítica se ensañó con la obra, y a los tres días tuvo que bajar de cartel. El diario Crítica tituló «Alfonsina Storni dará al teatro nacional obras interesantes cuando la escena le revele nuevos e importantes secretos». La escritora se sintió muy dolida por su fracaso, y trató de explicarlo atribuyéndole la culpa al director y a los actores. Años de equilibrio Alfonsina intervino en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su participación en el gremialismo literario fue intensa. En 1928 viajó a España en compañía de la actriz Blanca de la Vega, y repitió su viaje en 1931, en compañía de su hijo. Allí conoció a otras mujeres escritoras, y la poeta Concha Méndez le dedica algunos poemas. En 1932, publicó sus Dos farsas pirotécnicas: Cimbelina y Polixene y la cocinerita. Está tranquila, colabora en el diario Crítica y en La Nación; sus clases de teatro son la rutina diaria, y su rostro empieza a cambiar. Las canas cubren su cabeza y le dan un aire diferente. En 1931, el Intendente Municipal nombró a Alfonsina jurado y es la primera vez que ese nombramiento recae en una mujer. Alfonsina se alegra de que comiencen a ser reconocidas las virtudes que la mujer, esforzadamente, demuestra. «La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental. Como afirmación de esta limpia verdad, la Intendencia de Buenos Aires declara, en su ciudad, noble la condición femenina», afirma Alfonsina en un diario al referirse a su designación. En la Peña del café Tortoni conoció a Federico García Lorca, durante la permanencia del poeta en Buenos Aires entre octubre de 1933 y febrero de 1934. Le dedicó un poema, «Retrato de García Lorca», publicado luego en Mundo de siete pozos (1934). Allí dice: «Irrumpe un griego /por sus ojos distantes (…). Salta su garganta /hacia afuera /pidiendo /la navaja lunada /aguas filosas (…). Dejad volar la cabeza, /la cabeza sola /herida de hondas marinas /negras…». El 20 de mayo de 1935 Alfonsina fue operada de un cáncer de mama. En 1936 se suicida Horacio Quiroga y ella le dedicó un poema de versos conmovedores y que presagian su propio final: Morir como tú, Horacio, en tus cabales, Y así como en tus cuentos, no está mal; Un rayo a tiempo y se acabó la feria… Allá dirán. Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte Que a las espaldas va. Bebiste bien, que luego sonreías… Allá dirán. El final El veintiséis de enero de 1938, en Colonia, Uruguay, Alfonsina recibe una invitación importante. El Ministerio de Instrucción Pública ha organizado un acto que reunirá a las tres grandes poetisas americanas del momento, en una reunión sin precedentes: Alfonsina, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. La invitación pide «que haga en público la confesión de su forma y manera de crear». Tiene que prepararse en un día y, llena de entusiasmo, escribe su conferencia sobre una valija que ha puesto en las rodillas. Divertida, encuentra un título que le parece muy adecuado: «Entre un par de maletas a medio abrir y las mancillas del reloj». Hacia mitad de año apareció Mascarilla y trébol y una Antología poética con sus poemas preferidos. Los meses que siguen fueron de incertidumbre y temor por la renuencia de la enfermedad. El 23 de octubre viajó a Mar del Plata y hacia la una de la madrugada del martes veinticinco Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió al mar. Esa mañana, dos obreros descubrieron el cadáver en la playa. A la tarde, los diarios titulaban sus ediciones con la noticia: «Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poetisa de América». A su entierro asistieron los escritores y artistas Enrique Larreta, Ricardo Rojas, Enrique Banchs, Arturo Capdevila, Manuel Gálvez, Baldomero Fernández Moreno, Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Alejandro Sirio, Augusto Riganelli, Carlos Obligado, Atilio Chiappori, Horacio Rega Molina, Pedro M. Obligado, Amado Villar, Leopoldo Marechal, Centurión, Pascual de Rogatis, López Buchardo. El 21 de noviembre de 1938, el Senado de la Nación rindió homenaje a la poeta en las palabras del senador socialista Alfredo Palacios. Este dijo: «Nuestro progreso material asombra a propios y extraños. Hemos construido urbes inmensas. Centenares de millones de cabezas de ganado pacen en la inmensurable planicie argentina, la más fecunda de la tierra; pero frecuentemente subordinamos los valores del espíritu a los valores utilitarios y no hemos conseguido, con toda nuestra riqueza, crear una atmósfera propicia donde puede prosperar esa planta delicada que es un poeta». (Tomado del Proyecto Cervantes)

miércoles, 22 de octubre de 2014

José Hernández y «Martín Fierro» en la perspectiva del tiempo1 Ángel J. Battistessa


José Hernández y «Martín Fierro» en la perspectiva del tiempo1 Ángel J. Battistessa Agradezco a la Academia Argentina de Letras la honrosa oportunidad de traer a este recinto, que luce auspiciosamente colmado, las palabras que siguen, modesto pero sincero homenaje en ocasión de un fasto tan significativo para los argentinos. Empecemos por no desaforarnos en el orden -en el desorden, mejor dicho- de la loa empinada y fácil. La crítica en alguna medida válida sólo acierta a desenvolverse según este doble criterio: el de la simpatía y el de la veracidad. El de la simpatía nos allega a los textos en actitud receptora; el de la veracidad nos impone el hábito de las verificaciones objetivas. Por suerte, hoy, a nadie le toca descubrir el Martín Fierro, lo cual no quiere decir que cuanto acerca del mismo poema se ha escrito o se escribe deba sernos impuesto como la Ley y los Profetas. Más allá de la crítica desatentadamente encomiástica, o de los reparos fuera de foco, al cabo de cien años el relato de Hernández puede y debe ser sometido a una revisión o, en términos más precisos, a una verificación de conjunto. A la larga, los árboles impiden ver el bosque. El bosque, en este caso, es la poco ventilada hojarasca de la bibliografía ocasional; es también, si se extrema el análisis, cierta porción de la bibliografía atendible. A riesgo de que el consejo suene a impertinencia, la celebración más oportuna nos parece la relectura del poema: una lectura, si se prefiere, puesta en contraste con los tópicos más difundidos en el transcurso del lapso centenario. Por mi parte, ahora sin oportunidad para más, me permito reiterar, siquiera fragmentariamente, lo que ya queda asentado en otro sitio: en la extensa biografía espiritual de Hernández, casi un libro, que nuestro siempre tan recordado don Rafael Alberto Arrieta alcanzó a encomendarme para uno de los volúmenes de su Historia de la literatura argentina; en la edición crítica, anotada y comentada del poema, ya difundida con varias ediciones; en el trabajo monográfico y las notas y apostillas acerca de las usualmente llamadas -aunque no siempre bien llamadas- lengua y literatura «gauchescas». Cuando una obra es valiosa estas revisiones, cordiales pero no ditirámbicas, en nada pueden perjudicarla. Seguramente alcanzan a beneficiarla, y mucho. Estas revisiones, verificaciones cual queda dicho, concluyen por facilitar una apreciación menos interferida por los prejuicios extraliterarios o las aseveraciones tenazmente repercutidas por la pereza de los repetidores de oficio. Insisto pues en puntos de vista ya anotados en varios lugares y expuestos oralmente en otras ocasiones. No se trata de imponer vistosas novedades, y sí, tan sólo, atenuar la morosidad de esa pereza. En nuestro medio importa ejercer una pauta metódica bastante olvidada o aquí poco practicada desde antaño: la de que cada lector, en vez de atenerse sumisamente al previo patrón sancionado por los críticos, no deje de verificar por sí mismo si lo que en las cátedras y en los libros académicos se dice que hay en tal autor o en tal obra existe realmente o no existe. Entre otros, supieron proponérnoslo, en buen punto, el sistemático Benedetto Croce, el persuasivo T. S. Eliot, y aun Azorín, el «impresionista». Importa no olvidar, de camino, las ventajas con las que se benefician, pero también los riesgos con los que de algún modo terminan por perjudicarse las obras literarias cuando después de un cierto lapso entran en el ámbito de la escolaridad. La bibliografía en torno a Hernández y su poema es ingente, prácticamente inabarcable. Como es sobremanera iterativa, sin grave ofensa para la justicia, una selección es posible, casi podría decirse saludable. Parte grande de esa bibliografía repite, en particular en el orden de la enseñanza, y en el difuso de la opinión corriente, conceptos no siempre acertados. Proceden estos, con alguna frecuencia, de escritores estimables en otros registros pero pasibles de reparo en lo que atañe a sus apreciaciones en torno al recio poema. A maestros tan notorios como Leopoldo Lugones y Ricardo Rojas, y a comentaristas que menciono muy luego, debemos acertos y aseveraciones poco sostenibles. Conste que no se trata de oponer pareceres a pareceres. Lo que en cada caso se afirma debe ir respaldado en el texto y luego en la documentación coetánea, a la verdad poco manejada por nuestros críticos. Reconozcamos que aun cuando la información histórica no es sumaria, el juicio ha solido amenguarse por lo endeble de la fundamentación estética. Pero lo peor no es eso. El juicio se malea, o cuando menos se aproxima a rozar lo arbitrario, cada vez que lo que en verdad importa -el poema- concluye por perder roda resonancia propiamente poética. No se niega la generosidad y la nobleza del alegato pro-gaucho que Hernández incluyó en sus versos; lo que se deplora -lo que debe deplorarse- es la baraúnda de los rumores sobrepuestos, los encomios adventicios: sobre los distingos profesorales, la ocasional cháchara efusiva, las interferencias políticas, el amaño partidista y las reivindicaciones demagógicas, aquí consabidas en diversos tramos de la actividad ciudadana. Si se la cumple al margen de todo afán polémico, por ahora la revisión propuesta puede limitarse a unos pocos de los comentaristas fallecidos. En gracia a la brevedad, es evidente que estos párrafos, suelta y hasta apresuradamente conversados, no pueden demorarse en la ostentosa referencia erudita. Para respaldo de lo que aquí se dice, me place remitir al oyente a las páginas hernandianas aludidas. Siempre me pareció sospechoso ocuparse de un autor porque así se lo piden a uno, o bien, simplemente, porque el almanaque acierta a recordarnos una efeméride ilustre. Partamos pues de la visión más corriente que en este ámbito suele tenerse de nuestro autor y su obra. Fue Hernández -se asevera- un payador, un cantor espontáneo y resueltamente popular. Martín Fierro, por su parte, configura un poema verbalmente plasmado en la llamada lengua gauchesca; un resuelto alegato en favor del gaucho, entonces acosado, disminuido y diezmado por los mandones de la política, y también, sobre todo desde los promedios del siglo XIX, por la gente europeizante atenta a otras formas de vida. Esto aparte -a estar a las apreciaciones concurrentes- desde un principio el poema consiguió obtener una vasta, unánime repercusión popular en medio del poco aprecio e incluso de la indiferencia de los señorones bienhadados y de los intelectuales de pluma urbana. Cierto que la justicia se hizo -se dice-, pero bastante más tarde. Según esto, la fama del poema y su acceso a la categoría de gesta nacional hubo de demorarse hasta el año 1913. Leopoldo Lugones, sobre esa fecha, pronunció las muy celebradas conferencias del teatro Odeón, luego amplificadas en 1916 y recogidas en su compacto volumen El payador. Eco de esas conferencias, que según la opinión todavía corriente no tardaron en confirmar el brillante panegírico de Lugones, fue el que se apuró a recoger, sobre la primera fecha indicada, la de 1913, la revista Nosotros. A poco andar, en 1917, algo así como en la estela de esos anticipos, la misma consagración universitaria no le fue negada al poema, esta vez gracias a los buenos oficios de Ricardo Rojas en su Historia de la literatura argentina, especialmente en el tomo de «Los gauchescos». Creo haber mostrado en otro sitio -y ahora sólo me queda el inevitable recurso de repetirlo- en qué medida los juicios recordados, en el enlace de algunos plausibles y hasta admirables, cuando no inexactos son sumarios y en el mejor de los casos simplificadores. De momento soslayemos la encuesta, que merece párrafo aparte. No cabe duda que, cada uno en su registro, Lugones y Rojas han sido los que en mayor medida han diseñado lo que todavía hoy suele ser la imagen más corriente de Hernández y Martín Fierro: aquél, un payador o cantor espontáneo; éste, un poema en lengua popular en cuyas estrofas culmina el género «gauchesco». Entre los lugares comunes mayormente difundidos y desaprensivamente frecuentados figuran asimismo estos otros: Martín Fierro es un poema épico en la más ceñida acepción del termino, y, desde luego, aparte el alegato siempre pronto para ser proferido contra los mandones y los prepotentes, el paradigma absoluto de «lo argentino» en el orden de la conducía y en el de la expresión poética. Ni tanto ni tan poco. Tales asertos, unos son valederos pero sólo en parte; otros, que acaso lo fueron en su día, han perdido entidad, víctimas también ellos de la mudanza de las cosas, mudanza a veces lenta pero a la larga indefectible. Fugit irreparabile tempus... ¿Qué menos que en nuestro país, en estos pagos hasta ayer geórgicos, hernandianos, cobre ahora perceptible fuerza, melancólica fuerza, esa dolida aserción del clásico latino? A cien años de distancia, presumiblemente con madurez y reposo de juicio, está visto que la propuesta verificación objetiva mal puede parecer inoportuna. Pocas consiguen ser las fuerzas personales, particularmente en el presente caso, pero asimismo, puestos ya en la alternativa, ¿qué menos que beneficiarnos con lo que Renan gustaba llamar «la ventaja de haber llegado último»? Por de contado que aun en estas revisiones lo honesto estriba en partir de lo que otros han anticipado en proporción grande o pequeña. Eleuterio Tiscornia, en Apéndice a alguna de sus ediciones del poema intentó ya, si no una revisión, un escueto inventario de algunos de los escritos anteriores a la labor que a él pudo alcanzarle en suerte en esa marcha, loable cuando es ininterrumpida, en el rumbo de estos estudios. Justo es recordarlo, y cabe avanzar un poco. Como no sea en el día primero, cuando la Creación aún no necesitaba la pauta orientadora del camino, siempre algún baqueano estará precediéndonos en la huella, la huella bien o mal trazada por quienes de primera intención se vieron en la necesidad de intentar un rumbo. Agradezcamos, aceptemos y rectifiquemos: rectificar, en última instancia, es también un modo de agradecer, una forma de bonificar y aun de capitalizar debidamente lo recibido. También a la erudición no le caen mal algunos «blanqueos» periódicos. Reconocido este punto de partida a manera de intento de revisión crítica y no de simple señalamiento bibliográfico vengamos a lo que importa. En un principio, con excepción de alguna nota reticente o antagónica, como la de Juan Antonio Argerich en su América literaria, hasta la hora de la entusiasta resonancia extracontinental, en 1894, en estas comarcas las efusiones elogiosas, ya que no los estudios monográficos, no le faltaron al poema: ello en las cartas amistosas, ello en los comentarios periodísticos. Algunos han sido mencionados y hasta transcriptos por el propio Hernández en las primeras y volanderas ediciones de su relato. Así se contradice el tópico, todavía tercamente repetido, de que el poema sólo tuvo entera acogida entre las gentecillas iletradas. El trasfondo demagógico es ostensible, pero pasemos. Los artículos de Miguel de Unamuno, especialmente el notable de 1894 y el de 1899, a despecho de lo profuso de algunas de sus aserciones son valiosísimos. Pero una rectificación se impone. Estos artículos distan mucho de ser los primeros (salvo que sólo se piense en los de afuera) en que el poema de Hernández alcanzó a ser propuesto a los cultos con decidida exaltación de sus méritos esenciales. Juicios equivalentes se habían producido ya en nuestro medio. Por lo pronto, aparte las epístolas cordiales y las noticias periodísticas, en los discursos pronunciados en 1886, sobre la fecha del tránsito mortal del propio Hernández. En uno de los estudios a que antes hice referencia, va para varios años que, en La Prensa, La Nación y El Diario, tuve oportunidad de recoger los artículos resueltamente consagratorios con que en esas páginas y frente al gran público quedaban destacados, por lo que toca a Hernández y a su obra, merecimientos que se supone reconocidos en una etapa crítica más tardía, la de 1913, la de 1916 o la de 1917. Puesto que lo llevo recogido en otro sitio no tengo porqué repetir aquí el juicio que al general Mansilla y a otros calificados coetáneos del mismo Hernández merecían va en ese entonces el poeta y su relato. Tampoco debo insistir sobre los juicios de Unamuno. De ello me he ocupado en oportunidades diversas: en varias disertaciones y en la biografía del poeta. En fecha reciente también en un artículo solicitado con ocasión del centenario, ahora en vísperas de aparecer como supongo. Lo propio puede añadirse por lo que se refiere al juicio, menos abarcador pero parejamente ilustre, de Marcelino Menéndcz Pelayo en su Antología de poetas hispanoamericanos o si se prefiere en su Historia de la literatura hispanoamericana, según el título ulterior de esa obra. En las páginas del maestro santanderino se recapitula, en un cabo y en otro -así lo tengo dicho-, la entera trayectoria de nuestra literatura campera en el siglo XIX. ¡Qué justo, ese casi apotegma de don Marcelino! Bella síntesis la que el polígrafo aprieta en esta frase: «Lo que pálidamente intentó Echeverría en La Cautiva, lo realizó con viril y sana rudeza el autor de Martín Fierro En el caso de Martiniano Leguizamón, según ocurre en su De cepa criolla, quizá importa destacar una vez más en qué medida este autor se adelantó en algunos años, en 1909, a la presunta consagración, años más tarde puesta bajo el padrinazgo de Lugones y de Rojas, en lo que se refiere a la proclamación del mismo Martín Fierro en su levantada excelencia de «poema nacional de los argentinos». Saltemos ahora al ya mentado 1913. El tiempo, como el espacio, suele tener sus oquedades, por lo que no debe extrañarnos si alguna resonancia concluye por llegarnos atenuada o lo que es peor confusa. Esto acaece con el contenido de la encuesta de la revista Nosotros. En no pocas partes todavía se lee que esa encuesta, que por lo demás tuvo otros méritos, comportó algo así, casi a coro con las conferencias de Lugones, poco menos que un redescubrimiento del poema. El juicio pierde rotundidad luego que se verifican las paginas de la encuesta, en lo presente sin duda más mencionada que leída. Al contrario de lo que había ocurrido en la etapa primera de la difusión de Martín Fierro, la mayoría de los interrogados asume una actitud desaprensiva y hasta menoscabadora. No falta opinante que ahí reniega de los méritos todos del poema, en términos tan destemplados que hoy se los rechazaría con voz unánime y a buen seguro patrióticamente escandalizada. En esta reticencia valorativa, poco menos que los once correspondientes asumieron una entonación coincidente. Alguno -un grave profesor de la Universidad de Buenos Aires, consejero y académico (¡por dicha no académico de nuestra Casa, que entonces no existía!)- creyó oportuno repararse tras el seudónimo de «Maestro Palmeta». Alejandro Korn, por su parte, rubricó una afirmación tan tajante como esta: «Lugones no ha hecho obra buena al evocar el poema anacrónico de Martín Fierro que hasta la fecha era el secreto de unos pocos y ahora corre el riego de ser la última novedad». No parece necesario, en consecuencia, insistir sobre el pretendido «redescubrimiento». Y esto no sólo por lo que se refiere a la encuesta sino también a las conferencias que no tardaron en suscitarla para luego ellas mismas explayarse en el volumen de 1916. Me pesa insistir pero todavía se abre la oportunidad de compendiar lo que tengo dicho: «Tampoco El Payador de Lugones, libro desde hace tiempo más celebrado que verificado y sopesado, cumplió con Martín Fierro esa presunta gesta de redescubrimiento. Lo que hizo, según el juego de contradicciones que en esto como en lo demás era connatural a lo suyo, fue exaltar los valores populares y ceñidamente argentinos del relato, para adecuarlo luego, forzadamente, y antes con metáforas brillantes que con razones precisas, a las categorías de la nomenclatura retórica más remota. Recrudeció entonces, hasta hacerse lugar común porfiadísimo, el aserto adelantado por Martiniano Leguizamón, después exagerado y usufructuado por muchos, de que Martín Fierro es un cabal poema épico, con las añejas características del género, e incluso, por añadidura, el poema nacional, nunc et semper, de todos los argentinos...» Las afirmaciones de Lugones y en cierta medida algunas de las de Rojas proceden de los excesos, ciertamente deslumbradores, de un levantado entusiasmo retórico, como igualmente de unos ya en ese entonces -fuera de nuestro ámbito- modos y arbitrios no muy frecuentados por la crítica romántica y positivista. En estudio perspicuo, objetivo, indirectamente lo precisó Federico de Onís, en 1924. Es más; justo es reconocer que con anterioridad a dicho estudio -y antes y después de los trabajos de Lugones y de Rojas- olvidados críticos locales, con atendibles argumentos objetaron esas tesis. muy sumarias aunque halagadoras para la sensibilidad de vastas zonas del público. Pero maticemos y rescatemos lo válido. Hay que reconocer esto: la difusión que Martín Fierro había alcanzado en la primera hora ya a principios de esta centuria no dejó de padecer una mengua sensible. Debe reconocerse, por eso, que la encuesta de Nosotros, y antes y después de ella las aseveraciones de Lugones, y muy luego las de Rojas, aportaron, hacia el año veinte, un necesario fermento para nuevos comentarios. En especial las observaciones contenidas en el tomo primero de la Literatura argentina del propio Rojas contribuyeron no poco a «situar» el poema entre los universitarios y también en el núcleo de los escritores que entonces y después se han sentido ganosos de aclimatar su obra al amparo de una tradición no excesivamente forastera. En conjunto, place destacarlo, todo ello ayudó para que en adelante Martín Fierro se afianzase corno «materia» de obligación, o por lo menos de interés, en el orden de los estudios universitarios, asimismo en el plano de los que aquí llamamos «secundarios», a veces en la acepción sólo despectiva del término, Y dicho sea de paso, a tono con lo que he puntualizado antes de ahora: «...no es pertinente seguir afirmando que la Universidad se mantuvo ignorante o desdeñosa del poema hasta la sonada gesta redescubridora de 1913». Según eso (¡fáciles contraposiciones románticas, extemporáneos arrestos vindicativos!), he ahí a los doctos, parejamente confabulados, con los señorones, para propender a la omisión del poema. Mucho más sencillo aunque pocos lo hacen, parece recordar que hasta 1912 -¡así y todo un año antes de la encuesta!- ni la Universidad de Buenos Aires, ni otra alguna de las pocas que entonces poseía el país, tuvo cátedra de literatura argentina. Puesto que no todo se hace ahora, y también ayer se hizo algo, tal honra le quedó reservada a la Facultad de Filosofía y Letras. En ese entonces, don Rafael Obligado era el decano, y don Ricardo Rojas el profesor titular de la asignatura. Reconocerlo y volver a aplaudirlo es también justicia. Luego de estas etapas, bien se ve que importantes, aunque necesitadas de rectificación, como también se advierte, otros trabajos, sin duda de más corto vuelo pero más prudentes en el riesgoso planeo de las generalizaciones, no tardaron en añadirse a la ya en esas fechas cuantiosa y cada vez menos cernida bibliografía hernandiana. El año 1925 marca lo que en la historia del poema podría llamarse la iniciación del enfrentamiento filológico del texto. En ese año, en efecto, apareció la primera edición crítica de las dos partes del relato, ambas publicadas en volumen conjunto por don Eleuterio Tiscornia con el patrocinio del Instituto de Filología de la Facultad de Filosofía y Letras. En aproximaciones sucesivas, el mismo Tiscornia reajustó esa edición y completó algunos de sus supuestos con interesantes estudios de aclaración biográfica, entre ellos el que alcanzó a recoger en el Boletín de nuestra Academia. Me parece oportuno retomar algunos de los párrafos que por entenderlo de justicia he facilitado, gustosamente, a una publicación colectánea de aparición próxima. En ella, entre otras observaciones del laborioso empeño de Tiscornia, di en destacar lo siguiente: «A poco de aparecer el texto comentado y anotado, en desacuerdo con los juicios comprensivos, el volumen desencadenó, si vale el término, un mal templado artículo de Leopoldo Lugones. Aunque reconocidamente generoso en otros registros, el autor de El payador no era de los que se avienen a admitir competencia en los predios del saber cuya ilusoria propiedad detentan. Su recio temperamento retórico, aquí inigualado, lo ponía en enemistad grave con los quehaceres verificadores y pacatamente metódicos. Por lo demás, como en poesía, también en esto el brillo y el relumbrón solían confundirse. El anotador de textos, figura entonces bastante peregrina en nuestro medio, le incomodaba hasta desentonarlo. A diferencia de Benedetto Croce y otros polígrafos no sospechosos de falta de brío intelectual o de firme capacidad elocutiva, a Lugones no lo tentaba el modesto pero plausible empeño de arrojar luz -en ocasiones inequívoca luz propia, también creadora- sobre la tarea ajena. Se le olvidaba que, aparte las ventajas del servicio, la atinada edición de un texto valioso no cede en mérito a muchos afanes de pluma, frecuentemente más leves, bien que de más festejada y fúlgida apariencia. Al margen de algún nuevo reparo de corte parecido, en el cuadro de las características en que el autor supo limitarse, cabe admitir que la contribución de Tiscornia no dejó ni puede dejar de ser reconocida. Tampoco parece haberle faltado, de añadidura, el homenaje subrepticio aquí tan frecuente: el de quienes sin mencionar el anterior trabajo del prójimo se amañan para aprovecharlo. EI criterio utilizado por Tiscornia se pondera por lo sobrio, casi diríamos por lo honesto. Estas son las etapas del estudio en su disposición última: I. Los manuscritos; II. Los textos; III. La edición; IV. La anotación. Siguen las referencias al léxico y la nómina de las autoridades aducidas. Con ejemplos, la primera parte del poema va acompañada de puntuales referencias sobre los vocablos y los giros. En lo que toca al texto y las notas, también la segunda parte se ofrece tratada con parecido criterio. Nutrido y preciso es el repertorio de voces. Las referencias, en conjunto, provienen de la propia busca: un hábito algo infrecuente en los más de nuestros comentaristas. En medio de tanta gárrula disertación sobrepuesta a los valores propiamente humanos y poéticos del relato de Hernández, después del trabajo de Tiscornia poco queda por hacer en lo que se refiere al texto y a la lengua del relato. Por ello lícito es insistir en que el trabajo recordado guardará por buen tiempo las apuntadas excelencias. Supuesto que todo es perfectible, algo podrá añadirse por vía de complemento. Con prudencia, y como para no enredarse en las usuales disquisiciones del obstinado enfoque sociológico y hasta patriotero, en el deseo de acercar al lector a las palabras de Hernández, en su edición el hermeneuta supo limitarse a la necesaria tarea de asegurar la recta lectura del texto, destacando, de camino, los rasgos de la lengua comúnmente llamada "gauchesca" en que se da compuesto el poema. En el estudio de esa lengua -con sus antecedentes españoles, más sus modalidades americanas y propiamente locales- las noticias de Tiscornia, salvo algún error de detalle, son casi exhaustivas. En cambio, después de su trabajo y de algunos otros también atendibles, el conocimiento cabal del poema aún en esta fecha se encuentra como en cierne. Falta, ostensiblemente, un estudio que dilucide el uso personal que hizo Hernández de esa modalidad expresiva gauchesca. Sin adscribir exageradamente al operativo distingo de Ferdinand de Saussure de Langue (lengua) y Parole (habla), en estos estudios no deja de ser urgente, al menos entre nosotros, capacitarse en el ejercicio de la proposición metódica propugnada por el maestro suizo: vista la determinada manera idiomática recibida por un autor en un momento del tiempo y en un lugar del espacio, definir la modalidad expresiva que el mismo autor acierta a recrear, con acento y coloración propios, con estilo, en la personal o poética reelaboración del caudal elocutivo preexistente. Tiscornia, en su momento mejor que sus antecesores, consiguió adelantar el inventario y efectuar un meritorio estudio de los antecedentes de la "lengua" del Martín Fierro, no menos en las fuentes españolas que en las propiamente criollas y rioplatenses. Claro que cada esfuerzo ha de intentarse a su tiempo. Mucho importa saber cuando una palabra, un giro o un modismo se dieron previamente en los autores peninsulares, en la tradición hispana derivada hacía estas tierras o en alguna delgada pero persistente infiltración de la vena indígena autóctona. Resta ahora que los investigadores actuales, acaso con el recaudo de una estética de sesgo espiritualista, pero no desentendida de un saludable realismo y de las debidas cautelas filológicas, se pongan a la tarea de captar, ya sin perezosos impresionismos y sobre base cierta, las vivificadoras connotaciones que el propio Hernández supo imprimir acuñándolas con sello personal, en el plasma idiomático recibido: en los supuestos arcaicos de la fonética y la morfología, el léxico de procedencia española no menos que el de creación americana, con cuenta de lo anteriormente recogido, o fraguado de propia Minerva, por los escritores de tipo gauchesco que antecedieron a Hernández o le fueron contemporáneos. Se sobreentiende que la alusión se endereza a Hidalgo, Ascasubi, del Campo; por modo singular a los dos primeros. En éste, y así en otros aspectos de nuestra literatura, la rústica y la urbana -aun la gramaticalmente desgreñada y la bronca y maldiciente y malsonante que ahora se patrocina y galardona-, queda pues trabajo para muchos, sin necesidad de que andemos a los codazos. En la ulterioridad de esta segunda, impostergable etapa de los estudios martinfierristas -etapa aquí apenas y aun penosamente iniciada- el trabajo de Tiscornia no dejará de ser útil. El haberse mantenido en un delimitado plano informativo y descriptivo, bien al resguardo de tanto verbalismo sin compuertas, llegado el tiempo a nadie habrá de entorpecerle el libre acceso hacia más altas y abarcadoras perspectivas críticas». Me excuso por una cita tan extensa de uno de mis trabajos sobre tema hernandiano; lamento explayarme en otra, aunque esta no sea tan dilatada. En el momento en que se acaba de aludir a la llamada «lengua gauchesca», me lleva a ello la necesidad, todavía actual, de insistir en un distingo forzoso, ofuscado o diferido, unas veces por falta de criterio técnico en materia lingüística, otras por esa especie de miedo lugareño de sentirnos inscriptos en el ámbito de una gran lengua común, no menos nuestra que de otros grupos nacionales. Sin mengua de su originalidad y de nuestros posibles y aun deseables fueros localistas, filológicamente forzoso es reconocer que el lenguaje del poema, aparte los previsibles sobrepuestos regionales, es el castellano del Río de la Plata en la segunda mitad del siglo XIX hasta la llegada del caudaloso aporte inmigratorio. Por lo menos en su base, esa lengua gauchesca, con sus modalidades de elocución rural aunó en su momento conocidos rasgos fonéticos, y sobre todo morfológicos, del añejo fondo español. Se sobreentiende que algún toque de indigenismo, en nada excesivo, alcanzó a matizar el conjunto. De todos los autores llamados «gauchescos» fue el mismo Hernández el que disfrutó de un más sobrio y seguro conocimiento de la lengua de nuestra campaña, la que por otra parte en aquel entonces no difería en mucho de la propia de los sectores urbanos. Con todo, a Hernández no le fue ajeno un doble comportamiento lingüístico: uno -el del versificador ocasional, el del periodista, el del biógrafo del Chacho, el de las «instrucciones» para uso del estanciero, etc. -; otro, el de la antedicha lengua gauchesca. En este último uso, como se sabe, Hernández no hizo sino practicar los mismos recursos expresivos anteriormente usados por Hidalgo, Ascasubi y del Campo, sólo que el autor de Martín Fierro, a fuerza de simpatía, y en razón de su más recio estro poético, atinó a que en su caso el mimetismo idiomático alcanzase la entera fuerza de una lengua en todo natural y no aprendida. Como el distingo que ahora hago no es frecuente, supuesto que según queda dicho, estimo necesario aclarar una confusión que aún persiste, retomo algunas observaciones anteriores. De viva voz, en 1963, y en Madrid, alcancé a conversarlas con don Ramón Menéndez Pidal. Procedían ellas de una vieja disertación pronunciada en 1942, en el Instituto Popular de Conferencias, en el local del diario La Prensa. Al ilustre maestro esas mismas observaciones le parecieron aprovechables y así, en fecha relativamente reciente, las retomé por escrito en unas páginas luego incluidas en un volumen de homenaje al eminente estudioso. Por creerlo pertinente, de la monografía mencionada, dedicada a del Campo, extraigo una nota y los párrafos que la justifican. «Hidalgo nació en Montevideo; del Campo en Buenos Aires; Hernández en San Isidro, en el ruedo de la ciudad. Nacido por el contrario en el ámbito provinciano de Córdoba, en la posta de Fraile Muerto (la actual población de Bell-Ville), Ascasubi parecería denegar ese ya inicial supuesto urbano. Mas no le hace. Conocidas son las frecuentaciones no rurales del doble de Aniceto el Gallo. Pronto se hizo Ascasubi a las maneras porteñas y también, con detonante boato y previsible rastacuerismo, a las de París y otras capitales europeas. Ni cabe olvidar que fue la muy parisiense casa de M. Paul Dupont la que en 1872 le publicó las obras completas. Allá le tocó trasladarse, ante la corte de Napoleón III, con una misión especial en los días de la presidencia del general Mitre. ¿Y no fue Ascasubi, como se sabe, el argentino que llevó un sauce criollo para que el arbolito llorase, intérprete de un deseo del poeta de "Las Noches", sobre la tumba de Alfred de Musset en las alturas de Ménilmontant? (Mes chers amis, quand je mourrai plantez un saule au cimetière...). La conclusión -si cabe una- se impone por sí sola. Hecha cuenta del talento vivificador que cada uno de ellos acertó a insuflarle, la poesía "gauchesca" de del Campo, como la de Ascasubi o la de Hernández, tuvo sus convenciones, cuando no sus artificios. No cabe negar que hasta esa poesía, creación de escritores casi siempre urbanos que se complacen en los temas y en las maneras rústicas, hayan podido confluir genuinos elementos provenientes del habla de los gauchos y aun de la vieja y a buen seguro rudimentaria poesía oral de los mismos. Consecuentemente no es lícito asimilar, como en su hora y en desproporcionada medida lo hicieron y todavía lo hacen los despistados comentadores de esta poesía gauchesca, con las formas del presunto cantar ingenuo, "no aprendido", de los primeros y oscuros bardos rurales de estas comarcas. Ya es mucho que, andando el tiempo, algunos de los seguidores no estrictamente gauchos hayan intentado reservarnos una imagen siquiera aproximada de las formas primeras. Debemos reconocer, sin excesiva nostalgia, que lo más de lo que llamamos poesía gauchesca sólo es -y por precisas circunstancias históricas no podía ser otra cosa- un oficio, en ocasiones sabrosamente inspirado: un rústico "mester" de poesía a la manera de la de los gauchos. En la literatura, aun en aquella que no se empeña en los efectos del color local, grato a los románticos y a los autores no siempre bien llamados "realistas", todo lenguaje es inventado. Por eso, precisamente, por esa eficiencia creadora y evocadora, también esta, aunque sólo "gauchesca", en ocasiones merece el dictado de poesía. Va para poeta, y bueno, el que a vueltas de ese esencial impulso lírico del que nace toda obra artística, ya en el registro épico o en el dramático, con adecuadas equivalencias atina a figurarnos el alma de seres de otra condición, de otro paisaje y en ocasiones de otra habla. En esto, la historia -la historia literaria por lo menos- nos alecciona. Hasta las inflexiones del campesino latino -que como el nuestro cantaba y hacía música, pero que como el nuestro usualmente ni leía ni escribía- no nos han llegado sino a través del verso y de la sensibilidad selectiva de Virgilio». Siquiera en la medida de sus posibilidades, esa sensibilidad selectiva no le faltó a Hernández. Sus cartas y las declaraciones recogidas por sus contemporáneos lo declaran. También más allá del intencionado desaliño con que por veces el autor emplea el habla gauchesca ese juicioso cálculo de los recursos expresivos se manifiesta igualmente, y no menos en la primera que en la segunda parte: trasparece en la versificación, las imágenes, los refranes y las frases sentenciosas. Sin cuenta de las versiones escolares de segunda mano, después de la de Tiscornia, ya recordada, en el orden de las ediciones críticas, o depuradas y anotadas, han aparecido otras: así la de Santiago M. Lugones, así la de Augusto Raúl Cortázar, así varias de data más reciente. Por mi parte, algo he podido agregar en lo que loca a la lexicografía y aun a la dilucidación del poema, ello en la edición publicada en 1958, después reimpresa. Pero dejemos a los vivos, aquí sólo aludidos tangencialmente. Entre los comentaristas desaparecidos, no entre los editores críticos, aun corresponde, cuando menos, la justa mención de los trabajos de Carlos Alberto Leumann y junto a ellos el aporte exegético de Ezequiel Martínez Estrada. Suman apreciables méritos los estudios que Leumann consagró a Hernández y de especial manera al poema. Uno de esos estudios vale por la ventaja documental de proponer como materia de análisis el hasta entonces, 1945, desconocido manuscrito de la Vuelta. La interpretación, muy fervorosa, queda algo ofuscada por un enfoque que no siempre condice con las exigencias del esclarecimiento filológico propuesto. Muerte y transfiguración de Martín Fierro, el libro de Martínez Estrada, es obra original pero depresiva. La visión que del poema y del propio Hernández presenta el patético ensayista de Radiografía de la pampa y La cabeza de Goliat, si desde luego confirma su talento, parejamente da fuerte relieve al exceso de sus puntos de vista. Uno se pregunta en qué medida -aunque sólo como por vía de «ensayo» -puede asentarse, sin más, con tal brío y tal riesgo, una interpretación integral de la vida argentina. Valga la sumaria revisión que antecede para corroborar en alguna medida lo que con recio criterio -admitidas y celebradas las excelencias del poema- conviene tener en cuenta al cabo de un siglo de la aparición de la primera parte y a poco menos de una centuria de la edición de la segunda. EI mito del payador debe ser sometido a rectificación: no se nos olvide que, sin ser figura doctoral, Hernández se comportó ante todo como un hombre urbano, no ajeno, claro está, a la experiencia campera. Que fue un periodista, un hacendado y un funcionario; un parlamentario de aplaudida actuación en un lapso importante de su vida. Por lo que toca al poema no es posible desconocer el alegato que Hernández incluyó en sus versos, defensa generosa y gallarda. La adhesión moral a la causa por él defendida se sobreentiende, pero muchos son los años corridos desde que la tal defensa hubo de perder su posibilidad de alcance por la manifiesta desaparición del personaje defendido. El propio Hernández no dejó de advertirlo, y así lo destaca en varias cartas y en alguno de sus prólogos. Exhumando textos periodísticos de Hernández y reproduciendo algunos de los más ilustrativos, ya antes de ahora me fue posible mostrar, como ese alegato nuestro autor lo había cumplido anteriormente en las páginas que alcanzó a regentear el publicista, de señalada manera en las columnas de El Río de la Plata. Por circunstancias que también he podido precisar documentalmente, en el punto en que el gaucho se le mostraba en el trance de desaparecer con sus modalidades típicas, Hernández quiso salvarlo, salvarlo artísticamente se sobreentiende, en los términos de un retrato. Esta palabra, «retrato», es la que el poeta emplea con lúcida intención en un contexto inequívoco. La profusa defensa periodística yace hoy olvidada, desde lustros, en el polvo de nuestras hemerotecas. El poema, por el contrario, reserva muy cabales todos los rasgos de esa semblanza conjunta: Fierro, Cruz, los muchachos, el Viejo Vizcacha, el Moreno y las demás criaturas poéticas directa o indirectamente evocadas en el relato. En el poema no se cifra toda la Argentina, ni siquiera toda la Argentina de ayer. Queda retenido, en cambio, y con trazos precisos, enteros, un momento de la vida rústica en el Plata sobre las fechas que bien se conocen. El poema constituye además, -y no es su menor mérito- un inigualado repertorio de los saberes y dichos tradicionales en él arquetípicamente fijados por el poeta en el plano atemporal de las realizaciones estéticas bien logradas. ¿Qué más puede pedírsele a un poema, y a un poema de fisonomía tan sui generis? Frente a las creaciones poéticas, como frente a las mismas entidades religiosas, seamos devotos pero no supersticiosos. Amemos las cosas de la patria, pero no caigamos, ululantes, en el pasmo de la beatería localista.