domingo, 8 de octubre de 2017

Un mínimo detalle de CATALUÑA


Cataluña Para otros usos de este término, véase Cataluña (desambiguación). Cataluña Catalunya, Catalonha Comunidad autónoma Flag of Catalonia.svg Bandera Himno: Els Segadors1​ (‘Los segadores’) Cataluna in Spain (plus Canarias).svg Ubicación de Cataluña Coordenadas 41°49′N 1°28′ECoordenadas: 41°49′N 1°28′E (mapa) Capital Barcelona Ciudad más poblada Barcelona Idioma oficial Castellano, catalán y aranés1​ Entidad Comunidad autónoma • País España Parlamento Presidente Parlamento de Cataluña Carles Puigdemont Subdivisiones 4 provincias 42 comarcas 948 municipios Superficie Puesto 6.º • Total 32 106.5 km² (6,3 %) Población (2016) Puesto 2.º • Total 7 448 332 hab.¹ • Densidad 234 hab/km² Gentilicio Catalán, -na PIB (nominal) Puesto 1.º • Total 204 189 mill. € (2015)3​ • PIB per cápita 27 613 €3​ Huso horario UTC+01:00 ISO 3166-2 ES-CT Patrono(a) Jorge de Capadocia y Virgen de Montserrat Estatuto de Autonomía 20 de julio de 2006 Fiesta oficial Día Once de Septiembre (11 de septiembre)1​ Sitio web oficial 116,16 % del total de España. [editar datos en Wikidata]
Cataluña (en catalán: Catalunya; en aranés: Catalonha) es una comunidad autónoma española, considerada nacionalidad histórica,1​ situada en el nordeste de la península ibérica. Ocupa un territorio de unos 32 000 km² que limita al norte con Francia (Occitania) y Andorra, al este con el mar Mediterráneo a lo largo de una franja marítima de unos 580 kilómetros, al sur con la Comunidad Valenciana, y al oeste con Aragón. Esta situación estratégica ha favorecido una relación muy intensa con los territorios de la cuenca mediterránea y con la Europa continental. Cataluña está formada por las provincias de Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona. Su capital es la ciudad de Barcelona. A 2017, en el territorio catalán habitan 7 504 008 personas4​ en un total de 948 municipios de los cuales, 64 superan los 20.000 habitantes (en los que vive el 70 % de la población catalana). Dos tercios de la población vive en el ámbito metropolitano de Barcelona. Constituye un territorio muy denso y altamente industrializado, liderando el sector en España desde el siglo XIX, y su economía es la más importante de entre las comunidades autónomas, al generar el 18,8 % del PIB español. Respecto al PIB per cápita, se sitúa en cuarta posición, tras el País Vasco, la Comunidad de Madrid y Navarra.5​ Según datos del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas de 2007, su índice de desarrollo humano (0,958)6​ es el octavo mayor de España, por detrás de la comunidad autónoma de La Rioja, y por delante de Asturias.7​ El índice de desarrollo de los servicios sociales la sitúa en octava posición, por detrás de Castilla la Mancha y Cantabria.8​ En el informe PISA queda en el puesto séptimo en lectura (500 puntos), y sexto en matemáticas (500 puntos) y ciencias (504 puntos), a menos de un 5% de distancia de la primera comunidad autónoma (Castilla y León y Navarra).9​
Historia Acueducto romano de Tarraco. Tras la desintegración del Imperio carolingio, el condado de Barcelona, que había formado parte de la Marca Hispánica del Imperio, alcanzó una independencia de facto a finales del siglo X y consiguió agrupar en torno a él, mediante vínculos familiares o de vasallaje, a una parte importante de la actual Cataluña, principalmente los condados de Gerona, Osona, Besalú, Cerdaña y Ampurias. En el siglo XII, el condado de Barcelona y el reino de Aragón se unieron dinásticamente mediante los esponsales acordados entre Ramiro II de Aragón y Ramón Berenguer IV de Barcelona en 1137, por los que el conde barcelonés contraería matrimonio con la futura reina aragonesa Petronila. En el siglo XIV, ya como Principado de Cataluña, tuvo un destacado papel económico en el marco del comercio mediterráneo. Con el declive de la Corona decayó Cataluña, que no volvió a prosperar hasta la industrialización. Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, según interpretación de Filippo Ariosto (1586). A partir del segundo tercio del siglo XIX se desarrolló la Renaixença, un movimiento cultural de recuperación del catalán como lengua de cultura. En las décadas siguientes fue tomando cuerpo el catalanismo político, que se agrupó en partidos como la Lliga Regionalista y posteriormente Esquerra Republicana. Tras los primeros proyectos de autogobierno que culminaron primero en la Mancomunidad de Cataluña (1913-1923) y luego en la restauración de la Generalidad de Cataluña y aprobación del Estatuto de autonomía de Cataluña de 1932 durante la Segunda República, la Guerra Civil y el período franquista (1939-1975) supusieron, tanto en Cataluña, como en el resto de España, la anulación de las libertades políticas, además de la prohibición del catalán en el ámbito oficial y educativo, que no fueron plenamente recuperadas hasta la Transición democrática y la entrada en vigor de la nueva Constitución española de 1978, en la que se reconoce la existencia de comunidades autónomas dentro de España. Al amparo de la Constitución se aprobó un nuevo Estatuto de Autonomía en 1979 que recuperó el uso oficial del catalán, posteriormente sustituido por el Estatuto de 2006, que tras algunas modificaciones dictadas por el Tribunal Constitucional en 2010, es el actualmente vigente.

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jueves, 28 de septiembre de 2017

OPERATIVO CÓNDOR


Operativo Cóndor No debe confundirse con Operación Cóndor. El grupo de los cóndores en Malvinas. 1966 El Operativo Cóndor fue una acción armada llevada a cabo el 28 y 29 de septiembre de 1966 por un grupo de argentinos que desvió un avión civil de Aerolíneas Argentinas y obligó a su comandante a aterrizar en las islas Malvinas, habitadas por el Reino Unido pero reclamadas históricamente por la Argentina. El 28 de septiembre de 1966, un comando armado de 18 estudiantes, obreros, sindicalistas y periodistas, en su mayoría militantes peronistas y nacionalistas, secuestró un avión Douglas DC-4 LV-AGG de Aerolíneas Argentinas, que había partido desde Buenos Aires a la 00:34 y tenía por destino a Río Gallegos, y lo desvió, aterrizando en las islas Malvinas unas horas más tarde. Los jóvenes se llamaban a sí mismos «cóndores»; casi todos eran peronistas. La edad promedio del grupo era de 22 años. El Operativo Cóndor ―como fue bautizada la acción armada― fue comandado por Dardo Cabo, de 25 años de edad, periodista, metalúrgico y activo militante peronista nacionalista, hijo del sindicalista Armando Cabo. Los miembros del Operativo Cóndor fueron: María Cristina Verrier, dramaturga y periodista (27 años), hija de César Verrier (juez de la Suprema Corte de Justicia y funcionario del gobierno del expresidente Arturo Frondizi) Fernando Aguirre, empleado de (20) Ricardo Ahe, empleado de (20) Pedro Bernardini, obrero metalúrgico (28) Juan Bovo, obrero metalúrgico (21) Luis Caprara, estudiante de ingeniería (20) Andrés Castillo, empleado de la Caja de Ahorro (23) Víctor Chazarreta, obrero metalúrgico (32) Alejandro Giovenco Romero (21) Norberto Karasiewicz, obrero matalúrgico (20) Fernando Lisardo, empleado (20) Edelmiro Jesús Ramón Navarro, empleado (27) Aldo Ramírez, estudiante (18) Juan Carlos Rodríguez, empleado (31) Edgardo Salcedo, estudiante (24) Ramón Sánchez, obrero (20) Pedro Tursi, empleado (29) El comandante de la aeronave era Ernesto Fernández García, y entre los pasajeros figuraba el gobernador del por entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, contraalmirante José María Guzmán. También viajaba en el avión el periodista y empresario Héctor Ricardo García, dueño del diario porteño Crónica. Hacia las 6 de la mañana, cuando el avión, con 35 pasajeros a bordo, sobrevolaba la ciudad de Puerto Santa Cruz, los integrantes del grupo tomaron las armas que llevaban ocultas en los equipajes y consiguieron el control del avión: Dardo Cabo y Alejandro Giovenco se dirigieron a la cabina, donde exigieron al piloto que torciera al rumbo 105, hacia Malvinas. Este alegó falta de combustible y desconocimiento de la ruta de navegación correspondiente, pero finalmente obedeció las órdenes. Para no atemorizar a los pasajeros, se les informó que la aeronave regresaba a Comodoro Rivadavia. Aterrizaje[editar] La novedad sobre la operación en el diario Clarín (Buenos Aires). El piloto logró encontrar la ubicación de las islas gracias a las diferencias en el patrón de la cobertura nubosa que frecuentemente las cubre. Entre algunos claros divisaron tierra firme y tras algunas rondas de reconocimiento que les permitieron localizar la población de Puerto Stanley,1​ aterrizaron a las 08:42 en la pista de carreras de caballos de 800 m de largo, después de haber sobrevolado durante 40 minutos el lugar para gastar combustible, detrás de la casa del gobernador inglés Cosmo Haskard (ausente ese día), sobre una pista para carreras hípicas. Abrieron las puertas, se tiraron con sogas, desplegaron delante del avión en forma de abanico e izaron siete banderas argentinas.2​Debido a la dirección del viento el avión debió aterrizar alejándose del poblado, por lo que el grupo descartó la variante A ―tomar la casa del gobernador― ya que se carecía del elemento sorpresa. Los jóvenes descendieron, nombraron al lugar como Puerto Rivero, en homenaje al gaucho entrerriano Antonio Rivero que en 1833 resistió la invasión británica al archipiélago, y desplegaron siete banderas argentinas en las inmediaciones: cinco en los alambrados, otra en el avión, y la restante en una especie de poste de hierro cercano hincado en el suelo que sirvió así de mástil. Numerosos civiles malvinenses (kelpers) se acercaron a ver qué ocurría. Algunos fueron tomados como rehenes, entre ellos el jefe de policía y el jefe de los marines británicos. Entre los restantes el comando distribuyó una proclama escrita en inglés; el texto informaba que los jóvenes no eran agresores sino argentinos que consideraban a las islas como parte de su propio país. Al poco tiempo el avión fue rodeado por la Fuerza de Defensa de las Islas Malvinas, a las que se unió casi un centenar de civiles kelpers. Los jóvenes realizaron un comunicado utilizando la radio del avión, cuyas palabras tuvieron amplia repercusión en la Argentina. «Operación Cóndor cumplida. Pasajeros, tripulantes y equipo sin novedad. Posición Puerto Rivero (islas Malvinas), autoridades inglesas nos consideran detenidos. Jefe de Policía e Infantería tomados como rehenes por nosotros hasta tanto gobernador inglés anule detención y reconozca que estamos en territorio argentino.» El radioaficionado Anthony Hardy reprodujo la noticia, y su señal fue captada en Trelew, Punta Arenas y Río Gallegos, retransmitiéndose a Buenos Aires. Por la tarde, los civiles e infantes de marina británicos trabajaban en la instalación de reflectores, altoparlantes con música marcial, y nidos de ametralladora en las inmediaciones del avión. En los siete jeep ubicados delante y detrás del avión se habían apostado policías, infantes y civiles armados; en lo alto de un cerro vecino se habían desplegado tres carpas de campaña con refuerzos militares. Por pedido expreso del líder del comando argentino, el padre Rodolfo Roel (de origen holandés), sacerdote católico de la isla, ofició una misa en castellano en el interior del fuselaje. Gracias a las gestiones del párroco, los tripulantes y pasajeros pudieron ser alojados en casas de familia de los isleños. A las 04:30 del día siguiente, el gobernador británico, Cosmo Haskard, emitió un comunicado en el que exigía la rendición incondicional del grupo. Afirmaba que los soldados y policías tenían órdenes de disparar. El comando argentino se negó a entregarse. A las 15:00 hubo otra gestión con ese mismo propósito, esta vez a cargo del padre Roel, que también tuvo resultado negativo. Desenlace[editar] Horas después se arribó a un pacto: los argentinos dejarían las armas en el avión, como nave argentina, y serían acogidos por la Iglesia católica, quedando a cargo del padre Roel. No hubo rendición, los cóndores marcharon a la iglesia con sus banderas argentinas consigo. A su regreso al continente, Cabo sintetizó así lo pactado: «Fui a Malvinas a reafirmar la soberanía nacional y quiero aclarar que en ningún momento me he entregado a las autoridades inglesas, sino que acepté el hospedaje de la Iglesia católica ofrecido a través del arzobispo de las islas Malvinas; que me consideré detenido por la autoridad argentina que allí reconocí en el comandante de Aerolíneas, entregándole al gobernador de Tierra del Fuego e Islas Malvinas, señor almirante Guzmán, las banderas argentinas que flamearon en tierra malvineña durante treinta y seis horas.» A las 17:00, los argentinos y el sacerdote salieron del fuselaje. Con el pabellón en brazos entonaron el Himno Nacional argentino, vigilados a 200 metros por los puestos de los militares británicos. Media hora más tarde entregaron las armas al comandante del Douglas DC-4, como había sido prometido. Pasaron casi 48 horas en la capilla de Puerto argentino. Rompiendo el pacto que tenían con Roel,[cita requerida] los británicos realizaron una requisa en el salón parroquial, y los «cóndores» decidieron que lo único que defenderían serían las banderas argentinas, por lo que Cabo, Giovenco, Rodríguez y Navarro envolvieron su pecho con ellas, bajo sus ropas. Afortunadamente los británicos, al ver la decisión de estos, no pretendieron apoderarse de dichas banderas.[cita requerida] A las 19:30 del 1 de octubre, todos fueron llevados hasta el barco argentino ARA Bahía Buen Suceso a bordo de una lancha carbonera británica. Dardo Cabo entregó las banderas argentinas al almirante José María Guzmán en una bolsa: «Señor gobernador de nuestras islas Malvinas, le entrego como máxima autoridad aquí de nuestra patria, estas siete banderas. Una de ellas flameó durante 36 horas en estas Islas y bajo su amparo se cantó por primera vez el Himno nacional.» El lunes 3 de octubre, a las 3 de la mañana, el ARA Bahía Buen Suceso atracó en el puerto de Ushuaia. Consecuencias legales[editar] El 22 de noviembre de 1966, los integrantes del grupo fueron procesados por el Juez Federal de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Dr. Lima, por los delitos de «privación de la libertad personal calificada» y «tenencia de armas de guerra». El secuestro de aviones no estaba contemplado en la legislación de la época. Fueron patrocinados por el abogado de la Confederación General del Trabajo y la Unión Obrera Metalúrgica Fernando Torres, el fueguino José Salomón, y otros profesionales. El procesamiento se refirió a los hechos ocurridos al desviar la nave aérea y no a lo ocurrido en Malvinas, que la justicia entendió que no constituía delito. Fueron condenados el 26 de junio de 1967. El 13 de octubre, la Cámara Federal de Bahía Blanca confirmó la sentencia, aunque hizo algunas modificaciones menores; por ejemplo, ordenó la devolución de las banderas a Cabo, su dueño, sosteniendo que: «Las banderas argentinas, por el hecho de haber tremolado sobre una porción irredenta de tierra de la Patria, no son ni pueden ser consideradas instrumento de delito. Por ello corresponde su oportuna devolución a quien ha demostrado actuar como su propietario.» La mayoría recuperó su libertad tras los nueve meses que llevó el proceso, con prisión preventiva, pero Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez debieron pasar tres años en prisión, debido a sus antecedentes judiciales. Más de diez años después y durante la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, el 6 de enero de 1977, Dardo Cabo, quien se encontraba detenido en La Plata por otra causa, fue asesinado junto con otras personas en un simulacro de fuga fraguado durante un traslado de detenidos, en una zona descampada del Parque Pereyra Iraola ubicado entre las ciudades de La Plata y Buenos Aires. Por su parte, Alejandro Giovenco, que se convirtió en uno de los «burócratas y pistoleros de extrema derecha que dirimían a balazos el contencioso ideológico con los bombos nuevos del peronismo»3​ y dirigente de la CNU (Concentración Nacional Universitaria) —organización que luego colaborará con la dictadura cívico-militar y que se encontraba ligada con la Triple A— murió en plena Avenida Corrientes de Buenos Aires cuando le estalló una bomba que trasladaba en su portafolio, en 1974. Consecuencias políticas[editar] La acción conmocionó al gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, que cumplía tres meses de mandato, especialmente porque en ese momento se encontraba de visita no oficial en el país el príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II, como presidente de la Federación Ecuestre Internacional, con motivo del Campeonato Mundial de Hipismo que se estaba por realizar en la Argentina. El gobierno emitió el 29 de septiembre de 1966 un comunicado donde afirmaba que: La recuperación de las islas Malvinas no puede ser una excusa para facciosos. Las ciudades de Buenos Aires, La Plata y Córdoba, entre otras, fueron escenarios de numerosas manifestaciones populares donde se festejaba la acción del grupo de jóvenes. El Reino Unido decidió incrementar su fuerza militar en las islas: expandió el destacamento de Royal Marines desde seis integrantes a unos cuarenta.4​ El incidente provocó comentarios en la prensa nacional e internacional.5​
La novedad sobre la operación en el diario Clarín (Buenos Aires). Homenajes[editar] Cristina Fernández de Kirchner recibiendo en Casa Rosada, las siete banderas que flamearon en el operativo, agosto de 2012. Existe un monumento en la Plaza San Martín de Ituzaingó, el primero que se construyó en el país como homenaje a los jóvenes nacionalistas. Existe una calle Dardo Cabo, en uno de los accesos a la Autopista de Oeste, en Ituzaingó, y una calle Operativo Cóndor en el Partido de Merlo. En el año 2006, en ocasión de los 40 años del Operativo Cóndor, se realizó una sesión especial de homenaje en el Senado de la Provincia de Buenos Aires donde se entregaron diplomas y medallas a los cóndores asistentes y familiares de los fallecidos. También en 2006 se aprobó una declaración de homenaje en la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. Se inauguraron vitrinas que contienen cada una de las siete banderas argentinas que flamearon en las islas durante el operativo: en el Salón de los Pasos Perdidos del Senado de la Nación, el patio Islas Malvinas de la Casa Rosada, en el Museo del Bicentenario, en la Basílica de Itatí, en la Basílica de Luján, en la antigua Escuela de Mecánica de la Armada, y la última en el mausoleo del expresidente Néstor Kirchner en el cementerio de Río Gallegos.6​ El Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, inaugurado en 2014 en Buenos Aires, tenía el bar Puerto Rivero, por el nombre dado a Puerto Stanley en 1966 por el Operativo.7​ En dicho museo se exhibe una instalación relacionada con el hecho histórico.8​https://es.wikipedia.org/wiki/Operativo_C%C3%B3ndor
Cristina Fernández de Kirchner recibiendo en Casa Rosada, las siete banderas que flamearon en el operativo, agosto de 2012.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

¿Y EL HORÓSCOPO?


GONZALO DE DIEGO RAMOS TAGSVIRALESCURIOSIDADESASTRONOMÍA TIEMPO DE LECTURA4 min 27.09.2017 – 18:09 H. - ACTUALIZADO: 9 H. La posibilidad de vislumbrar el futuro ha constituido una de las grandes preocupaciones del hombre desde que alcanzó la condición de ‘homo sapiens’. Lo demuestran todas las clases de adivinos que existían en la Edad Antigua (arúspices, orinomantes, pitonisas…), los personajes míticos que se han inventado las grandes obras de la ciencias ficción (los psicohistoriadores de Asimov, los precogs de Philip K. Dick...) o los expertos actuales que se jactan de poder predecir el devenir de una nación o una economía. Los que depositan sus augurios en las estrellas se encontraron hace años con una incómoda realidad: según el movimiento y la posición de los astros, todo el sistema de ordenación del zodiaco sería incorrecto en el momento presente. El 86% de los mortales tenemos un horóscopo muy distinto del que pensamos. En la lista aparece además un signo totalmente nuevo, el de Ofiuco La culpa de semejante desbarajuste la tiene un grupo de expertos de la Minnesota Planetarium Society que en el año 2011 vino a recordar al mundo algo que ya se afirmaba desde hace tiempo: el horóscopo estaría comprendido por 13 signos y no por 12, como dicta la tradición. Inexactitudes y cambios Algunos se preguntarán qué tiene que ver la ciencia con un sistema de creencias como la del mundo astrológico. Lo cierto es que, en origen, la astrología y la astronomía estaban imbricadas, y ciertas premisas de la práctica adivinatoria tenían su base en la pura observación empírica. El establecimiento de los 12 signos del método de predicción del horóscopo tienen así su fundamento en el fenómeno de la eclíptica. La eclíptica vista desde fuera de la Tierra.(Creative Commons) La eclíptica vista desde fuera de la Tierra.(Creative Commons) En la Antigüedad, los astrónomos no conocían cómo era el verdadero movimiento de la Tierra, del Sol o de las estrellas, pero eran buenos estudiosos del cielo. De este modo, basaron todo su modelo para comprender la mecánica que regía el universo en los fenómenos que se podían contemplar desde su posición sobre la superficie del planeta. En puridad, la eclíptica, y por ende el zodiaco, es la línea imaginaria por la que transcurre el Sol en su movimiento aparente (es decir, visto desde nuestro planeta) respecto al “fondo inmóvil” que ocupan las estrellas (que no podemos ver durante el día por la fuerte luz emitida). Así, a medida que La Tierra se desplaza alrededor del astro rey, una constelación distinta queda marcada por la posición que el Sol ocupa cada mes. El recorrido de la eclíptica visto desde la superfice terrestre (Creative Commons) El recorrido de la eclíptica visto desde la superfice terrestre (Creative Commons) Fueron los babilonios quienes hace más de 3.000 años definieron la eclíptica, dividiendo el zodiaco en 12 partes iguales, si bien algunos tratados incluían ya un decimotercer signo. El sistema era ya de por sí bastante poco preciso puesto que las constelaciones tienen formas y tamaños distintos, de modo que el Sol pasa periodos más largos o más cortos alineado con cada una de ellas. Por ejemplo, la línea que parte desde la Tierra, atraviesa el Sol y apunta hacia Virgo, lo hace durante un mes y medio. Cuando señala, sin embargo, hacia Escorpio lo hace solo durante solo 7 días. Asimismo, los babilonios no conocían tampoco otro fenómeno físico que ha acabado cambiado la eclíptica. Se trata de la atracción gravitacional que ejerce la Luna, que genera como resultado un ligero “tambaleo” del planeta conocido como ‘precesión’, todo un cambio lento y gradual en la orientación del eje de rotación. Por culpa de la ‘precesión’ podemos decir que, vista desde la perspectiva de miles de años, la Tierra se mueve en realidad como una auténtica peonza. Desde la fría perspectiva de la ciencia, corrigiendo las imprecisiones mencionadas y el cambio en el eje de rotación, el 86% de los mortales tendríamos un horóscopo muy distinto al que se estableció en origen. En el elenco aparecería además un signo totalmente nuevo, el de Ofiuco. En definitiva, esta debería ser la auténtica lista con los signos del zodiaco según la astronomía (entre paréntesis colocamos las fechas que actualmente se están utilizando): Capricornio: del 20 de enero al 16 de febrero (23 de diciembre al 21 de enero). Acuario: del 16 de febrero al 11 de marzo (22 de enero a 20 de febrero). Piscis: del 11 de marzo al 18 de abril (21 de febrero al 19 de marzo). Aries: del 18 de abril al 13 de mayo (20 de marzo al 20 de abril). Tauro: del 13 de mayo al 21 de junio (21 de abril al 21 de mayo). Géminis: del 21 de junio al 20 de julio (22 de mayo a 22 de junio). Cáncer: del 20 de julio al 10 de agosto (23 de junio al 22 de julio) Leo: del 10 de agosto al 16 de septiembre (23 de julio al 22 de agosto). Virgo: del 16 de septiembre al 30 de octubre (23 de agosto al 22 de septiembre). Libra: del 30 de octubre a 23 de noviembre (23 de septiembre a 22 de octubre). Escorpio: 23 de noviembre al 29 de noviembre (23 de octubre a 22 de noviembre). Ofiuco: del 29 de noviembre al 17 de diciembre (no incluido en el Zodiaco). Sagitario: del 17 de diciembre al 20 de enero (23 de noviembre al 22 de diciembre).

sábado, 23 de septiembre de 2017

Polémica por los cambios que quiere Nación para la educación secundaria


Polémica por los cambios que quiere Nación para la educación secundaria Desde el Ministerio nacional aseguran que la transformación arranca en 2018. Desde la Provincia, que no hay nada acordado Marcela Isaías por Marcela Isaías FACEBOOK En diversas manifestaciones estudiantes secundarios han reclamado por mejores condiciones de aprendizaje y en defensa plena de la educación pública. En diversas manifestaciones estudiantes secundarios han reclamado por mejores condiciones de aprendizaje y en defensa plena de la educación pública. El Ministerio de Educación y Deportes de la Nación impulsa un cambio para la escuela secundaria para 2018 centrado en cómo ingresan los docentes al nivel, cómo se planifican los aprendizajes y en un nuevo régimen académico que obligue al trabajo interdisciplinario. La secretaria de Innovación y Calidad Educativa de Nación, Mercedes Miguel, fue quien hizo este adelanto durante un foro realizado en Buenos Aires. También afirmó que hay avances en un consenso federal para que comience en poco tiempo esta transformación. Sin embargo, desde el Ministerio de Educación de Santa Fe desmienten tal acuerdo y consideran que se trata de "un anuncio unilateral". PUBLICIDAD "Apenas asumimos, hace 16 meses, lo primero que hicimos fue crear una Red Federal para la Mejora de los Aprendizajes, donde estamos los 24 equipos de todas las provincias. Una vez por mes nos reunimos para una agenda concreta. Ahora hemos puesto el foco en la escuela secundaria de la Argentina, que amerita una transformación profunda, sobre la que ya no hay más tiempo que perder", expresó la secretaria de Innovación Mercedes Miguel, durante el XII Foro Latinoamericano de Educación organizado por Fundación Santilla, el lunes y martes pasado en Buenos Aires. En una entrevista en vivo, donde la doctora en educación de la Universidad de San Andrés Melina Furman ofició de periodista, Miguel hizo públicas algunas puntas sobre este proyecto. Y a pesar de que hasta el momento, los docentes y estudiantes se informan por los medios de lo que se prepara para la secundaria argentina, la funcionaria nacional afirmó que se eligió el camino de innovar "con las escuelas, con los docentes, con los directores, con los supervisores, con los ministros y ministras". Esas innovaciones —puntualizó— pasan por aprendizajes interdisciplinarios, planificaciones a nivel institucional (el trabajo por proyectos institucionales) y cómo ingresan los profesores y las profesoras al nivel secundario. Y aunque en este nivel rigen mayormente las horas cátedra, habló todo el tiempo de "cargos". La investigadora Melina Furman y la secretaria de Innovación y Calidad Educativa de Nación, Mercedes Miguel. La investigadora Melina Furman y la secretaria de Innovación y Calidad Educativa de Nación, Mercedes Miguel. "La Escuela Secundaria 2030, que es como la denominamos, la estamos trabajando con los 24 ministros y ministras. Nos encontramos una vez por mes en la Red Federal para la Mejora de los Aprendizajes y tenemos algunas dimensiones muy concretas de trabajo. Aspiramos a tener una resolución del Consejo Federal de Educación donde todos los ministros se comprometan a hacer estos cambios", expresó Miguel en el Foro confiada en que "en dos meses" estará aprobada esa herramienta legal para comenzar con los cambios, ya que aseguró hay un trabajo muy avanzado con todos los equipos jurisdiccionales. Anunció el 2018 como el año de inicio de la nueva secundaria, al menos en seis provincias (sin mencionarlas). Enseguida se explayó sobre las cuestiones que define como "cruciales, críticas y más provocativas, que son las que van a romper la estructura para que empiecen a pasar otras cosas". Una es "cómo acceden los docentes al cargo. Todavía tenemos un sistema muy compartimentado en términos de un profesor que accede a una escuela, a un año, a una sección, a dictar una asignatura. Necesitamos esta transformación para que el docente pueda ingresar a la institución y trabajar con su equipo de colegas". Y continuó: "Hemos creado un nuevo marco que se llama MOA (Marco de la Organización de los Aprendizajes) que propone la obligatoriedad del trabajo interdisciplinario, para empezar a tener en todas las escuelas. Algunas provincias ya lo están haciendo, pero queremos avanzar para que todas las escuelas tengan una planificación institucional donde puedan fijar su rumbo de aprendizajes". Agregó que no será un solo marco para todo el país, sino que "cada provincia tiene que ponerse a pensar cómo se acredita, cómo se evalúa y cómo se organiza el aprendizaje a nivel institucional. La sostenibilidad va a venir de la mano de lo que van a hacer las provincias con sus equipos técnicos, que están trabajando con nosotros en esta estrategia". Entre otros aspectos que adelantó de los cambios promovidos consideró "la capacidad de los profesores de trabajar en otros espacios, de ser más disruptivos en términos de la organización escolar"; también que se trabaja en un nuevo catálogo de edificación "para que los nuevos edificios que se construyan a nivel nacional sean también más disruptivos y generen nuevos espacios en escuelas". Además, se proyecta que "en los tres últimos años (del nivel) los estudiantes puedan hacer aprendizaje en servicio o aprendizaje situado, que se conectan con la comunidad, para que valga la pena y le encuentren sentido a la escuela". El Foro de Santillana se realizó en el Centro Cultural de la Ciencia, en un auditorio colmado de docentes. Quizás porque era la última expositora de la jornada del lunes o por otras razones, pero llamativamente cuando Miguel era entrevistada por Furman, un importante número de asistentes dejó la sala. En esa charla que pretendió ser distendida, Mercedes Miguel propuso aprender de "la naturaleza", de "los ecosistemas", para enfrentar las transformaciones. También definió que "el cambio en un país como la Argentina viene de la mano de mucha concentración y mucha conciencia de dejar de lado el debate, la teoría, la investigación de la investigación de los procesos y pasar a la acción". Y que en "política educativa no debería haber política partidaria". Además de confesar que su gran aprendizaje en el paso por la gestión fue "abrazar a todos, sumar a todos y trabajar con muchos tipos de profesionales". En tanto confió que le quita el sueño "ver los ojos sin brillos en educación".http://www.lacapital.com.ar/educacion/polemica-los-cambios-que-quiere-nacion-la-educacion-secundaria-n1425204.html

jueves, 21 de septiembre de 2017

ARGENTINA: LA ECONOMÍA EN NUESTROS PRÓCERES ( Lo que nunca te contaron de cómo nuestros próceres manejaron su dinero)


http://www.infobae.com/sociedad/2017/08/26/lo-que-nunca-te-contaron-de-como-nuestros-proceres-manejaron-su-dinero/ Lo que nunca te contaron de cómo nuestros próceres manejaron su dinero- Sarmiento dilapido la fortuna de su mujer. Rosas termino su vida como un modesto granjero en Inglaterra. Mitre tenia problemas para obtener préstamos. Estas son solo algunas de las historias que cuenta Mariano Otálora, economista experto en finanzas, en esta charla con Infobae Por Camila Hadad 26 de agosto de 2017 chadad@infobae.com Play ¿Cómo fue que Juan Manuel de Rosas, uno de los mejores administradores rurales y el hombre más poderoso de la Argentina en su época, terminó su vida como un modesto granjero en Inglaterra? ¿Por qué Domingo Faustino Sarmiento fue acusado de haber dilapidado la fortuna de su esposa? ¿Qué relación hubo entre la Campaña del Desierto y el súbito enriquecimiento de Julio Argentino Roca? ¿Por qué Bartolomé Mitre tenía tantas dificultades para obtener préstamos de dinero? Estas son algunas de las preguntas acerca de los grandes próceres que se hace Mariano Otálora -director de la Escuela Argentina de Finanzas Personales- a lo largo de su nuevo libro Los próceres y el dinero, de Editorial Sudamericana, un trabajo de investigación de casi tres años en el que participaron varios historiadores. Otálora es un economista, experto en finanzas, que ha escrito numerosos libros: Del colchón a la inversión, Inversiones para todos, ¿Qué hacemos con los pesos, Amor… sos la inversión de mi vida. Y recientemente acaba de sacar este libro donde cuenta cómo los héroes de la Patria manejaban sus fianzas. Así, en el subtítulo de Los próceres y el dinero, se lee Inversiones, estafas y despilfarros de los grandes nombres de la patria. En cada una de estas historias financieras se relata cómo grandes de la historia como Sarmiento, San Martín, Belgrano, Nicolás Avellaneda, Mitre, Roca y Rivadavia, entre otros, utilizaron o no, el poder para aumentar su patrimonio. -¿Qué descubriste estudiando la economía de próceres como Sarmiento, Belgrano y Roca? -De todo. Primero que muchos próceres por ahí no merecen el bronce como uno piensa, siempre hablando del punto de vista económico o de si utilizaron su poder o su posición para enriquecerse. Ahí encontrás los buenos y los malos. -¿Quiénes son los buenos y quiénes los malos? -Ya te digo que los buenos son personajes que, mientras más los estudiás y te metés, más te enamorás. Hablo de San Martín y Belgrano, que esos son sin dudas los buenos. Después tenés los malos, por decirlo de alguna manera, Rivadavia y Roca, que los podés cuestionar de muchas maneras porque realmente la posición de poder y el crecimiento de su patrimonio fueron de la mano. En cambio, San Martín y Belgrano le dieron la espalda al dinero y no utilizaron su posición para enriquecerse o crecer patrimonialmente.
“Belgrano era tan pero tan pobre que al morir no había plata para su lápida. Entonces cortaron un pedazo de madera de un mueble y esa fue la lápida en su tumba” “Belgrano era tan pero tan pobre que al morir no había plata para su lápida. Entonces cortaron un pedazo de madera de un mueble y esa fue la lápida en su tumba” -¿Cómo manejaba su economía Belgrano? -Belgrano siempre le dio la espalda al dinero y eso que venía de un padre rico. Imaginate hoy al comerciante número uno en la Argentina, ese era el padre de Belgrano, Domingo Belgrano, pero era un estafador. Le hicieron un juicio, termina preso. Eso a Belgrano lo perturbó durante toda su vida y no utilizó la herencia de su padre. Empezó a trabajar en la función pública más para sobrevivir que para hacer dinero, donaba parte de sus ingresos y muere en la miseria absoluta. Era tan pero tan pobre que al morir no había plata para su lápida. Entonces cortaron un pedazo de madera de un mueble y esa fue la lápida en su tumba". -En tu libro decís que Rosas terminó como un modesto granjero en Inglaterra. ¿Qué le pasó? -Rosas era el empresario, el terrateniente número uno. Llegó a tener 300.000 cabezas de ganado. Hizo una fortuna incalculable. ¿Qué pasó? Se tuvo que ir exiliado. Agarró lo poco que tenía, algunos billetes de la época y también se llevó todos sus balances, fue muy inteligente. Pero acá en la Argentina obviamente fue perseguido, no tuvo posibilidad de defenderse y le expropiaron todos sus bienes. Rosas termina pobre, no porque no tuviera patrimonio, sino porque ante un juicio perdió absolutamente todo. Se vendieron todos los bienes. Muere como un pobre granjero inglés que tuvo que vender hasta sus últimas gallinas y sus vacas para comer. -¿Cómo fue que Roca tuvo un súbito enriquecimiento? -Roca era una persona muy hábil y con visión para los negocios. Compraba tierras a 2,50 no porque apostara al desarrollo del negocio en el lugar que elegía, sino que le ponía desarrollo a la tierra. Por ejemplo, el ferrocarril. Él era el Presidente y determinaba por dónde iba a pasar el ferrocarril. Entonces compraba terrenos baratos y dos años después pasaba el ferrocarril y esas tierras las vendía, obviamente, muy caras.
“Sarmiento fue un emprendedor, un soñador, pero un desastre con el dinero. El dato curioso es que durante toda su vida su mujer le dijo que él había dilapidado toda su fortuna” “Sarmiento fue un emprendedor, un soñador, pero un desastre con el dinero. El dato curioso es que durante toda su vida su mujer le dijo que él había dilapidado toda su fortuna” -¿Sarmiento dilapidó la fortuna de su mujer? -Sí. Ese es un dato muy gracioso. Sarmiento siempre fue un emprendedor, un soñador, pero también fue un busca que quiso permanentemente pertenecer a la élite pero que no tenía a veces el dinero que era determinante para participar. Sarmiento pega el salto cuando se casa con la viuda de su mejor amigo, un minero chileno que muere. Sarmiento se casa con Benita Pastoriza que es sanjuanina y a partir de ahí empieza a pegar el salto. El dato curioso es que durante toda su vida su mujer le dijo que él había dilapidado toda su fortuna. Y cuando analizás ves que es cierto, porque Sarmiento era un desastre con el manejo del dinero. Esto está relacionado con que al ser emprendedor y soñador era muy olvidadizo, no sabía dónde tenía la plata ni a quién le debía. Entonces la mujer se lo cuestionó en vida. -¿Hay algo que reprocharle? -Un dato negativo que encontré es que llegó a tener hasta cinco sueldos en simultáneo del Estado. Si uno se pone a ver y a analizar en esa época ya estaba mal visto. José Hernández ya decía que Sarmiento era un "hijo caro de la República". -¿Sarmiento hizo grandes negocios? -No. Por ejemplo, mandó a comprar una imprenta para poder imprimir sus libros. Vos no le encontrás a Sarmiento grandes negocios pero sí grandes intenciones de hacerlos. No hay dudas de que era un desastre con el dinero. No terminó en la miseria, terminó con un patrimonio modesto. No fue rico pero hasta en el testamento tuvo que explicar que no malgastó la fortuna de su mujer a pesar de que todo indica lo contrario.
“Para Rivadavia sus negocios estaban por encima de la Patria y de la soberanía” “Para Rivadavia sus negocios estaban por encima de la Patria y de la soberanía” -¿Rivadavia inventó la deuda externa? -Sí. De Rivadavia el dato más negativo que se le conoce es que inaugura la deuda externa en el país y declara el primer default en la Argentina. Yo eso se lo justifico desde el punto de vista económico, porque me parece que esas decisiones estuvieron por encima de él. Tampoco lo podemos cargar a Rivadavia con eso. Pero sí encontré cosas que me llamaron la atención, como que él tenía muchos negociados con la banca inglesa. -¿Pensaba en la Patria o en su bolsillo? -Hay un episodio que te muestra cómo para Rivadavia sus negocios estaban por encima de la Patria y de la soberanía, que es lo que más le cuestiono. Por ejemplo, él le había vendido a uno de los ingleses la explotación de una mina de La Rioja. Cuando van a esa provincia los ingleses se encuentran con un gran caudillo, Facundo Quiroga, que les dice que ese papel que les firmó Rivadavia no tiene nada que ver: "Es mía y la estoy explotando yo". En ese momento el país estaba en guerra con Brasil. Rivadavia tuvo que decidir entre continuar la guerra con Brasil, que ya Argentina la venía ganando pero no tenía un mango para seguirla, o declararle la guerra a Quiroga, que lo había dejado mal parado con los ingleses. Eligió negociar mal con Brasil. Y terminamos firmando un documento que no era conveniente para Argentina. -¿Era bueno para los negocios? -Rivadavia tenía una visión de negocios pero no era bueno realizándolos. Encontrás que eran más los negocios que perdía o fracasaban que los que realmente le iban bien.
“A Bartolomé Mitre le costaba conseguir préstamos. Ni la misma gente de la redacción del diario La Nación le prestaba plata porque no la devolvía… ¡era olvidadizo!” “A Bartolomé Mitre le costaba conseguir préstamos. Ni la misma gente de la redacción del diario La Nación le prestaba plata porque no la devolvía… ¡era olvidadizo!” -¿Por qué Mitre tenía dificultades para obtener préstamos? -Esa es una parte ya en el final de su vida y de su carrera. Ni la misma gente de la redacción del diario La Nación le prestaba plata porque no la devolvía. Los mismos empleados decían "ahí viene Bartolomé Mitre" cuando sabían que les iba a pedir… Era poca plata, como si fueran hoy 50 o 100 pesos, pero sistemáticamente nunca te la devolvía. -¿Por qué no la devolvía? -Porque era olvidadizo…. ¡Vaya uno a saber! Pero nadie le prestaba a Bartolomé Mitre porque no devolvía nada. Se olvidaba y no le ibas a decir "me devolvés los 50 0 100 pesos". -¿Qué tienen todos ellos en común? -Encontrás que todos invertían más o menos en lo mismo porque no existían las posibilidades que hay hoy. La inversión número uno de todos sin duda era la tierra: medías tu patrimonio en cantidad de tierras. Pero la verdad es que eran muy básicos a la hora de invertir o de administrar su dinero. Lo único que encontré que, mal o bien, hay una vinculación entre su poder y cómo crecieron en su patrimonio. En algunos es lo que me dolió y molestó, pero en otros, en comparación, no fue tanto. Salvo San Martín, Belgrano o Nicolás Avellaneda, en el resto encontrás simpre una vinculación en cómo crecieron patrimonialmente. -¿Qué podes decir de San Martín? -Lo acusan de robarse tesoros nacionales cuando estuvo en Perú. Tambien tenia una gran atracción por el juego, lo cual lo llevo a perder todo su dinero. -¿Cuál fue el prócer más hábil en el manejo del dinero? –Urquiza fue uno de los empresarios más aventajados de su tiempo, siempre atento a todos los avances tecnológicos y nuevas oportunidades de negocios. A lo largo de su vida fue comerciante, terrateniente, banquero, hasta empresario del transporte, incluidos ferrocarriles y barcos. Fue un emprendedor todo terreno.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

PARA EDUCADORES...(Efemérides: Victor Mercante)


Víctor Mercante fue el responsable pedagógico de la reforma educativa de 1916, por la cual se redujo la obligatoriedad escolar a cuatro años y se creó una Escuela Intermedia para varones. Un año después de que la reforma quedara sin efecto, el pedagogo publicó su obra La crisis de la pubertad y sus consecuencias pedagógicas, en la que asumió la defensa de esa iniciativa. Este texto lo reveló como una figura con una fuerte proyección en la sociedad. En este trabajo se busca dar cuenta de ese hecho social para mostrar, a partir de su acción individual, de qué modo ese cuerpo de profesionales de nuevo cuño se transformó en agentes políticos e intelectuales de la esfera pública a partir de la disposición de un capital cultural. Palabras clave: Argentina; Educación; Maestro; Agente político e intelectual; Esfera pública La sanción de la ley 1420 de educación común, gratuita, laica y obligatoria hizo posible que el lema de la generación del ’80 en Argentina, "gobernar es educar", se concretara. Sin embargo, a principios del siglo XX, sus logros fueron puestos en duda. Las alentadoras cifras que, para muchos, eran la muestra del triunfo de la civilización, según otros, eran un signo evidente de los magros resultados alcanzados por ese modelo de escuela pública. Para estos últimos, el despliegue discursivo con el que se había engalanado el carácter misional de la escuela desbordó a una institución que no conseguía acortar la brecha entre lo que se esperaba y, finalmente, podía concretar. Frente a las marcadas expectativas que se depositaron en la educación, y al preocupante cuadro social que se percibía, cualquier logro que hubiera conseguido aparecía como de mediano alcance.1 Voces como las de Matías Sánchez Sorondo, director general de Escuelas de la provincia de Buenos Aires, hablaron de recuperar el orden perdido reformando la escuela pública, para lo cual se debía"enseñar a todos, pero no enseñar las mismas cosas [...] es necesaria la diferenciación, en el período de mínima a máxima, según los sexos, el medio, la zona, la asistencia escolar y las características regionales".2 Para otros, como el normalista Antonio Díaz, era importante recordarles a los alumnos que "desde ese asiento duro y sin respaldo podrán llegar hasta el sillón presidencial de la República, si se tiene talento y virtudes cívicas".3 Esta apuesta democratizadora consideraba a la escuela primaria como un monumento nacional y no sería obra patriótica derribarlo para levantar otro, sino que era "imprescindible perfeccionarlo y elevarlo".4 En el mismo sentido Reyes Salinas, quien luego ocupara el cargo de ministro de Instrucción Publica en tiempos de Yrigoyen, reclamó por echar sin temores "vino nuevo en nuestros odres viejos".5 La controversia alcanzó su punto de inflexión en el contexto de la presentación del plan de reforma educativa de las escuelas primarias, los Colegios Nacionales y las Escuelas Normales, impulsado por Carlos Saavedra Lamas, ministro de Culto, Justicia e Instrucción Pública. La propuesta que elevó al Poder Legislativo en 1915 apeló a una profusa y contundente argumentación pedagógica, a partir de la cual se justificó la urgencia de cambiar el rumbo de la educación pública en el nivel primario y medio. La reforma fue puesta en práctica por un año, para ser derogada durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen. El normalista Víctor Mercante, miembro de ese cuerpo homogéneo de profesionales que surgió al amparo de las políticas de E·stado, fue protagonista clave en aquellos días. En 1918, publicó su obra La crisis de la pubertad y sus consecuencias pedagógicas,considerada "la más importante de Hispanoamérica y la más revolucionaria",6 dando cuenta de la autoría intelectual de la reforma. La aproximación a la figura de Mercante, y el análisis aguzado del texto, revela aristas novedosas para el campo de la historia social de la educación, como la conformación de un campo pedagógico y el protagonismo de un normalista en la esfera política de su tiempo. Atendiendo a ese escenario social y político que impulsó la reforma, este trabajo es un primer avance de una investigación en la que interesa estudiar el proceso de profesionalización del magisterio. Para comenzar a transitar la temática, se analiza el pensamiento de este referente de campo pedagógico y, en particular, la mencionada obra, en la que se advierte el lenguaje científico al que apeló para contrarrestar los argumentos de aquellos que habían cuestionado la medida de Saavedra Lamas. El autor y su texto devienen disparadores de una grilla de cuestiones a seguir indagando, como las singularidades de la conformación del normalismo -con sus vacíos y discusiones conceptuales a la hora de abordarlo como la conquista de la profesionalización-; la conformación un campo pedagógico, con sus límites y alcances en la conquista de la autonomía -teniendo en cuenta que la educación, por entonces, fue promovida y tutelada por el Estado- y la inesperada presencia pública de estos nuevos agentes políticos e intelectuales en la Argentina de fines del siglo XIX y principios del XX. Los nuevos agentes políticos e intelectuales del campo educativo La búsqueda de un personal idóneo para garantizar la puesta en marcha del sistema público de enseñanza,7 hizo imprescindible fijar políticas destinadas a promover la profesionalización del magisterio.8 En el año 1870, un primer paso concreto a favor de ese cometido se consiguió con la creación de la Escuela Normal de Paraná. Como se afirmó, con la profesionalización de los educadores se conseguiría "la conquista del puesto de honor que teóricamente se señala".9 Se supuso que el pasaje por esos "ritos de institución"10 generaba el status de la profesión y su visualización social positiva. La formación debía apuntar específicamente al aprendizaje de los "roles" y a la internalización de los aspectos sociales y simbólicos que implicaban el ejercicio del magisterio. Si bien no se puede equiparar la situación del magisterio a la construcción del ideal profesional, al énfasis en la carrera, la educación especializada y la meritocracia que se gestó en el caso de los médicos11 y los abogados, lo cierto es que se habló de profesionalizar a los educadores. La carrera de educador fue revestida de un discurso simbólico que apuntó a una formación normalista y a su correlato, la obtención de un título habilitante, al tiempo que se apeló a la imagen del apostolado, el sacerdocio y el sacrificio que revestía a la función de un carácter misional.12 Al respecto, la hipótesis que orienta la línea de trabajo a seguir considera que a la hora de hablar de profesionalización del magisterio es necesario diferenciar la formación del magisterio de la carrera como formadores de maestros, es decir, como profesores y profesoras de escuelas normales. Si la primera estuvo condicionada por los sobresaltos de planes de estudio que se cambiaban permanentemente y se orientó fundamentalmente a la captación de alumnas, el profesorado apuntó a una capacitación y especialización pedagógica que fue un referente para América Latina. Si bien se asistió a una feminización del magisterio, cabe señalarse que no fueron pocas las voces que se pronunciaron a favor del invalorable aporte del maestro varón para educar a los niños mayores. A fines de los 1890s. y a principios del siglo XX, se hicieron más corrientes los pronunciamientos en pos de recuperar a los varones en el ejercicio del magisterio. El "afeminamiento" de los jóvenes parecía tener como causa principal la ausencia del hombre para conducirlos. Ese era un síntoma que comenzaba, en principio, en el ámbito de la familia y que se continuaría en la escuela. Con sus reconsideraciones, idas y vueltas en la implementación de planes de estudio, lo que efectivamente consiguieron aquellas políticas fue convertir al normalismo en el "símbolo de la escuela laica".13 A partir de su función y de la disposición de un capital cultural,14 el magisterio conectó comunidades y sectores sociales distantes entre sí cumpliendo su "misión" de socializar a las nuevas generaciones de ciudadanos en la cultura "nacional". La construcción de su perfil laboral hizo posible la generación de un "habitus"15 que permaneció en el tiempo y fue transferido dentro de la institución formadora y reproducido por los propios actores de la educación. Con ciertas contradicciones en el discurso, y con la permanente denuncia por la mala retribución que recibían en el cumplimiento de la tarea, los maestros y maestras que hicieron su pasaje por el normalismo fueron al mismo tiempo presentados como los "sacerdotes de los tiempos modernos" por su vocación de servicio, entrega y humildad. Un efecto inesperado de aquellas medidas fue la creciente participación de los miembros del magisterio en cuestiones de tipo políticas. Fueron frecuentes las expresiones que daban cuenta de un normalismo expuesto a "la insaciable política aldeana que arrojaba a la calle a viejos y competentes servidores e improvisa pedagogos a algún favorito que merodea en las altas regiones".16 Las denuncias hacían referencia a la burocratización del magisterio y, específicamente, a que los varones habían sido los más expuestos a caer en ese mal de la empleomanía.17 No fue menor el registro de denuncias y de exoneraciones que se hicieron en contra de maestros y maestras acusados de participar en contiendas políticas, a pesar de que existía una disposición que prohibía toda forma de acción partidaria de los empleados del Estado.18 Los educadores participaron de la esfera pública y política19 y de esa republicanización de la política.20 Asimismo, por su formación pedagógica, devinieron en referentes de opinión. Esa formación pedagógica, según Tedesco, habría sido una expresión del positivismo en tanto ideología dominante del periodo.21 El signo del ideal absoluto del conocimiento a través de la ciencia natural y su método, habría determinado el nacimiento de la Pedagogía como una extensión de las ciencias naturales aplicadas al estudio del hombre. El descubrimiento de las leyes de la enseñanza y del aprendizaje facilitaría alcanzar la meta proyectada. La formación de estos "normalizadores laicos" habría garantizado el centralismo y verticalismo de ese sistema, cerrando el círculo.22 Como una alternativa a esa postura sistémica se habría dado la corriente democrática-radicalizada, con su cuestionamiento a la acumulación arbitraria de poder por parte de la burocracia educacional. Nombres como el de Carlos Vergara, Benjamín Zubiaur, José Berruti, Mithieu y Rosario Vera Peñaloza habrían sido expresión de esta corriente. Los socialistas Alicia Moreau de Justo, Juan B. Justo y Elvira Rawson de Dellepiane fueron, por su parte, una corriente dentro de esa línea educativa. Esas "alternativas" habrían sido formuladas desde varios fundamentos políticos-ideológicos: conservadores, democráticos-radicalizados, socialistas y anarquistas. Los tres últimos constituyen el campo problemático de la educación popular.23 Sin embargo, a la luz de ciertas evidencias, puede considerarse que la conformación de ese sistema público de enseñanza apeló a una "filosofía ecléctica"24 y auna suma de contribuciones de amplio sustento ideológico liberal.25 Sobre la base de esos aportes, se asiste a un proceso de conformación de un campo pedagógico26 que tuvo su propia dinámica, más allá del régimen oligárquico de la Argentina y su proyecto modernizador a partir de la educación. Desde ese punto de vista se puede decir que muchos de esos maestros y maestras tuvieron aspiraciones intelectuales. Como lo expuso Elliot Freidson, existe una creciente confluencia teórica entre los términos "intelectual" y "profesional", más allá de mantenerse atentos a las realidades y tradiciones distintas de su procedencia.27 En un sentido abarcativo y difuso del término, tal como lo propone José Álvarez Junco, el rasgo fundamental del intelectual es que crea, administra o difunde cultura, esto es, signos, símbolos y palabras dotados de un significado aceptado por una comunidad humana; el intelectual es, por encima de todo, un "publicista o educador en el sentido más amplio de estos términos".28 Como sostiene Foucault, hace bastantes años que los intelectuales han adquirido una forma más concreta y específica de actuación. Surgió así el intelectual "específico" en oposición al "universal".29 Los docentes normalistas de alto rango fueron parte del colectivo de liberales reformistas30 que participaron de las políticas sociales impulsadas por el sector más modernizador de la clase gobernante, con el objeto de imponer una política civilizadora que garantizara la estabilidad de la nación. Aunque los más altos directivos, ministros y presidentes del Consejo fueron cargos ocupados por miembros de la elite de las profesiones tradicionales,31 no se puede desconocer que algunos normalistas alcanzaron el "honor y prestigio" de ser referentes del movimiento educativo de aquellos años. Víctor Mercante, Nicolás Pizzurno, Andrés Ferreyra, Rodolfo Senet, Ernesto Bavio, junto a figuras aparentemente contrapuestas como las de Benjamín Zubiaur, Carlos Vergara y Julio Barcos, sólo por mencionar algunos nombres, acompañaron esas políticas educativas que les permitieron desempeñarse dentro de la administración como maestros, profesores normales, inspectores y autores de tratados educativos. Asimismo, los nombres de Alicia Moreau, Raquel Camaña, Elvira Rawson de Dellepiane, Matilde Filgueira de Díaz, Cecilia Grierson, Rosario Vera Peñaloza, Alfonsina Storni y Herminia Brumana fueron el indicio claro de esa inesperada presencia pública de las educadoras. El pensamiento pedagógico de Víctor Mercante Víctor Mercante fue un exponente de la profesionalización del magisterio. Nació en Merlo el 21 de febrero de 1870. Hijo de chacareros italianos, recibió una beca para estudiar en la prestigiosa Escuela Normal del Paraná. Fue regente y catedrático en la Escuela Normal de San Juan, que fuera fundada por Manuel de Antequeda. Sus vínculos sociales y políticos le permitieron ser electo diputado de la Legislatura de esa provincia por la Unión Cívica Nacional, a los veintidós años. En los años 1890s. lo nombraron Director de la Escuela Normal de Mercedes (provincia de Buenos Aires). Ocupó el cargo de Inspector del Consejo Nacional de Educación. Cuando Joaquín V. González, como ministro de Instrucción Pública durante la presidencia de Quintana, creó la Universidad de la Plata, lo nombró asesor técnico y director de la sección de Pedagogía. Tiempo después se creo la Facultad de Ciencias de la Educación, siendo nombrado primer decano. En sus funciones consiguió dotar a la Universidad de uno de los gabinetes más completos de Psicología, creó y dirigió durante once años la revista Archivos de pedagogía y Ciencias Afines,donde se reflejó toda la actividad de profesores y alumnos. Su amistad y admiración a la figura de José Ingenieros lo llevó a relacionarse y ser estrecho colaborador de Ramos Mejía. Participó, junto a Ramos Mejía y Veyga, del primer comité de redacción de los Archivos de Criminología y Psiquiatría. Fue autor de numerosos artículos y monografías publicados en la Revista de Filosofía y La Prensa. Autor de varias obras pedagógicas, entre ellas: La educación del niño y su instrucción, Enseñanza de la Aritmética, Metodología especial de la enseñanza primaria, Vida y obra de Florentino Ameghino; contribución a su conocimiento. En 1927 publicó Maestros y educadores,obra destinada a exaltar por la fuerza moral a los "grandes servidores de la vida noble de la juventud". Le siguieron Tut-Ankh-Amón y la Civilización de Oriente, El paisaje musical, Cuentos, Los estudiantes. Ocho dramas líricos, a los que pusieron música autores argentinos: Ollantay, Frenos, Lázaro, Raquela, La Flor del Impé, El Carnaval, Lin Calel, San Francisco de Asís. Fue miembro del Consejo Superior de la Sociedad Científica Argentina, de la Sociedad de Psicología de Buenos Aires, de la Sociedad Biotipológica, de la International de paidología de París, de la American Academy of Political and Social Science de Pensilvania, honorario de la Sociedad Franklin, de la Intenational Kindergarten. Murió en su viaje de regreso en Los Andes el 20 de septiembre de 1934, luego de asistir al Segundo Congreso Panamericano de Educación que se celebrara en Chile. Su obra pedagógica se inspiró en los aportes de la psicología experimental, de allí el respeto y consideración que recibiera de Lombroso. Si el "gran positivista italiano" estudió la psicología de veinte mil criminales y delincuentes, no menor fue el número de niños y adolescentes que pasaron por los "tests" de Mercante y de sus discípulos inmediatos. Sus estudios contemplaron datos sorprendentes como talla, diámetro craneal, peso, ángulo de Cunir, diámetro bromático, dinamometría, capacidad vital, acuidad visiva y auditiva, orientación, tiempos de reacción, memoria, fatismos. Le preocupó analizar dos problemas: el conocimiento y la conducta. La conducta se le aparecía como el principal problema en aquellas aulas que reunían a cincuenta, sesenta o hasta setenta alumnos. Como comentaba frecuentemente, en ellas convivían alumnos tercos, divertidos, tontos, truhanes, perversos, locuaces, taciturnos, buenos, tranquilos, graciosos, serios, educados. Supuestamente, las expulsiones y la seguidilla de readmisiones no conseguirían "apagar el volcán [...] de aquella humanidad brutalmente amontonada en un salón para ser domesticada por un maestro".32 Una impresión dantesca que lo llevó a estudiar los fenómenos de la masa o grupo escolar, calculando la influencia de cada factor para elaborar su teoría pedagógica. La herencia, los factores físicos, lo doméstico, lo social, lo escolar cuidadosamente observado y clasificado, según explicó, le revelaron el secreto del caos que advertía en las clases. Sobre la base de esos análisis, consideró que la debilidad en la voluntad que manifestaba la juventud argentina sería un efecto de esa "guerra racial" entre las razas poco evolucionadas y las razas cultas, no llegando a imponerse, en los países americanos, las tendencias superiores. Por eso, tanto las escuelas como los colegios secundarios debían elaborar estrategias diferentes, una destinada a funciones superiores y otras preparadas para una vida inferior, como por ejemplo las de las razas negra e india que no habrían llegado a su proceso de adaptación al ambiente.33 Consideraba, por tanto, que la eficacia del proceso de enseñanza dependía, en gran parte, del grado de homogeneidad que se alcanzara en el grupo. Los grupos debían ser perfectamente parejos en inteligencia, atención, memoria, etc., para lo cual eran imprescindibles los estudios antropométricos.34 Su investigación escolar-antropológica convirtió al aula en un laboratorio humano con una gama de repertorios de comportamientos.35 El espacio escolar se transformó en su lugar de experimentación y productor intelectual de un nuevo saber científico al que llamó Paidología. A partir del conocimiento de esta ciencia se acompañaría la evolución natural de los casos "normales" y se formulararían las instancias correctivas para los casos de "anormalidad". La normalidad implicaba condiciones físicas, intelectuales y morales "regulares", por eso la educación para los "anormales" debería ser enmendativa apelando a los métodos para corregir y luego formar nuevos hábitos. Con la pedagogía experimental, supuestamente se llegaría a conocer matemáticamente a los alumnos, disponiendo de cuadros y diagramas, analizando aptitudes y estado de preparación de un curso, sus sentimientos, la adecuación de un método, la velocidad de asimilación de los conocimientos, etc.36 En materia de educación no se podía improvisar, "el cálculo era el arbitrio eficaz de la experiencia".37 Concibió al niño como un "ser pasivo que se mueve bajo la acción de los estímulos enérgicos, obligados por algo que, contrariando sus hábitos de inercia, los vuelva activos".38 Su desánimo para el trabajo, su espíritu de desorden y pereza debían revertirse con métodos basados en estímulos rápidos, económicos, eficaces y no penosos, sustentados en la razón nacida de la experiencia. La enseñanza debía primero corregir y luego formar.39 Esas consideraciones lo llevaron a ocuparse centralmente de la elaboración de una metodología que permitiera responder "qué debe enseñar el maestro y cómo debe enseñar" o, en otros términos, "qué debe aprender el alumno y cómo debe aprender". Para ello sería necesario, primero, la formulación de un programa, y segundo, de un procedimiento. Lo primero era la ciencia, lo segundo, el arte de transmitirla. Si se prefería una enseñanza en la escuela primaria sin textos, sería necesario que se difundieran los libros de ejercicios de problemas, los syllabus, los cuestionariospara todas las materias, desde la geometría hasta la moral cívica; que los maestros las escribieran y se familiarizaran con ellos, impuestos por las autoridades. Sólo así se salvaba la enseñanza del apocamiento de la que podía "resultar un pueblo sin iniciativa, sin capacidad para conocer y sin criterio para apreciar, aunque sepa leer; que leer sin pensar es el mayor peligro de una democracia..."40 El positivismo fue su principal fuente de inspiración; sin embargo, en sus escritos se advierte la recuperación de importantes referentes del campo pedagógico y de todo aquel aporte científico que fuera válido para encontrar respuestas a sus inquietudes. Inclusive se adelantó a los postulados del movimiento de la "Escuela Nueva" que, en Argentina, alcanzó una mayor presencia en los años 1920s. y 1930s. Cabe señalar que el llamado escolanovismo reforzó el concepto de educación atravesado por nociones médicas, psicológicas e higienistas a tal punto que ésta llegó a ser sinónimo de higienización.41 Esas nuevas teorías y prácticas educativas suponían que, a partir del contacto y la experiencia de trabajo lograda con niños signados como "anormales", se modificaría el monótono y disciplinado orden escolar tradicional. La dimensión psicológica se convirtió en uno de los más importantes elementos para tratar las disfunciones institucionales, a la que se sumó la Biología y la Neurología. Además, fueron especialmente tenidos en cuenta los aportes de la Pediatría y la Puericultura que brindaron conocimientos sobre la higiene y la salud física y mental de la infancia; de esta manera, se pretendieron dar las condiciones para que las prácticas escolares institucionalizadas generaran un marco normativo y adaptativo.42 Uno de los mayores aportes de ese movimiento, que se asumió como un movimiento crítico, rupturista y renovador, fue el de plantear una enseñanza activa y en contacto con la naturaleza. El joven Mercante, en sus primeros pasos en la docencia en San Juan, se anticipó a ese postulado poniendo en experiencia sus habituales excursiones dominicales con sus alumnos. Esa escuela al aire libre, solía decir, liberaba a los jovencitos de malas compañías en una edad que estaban propensos a la corrupción. Encontraba en esas excursiones una descarga oportuna a la motricidad que tanta indisciplina ocasionaba en las aulas. El salón era un lugar donde fermentaban las pasiones e incompatibilidades de carácter y raza, que resolvían en formidables desafíos o peleas. Tiempo después sus investigaciones le darían la explicación del sentido que tenía, en los niños de 11 a 12 años, esa irrefrenable tendencia a defender la dignidad. Esos sobrantes de motricidad eran coincidentes con el período sexual y belicoso. Sobre la base de sus estudios sobre el púber elaboró su teoría pedagógica de la que se nutriría la reforma de Saavedra Lamas. Los presupuestos pedagógicos-científicos de la reforma Al leer detenidamente el texto que fundamenta la presentación del proyecto de reforma del Ministerio, así como la defensa de los diputados oficialistas en el recinto de la Cámara de Diputados, llama la atención del lector la profusa prosa inspirada en los aportes de disciplinas como la Pedagogía, la Psicología y la Medicina. Sobre la base de esos aportes fue posible caracterizar los rasgos psico-físicos y emocionales de la población estudiantil a la que apuntó la iniciativa: los púberes que cursarían la llamada Escuela Intermedia.La referencia a profesionales de estas disciplinas hace pensar en la acabada información que tanto el ministro de Instrucción Pública de la Nación, Carlos Saavedra Lamas, como los legisladores, contaban para ilustrar y defender los motivos científicos que impulsaron la reforma. La mención del pedagogo Víctor Mercante se diluye entre la serie de nombres reconocidos que se citan recurrentemente. La reforma buscó modificar el sistema de enseñanza secundaria, para lo cual promovió la reducción de la escolarización primaria, gratuita y obligatoria a cuatro años, a cuyo primer grado se ingresaba después de cumplidos los siete años de edad. Los estudios continuaban en un ciclo intermedio de tres años, gratuito y no obligatorio, cursado después de cumplidos los once años. El Ciclo Secundario, con núcleos de materias afines y correlativas, comenzaba una vez que los alumnos aprobaran la Escuela Intermedia. Lo mismo se estableció para comenzar los estudios en la Escuela Normal, distribuida en cuatro años para el título de Maestro Normal y en siete para el título de Profesor Normal, y en la Escuela Comercial, distribuida en tres años para el título de Perito Mercantil y en cinco para el de Contador Público. La reducción del ciclo obligatorio procuraba, según palabras del Ministro, luchar contra el analfabetismo y restablecer el equilibrio social. Se trató de revertir aquel preocupante cuadro de situación que mostraba la supuesta "disminución del sexo fuerte y virilfrente al mayor número de niñas que concluían sus estudios primarios",43 y esa "tendencia afanosa por asistir a la Universidad".44 Las modalidades de enseñanza técnica en las escuelas industriales, de artes y oficios y la intermedia fueron ideadas en función de ese propósito. Las Escuelas Industriales fueron consideradas institutos de enseñanza técnica destinadas a formar elementos dirigentes con preparación técnico-práctica para el trabajo industrial en las especialidades mecánica, eléctrica y química, como también constructores de edificios y sobrantes de obra.45 Las Escuelas de Artes y Oficios servirían para formar obreros hábiles y capataces de taller, dotados de conocimientos generales. La práctica de taller tendría en estas escuelas más importancia que en las industriales puesto que se pretendía que en ellas se desarrollaran lo más posible las aptitudes manuales. En estas escuelas se aprendería también conocimientos más indispensables de Aritmética, Geometría, Física, Tecnología y Dibujo Industrial que necesitaban en los diferentes oficios. En las Escuelas Intermedias, los alumnos debían adquirir, al lado de una preparación teórica general, una o más aptitudes manuales. La reforma impulsó nuevos debates y controversias. Para algunos había cercenado el espíritu de la ley 1420, y para otros había quedado a mitad de camino porque mantenía el enciclopedismo y no conseguía formar la mano de obra. Más allá de los cuestionamientos, lo evidente es que buscó canalizar parte de la población estudiantil hacia una capacitación general para las actividades manuales. La educación oficial ofrecería otras alternativas, sobre todo, para los varones que optaran por continuar en la escuela intermedia. Como se declaraba en su texto, se pretendía "dar una orientación práctica, con la perspectiva de una educación fácil y una función remunerativa que agiliza energías, encauza la vida sin anticipar orientaciones que las personas mismas después podrán adquirir en su curso".46 Finalmente, al año de que se ejecutara fue derogada por el ministro Reyes Salinas, en un elocuente guiño de su gestión educativa. En 1918, Víctor Mercante publicó La crisis de la pubertad y sus consecuencias pedagógicas (de siete capítulos y 452 páginas), en la que se presentó como el mentor intelectual de la reforma. En este texto, que sorprende al lector por la densidad de su información y conocimientos, explicó en sus palabras preliminares que fue convocado para ocupar el cargo de Director de Enseñanza Secundaria y Especial para asesorar en las reformas de los colegios y universidades que se proponían impulsar. Según sus propias expresiones, "no economizó esfuerzos para traducir en prácticas sus convicciones nacidas de la experiencia, la observación y del estudio, rectificadas y ratificadas durante más de veinte años de consagración a la enseñanza".47 El plan de estudios se habría sustentado en fundamentos de orden científico, pedagógico y legal, contemplando ese periodo entre la infancia y la adolescencia en el que la escuela y el colegio habrían librado un combate de predominio produciendo una situación caótica. Consideró que tuvieron en contra el tiempo para explicar la reforma y convencer a un país en el que todos se ocupaban de la educación. La falta de tiempo habría impedido que arraigara la reforma, rompiendo con prácticas tradicionales y con la situación de profesores acostumbrados a las cátedras de tres a cuatro horas y de padres satisfechos con el certificado que abría a sus hijos las puertas de la Universidad. Los censos educativos habían mostrado que, particularmente los varones, concluían su escolarización primaria en el 4° grado. La escuela intermedia tendría la intención de salvar ese inconveniente. Su propósito era generar armas para la defensa de los alumnos completando la educación común, despertando vocaciones, disciplinando las actividades prácticas. Una escuela así concebida justificaba la continuación de la primaria en estudios secundarios y profesionales, y tenía sentido la obligación escolar hasta los 14 años. Provocativas fueron sus palabras cuando sostuvo que "...con una educación de este tipo, en aquellos países donde la industria era el primer resorte de la riqueza y el bienestar, el obrero dejaría de ser el semianalfabeto peligroso que sabe leer; la juventud, entregada a los estudios superiores, dejaría de mirar con fruncido ceño todo lo que pudiera encallecer sus manos. [...] Dentro de cada hombre debe estar el obrero, porque el hombre vale por lo que produce y realiza. Una enseñanza viril, reduce a cantidades mínimas a los ociosos porque mil ocasiones ofrecerán ocupación a sus manos".48 Frente a esa enseñanza primaria excesiva y los improductivos colegios nacionales secundarios, lo que se debía conseguir era un tipo de educación que preparara a los jóvenes, entre los 14 y 15 años, para que se ganaran el sustento con un trabajo digno y que no mendigaran empleos de los poderes públicos. Una formación que, por otra parte, se ajustaría a las necesidades de los jóvenes ya que "...los fisiólogos y educacionistas admiten que el organismo sufre una crisis algo así como una metamorfosis [...] Tal estado, no es el más propicio a una actividad mental intensa, pero sí a una disciplina manual; razón ésta del carácter intuitivo, ejercitativo y prevocacional de los programas de cultura intermedia y de acentuación de la manual y técnica".49 Su propuesta se basó en su experiencia profesional de la docencia y en sus conocimientos sobre lo que se entendía como "crisis de la pubertad". La Psicología, la Medicina y la Fisiología le permitieron explicar que, entre los 12 y 16 años, se alcanzaba "la maduración sexual", aunque las deformaciones de las costumbres civilizadas la extendían hasta los 25 años, perpetuando la indolencia que señalaban los educacionistas. Fisiólogos como Beaunis le permitieron comprender que en esa etapa se opera una evolución rápida de los órganos genitales y una modificación profunda de la constitución orgánica. En ese ciclo de la vida, el individuo comprendería la prioridad de conservar la especie, lo cual modificaría la actividad psíquica generando nuevos sentimientos, deseos, emociones e ideas. Analizó exhaustivamente cómo en la pubertad existen variaciones orgánicas en la talla, el peso y la fuerza muscular, lo cual haría indispensable un plan de estudio reducido, pero intenso y variado. Los cambios y transformaciones sexuales producirían un periodo de crisis conmocional brusco que impulsaría a los adolescentes al juego por placer y por necesidad, para gastar energía física. La escuela no se adaptaba a esas necesidades, enclaustrando a los púberes, lo que generaba frecuentes actos de indisciplina. Las distintas actividades en el taller o la granja, debidamente preparados, podían canalizar ese sobrante de energía y favorecer el crecimiento del sistema muscular del adolescente. El juego, como el "foot-ball" o el "tennis", no era un mero esparcimiento, tal como lo entendían aquellos padres que "juzgaban decente tres horas de jadeo tras una pelota, pero innoble una de fatiga en carpir las eras de un huerto".50 Sus estudios sobre 400 de sus alumnos le habían permitido comprender que esa explosión de actividades se acompañaba, en el orden mental, por una depresión producto de un "cretinismo transitorio". Esa transformación, tanto mental como moral, sería más enérgica en la mujer que en el hombre. Según indicó, en las jóvenes de esa edad la imaginación se extravía en "raras sentimentalidades", haciéndose más reservada, temerosa, vergonzosa o bien, autoritaria y coqueta. Aquella sería la edad de las amistades tiernas, del amor romancesco, de las ambiciones y de las grandezas. Por el contrario, la anatomía y fisiología del varón sufren cambios definitivos. El mismo fenómeno se produce a nivel psicológico. A partir de la pubertad, el varón llega por grados al apogeo de los atributos intelectuales y morales de su masculinidad, y la mujer adopta los rasgos peculiares de su sexo. La crisis psíquica, a menudo, sería más intensa en la mujer que en el hombre. En absoluta sintonía con la representación de lo femenino que reproducía la cultura patriarcal de aquellos tiempos modernos, sostenía que la despreocupación moral en que vive el alma infantil de la joven le sucede el conocimiento de su situación sexual y el papel que le incumbe en la vida. El secreto instinto de su verdadera misión, acentuaría la vida interior con excesos de meditación, melancolía y la angustia expresada en llantos inmotivados. Su ternura se consagraría a determinados pensamientos y personas. Ese exceso sentimental se traduciría, en algunos casos, en misticismo. Por su parte, el varón mostraría una sensación de vida que lo anima, y su inexperiencia lo tornaría presuntuoso, turbulento, osado, soñador, ardiente de inasibles quimeras. Se hipertrofiaría su yo, sintiéndose hombre y alimentando ambiciones. Recordó las afirmaciones de Compayré que sostuvo que, a los quince años, el joven pretendía ser tomado en serio, ser tratado como hombre. Por esa razón el púber se indisciplina, siendo incapaz de persistir en una ocupación o actividad cualesquiera. Ese "desorden mental" los conduciría a una progresiva inferioridad intelectual. Era aquella una razón más para proponer, después de los 11 años, una educación profesional y técnica. El desarrollo del sistema muscular, y su fuerza casi adulta, sería acompañado por una afectividad intensa, entre los 11 y los 16 años, a ejercitar las aptitudes manuales. Pero a todo esto también se debía sumar una razón de orden económico: "la de que el país exige esta enseñanza a sus habitantes".51 Sus observaciones le habían mostrado que la atención, la voluntad y la constitución de los centros perceptivos distaban en función de los sexos. Supuestamente, la atención de la mujer era más concentrada en el periodo infantil, y se volvía más indirecta y dispersa en la pubertad, ocurriendo lo contrario en el hombre. En el varón la intensidad crecía, mientras que en la mujer se debilitaba, perdiendo la situación tan privilegiada que tenía durante la infancia. Un diagnóstico, por cierto, muy oportuno para una reforma que apuntó a la continuidad de los estudios de los varones en la Escuela Intermedia y, eventualmente, para que unos pocos siguieran el Colegio Nacional. Esos cambios desencadenarían un sentimiento de profunda crisis. En ese punto se explayó valiéndose de las afirmaciones de algunos intelectuales de la época que se pronunciaron sobre la homosexualidad, el uranismo femenino y el tercer sexo.52 Comentó que desde los 13 años, es la edad en la que "el amor ofrece esas extrañas perversiones conocidas bajo el nombre de homsexualidades y que atacan en forma de amistades solitarias, primero de emoción fiamesca después, para resolverse, por último, en uranismo [...] La función de las glándulas genésicas, dice Krafft-Ebing (Psicopathies sexuales) trae consigo al libidinoso y se traduce en estados que afectan al carácter, a la voluntad y a la conducta del individuo, particularmente durante el período en que los apetitos sexuales no son satisfechos normalmente. El onanismo arroja cifras que Roux hace alcanzar al 75%, es un vicio casi habitual del adolescente, que repercute intensamente en sus actividades y que reclama métodos previsores, como la vida en campaña y una educación sexual".53 Por otra parte, el joven púber manifiesta su tendencia a la haraganería y a la crueldad. Una edad en la que confluirían virtudes sublimes y acciones heroicas pero también, perversidades y extravíos condenables. Los antropólogos italianos -Marro, Angiolella, Lombroso- habían notado la tendencia a la ambulación y la inasistencia a clases. Los sentimientos estéticos, vinculados íntimamente con la vida sexual, sufrirían un profundo cambio al comienzo de la pubertad, de allí que sería imprescindible idear un plan de contenidos y estrategias didácticas, basados en la selección sexual e intelectual y en el mejoramiento de la especie y de los conceptos. Tanto en el varón como en la mujer adolescente, existe supuestamente una preferencia por ejercitar las manos antes que por estudiar materias. Las jóvenes le habían mostrado una inclinación por la pintura y la aversión hacia los "quehaceres femeniles" (modista, bordadora). Se sentirían atraídas por la naturaleza aborreciendo la fatiga, por lo que buscarían ocupaciones amenas y un tanto románticas. Tareas como la telegrafía y la costura les resultarían monótonas. Sus preferencias por leer Historia y Literatura, le indicaba que serían menos propensas a las actividades manuales que los varones. En definitiva, los sentimientos y la conducta durante la crisis pubertad revelarían las profundas variaciones de acuerdo a la edad y el sexo, de allí que la escuela debía adaptarse a esas dos grandes coordenadas.54 A partir de ese diagnóstico, abordó la cuestión de "la capacidad para aprender durante la crisis". El principio pestalozziano acerca de que "la medida de la enseñanza no es la que el maestro puede dar, sino la que el niño puede recibir", resultó oportuno para explayarse sobre la pertinencia de la creación de la Escuela Intermedia. Su planteo central se inspiraba en lo que Dewey había sentenciado cuando se refirió al "despilfarro de la educación",que substraía al alumno de las influencias fecundas del sol y de la sociedad. El propósito de la escuela era el de "hacerse amar el trabajo y hacerse detestar la vida muelle, inútil e insulsa del holgazán".55 De modo que el problema consistía en precisar qué se entendía por enseñanza integral. No se debía confundir integralidad destinada a satisfacer las exigencias del Estado con la integralidad destinada a formar un espíritu enciclopédico, puesto que "Es la nación que necesita ingenieros, naturalistas, historiadores, literatos, escultores, albañiles; no es el individuo que necesita ser ingeniero, naturalista, historiador, literato, escultor, albañil, carpintero, por parcial que concibamos ese enciclopedismo [...]. La enseñanza integralmente es absurda".56 Siguiendo al pedagogo cubano Aguayo, que había considerado "la escuela del trabajo como un gran taller donde cada actividad del niño, encuentra los estímulos, los motivos, los instrumentos que necesita para ejercitarse",57 presentó a las Escuelas Intermedias como aquellas que preparaban "al nuevo luchador sin recelo para el trabajo, que es la mejor y la más noble defensa de la vida".58 Una escuela donde no se descuidaban aspectos tan esenciales como la sensibilidad y la delicadeza, teniendo como marco de trabajo el ámbito de la naturaleza. Con el dictado de dos o tres horas al día de contemplación atenta, de dos o tres horas de ejercitación eficaz, de lectura de composición, de dibujo, de educación estética, de educación científica (ciencias naturales, geografía, física), realizadas "bajo el cielo como techo", se vigorizaban el razonamiento y la voluntad. En cuanto al Colegio Nacional tenía una educación de tipo integral, en tanto contemplaba la unidad desde el punto de vista psicofisiológico, realizada con el núcleo de materias afines que formaba la capacidad profesional para garantizar la agudeza de observación, razonamiento, comprensión, prontitud para asociar, habilidad para imaginar y destreza para hacer. Con esa enseñanza se pretendía desarrollar el intelecto, a partir de la organización del conocimiento desde los centros de percepción. La vocación de los alumnos estaría condicionada en su intensidad por el instinto, la tendencia y la inclinación. A diferencia de otros normalistas argentinos, que apostaron a la capacidad transformadora de la educación, estimó que la escuela no podía modificar el instinto. En ese sentido, un punto cardinal era la cuestión de la descendencia que se alteraba al no ser concurrentes las líneas ancestrales y la adaptación. Precisamente el "debilitamiento" en la juventud argentina, un mal que la escuela y el colegio no habían podido combatir, se debía a que los hijos de los inmigrantes no contaron con las mismas condiciones de ambientes y costumbres que sus ancestros, lo cual generaba las grietas en el modo de ver, pensar y querer. Otro aspecto que abordó fue el de "la organización y el gobierno de la enseñanza" que debía imperar durante la crisis. Retomó nuevamente los aspectos abordados a lo largo del texto, para pronunciarse sobre un aspecto no resuelto desde el mismo momento que se puso en marcha el imperativo de "educar al soberano". A la hora de marcar el límite entre las políticas educativas del Estado y el respeto a la libertad individual, otra vez se escudó en su saber para comentar: "La enseñanza obligatoria parécese a la obligación de guardar preceptos higiénicos, porque las enfermedades constituyen un peligro para la colectividad. El individuo pertenece al Estado, se debe a los demás, bien poco a sí mismo. De este concepto deriva el cultivo y el desarrollo de aptitudes que lo hagan útil a sus semejantes, en forma de que el esfuerzo se traduzca en un máximo de rendimiento. Pero nadie resiste a ser educado sino cuando se contrarían sus tendencias o se exigen ejercicios en los que su capacidad se excede. La ley ha querido prevenirse contra la desidia del padre, quien dispone del hijo hasta una edad avanzada. Pero la ley, [...] no podría ordenar funciones para las que no ha llegado la oportunidad físico-psicológica".59 Por allí pasaba, según su criterio, la falacia de los argumentos de quienes criticaron la reforma por atentar contra la ley sancionada en 1884. Las estadísticas demostraban que el primer año era cursado en los establecimientos secundarios por alumnos que sólo habían presentado el certificado de 4° grado. La presión de los padres había llevado a la violación de la reglamentación, poniendo en duda que el nuevo ministro Salinas pudiera conseguir que se respetara su resolución de exigir el 6° grado. La intención de la reforma había sido la de recuperar el espíritu de la ley 1420, superando aquella pasividad en la enseñanza práctica de los jóvenes destinados a la agricultura, el taller y a los oficios menores, actividades a las que se congregaban sin capacidad, desagradados y dispuestos a rehuirlos para entregarse a la vida parásita, sin profesión.De modo que,"quienes combatieron el plan del ex-ministro doctor Saavedra Lamas, tuvieron sólo una razón para hacerla: la repugnancia de ver con el delantal del artesano a sus hijos, porque no lo habían usado ellos".60 Cuando explicó la readecuación de los Colegios Nacionales con la eliminación de los exámenes de ingreso y la presentación de un plan de estudios con grupos de materias afines, detalló cómo se organizaría y se administraría el sistema reformado. Una enseñanza que articulaba un carácter integral en la formación durante los primeros años con un ciclo que pretendía educar para habilitar a los jóvenes en el ejercicio de las actividades manuales. Finalmente, en sus últimas páginas se explaya profusamente para identificar como zurdismo a aquella tendencia que veía, sentía, pensaba, hacía y se conducía al revés de los que el sentido común o la razón elemental aconsejaban. Habían contribuido a su crecimiento los nuevos medios de comunicación, pero sin duda la causa profunda era otra: "Una investigación privada, llena de dificultades, nos dio alrededor del 20% de niños cuyos padres o abuelos habían sufrido enfermedades venéreas. Estaban ellos, formados en esa masa de holgazanes, distraídos, abúlicos e incorregibles recalcitrantes. ¿No serían, tal vez, el 50%; no habría, en otros, taras de un alcoholismo ancestral? Por este lado hay secretos, del mal que lamentamos, tan graves como la subversión de valores traída por la confluencia de las razas sufrientes de Europa. De esta suerte no son problemas políticos ni pedagógicos los que deben intranquilizarnos, sino higiénicos y étnicos".61 Este comentario, que no deja de sorprender conociendo los orígenes de su autor, muestra descarnadamente, sin intermediaciones del lenguaje pedagógico, la sensación de un mundo trastocado frente a la emergencia del cosmopolitismo. Esa incertidumbre reclamó nuevamente el orden para encauzar la dinámica del progreso. El ropaje científico del discurso pedagógico de Mercante fue expresión y, al mismo tiempo, instrumento de la reacción ideológica de su tiempo. Sus ideas pedagógicas, como se dijo, tenían un propósito correctivo. La Pedagogía era el instrumento para propiciar la reforma de un sistema educativo que con el paso del tiempo había generado desconcierto. Si para los años 1880s. la escuela, con su sentido democratizador, parecía la gran aliada para concretar la estabilidad política y social tan ansiada, a principios del siglo XX aparecía como responsable de generar el "desequilibrio social". Las voces de la elite cuestionaron ese modelo de educación porque creaba la peregrina y engañosa idea de un ascenso social. Vale preguntarse hasta qué punto aquello era el producto de una ilusión o había datos de la realidad que lo corroboraban. Después de todo, allí estaba el ejemplo del hijo de inmigrantes chacareros de Merlo que logró, a partir de su capital técnico y simbólico, conseguir el capital relacional y político necesario para alcanzar el reconocimiento pedagógico y una carrera exitosa dentro de la burocracia estatal. La mirada sobre este sujeto individual y su pensamiento pedagógico, permite complejizar aquellos análisis que centran su interés en cuestiones de macro políticas, y que han presentado el normalismo con enfoques un tanto simplistas y unilineales. Habrá que seguir indagando sobre esa relación entre las políticas tuteladas por el Estado que promovieron la capacitación de los maestros y maestras y la capacidad de acción de estos sujetos sociales. La realidad social revela que los llamados "normalizadores" fueron mucho más que meros instrumentos de las políticas verticalistas y centralistas de las autoridades nacionales. La pródiga labor de Mercante lo muestra como uno de los exponentes más notables del campo pedagógico. La obra que se ha elegido para analizar en este trabajo es una demostración evidente de la densidad de su conocimiento y su amplia formación pedagógica, según los paradigmas científicos del momento. Todos sus esfuerzos se volcaron, en ese sentido, a construir una teoría pedagógica que se consagrara a través del reconocimiento institucional y científico. Una instancia, por otra parte, insoslayable en aquella búsqueda de prestigiar y salvaguardar los intereses profesionales de los auténticos especialistas en una materia en la que se solía opinar e improvisar en exceso, según sus propias palabras. Tandil, noviembre de 2005 Notas * Agradezco la atenta lectura de este trabajo de las colegas Olga Echeverría y Sandra Gayol, así como los sugerentes comentarios y aportes de los evaluadores.