lunes, 23 de mayo de 2016

REFLEXIONES - RODOLFO BENAVIDES


REFLEXIONES Reflexiones Ver el tema de este libro con exclusiva referencia a la Gran Esfinge se prestaría a interpretaciones parciales y gratuitas. Verlo en relación con pueblos contemporáneos de las primeras pirámides, como fueron los sumerios, los indos, etc., se prestaría, y con razón, a afirmar que seguramente hubo mutuas influencias y que las variacio- nes o diferencias, tanto en cultura como en folklore, costumbres, con- ceptos, lenguaje, etc., se debieron al natural aislamiento derivado de las grandes distancias, ya que en aquella época había muy pocos y deficientes medios de comunicación. Así, pues, para encontrar confir- mación al simbolismo que encierra la Gran Pirámide, es muy conve- niente buscar en sitios y pueblos que no hayan podido recibir influen- cia de los egipcios. Esos pueblos parecen haberse encontrado en América, y de manera particular eo el pueblo maya. Para nuestro propósito es necesario apoyarse en los libros el Popol Vuh y el Chi- lam Balam, por contener importantes referencias, de las que más ade- lante se hablará con amplitud. Existen otras muchas interpretaciones que intentan descifrar el simbolismo de la Gran Esfinge. Una de ellas, por ejemplo —y quizá la más extendida— dice que representa la inteligencia y la serenidad espiritual que pueden y deben dominar a la bestia que todo ser humano (51) lleva dentro. Significaria, pues, que el hombre va de lo animal a lo pensante, y simbolizaría asi la transmutación, la sublimación de que hablan y predican todas las religiones y filosofías orientalistas. Pero es el caso que, en este libro, no se hace uso de ninguna de esas proposiciones, debido a que ninguna de ellas tiene contacto algu- no con la Gran Pirámide, que es en si un gran monumento a la cien- cia. Todo hace pensar que Esfinge y Pirámide forman un complejo y trabajan como un sistema científico-simbólico mucho más importante de lo que hasta hoy se ha venido pensando. En efecto, según supone- mos, la Gran Pirámide es la huella dejada por una humanidad que se perdió, huella actualmente en contacto con la humanidad presente. Y la grandeza de esa huella hace imaginar la grandeza de aquel pueblo, que no fue egipcio como estamos acostumbrados a pensar en el tiem- po presente. La Gran Esfinge es en realidad lo que dice la placa que está entre sus garras, dejada por Tutmes IV hace más de 3,400 años: «... un mágico misterio reinó en estos lugares desde el principio de los tiempos, porque la Esfinge es el emblema de Kepara, dios de la inmortalidad, el más grande de los espíritus...» A consecuencia de la enorme influencia que ejerció Egipto en el mundo de su época, en primer lugar en el Medio Oriente, las esfinges se multiplicaron, más o menos estilizadas según la propia idiosincra- sia y religión. No obstante, hay excepciones que invitan a reflexionar muy seriamente. Por ejemplo, el hecho de que los sumerios, desde unos 3,000 años antes de Cristo, usaran como símbolos religiosos básicamente cuatro figuras —que luego se repitieron por todo el mun- do de manera insistente durante muchos siglos— demuestra las pro- fundas raices que ya tenían en el alma humana. O, lo que es lo mis- mo, que seguramente no nacieron en los días de la Epopeya Sumeria, sino que en esos días llegaron ya con muy larga historia. Los símbolos fueron: el ser humano, el león, el toro y el águila. En algu- nos casos se usó también la serpiente, especialmente en la época tar- día. Otros símbolos se han encontrado, tanto separados como agru- pados, en una sola escultura o relieve, particularmente en Mesopota- (52) mia, aunque la verdad es que algunas de esas figuras corresponden a época ya tardía y hasta quizá decadente. Debido a la antigüedad de los cuatro símbolos mencionados en el país de Sumer, probablemente no sean mera copia de la Gran Esfinge, sino que tal vez sean de origen mucho más antiguo. Cabe pensar que tanto sumerios como egipcios arrancaron al mismo tiem- po de un idéntico tronco cultural que estuvo en algún sitio hoy desco- nocido y que desde luego no fue Egipto ni la Mesopotamia. En razón de las especulaciones anteriores, conviene anotar la probabilidad de que algo grave sucedió; tanto, que obligó a un pueblo muy avanzado a emigrar, acabando por llegar unos a Egipto, otros a Sumeria y... tal vez algunos a América... Sobre esta última posibilidad se especula más adelante en este mismo libro. La Gran Esfinge está relativamente deteriorada a causa de la erosión producida por* las tempestades de arena del desierto a lo lar- go de milenios y también por los actos de depredación sucedidos en el tiempo, razones por las que no es posible precisar con exactitud las medidas originales. Tal como se encuentra hoy tiene unos 57 me- tros de largo y 23 metros de alto, aproximadamente, incluyendo la parte superior del tocado de la cabeza, llamado klaft. Esto da una idea de la colosal dimensión del monumento. La Gran Esfinge, como se ha dicho antes, está orientada hacia donde el sol nace, o sea, de cara a) Este. Por esta razón, en el antiguo Egipto se la conoció con el nombre de Hamarculi, que significa sol en el horizonte. Pero este es solamente uno de los muchos nombres que ha recibido, pues entre los más antiguos se la conoce como Hu, Neb, .(madre de la tierra), Hamarkeis (sol naciente), Horus (Halcón), Ses- heb (que hace la luz). Padre del Terror, Símbolo de la Muerte, León de la Noche, Soberana de la Eternidad, monstruo fabuloso, etc. Fue Heródoto el griego (448-406 a. C.), llamado padre de la his- toria, quien le dio el nombre de Esfinge, sin agregar más información, a pesar de haber estado en contacto con los sacerdotes egipcios. Parece que éstos conocían muy poco del pueblo que concibió y es- culpió ese monumento, como así también de la antigüedad de su re- (53) ligión. Le suponían unos diez mil años de existencia (trece mil años en la actualidad). Esto coincidiría con la época de la vigencia de la constelación de Virgo. En consecuencia, podría interpretarse que la cabeza de la Gran Esfinge, al estar referida precisamente a Virgo, está también sugi- riendo la antigüedad en el tiempo de aquel pueblo y de su religión. Basta leer la historia de las más importantes religiones que han existido hasta hoy para darse cuenta de que, más o menos, todas ellas han partido de signos zodiacales —o por lo menos han estado muy estrechamente relacionadas, diríase influenciadas, afectadas y hasta regidas por ellos—. La religión cristiana no es una excepción, sino que por el contrario, es un buen ejemplo, si tenemos en cuenta que Cristo y el cristianismo usaron el pez como contraseña, símbolo de la era de Piscis, luego transformada en era cristiana. Esta influencia determinante de los signos zodiacales sobre la mente humana y las religiones seria un fenómeno más fácil de enterf- der, si la astrología hubiera nacido y se hubiera desarrollado en la época clásica de los sumerios o, mejor todavía, en la época del auge asirio-caldeo, tiempo ya completamente histórico. Pero no es asi, pues abundan las pruebas que demuestran que la Gran Pirámide y la Gran Esfinge son anteriores a la más antigua construcción religiosa sume- ria en que de alguna manera se aludía a las constelaciones. En la Gran Pirámide, en cambio, sí hay importantes alusiones a los signos zodiacales —como se intenta demostrar en este li- bro—, de donde se deduce que dichos signos son muy anteriores a la propia Gran Pirámide. Y si ésta en sí es una maravilla, ¿no lo es mayor el haber clasificado las estrellas en aparentes agrupamientos y darles valores simbólicos muy fáciles de identificar en el cielo? ¡Y todo ello acorde con la precesión equinoccial! ¿En qué época, en qué región de nuestro mundo, qué pueblo fue capaz de realizar esa inves- tigación astronómica que revela tan elevados conocimientos científi- cos? Quizá lo más importante sea el hecho de haber dejado tan inge- niosos símbolos, poco menos que indestructibles, como son la Gran Esfinge y la Gran Pirámide y su relación con las estrellas en el cielo. (54) Echando a volar un poco la imaginación, se nos antoja que seres llegados de otros mundos tuvieron necesidad de dejar señales, huellas claras en la superficie terrestre, por medio de las cuales orientarse para sus llegadas y salidas: Nazca, en Perú; Puerta del Sol, a orillas del elevado lago Titicaca, en Bolivia; Baalbec, en el Anti-Libano; la Montaña Roja, en la India; las primeras pirámides en Egipto, etc. Igualmente habrán necesitado señales en el cielo, tal como los marinos las usaron durante siglos mucho tiempo después, para lo cual crearon imaginarias figuras de animales, fáciles de identificar desde grandes distancias. Esta importante motivación pudo haber sido el origen de las constelaciones zodiacales y el porqué de las mismas. Muy posterior- mente se habría comenzado a desarrollar lo que se conoció como astrología. Es decir, que en su origen debió ser una clasificación de estrellas hecha por serys pensantes de muy alto nivel científico llega- dos de otros mundos. De no aceptarse esta proposición habria que admitir que hace 13,000 años existió en el mundo una cultura supe- rior a la que hoy estamos viviendo. Todo esto podría juzgarse exagerado, pero queda objetivamen- te demostrado con la enorme piedra llamada Zodíaco'de Denderah, con la Gran Esfinge, cuya antigüedad se desconoce, y que sin embargo, alude claramente a las constelaciones zodiacales, y con la Gran Pirámide, que geométrica y astronómicamente demuestra esta relación con las constelaciones y también de que se trata de un sis- tema, como ya antes se dijo. Antigüedad de la Gran Esfinge Autores serios reconocen que la Gran Esfinge es el monumento simbólico más grande, antiguo y hermoso que existe como obra de arte, no solamente de la antigüedad, sino de épocas mucho más recientes. Por esto, otros autores sin pensarlo mucho, han supuesto probable la influencia de los griegos sobre los egipcios, opinión natu- ralmente gratuita e inaceptable, puesto que la Gran Esfinge existia ya (55) muchos siglos antes de que aparecieran los primeros escultores grie- gos, según afirma Maspero. La Gran Esfinge, según algunos arqueólogos, tiene cara de Mujer, cuerpo de toro y garras de león. Según ellos, el significado de Estos atributos sería: la mujer, vida; el toro, fuerza, y el león, valor y Nobleza. Para otros investigadores la cara no es de mujer, sino que se Parece a Kefrén, faraón de la IV dinastía, y por tanto, la Gran Esfin- Ge representaría a Kefrén (Kaf-Ra), con lo que habría que avanzar la Fecha hasta 2,600 años a. C. Pero parece ser una época demasiado Tardía, sobre todo si se toma en cuenta que el parecido facial que se le Atribuye seguramente no se debe tanto a la probabilidad del parecido Con Kefrén- muy discutido por cierto, puesto que de él solo se cono- Ce una estatua pequeña-,cuando al hecho de que al lado de la Gran Esfinge pero sin ninguna conexión visible con ella, hay un templo Funerario de donde parte un túnel practicable y visitado hoy por los Turistas, que conecta con la pirámide de Kefrén. Se cree que dicho templo funerario fue para preparar el cadáver Del faraón, aunque no se sabe de nadie que haya encontrado el cadá- Ver. Se trata de una obra sumamente simple y dentro se encuentran Tres pequeñas estatuas. Una de ellas- sin que se pueda asegurar Nada- tal vez represente al propio Kefrén, y las otras dos, posible- Mente a sus servidores favoritos. Pero de esto no hay ninguna seguir- Dad y en consecuencia tampoco puede haberla en lo que se refiere al Discutible parecido de Kefrén con la Gran Esfinge. Sea esto cierto o no, hasta hoy nada de ello ha sido debidamente Comprobado. Por otra parte, aunque la Gran Esfinge está relativa- Mente cerca del mencionado templo funerario, en verdad no parece Haber sido nunca parte del sistema. Por tanto, es factible suponer que La Gran Esfinge nada tenga que ver con el mencionado faraón, ni en El tiempo, ni en el supuesto parecido. Una de las dudas y dificultades relacionadas con la Esfinge es Que no se ha podido determinar su edad real, o sea la época en que Fue esculpida y construida, pues tan pronto se ha dicho con toda Seriedad que es muy anterior a la pirámide de Sakara- o, lo que es lo (56) mismo, anterior a Menes y por ello prehistórica—, como se ha dicho que pertenece a una dinastía ya muy posterior. Y, en fin, no falta quien dice que su antigüedad puede alcanzar los 6,000 años a. C., y hasta hay quien habla de 15,000 años a. C. Huelga decir que con estas variaciones en el tiempo, tampoco se sabe nada de la motivación original que la produjo. Es probable que la principal dificultad para llegar a conclusiones ciertas sea que se insiste en estudiar meramente las piedras y la correspondiente idolatría a un nivel tan primitivo como el de la época conocida, y no la probable motivación psicológica, esotérica, social y quizá hasta técnica de seres inteligentes poseedores de una cultura superior a dicha época. Seres inteligentes que hayan intervenido en tan fabuloso trabajo para dejar una huella, un símbolo de su espíritu. Y esto es mucho más importante que representar a un rey, se trate de quien se trate. La perfección artística realizada en época prehistórica obliga a pensar que no puede ser sólo un monumento ornamental, sino que debe tener una motivación mucho más importante. Y no puede ser un simple ornato, porque la Gran Esfinge fue esculpida en pleno desier- to, en una época muy temprana, en la que en Egipto no había o casi no había gente. Piénsese que, en el caso de haber habido habitantes, tuvieron que ser muy pocos y muy primitivos, pues, como se dijo al hablar del río Nilo páginas atrás, éste en esa época llevaba muy poco caudal y sólo llegaba hasta el actual oasis Qarun, distante del delta cerca de 40 kilómetros rio arriba. El Nilo, pues, no desembocaba en el Mar Mediterráneo como hoy sucede, sino que descargaba la mayor parte de sus aguas en el Mar de las Gacelas —hoy desierto del Saha- ra—. En consecuencia, los habitantes que pudieran haber existido en la región del actual delta, que es donde se encuentra la Gran Esfinge, seguramente no serían pescadores ni agricultores, pues no había agua. ¿Cabe con semejante panorama la probabilidad de levantar un colosal monumento exclusivamente con fines ornamentales, o en memoria de algún jefe pastor, o para asustar a alguien como algunos suponen? ¿No carece de lógica todo eso? Como quiera que sea, se ha insistido en que la Gran Pirámide (57) fue planeada durante o a finales de la tercera dinastía y construida a principios de la cuarta dinastía, habiéndose terminado al parecer hace unos 4,700 años. Teniendo en cuenta este importante dato, los inves- tigadores encontraron una inscripción correspondiente a la cuarta dinastía —la misma del faraón Kefrén, hacia el año 2,700 a. C. apro- ximadamente—, que dice claramente y sin lugar a otras interpretacio- nes que, en esos días de Kefrén, la Gran Esfinge fue descubierta casualmente, pues la arena del desierto arrastrada por los vientos la tenia totalmente cubierta, hasta no distinguirse nada de ella. Partiendo de este escrito cabe pensar que, probablemente por ha- ber sido encontrada y descubierta en la arena milenaria durante el rei- nado de Kefrén, se supuso que lo representa. Ahora bien, todo ello significa que en esos días hasta la memoria de la existencia de la Gran Esfinge se había perdido. El Klaft de la Gran Esfinge Uno de los argumentos que intenta demostrar que la Gran Esfinge fue esculpida en la roca en época ya tardía, dice que el klaft —esto es, la tela que sirve de tocado en la cabeza para protegerse de los intensos rayos solares— empezó a usarse en Egipto precisamente después de Kefrén. Esta sugerencia o afirmación en primer lugar no es completamente cierta, puesto que, desde el primer faraón conoci- do, ya aparecen las estatuillas con un tocado de tela en la cabeza con cierto parecido al de la Gran Esfinge, debido simplemente a la necesi- dad de protegerse la cara del sol. Por otra parte, el dicho klaft fue desde el principio un signo dt alta jerarquía, q*ie le correspondía al faraón. Asi, pues, lo único que sucedió en los días de Kefrén fue que se modificó la forma tradicional al adoptar la presentada por la Esfin- ge- Ciertamente, si a la Gran Esfinge se la llamó Hamarkeis porque se la consideraba símbolo del sol naciente, y por su parte el faraón creía ser un dios, lo natural era usar el mismo atuendo de la Esfinge. Si se considera con sentido analítico la fecha aproximada de la inscripción antes anotada, o sea 2,700 años a. C., y además se estima (60) que los vientos del desierto habrán necesitado mucho más de dos mil años para cubrir de arena al coloso por completo y por lo menos otros quinientos o mil años para que se olvidara su existencia —tal vez perma- neciendo sólo en las leyendas y en los cantos—, hay que concluir que la época considerada se remonta a más de 6,000 años, es decir, al principio de la constelación de Tauro, vanos siglos antes de que se conociera el cobre, la época en que toda Europa estaba todavía empantanada por los deshielos de los últimos glaciares, la época en que la vida estaba a tan bajo nivel técnico que habría sido .imposible esculpir la Gran Esfinge, nada menos que en la roca viva de la cade- na Líbica. Todavía hoy el visitante puede fácilmente ver en la roca desnuda las capas geológicas horizontales y más o menos paralelas entre si, que fueron esculpidas varios milenios antes de que se cono- ciera el hierro. ¿Cómo fue esto posible? ¿De dónde salió la técnica para lograrlo? Obviamente, el trabajo de tallado de la Esfinge debe haberlo rea- lizado un pueblo llegado de otro sitio, pero poseedor de una cultura y de una técnica muy avanzadas; de donde se deduce que la Gran Esfinge no puede ser un simple ídolo representativo de alguna deidad primitiva. Y no puede serlo, porque la delicadeza escultórica corres- ponde a una sensibilidad artística y a una técnica muy superiores a las que se supone existían en la época de su construcción; pero además, es que no se ha encontrado en ninguna parte del mundo nada que sugiera un antecedente de este trabajo. No obstante —y sin pensarlo mucho—, algunos autores han sugerido que se trata de un símbolo de muerte y que fue levantado en el desierto principalmente para* imponer miedo al, pueblo. Tal suposición no parece resistir ningún análisis, y seguramente está fundada .más que nada en la fuerte impresión que el visitante reci- be al ver la enorme silueta contra el cielo apenas iluminado por las estrellas, y más aún cuando hay luna llena, que produce luces y som- bras fantasmagóricas: todo ello en medio de un silencio aplastante, interrumpido si acaso por el reptar de alguna serpiente, o el silbido de algún viento... Es fácil entender que los antiguos camelleros, entonces mercade- (62) res y viajeros del desierto, recibieran —como se ha dicho— un tremen- do impacto de terror al encontrarse en semejante escenario. El terror debió de ser resultado particularmente de sus creencias religiosas y supersticiones, de donde habrían nacido abundantes leyendas y nue- vas supersticiones que enriquecieron la religión egipcia en la época tardía. Pero nada de esto tiene que ver con la motivación ni el signifi- cado simbólico original de la Gran Esfinge, significado que, si hoy se desconoce, es porque al hombre le encanta construir para luego des- truir. Piénsese en las guerras frecuentes, las revoluciones internas, los incendios, como el que destruyó la biblioteca de Alejandría, de la que desapareció mucha de la información que hoy nos seria muy útil para salir de ciertas dudas. Por fortuna, quedaron en las piedras símbolos que hoy ya empiezan a hablar. Hablan, por ejemplo, cuan- do se comprueba que, a pesar del enorme tamaño de la Gran Esfinge —que comprende una cabeza humana y dos cuerpos de animales irracionales distintos—, todas sus partes conservan perfecta propor- ción y armonía. Admirable comprobación, si se tiene en cuenta que para conseguirlo fue necesario un escultor con gran experiencia y no menos sensibilidad artística, ambas imposibles de lograr en una cultu- ra primitiva como fue la existente antes de empezar la civilización del cobre. A pesar de todo lo dicho, algunos autores insisten en que la Gran Esfinge es la representación de una deidad solar. Sin embargo dichos autores nunca dicen qué pueblo la esculpió, en función de qué religión fue tallada, ni por qué consta de los tres cuerpos ya mencio- nados. Símbolos-Astronomía Partiendo del hecho de que la Gran Esfinge está formada por tres símbolos visibles, por una parte coincidentes con tres signos zodiacales que a su vez son similares con los que aparecen en la pie- dra Zodíaco de Denderah, y por otra parte, con los muy precisos datos astronómicos y proféticos que proporciona la Gran Pirámide, es lógico y natural suponer que tanto el Zodíaco como los signos res- (63) pectivos eran ya conocidos desde muchos siglos antes de haberse esculpido la Gran Esfinge, o sea, hace muchísimo más de 6,000 años. Así, pues, la esfinge está representando tres elementos simbóli- cos: el ser humano, el león y el toro. En actitud felina, la Esfinge está mirando con sereno interés hacia el Este, hacia donde nace el sol en el período que va del 21 de julio al 20 de agosto aproximadamente. Estas fechas son importantes, porque son la misma clara señal astronómica que hace el meridiano de la Gran Pirámide, cuyos detalles aparecen en capítulo correspon- diente. La Gran Esfinge y la Gran Pirámide, con una diferencia de metros, se encuentran geográficamente en la misma longitud y latitud, o sea prácticamente en el mismo paralelo: importantísima coincidencia que de ninguna manera puede ser casual. De ahí que la Esfinge, más que la representación de un faraón o de cualquier otro símbolo religio- so, es seguramente un símbolo descifrable solamente en combinación con la Gran Pirámide, y los resultados obviamente deben ser muy se- rios e importantes. Se puede asegurar que la cara de la Esfinge no está representan- do ni a una mujer ni a un hombre en particular, sino a todo un pue- blo, quizá a toda una época o a todo un acontecimiento, tal vez a toda una raza hoy todavía desconocida. Se podría afirmar que la •cara está representando a la constelación zodiacal Virgo (Virgen). El pecho y las garras de león representarían a la constelación zodiacal Leo (León), que es la que sigue inmediatamente a Virgo. El cuer- po de toro debe estar simbolizando a la constelación zodiacal Tauro (Toro). . ^ Entre las constelaciones de Leo y de Tauro no hay contacto directo, pues se encuentran a una distancia de más de 6,000 años. Este número es de suma importancia, ya que aparece en la crono- logía profética de la Gran Pirámide y en otros símbolos no menos importantes. Contemplando asi el panorama, la Gran Esfinge viene a ser una clara alusión a signos astronómicos que señalan épocas perfectamen- te calculables y que podrían resultar grandemente significativas para (64) la historia de nuestro mundo, y hasta podrían ser la clave de muchos misterios todavía no resueltos. Pero, además, al referirse a signos zodiacales, está demostrando que éstos no fueron inventados durante la cultura sumeria, ni mucho menos durante la posterior cultura caldea o babilónica, como general- mente se ha creído, sino que corresponden a una cultura que existió varios miles de años antes de todo lo que se sabe de egipcios y cal- deos. Como puede suponerse, entender la astronomía a tan alto nivel no puede ser conocimiento ni improvisado, ni primitivo, puesto que significa que quienes tallaron la Gran Esfinge —y también la piedra Zodiaco de Denderah— deben haber sido los herederos de una tan antigua como elevada cultura, formada a lo largo de miles de gene- raciones. De ser así las cosas, la Gran Esfinge vendría a ser, juntamente con el Zodíaco de Denderah, un solo monumento dividido en dos partes: la una, conmemorativa de acontecimientos muy especiales comenzados en algún punto de la Era de Virgo, hace unos 16 a 18,000 años, el otro señalando astronómicamente las épocas corres- (65) pendientes, puesto que está indicando como puntos de referencia movimientos estelares, tal como a su vez los señala la Gran Pirámide. Esta combinación resulta positivamente admirable y sin embargo hasta hoy no parece haber interesado a investigador alguno, razón por la que ésta es la primera vez que se habla de ello. Pero una cultura que conocía o que tal vez inventó los signos zodiacales como parte de la clasificación de las estrellas en la bóveda celeste, seguramente conocía también la duración en años de los cam- bios equinocciales. Tratábase, por tanto, de una cultura con muchos siglos de previa evolución, pero que lamentablemente desapareció de manera más o menos brusca. Sus supervivientes dejaron como huella por lo menos seis importantes monumentos: La Gran Esfinge; La Gran Pirámide; El Zodíaco de Denderah; las pirámides de Kefrén y Micerino y la pirámide de Sakara: la importancia de esta última todavía no es conocida, excepto que fue la primera construcción de su tipo en Egipto y en el mundo. > Nos limitaremos por el momento a los tres primeros monumen- tos nombrados, por ser los más importantes para nuestro tema. La Esfinge se refiere simbólicamente a cuando todo comenzó con relación a la humanidad hasta llegar a nuestros días. La Gran Pirámide se refiere a ciencia, astronomía, tecnología y .cronología profética. El Zodíaco de Denderah se refiere a los acontecimientos ocurri- dos hace unos 10,000 años y a los conocimientos a que llegaron en el área de la astronomía, según se puede apreciar por las estrellas talla- das en la piedra. La Gran Pirámide señala como duración de su cronología exac- tamente 6,000 años, que —nótese la coincidencia— viene a ser muy cerca de la duración de cada una de las edades Leo-Tauro y, Tauro- Piscis, precisamente dos de los tres importantes símbolos de la Gran Esfinge. ¿Será todo esto mera y casual coincidencia? Hasta hoy, nada de lo encontrado en la Gran Pirámide ha sido casualidad ni mucho menos fortuita coincidencia, pues todo obedece siempre a un plan. (66) Hemos venido diciendo en este libro que los datos importantes aparecen siempre repetidos de manera diversa en las medidas y en los símbolos de la Gran Pirámide. En este caso se repite el número 6,000. La línea recta ideal (-C-) que parte de la entrada de la Gran Pirámide y pasa por el centroide la Cámara del Juicio a las Naciones hasta llegar a ¡a cara opuesta, mide 6,000 pulgadas. ¿Por qué habría de ser distinto en el caso de la Gran Esfinge, tratán- dose como se trata de un muy ingenioso sistema? La Gran Pirámide es ciencia y en ella no se ha encontrado nada superfluo. Los símbolos importantes aparecen repetidos y presentados de manera distinta, como queriendo obligar a que la atención se fije especialmente en ellos. (67) Por su parte, la Gran Esfinge es un claro símbolo de la historia de aquel pueblo. La historia ha sido y es inseparable del ser humano, quien de alguna manera siempre ha dejado memoria —a veces científi- ca, a veces simbólica— de los importantes acontecimientos que lo han afectado a lo largo de los tiempos. Algunos de esos acontecimientos se han presentado periódicamente alterando muy a fondo el ritmo de la vida. Acontecimientos por cierto, en muchos casos susceptibles de ser calculados y hasta conocidos por anticipado, referidos al futuro cercano o lejano. Algo intuían o sabrían aquellos primeros egipcios, quienes al conocer quizá anticipadamente que el fin de sus días estaba cercano, habrían dejado sus huellas respaldadas con números, probablemente destinados a quienes después quisieran efectuar comprobaciones. A juzgar por los símbolos de la Gran Esfinge, se llega a la conclusión de que la naturaleza ha impuesto a los seres vivos de este planeta Tierra una forma de vida a base de períodos de unos 6,600 años cada uno aproximadamente y tal vez en forma repetitiva, lo que sugiere igualmente la probabilidad de que se trate de fenómenos de origen cósmico. Mirando de esta manera el problema, tal vez convendría retroce- der en el tiempo, de 6,600 en 6,600 años, en busca de fenómenos importantes, y asi tal vez se llegarían a determinar fechas trascenden- tes, como son la desaparición de \aAtlántida y del Continente de Mu. Pero estos ciclos sucesivos de vida, luego destrucción y muerte y vuelta a la vida, no fueron particular idea de los egipcios ni de los sumerios. Algo de eso también se encuentra en América, por ejemplo entre los mayas, toltecas y aztecas, quienes tenían igualmente en sus tradiciones la creencia de que el mundo estaba condenado a un fin brusco y repentino al final de un tiempo previsible. O, lo que es lo mismo: según aquellas creencias, la destrucción de la vida y del mun- do se producía de manera periódica, debido a influencias malignas. Abundando en el tema, el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas-quichés, define claramente cuatro edades o épocas separadas entre sí por siglos. Las tres primeras, prehistóricas, y la última, ya (68) histórica: todas ellas coinciden con cuatro soles que según esa mitolo- gía murieron y volvieron a nacer. La Gran Esfinge, tal como hoy se la ve, representa solamente tres edades. Sin embargo, es probable que en su origen hubiera tenido por lo menos un símbolo más —la serpiente, por ejemplo— que habría ya desaparecido debido a la destrucción y al tiempo. En el caso de que en su origen haya tenido cuatro símbolos visibles en lugar de los tres que hoy tiene, habría plena y absoluta correspondencia entre el Popal Vuh y la Gran Esfinge, puesto que ambos, de manera distinta, estarían haciendo alusión a cuatro edades. Como quiera que sea, en el Popol Vuh dichas edades aparecen separadas por cuatro regentes: Imix, Címí, Chuen y Cib. Cada uno de ellos representa el principio de cada edad. Obviamente, lo que haya sucedido al final de cada uno de estos periodos, y que determinó importantes cambios en la vida de los seres humanos, nada tiene que ver con castigos de Dios ni mucho menos de dioses. Ha sido simplemente consecuencia de ciclos naturales, como el que genera la Tierra con su movimiento de traslación alrededor del Sol, originando las cuatro estaciones del año, que no obedecen a veleidades divinas, sino a inmutables leyes cósmicas. Asi, pues, no es de creer que pueblos diversos, tan separados en la geografía y en el tiempo, hayan inventado de la nada mitologías con tantas semejanzas. Más bien es de suponer que todos esos pueblos han sufrido los mismos fenómenos naturales, quizá hasta en una misma región, en donde nació la idea apoyada en previas con- cepciones religiosas, producto de una larga historia. O sea que el concepto de periodos de vida y de muerte data de muy antiguo, pro- bablemente originado por algún fenómeno natural, lo que hizo que quedara incluido en una religión también muy antigua. Lo demás habría sido simplemente una sucesión de añadiduras. Mirando así el problema, bien pudo haber sucedido que la última o más reciente catástrofe dispersara por todo el mundo a los pueblos, y que éstos, al rehacer su vida, continuaran o rehicieran lo que desde muchas generaciones anteriores ya era profunda tradición y creencia. (69) La determinación de las fechas de tales ciclos de muerte y de vida tal vez sea factible cuando se entiendan completamente los sím- bolos de la Gran Esfinge en combinación con la geometría cronológico-profética de la Gran Pirámide, que es precisamente lo que se intenta lograr en este libro. Símbolos astronómicos En el piso de la Cámara de las Reflexiones —o del Triple Velo, como también se le llama— que se encuentra en el interior de la Gran Pirámide al final del pasillo ascendente y precisamente antes de entrar a la Cámara del Juicio a las Naciones, aparecen en forma dia- gonal, y por tanto con interpretación geométrica, los dígitos 666. La interpretación, según nuestro leal saber y entender, es la siguiente: 1. El primer dígito 6, a que antes se aludió, se refiere al ciclo de alrededor de 6,600 años que van del principio de la constelación,de Virgo (virgen). Parece que hacia el final de esta constelación ocurrió algo catastrófico que alteró el ritmo de la vida humana. Recuérdese que se están usando' las constelaciones únicamente como puntos de referencia al tiempo en que los hechos ocurrieron. 2. El segundo dígito 6, se refiere al período de unos 6,600 años comprendidos entre el principio de la constelación de Leo (león) hasta el final de la constelación de Géminis (gemelos). 3. El tercer dígito 6 simboliza aproximadamente otros 6,600 años comprendidos entre el principio de la constelación de Tauro (to- ro) hasta el final de la constelación de Piscis (peces), que, como se detalla más adelante en este Ubro, ocurrió el 20 de agosto del año 1953, fecha notablemente marcada en la cronología profética de la Gran Pirámide, final conocido como el silencio de piedra. De lo anterior se deduce que hasta el año 1953 estuvimos vivien- do la Edad y cultura de Tauro, cuyo final se conoce como Era de Piscis. Asimismo, esto sugiere que a partir del año 1953 empezamos a vivir una nueva Edad, la Edad de Acuario (aguador); es decir, que estamos ya en el principio de un nuevo ciclo, de una nueva Era y de una nueva Edad. (70) Ahora cabe preguntar: si a lo largo de los milenios ha habido un cataclismo aproximadamente entre el final y el principio de cada Edad, ¿fallará esta vez la naturaleza? Por nuestra parte, no lo cree- mos asi. Al leer lo anterior, tal vez pensará el lector que se trata de refe- rencias dentro del área de la astrología. Pero no es asi, pues, como ya se dijo y es necesario tener presente, se usan los nombres de las cons- telaciones zodiacales porque son tradicionales; pero solamente como referencia a tiempo, como si se tratara de un calendario o un reloj. A este respecto, conviene anotar que muchos astrónomos han opinado que algunas estrellas, tradicionalmente consideradas como pertene- cientes a una constelación, en realidad pertenecen a otra, puesto que invaden el área vecina; se ha respetado la denominación con que se las conoce hasta hoy por pura tradición. Por nuestra parte, suponemos que aquellos tan antiguos astró- nomos que dieron forma puramente imaginaria a las constelaciones zodiacales, lo hicieron intencionadamente para ajusfar los detalles de la figura al tiempo astronómicamente calculado, lo cual es un motivo más de admiración.

CAPÍTULO SEIS - RODOLFO BENAVIDES


Capítulo VI UN TEMPLO BAJO LA GRAN ESFINGE Orden en que se encuentran los símbolos en la Gran Esfinge según se presentan en este libro. CONSTELACIÓN ESFINGE A QUE ALUDE SIGNIFICADO Cabeza Virgo (Virgen) Inteligencia, vida, humanidad. Pecho y garras Leo (León) Valor, fuerza, nobleza. Sol. Cuerpo Tauro (Toro) Bravura, fuerza resistencia trabajo. La Gran Esfinge está mirando hacia Oriente, hacia donde nace el Sol. El famoso ocultista Eliphas Levy atribuye a la Gran Esfinge los cuatro principios o atributos básicos siguientes (todo ello a partir de su apariencia física, mas no con base en la probable motivación psi- cológica ni en el momento prehistórico en que fue construida, puesto que de eso nada se sabe todavía): ,.1. Inteligencia: Iluminación que llega mediante el estudio. 2. Actividad: Trabajo constante dedicado a una causa. 3. Voluntad: Propósitos inquebrantables. 4. Discreción: Silencio absoluto, intransigente reserva. Eliphas Levy dice que la Gran Esfinge simbolizó a Isis y que Isis en la antiquísima religión egipcia no era una diosa, sino un símbolo de la naturaleza: fue, por tanto, el primer principio de la vida?*-Asi dice Eliphas Levy, pero, por lo que hoy se sabe, más bien parece haber sido una mujer de carne y hueso que posteriormente fue deificada. (45) I .—Nivel de la arena en la actualidad. 2.—Puerta simbólica. 3.—Escalera actualmente comprobada. 4.—Nivel del lecho del río Nilo. •; 5.—Entradfl secreta. 6.—Piso actual. 7.—Pequeño templo o templete hoy existente. 8.—Placa de piedra que está entre las garras de la Esfinge. (Se cree que esa pla-ca está tapando la entrada al subterráneo.) 9.—Tubos que se supone servían para dar ventilación al subterráneo. 10.—Sala de recepción que se supone existe bajo la Esfinge. 11.—Columnas que sostienen a la Esfinge. 12.—Escalera de la entrada secreta. * <» 13.—Templo circular, seguramente principio del ceremonial de «iniciación». 14.—Puerta oculta de donde parten los tres pasajes hacia las tres pirámides: Keops, Kefrén y Micerino. 15.—De este punto parte el pasaje secreto hacia la Gran Pirámide, por donde muy probablemente desfilaban los sacerdotes egipcios para la realización de los rituales de «iniciación». Probablemente por aquí desfilaron: Zoroastro, Moisés, Pitágoras, Juan el Bautista, Jesús y otros muchos pertenecientes a escuelas herméticas e iniciáticas como la de los Esenios, a la que perteneció Jesús. (46) Por su parte, Plutarco, unos 120 años antes de Cristo, dijo que en el frontispicio del templo de Isis hubo una inscripción que decía: «Yo, Isis, soy todo lo que ha sido, que es y que será; y ningún mortal hasta hoy me ha desvelado; pero vendrá quien lo haga y entonces será mi alegría.» En el libro de Thoth, libro sagrado de los antiguos egipcios, a la cabeza de la Gran Esfinge se le llama Ángel. En la Grecia de los días de Heródoto, se decía que la Gran Esfinge ocultaba un templo en el que normalmente se reunían los sacerdotes encargados de formular los oráculos y profecías. No fue ésta una idea inventada por los griegos, sino que era una antiquísima tradición egipcia recogida por Heródoto, según la cual la Gran Esfin- ge poseía un valor mágico y profetice. En este libro se intentan aclarar esas tradiciones y además la importancia histórica dal monumento, sobre el que hasta hoy sólo se han hecho vagas especulaciones. A pesar de la importancia real de la Gran Esfinge, algunos enciclopedistas la llaman despectivamente Monstruo fabuloso, al que le conceden como mero favor dos aspectos: el mitológico y el artísti- co, sin profundizar más en el tema. De este modo, se está rehuyendo el problema capital. Después de la Gran Esfinge y seguramente por influencia de ésta, aparecieron otras muchas copias tanto en el mismo Egipto como en otras partes del mundo. En Karnak, Egipto, hay una calzada de esfinges de carneros en tamaño natural, que se dice representan a Amenofis —o por lo menos a la religión dominante en los días de Amenofis— y que coincidió en esos días con la regencia de la constelación zodiacal Aries, lo que demuestra la influencia absoluta de las constelaciones sobre el pensa- miento religioso. Los asirios, los fenicios, los etruscos, etc., también esculpieron esfinges, pero siempre estilizándolas con alas o de alguna otra mane- ra, y todas ellas corresponden a varios siglos después de la realiza- ción de la Gran Esfinge. Conviene recordar aquí que Maspero afirmó (47) que la Gran Esfinge es la escultura más antigua conocida, no sola- mente en Egipto, sino en todo el mundo, y, como antes se dijo, el anti- guo Libro de los Muertos pone en boca de la Gran Esfinge lo siguien- te: «Yo soy la reina de estas regiones. Yo fui la primera que reveló a los mortales el misterio de vida que hay en el trigo y en el maíz.» Si se toma en consideración que tanto el trigo como el maíz eran conocidos desde antes de la llegada de la primera dinastía, resulta lógico suponer que Isis como deidad existió desde mucho tiempo antes, aunque no se sepa cuándo empezó el culto. LA SIGUIENTE PUBLICACIÓN CONTIENE REFLEXIONES DE ESTE TEMA...VER EN OTRA ENTRADA...

domingo, 22 de mayo de 2016

CAPÍTULO CINCO - RODOLFO BENAVIDES


CUANDO LAS PIEDRAS HABLAN LOS HOMBRES TIEMBLAN Capítulo V ANUBIS En el solsticio vernal o de verano, que ocurre entre los días 21 y 22 de junio, se funden anualmente las nieves en las elevadas monta- ñas que hay en África, aguas que alimentan los lagos en donde nace el río Nilo, y en primer lugar el lago Victoria. En los días de los faraones, dichas aguas llegaban normalmente al delta en el bajo Nilo. a mediados del mes de septiembre, derramán- dose entonces por el valle del Nilo, fertilizando además con el limo los campos de labranza. Del conjunto de este fenómeno parece haber nacido el dios Anubis, que era representado con cuerpo de hombre y cabeza de perro. En la teogonia egipcia, A nubis apa"ece como hijo de Osiris y de Nefté y se le identificaba en el cielo con el nombre de Can Mayor, nombre de una constelación no zodiacal que sigue usándose hasta hoy. De esa constelación se consideraba a la estrella Sirio (brillante) como Anubis, el anunciador de las avenidas del rio. Este simbolismo demuestra la estrecha relación de la religión egipcia con lo astronómico. Efectivamente, A nubis, el Can Mayor en la bóveda celeste, se relaciona en el tiempo con la familia de Osiris, o sea Osiris y Set, su hermano fratricida, simbolizados en la constela- ción de Géminis (gemelos). En algunos grabados muy antiguos aparece el cadáver de Osiris a lomos del toro Apis. Se puede interpretar, dada esa correlación entre teogonia egipcia y astronomía, que la constelación de Tauro aparece cargando el cadáver de la constelación de Géminis, y que en consecuencia ambas —teogonia y astronomía— están señalando una (43) Anubis, el dios astronómico anunciador de las crecidas anuales del río Nilo, de las que dependía la suerte de las cosechas en el valle. misma época como final y muerte de un algo y principio y vida nueva en otra época. También se puede deducir que los signos zodiacales eran ya muy conocidos desde antes de la Era de Gemirás, e incluso quizá se remonte la antigüedad de su conocimiento hasta la Era de Virgo, hace por lo menos 13,300 años: aproximadamente los días del hom- i^bre de Tepexpan en México. Cabe preguntarse: ¿en dónde estuvo situada y se desarrolló la cultura que entendió tanto de astronomía? Esos conocimientos no se improvisan y la prueba es el tiempo que ha tardado la cultura moder- na en redescubrirlos... Para intentar desvelar ésta y otras muchas incógnitas, es necesa- rio regresar a las fuentes únicas de la Gran Esfinge, simplemente porque en ella están los símbolos-clave que quizá permitan iluminar la oscuridad de tantos enigmas.

sábado, 21 de mayo de 2016

CAPÍTULO CUATRO - RODOLFO BENAVIDES


Capítulo IV EL RIO NILO En mi libro Dramáticas Profecías de la Gran Pirámide, se dice que el curso del río Nilo, con sus 6,000 kilómetros de largo, en la pre- historia de Egipto no era exactamente el mismo que hoy existe, ni siquiera el que existió cuando se construyeron las tres primeras pirá- mides. Se dice también que el curso natural de dicho río fue alterado mediante diques en algunos sitios y en otros mediante canales, con el propósito de desviar las aguas, lo cual implica una técnica hidráulica muy avanzada. Estas sugerencias han producido algunas críticas por parte de personas que no pueden aceptar, ni siquiera como una probabilidad, que en época tan remota, con la absoluta carencia de medios me- cánicos y sin conocer todavía ninguno de los metales, esos pueblos fueran capaces de tan gigantesca obra, difícil hasta para la época moderna. Desde luego son comprensibles tales críticas y también las muchas dudas suscitadas, puesto que hasta el momento presente no se ha dado una clara explicaciórf ai de ese ni de otros muchos fenó- menos. Sin embargo, es preciso observar que en los textos egipcios está la afirmación de que durante la primera dinastía —tal vez en la temprana época de Menes, el primer faraón conocido— o quizá mucho tiempo atrás, se construyeron por lo menos tres grandes diques en el alto'Nilo, con el fin de cambiar el curso del río, evitando así la dispersión de las aguas en sitios inconvenientes para aquellos primeros egipcios. Sí, eso dicen los textos, y tal vez esas obras expliquen las (31) sangrientas guerras que Menes sostuvo con los nativos habitantes del Alto Nilo, pues si se les estaban alterando sus medios de vida, es lógi- co que pelearan. Dichos textos hablan también de esas guerras y de que Menes pasó a cuchillo a multitud de nativos del Alto Nilo por haberse opuesto a que se desviaran las aguas del rio. Pues bien, ahora sucede que modernas investigaciones han encontrado claras huellas de dos grandes diques construidos en la más remota antigüedad y, aunque falta encontrar el tercero, es de suponer que también existió y que algún día serán encontrados los restos, tal vez cubiertos por azolve. Con objeto de hacer comprobaciones a este respecto, se ha calculado el espesor del limo que el rio deja en cada derrame. Por este medio, se ha llegado a la conclusión de que hay un depósito de alu- vión de unos diez centímetros de espesor por cada siglo. A conse- cuencia de estos cálculos modernos, se llegó a saber que el delta se empezó a formar entre 7 y 8,000 años antes de nuestro 1953, o lo que es lo mismo, muy al principio de la constelación de Tauro, dato importante que se repite varias veces en el curso de este libro. Coincidiendo con esta época, existió una cultura neolítica que se desenvolvió en Fayum, región situada en el Bajo Nilo, a orillas del pequeño lago Qarun, que, empequeñecido, existe todavía al oeste del Nilo y muy cerca de Menfis, ciudad famosa en su tiempo por haber sido capital de Egipto y asiento del Faraón. Esa región ha sido siempre muy fértil y es de suponer que dicho lago originalmente era mucho mayor y que seguramente estuvo ali- mentado por el rio Nilo, que probablemente no llegaba más que hasta ese sitio y no con gran caudal. De esa panera, al haber sido canaliza- das las aguas hacia el delta, el lago empezó a disminuir "áe tamaño a medida que aumentaba la formación del delta en el Bajo Nilo. Hoy Anverso de la paleta conocida como de Narmer- Menes. Es la única y clara referencia a Menes en su guerra de conquista sobre al alto Nilo. Nótese el hal- cón que atestigua la escena. Es un hermoso trabajo prehistórico. (32) se conoce a ese lago, más bien como Oasis Fayum, lo que ya de por sí está sugiriendo lo reducido del tamaño. Por el mismo procedimiento de calcular el espesor del limo, se ha determinado la antigüedad de algunos de los canales de riego más importantes. Además de dicho procedimiento, existe también otro basado en la información ultramoderna que da la radiactividad, puesto que ciertas rocas contienen níquel y plomo, y se sabe que el plomo se des- compone en una proporción fija ya conocida. Por este último proce- dimiento se ha estimado en 10,000 años la antigüedad de ciertas construcciones referidas al Nilo, en zonas mucho más arriba de Fayum. Consecuentemente, hay muchas coincidencias a nivel cientí- fico, que se refieren a la época en que el río Nilo comenzó a llegar al delta propiamente dicho —el mismo que hoy se conoce— y esas fechas coinciden con 1^ edad de los diques localizados. En realidad, no parecen quedar ya muchas dudas de que hace más de 7,000 años el río Nilo no era como hoy se le conoce, al menos en cuanto a caudal se refiere. Esto quiere decir que ha habido impor- tantes cambios, seguramente hasta de clima y de ecología, debidos al trabajo inteligente de seres humanos que vivieron en una época que se sigue considerando como primitiva a pesar de todas estas manifesta- ciones. Pero en todo esto hay algo realmente intrigante, y es que la épo- ca antes señalada coincide con gran exactitud con la fecha calculada para la epopeya de los súmenos, cuando llegaron a establecerse en la y [Reverso de tu misma paleta. Este tipo de paletas, con itemas distintos, ha sido encontrada en tumbas diver- jas; es de pizarra azul y está hermosamente adorna- ba. En el centro tiene una cavidad que servía para ^disolver la malaquita verde con que se pintaban las ojeras. Esta práctica tenía la doble finalidad de embellecer el rostro y de proteger los ojos de los intensos rayos solares. En varias tumbas han sido 'encontradas bolsitas con el polvo verdoso que segu- ramente utilizaba el difunto. (35) región del bajo rio Tigris en Mesopotamia. Se asegura que dichos sumerios parecen haber sido una raza o pueblo mezcla de caucásicos y negroides, aunque hay autores que creen que más bien fueron mez- cla de asiáticos procedentes de Oceania, asunto que se trata amplia- mente en otro capítulo de este mismo libro. En el caso de que los sumerios fueran de origen caucásico, se explicaría su emigración de la región norte hacia el sur, en busca de mejor clima, por algún acontecimiento grave que estuviera ocurrien- do, tal vez el avance de glaciares Recordemos ahora que este periodo ha sido señalado como neolítico. Período en el que, según se asegura, empezó la agricultura y la ganadería, todo en incipiente escala. Y fue a mediados de este periodo cuando se comenzó a trabajar el cobre, luego hacia el final se conoció el plomo y el estaño y mucho después la plata. Al lograr la aleación de cobre con estaño, se consiguió el bronce, ambos metales obtenidos principalmente en Sinai, tierra egipcia desde entonces. Se ha presentado este detalle, porque es un antecedente impor- tante que de ninguna manera explica, por ejemplo, cómo desde mucho antes de la primera dinastía egipcia ya se trabajaba el oro y se tallaban algunas piedras preciosas, todo ello con gran maestría, según puede comprobarse por piezas que hoy existen en diversos museos. Una de ellas muy antigua, es el Horus-Halcón, cincelado bellamente en oro con ojos de turquesas incrustadas. Esta hermosa pieza de orfebrería fue encontrada en Hieracómpolis y aunque no se ha deter- minado con absoluta exactitud la fecha de su fabricación, se supone que corresponde al tiempo prehistórico de Egipto. Lo anteriormente expuesto significa que en apariencia, esas gen- tes saltaron bruscamente de la noche a la mañana, es decir de la edad de piedra a la orfebrería del oro puro. ¿No sugiere todo esto que hay Horus-Halcón esculpido en piedra, con la serpid como símbolo del faraón. En recuadro: Cabeza S mismo cincelada en oro y con incrustaciones de te quesos en los ojos. (Museo de El Cairo, Egipto (36) una enorme laguna en los conocimientos relativos no sólo a Egipto sino a todo el mundo? Obviamente, hubo fuertes migraciones que forzaron la evolución y aprendizaje de los nativos, lo mismo en forma de enseñanzas frater- nales que a filo de cuchillo. Ese Horus-Halcón seguramente fue un símbolo solar/mucho tiempo antes de llegar el primer faraón, y desde luego,¡muy anterior al dios Amón, que después sería el dios patrón de Tebas (hoy Luxor) ¿No habrá sido ese tiempo de Menes, el del rena- cimiento. de pueblos que por alguna causa muy grave habrían huido de su sitio de origen? Pensando de esta manera, es lógico suponer que en aquel enton- ces sucedió efectivamente algo que motivó gran actividad e importan- tes éxodos. Uno de ellos parece localizarse en Egipto, otro en Sumeria y otro en América. Leyendo la historia de Egipto en busca de información, encuen- tra el lector datos importantes, producto de investigaciones recientes, que permiten formar en la mente imágenes de cómo tal vez ocurrieron los primeros hechos. En el alto Nilo, por ejemplo, y hace aproxima- damente 8,000 años, se habían establecido pueblos primitivos que todavía vivían en la edad de la piedra tallada. Entonces llegaron unos conquistadores poseedores de armas, técnica y cultura mucho más avanzadas que las conocidas por los nativos, produciéndose guerras sangrientas, muy semejantes quizá a todas las guerras de conquista. Los hechos debieron ocurrir en el Alto Nilo, donde abunda el Halcón, razón por la que los conquistadores lo tomaron como emble- ma, símbolo y bandera de dominio sobre toda la región. El Halcón, más tarde transformado en dios, Hqrus, fue precisamente el estandar- te del triunfador faraón Menes. Estas guerras de conquista y su consecuente dominio político duraron por lo menos dos dinastías. Vino después otra dinastía que al cambiar su sede del alto Nilo, ya dominado, a Mentís, muy cerca del delta, se manifestó desde un principio más humanitaria, más política y menos guerrera. Se mostró además poseedora de técnicas muy, avanzadas, tanto, que permitieron en poco tiempo proyectar y luego construir las tres primeras pirámides. Para entonces seguramente ya (39) existía la esfinge, pero estaba tan cubierta de arena, que se ignoraba su existencia. Si, tal vez sucedió así... Pero, ¿de dónde partieron esos pueblos conquistadores tan avanzados? ¿Y por qué lo hicieron? Como contestación a estas preguntas, las crónicas ocultistas contestan que la primera migración importante partió de Lemuria, y que la segunda, también muy importante, salió de la Atlántida. Ambos éxodos fueron la consecuencia de catástrofes de alcance mun- dial. Osiris Este escenario, por mucho que tenga de imaginación, es sin embargo, digno de consideración y análisis, puesto que los menciona- dos conquistadores prehistóricos llegaron al Alto Nilo con un estado político ya formado y con un rey, su ejército bien armado, su religión ya adulta y, como es natural suponer, con leyes para regular su vida como conjunto humano. La madurez de la religión, entre otras consi- deraciones, se puede juzgar por la leyenda de Osiris. El origen de Osiris, como deidad egipcia, se pierde en la profun- didad de los tiempos. Muchos autores coinciden en que probablemen- te fue un ser humano cuya personalidad adquirió tal prestigio, que se le deificó y por ello trascendió los siglos. En este caso, seguramente por haber empezado lejos de Egipto, no existe la menor idea de dónde ni cómo empezó su culto. Es probable que la explicación esté en el nombre mismo. Se dice que muchos siglos atrás no existia el Mar Mediterráneo, y que todo era tierra firme desde Europa hasta A^ica. Un cataclismo habría ocasionado la brusca fractura de lo que hoy es Gibraltar por un lado y el Mar Rojo por el otro, produciéndose un inmenso hueco, ocupado entonces por las aguas precipitadas de los dos océanos, el Atlántico por Gibraltar y el Mar Arábigo por lo que hoy es el Canal de Suez. De la conjunción de ambas aguas se habría formado el actual Mar Mediterráneo. Pues bien, a esa tierra así desaparecida bajo las aguas, las tradi- ciones ocultistas la han llamado Osiris-Ra. (40) El mencionado cataclismo, según algunas opiniones científicas, Pudo haber ocurrido en efecto, pero no recientemente, sino muchos Millones de años antes de que el hombre existiera. A pesar de esta Opinión, lo curioso del caso es que, en el fondo del Mediterráneo,se Han venido encontrando objetos y hasta esculturas que no correspon- Den a ninguna de las culturas antiguas conocidas, así como muros y Malecones que obviamente alguna vez estuvieron fuera del agua y al Servicio de la navegación. Así, pues, existe la probabilidad de que en Esas tierras, anegadas por el Mar Mediterráneo, haya estado el origen De Osiris, de Ra y del culto a ambos. Como quiera que sea, Osiris fue en Egipto el Gran dios de la luz, Del día, del bien, de la bondad y, simultáneamente, el juez de la Muerte. Fue hijo de Seb, dios de la tierra, de la vegetación, de los fru- Tos, y padre de todos los dioses menores, entre ellos Un, diosa de la Fertilidad. Osiris fue esposo y a la vez hermano de Isis. Fue asesinado por Su hermano Set, quien quiso usurpar el trono;pero Isis se lo impidió Y conservó para sí el trono, frustrando los planes del fratricida. Isis Puso los restos mortales de su esposo en un ataúd; pero luego Set los Sacó, desmembró y esparció en grandes distancias. Isis fue recogien- Do las partes del cuerpo hasta recuperarlo totalmente. Debido al episodio anterior, aquí presentado de manera muy Resumida, Set simbolizó la noche, la oscuridad, la maldad, la traición, Etc. Es decir, lo que vulgarmente se entiende por el diablo o espíritu Del mal. Y el mismo fue recordado cada día, pues se interpreta que al Comenzar las sombras de la noche, Set mata a su hermano, pero al Amanecer Horus, hijo de Osiris y de Isis, lo resucita, naciendo enton- Ces el nuevo día, esplendoroso, lleno de luz y de calor. La cosmogonía egipcia trascendió en el tiempo y acabó por lle- Gar a todos los pueblos existentes en la época. Por ejemplo, Osiris Pasó a Grecia con el nombre de Júpiter, alrededor del cual se tejió Una leyenda muy semejante a la de Osiris. Otro tanto ocurrió en Otros pueblos. Por ejemplo, en el Génesis bíblico encontramos a Adán y a Eva, representativos de Osiris y de Isis, y a Cain y Abel, Representativos de Set y Osiris. Entre los mayas están los gemelos (41) Hunab-Ku e Ixbalanqué, aunque este último en el Popol Vuh no reve- la el temperamento agresivo del Set egipcio, ni del Caín bíblico. Es probable que en el pasado haya existido un tronco común cultural, por lo menos para algunos grupos étnicos que se distinguie- ron por haber logrado notable avance, ya que, como en los ejemplos anteriores, se encuentran similitudes en otros pueblos igualmente anti- guos y más o menos contemporáneos a los primeros egipcios. Todo ello hace suponer, y seguramente con razón, que todos esos pueblos tomaron como modelo la religión egipcia, entendiéndose que es pro- bable que las raíces de esa religión se encuentren mucho más lejos en el tiempo y en la geografía. Aclaración oportuna Las alusiones que en este libro se hacen a religiones actualmente vigentes, como la cristiana por ejemplo, no llevan otra intención que la de presentar el hecho histórico tal como se le conoce, siempre que de alguna manera tenga relación importante con el tema tratado. Pre- cisamente es el caso de la cita que a continuación se transcribe y que en cierta medida avala algunas interpretaciones que se hacen en este libro: «El criterio de la iglesia cristiana está fijado por la encíclica Providen- tissimus Deus, de León XIII, del 18 de noviembre del año 1893, así como las respuestas de la comisión Bíblica, en las que se establece que el Génesis no tuvo nunca el propósito de enseñar científicamente la constitución íntima de las cosas visibles y el orden completo de la Creación, sino más bien dar un relato popular en conformidad con el lenguaje ordinario de sus contemporáneos, por lo cuítí es licito, salva- da la Creación Divina, interpretar el proceso de tal creación con arre- glo a los resultados de la ciencia.»

viernes, 20 de mayo de 2016

CAPÍTULO TRES - RODOLFO BENAVIDES


RODOLFO BENAVIDES CUANDO LAS PIEDRAS HABLAN LOS HOMBRES TIEMBLAN Capítulo III EN LA LEYENDA, LA GRAN ESFINGE HABLA Y dijo así: «—¡Oh Kqjaman Amin! ¡Oh Amté! ¡Oh Hamarqueis! Eres la Salva- guarda de mi vida pasada y por venir.» Asi decía el viajero del desierto con el rostro hacia el cielo, para luego bajar la cara hasta colocar la frente contra la arena a la sombra de la enorme cabeza de la Gran Esfinge. «—¡Horus, protégenos de todo mal!» Así clamaban muchas voces a coro, de todas las edades, que parecían salir de la candente arena. «—¡Oh gran Dios del infmito, dador de la vida, gran Dios del desierto y del Nilo y de la Eternidad!» Y los hombres, con las percudidas, raídas y ligeras ropas que alguna vez fueron blancas, siguen lentamente su camino al lado de sus camellos impasibles, azotados cruelmente por los cálidos vientos del desierto. La Gran Esfinge, serena, los ve alejarse y, suspirando, dice: «—¡Yo, la reina de estas regiones, fui la primera en revelar a los hom- bres el misterio de la vida que hay en el trigo y en el maíz! ¡Yo, que traje la vida, desde siempre he visto desafiar la muerte! Si, me he visto rodeada de seres sufrientes; pero tantos, tantos, desde la infancia de la humanidad... Sí, porque en mí está la historia de (25) hombres de gran pensamiento, que, sin embargo, son hoy espíritus ignorados. Pero en mí quedó el recuerdo y en mi renació la vida mucho antes de empezar tu historia. ¡Oh tú, Heródoto el griego! ¡Oh tú, que me escuchas en estos tiempos revueltos que ya se acaban! Mi vista se pierde en la distancia inmensa, entre el polvo de los siglos, de las edades, de los milenios, de los cataclismos y en el vibrar del sol candente sobre el gran desierto. Por todo esto, he visto a tantos hombres dolientes y hambrientos pasar, pasar mustios a mi lado, arrastrando su miseria, pidiendo en plegaria a los dioses protección. Y también he visto pasar profetas de luengas barbas, poetas de bello decir, hombres de alto pensamiento y buscadores de verdades en el cielo y en la Tierra; pero también he visto a la multitud de guerreros, enarbolando banderas de humo ensangrentado, vanidosos que nunca levantaron otra cosa que nubes espesas de polvo en las que escondie- ron siempre su vergüenza, y siempre con las bestias que los acompa- ñaban, hombres sin alma ni espíritu, con el corazón movido por ilu- siones de vana grandeza; hombres cargados como bestias de instru- mentos homicidas. Si, frente a mí han pasado Alejandro, César, Antonio, Cleopatra, Napoleón y qué sé yo cuántos hombres y razas diversas; todos, capi- tanes y vasallos, caminando siempre hacia espejismos. Pero escucha: ya desde mucho antes de Alejandro, se decía que el hombre teme al tiempo, pero que el tiempo teme a las pirámides y a la Esfinge. Y el tiempo nos teme, porque somos libros abiertos para quienes nos saben leer, y en nuestras páginas de piedra está lo que el tiempo ha hecho de los hombres que han aparecido y desaparecido juntamente con sus dioses, vanidades y absurdos. Y, más cercanos a tu tiempo, han pasado geómetras, astrónomos, arquitectos, matemáticos y otros muchos sabios cuya mente ha rebo- tado contra la roca porque han negado su propio espíritu. j0h tú, viajero del mundo, que me escuchas! Esta es la historia de Egipto, que empezó mucho después de que manos expertas hoy des- conocidas me esculpieron en la viva roca de este sitio, para servir de referencia a las edades en el lejano pasado y de testigo viviente al "hoy" que está ya casi acabado. ¡Ayer, la catástrofe que bajó del cie- lo...! Mañana... ¿mañana? ¡Oh tú que me escuchas! Endereza ahora mismo tus veredas, porque tu porvenir está agotado. j0h viajero, hoy del desierto, mañana del cielo! Tú que te cobijas a (27) mi sombra y que pides protección, debes saber que durante milenios he sentido cómo los monzones refrescantes y los jamasin, vientos abrasadores cargados de arena, han cubierto mi cuerpo. Escucha, viajero del mundo: no te lleves pedazos de mi cuerpo, porque son letras que un día harán falta para poder leer la verdad completa que tantos quisieran conocer. Nada de lo que te digo es vano. Ya hubo una vez quien me pidió, y yo le escuché y le contesté: "Líbrame de la arena que cubre mi cuerpo y yo te haré rey. El cumplió su parte y fue rey." - Pero eran entonces tiempos en que el hombre adoraba dioses que, aunque de piedra, no eran sordos ni mudos. No obstante, algunos que se creyeron superiores llamaron a esa práctica idolatría, paganismo y otras cosas peores. Y, para diferenciarse, ellos humanizaron a los dio- ses. Y te diré: si nosotros los de piedra hemos durado algo, ciertamen- te los humanizados duraron menos, pues yo los he visto nacer y derrumbarse muertos y olvidados. ¡Oh viajero que pasas a mi lado, buscando las huellas y la verdad de tu origen y la meta de tu porvenir! Lo que has escuchado es mi mensaje, que, como habrás notado, sale de la profundidad de las edades. "Habrás escuchado también, si eres sensible, las voces, el canto y el llanto de mujeres, hombres y niños clamando justicia. Ellos, como huella de su paso por la vida, dejaron columnas, templos y símbolos diversos. Hoy anochece ya, y te asustará el ver mi silueta recortada contra el cielo iluminado solamente por estrellas; puedes irte. Yo esperaré aquí a que mañana venga de nuevo el sol a saludarme, acariciándome el rostro. Entonces, si lo deseas, volveremos a hablar, cosa que a mí me agrada enormemente. Y ten presente que me quedaré aquí para ver pasar a los hombres y a las edades hasta la eternidad, cuando un día todos seamos polvo cós- mico. Sin embargo, mientras llega ese mañana, *estaré aquí para auxiliarte cuando me necesites. Para mí, el tiempo no existe. Para ti, desde el instante mismo de tu naci- miento empezó tu muerte. Por ello, tu tiempo no es para desperdiciar- lo. Yo puedo esperar aquí a que pasen los tiempos malos y a que lle- guen otros mejores. Pero tú no puedes hacer lo mismo, porque tus pasos están contados desde mucho antes. El calor y la luz de esta tierra tan querida, estimulan hoy el ardor de tu entusiasmo. Pero vendrán los días fríos: en la penumbra y en el (28) silencio oliente a añejo del interior de museos y bibliotecas, en el deambular por terrenos escabrosos, en el vaivén de opiniones necias, abyectas y hasta ofensivas..., cuando todo eso —que es la condición humana— llegue, tendrás que resistirlo y necesitarás entonces más fuerza y entereza en el alma que en el cuerpo.» Así dijo la piedra y entonces se abrió al frente el largo y sinuoso camino que conduce al infinito. Y ante la magnitud y profundidad de lo ignorado, el entusiasmo se fue transformando en miedo a lo desco- nocido. El alma comenzó a temblar, mucho más de lo que pudiera hacerlo el cuerpo. Era ese el instante del silencio imponente, principio de la noche, cuando el misterio envuelve esa tierra de faraones. Después, con la sucesión de nuevos amaneceres, empezaron a desfilar "lenta y penosamente las realidades objetivas, todas difíciles de comprender, como llegadas de otra dimensión que nos obsünamos en negar, a pesar de que vivimos en ella. * 4> * Y tal como dijo la piedra, así sucedió en los años siguientes. La tarea empezó con la investigación del río Nilo, que se supone debe haber sido el principio de la vida de Egipto. (29)

jueves, 19 de mayo de 2016

CAPÍTULO NÚMERO DOS - UN EXPERIMENTO IMPORTANTE - Rodolfo Benavides


"CUANDO LAS PIEDRAS HABLAN LOS HOMBRES TIEMBLAN" Capitulo II UN EXPERIMENTO IMPORTANTE Se dice que quien busca halla, y que al que llama se le abren las puertas. Precisamente eso fue lo que sucedió en una de las visitas que el autor hizo a Egipto. Desde muchos años antes, él sabia que para estimular sus pensa- mientos le era muy útil* caminar a paso lento pero rítmico, sin prisa pero sin pausa, y eso fue lo que hizo desde el momento en que llegó a la zona de la Gran Pirámide, área que ya conocía por sus visitas anteriores. Era entonces pasado mediodía. Había resuelto quedarse en la zona hasta el anochecer, pues anhelaba realizar un experimento largamente planeado y que juzgaba muy importante. Con ese propó- sito en la mente, empezó a circunvalar la Gran Pirámide, que equivale a caminar en el desierto, bajo un sol ardiente. Esfuerzo nada fácil, pero perfectamente posible. Tal como había sucedido en visitas anteriores, los pensamientos empezaron a fluir, al principio un poco atropelladamente, pero des- pués de manera ordenada y progresiva. Para empezar, el experimento consistiría en saturarse de la atmósfera del lugar, a fin de recoger de ella todo lo que le fuera posible y útil, lo que normalmente se consigue sin grandes dificultades cuando se actúa con la mente abierta y receptiva, es decir, sin tabúes, sin prejuicios, sin cadenas mentales. Si el pensamiento sobrevive a la muerte del cuerpo físico —pensó—, esa era la oportunidad de comprobarlo. Si el pensamiento es eterno y queda flotando en alguna dimensión, pero siempre a nues- (21) tro alrededor, allí debía demostrarse. Las rocas se impregnan del magnetismo y del pensamiento de quien las trabaja, luego las rocas tenían que hablar. Siguió caminando lentamente bajo ese sol abrasador y deshidra- tante del desierto, dejando que las horas se deslizaran suavemente para dar tiempo a que todos los turistas se fueran y lo dejaran solita- rio en aquel lugar vibrante de misterio. Caía la tarde cuando el visitante ya había cerrado el circuito alrededor de la Gran Pirámide. Incluso había escalado las piedras hasta cierta altura. Desde allí estuvo observando hacia la inmensidad del desierto, hacia donde el Sol se escondía dejando ver solamente hermosos destellos rojizos. Bajó antes de que la luz solar desapareciera por completo y se acercó a la Gran Esfinge. Allí tuvo que esperar todavía a que se reti- raran los últimos camelleros, fotógrafos y comerciantes, que están siempre asaltando a los turistas con chucherías. En esa actitud silente, respetuosa, pensó que, como se sabe de sobra, los sacerdotes egipcios eran básicamente lo que hoy se entien- de por psíquicos, o sea, personas con especial sensibilidad, facultad que hasta hace pocos años se entendió como paranormal o también como mediumnidad, apropiada para percibir vibraciones que están más allá de los cinco sentidos. Por esta razón se la conoce también como sexto sentido, que por cierto existe latente en todo ser humano pero activo sólo en quienes lo han desarrollado, mediante una apro- piada disciplina y práctica. La conclusión fue que para lograr algo en ese primer experimen- to, había que intentar en lo posible imitar a los sacerdotes antiguos, o sea, entrar en meditación profunda, aislando la mente del tiempo y del espacio. La tarde se apagaba ya junto con el sol. Aún se dibujó la silueta de un camellero que a lomos de su montura se alejaba lenta- mente. El ambiente parecía impregnado de tibieza y serenidad, mez- clado con el claroscuro confuso que separa la noche de la tarde. Al fin había llegado el momento oportuno de empezar la segunda y última parte del experimento. (22) El visitante, con las nacientes estrellas y los milenarios monu- mentos como únicos testigos, se sentó acomodando la espalda contra la piedra de la Gran Esfinge. Luego abrió los brazos en cruz, poniendo las palmas de las manos sobre la roca, a fin de percibir en lo posible lo que esas piedras tuvieran a bien entregarle. A esta disciplina, ya muy antigua, se la conocía hasta hace poco tiempo como psicometría. Después se la ha llamado dermopsíquica o dermovisión. Pero en realidad el nombre es lo de menos, importante son los resultados... cuando los hay. Y esta vez los hubo —des- pués de larga meditación— en aquel lugar silencioso y solitario... (23)

miércoles, 18 de mayo de 2016

RODOLFO BENAVIDEZ - Cuando las Piedras Hablan, los Hombres Tiemblan. R. Benavides (1a Parte)


ESCRITOR DEL DÍA: RODOLFO BENAVIDES Capítulo I PENSANDO EN VOZ ALTA Cuando el hombre, tal vez sin darse cuenta, toma por el sendero del pensamiento, ya jamás podrá dejarlo, pues aparecen en su mente, innumerables preguntas que exigen respuesta, tales como ¿por qué? ¿quién? ¿cuándo? ¿dónde? El cansancio quizá lo detenga algunas veces. Sin embargo, en cuanto se recuperan las fuerzas físicas y las energías intelectuales, el anhelo de superación lo impulsará nuevamente a transitar otra vez por esa . larga ruta, en una incesante búsqueda de la verdad. A transitar en actitud reflexiva, observándolo todo. Buscar la verdad parece ser la gran meta, la gran causa, la gran tarea del hombre. Todo eso le ocurre también a quien siendo de espíritu libre, sin tabúes ni cadenas mentales, se asoma al Egipto legendario buscando explicaciones a nuestro verdadero pasado de seres pensantes. Y al ver cada monumento sucede siempre lo mismo que ha sucedido con la Gran Esfinge: cuando estaba casi cubierta por la arena del desierto milenario aparecieron infinidad de improvisadas interpretaciones que en ese momento parecían explicarlo todo. Pero luego sucedió que a medida que se quitaba la arena, cada estudioso descubría que muy nada se sabía de ella, llegando la soldadesca estulticia en cierta ocasión a usarla como blanco de artillería. Millones de toneladas de arena acumuladas por los vientos durante milenios, han sido removidas y alejadas varias veces del tan misterioso monumento. Y ahora, cuando ya está casi totalmente descubierta la Gran Esfinge es menos comprendida que nunca, pues su (17) grandiosidad como símbolo de eternidad es muy superior al conoci- miento a que ha llegado el hombre actual. Debido a ese enorme hueco entre lo que hace siglos se creyó que significaba y lo que hoy no se sabe bien qué significa, siguen flotando sin consistencia las escasas teorías que alguna vez se entendieron como leyendas o mitos de origen religioso. Para el espíritu investigador que visita Egipto, no hay más que un camino a seguir: permanecer en actitud pensante frente a los monumentos. Permanecer así horas y días bajo la cálida y deshidra- tadora atmósfera del mediodía, o el frió seco de la noche silenciosa en un cielo transparente y estrellado, hasta sentir en propia carne una vibración etérea, la voz de las piedras. Y por cierto, es cuando fluyen las incógnitas y las preguntas en tropel. Diriase con justicia que entonces los antiguos dioses acuden solícitos a la llamada del visitan- te para contestar tales preguntas. Contestaciones que solamente ellos pueden dar, por haber sido únicos testigos de acontecimientos de su época, tiempo no registrado por la Historia, acontecimientos con- vertidos en leyenda. Fue asi precisamente como empezó esta aventura, la aventura de ir a escuchar a media noche apalabra de las piedras, que anhelan decir su verdad, que quieren dar su versión de lo que vieron y Oyeron. Y su verdad es que, desde muy antiguo, el ser humano pensante se dio cuenta de la periódica repetición de fenómenos naturales, por ejemplo el día y la noche, en que aparecían el sol y la luna respectiva- mente, las nubes y las estrellas. De ahí que quienes gustaban de observar el délo, se percataran de la periodicidad en la aparición de las estrellas. Tales estrellas fueron entendidas por algunos como dio- ses, y los aparentes agrupamientos de estrellas, hoy llamados conste- laciones, como agrupamiento de dioses dedicados a discutir y arre- glar o desarreglar a su manera los destinos humanos, tanto en con- junto como individualmente. Y claro está, si los dioses aparecían asi, de manera periódica y por ello previsible, lógicamente los aconteci- mientos naturales de toda índole, una vez ocurridos, deberían repetir- se de igual manera periódica y previsible. Bien podría suceder que de estas concepciones tan antiguas de la (18) periodicidad de los fenómenos naturales haya nacido en América y en otros pueblos lo que dio vida a la teogonia de los cinco soles, o quizá, y al menos en parte, lo que Pedro Ouspensky designa con el concepto de el eterno retorno, es decir, que el tiempo no tendría prin- cipio ni fin, sino un ininterrumpido movimiento circular. Esta angustia de no entender ni el principio ni el fin de la vida pudo haber sido el origen mítico del principio y el fin del mundo, y naturalmente de todo lo que en él existe, no sólo en su forma física y visible, sino en su existencia de ultratumba, o sea, espiritual. Es posible que esa misma angustia quizá haya dado origen a los sacrificios humanos en todo el mundo, cuyo sangriento ritual religio- so no fue particular de América. Todo hace pensar que tal vez tuvo una misma raíz de origen, por ejemplo en Sumeria, en la baja Meso- potanüa, región en la que un dios se sacrificaba a fin de salvar a la humanidad de todos sus pecados, para que luego, en reciprocidad, los sacrificios humanos alimentaran a los dioses. Es así como se entendía en tiempos ya lejanos el principio y fm de la vida. Pero en la tan compleja civilización actual, todas las reli- giones, la filosofía y la ciencia se siguen preguntando: ¿qué es el prin- cipio? ¿qué es el fin? E implícitamente, queda como máxima espe- ranza aquello de que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios, o por mejor decir, del dios de cada uno. En todo caso, estos últimos conceptos implican un alto grado de vanidad, ya que sugieren que vivimos aislados, como únicos seres pensantes en el Universo infinito, a pesar de que existan abundantes pruebas, enigmáticas coincidencias y sugestivas huellas de antiguos y misteriosos personajes que nos dejaron señales de su paso por el mundo. Vidas que se les niega haber sido humanas porque parecen haber llegado de otra dimensión del espacio y del tiempo y que por ello nos resultan invisibles e intangibles. Todo esto es tan complejo, que resulta mucho más fácil reir, ignorar o negarlo, antes que intentar penetrar en el misterio de las leyendas y de los mitos, verdaderos trozos de historia que sugieren la existencia de antiguas maravillas. Maravillas que los agnósticos, por pura comodidad, entienden como meras fantasías, ya que según ellos, (19) fuera de nuestro planeta no existe ni puede existir el pensamiento, la inteligencia, la belleza. Pensando de este modo, surge en seguida la siguiente reflexión: si la energía nuclear uno de estos días aniquilara a la especie humana, dejando al infinito Universo sin seres pensantes e inteligentes..., ¿qué sería entonces de ese pobre Universo? Este conjunto de incógnitas ha producido mortal angustia, des- bordante anhelo de liberación, impulso de lucha por ampliar e ilumi- nar el estrecho, oscuro y cercano futuro. Cercano, porque, según las mutuas amenazas de los poderosos, pronto estaremos todos converti- dos en humo y polvo radiactivo, en polvo cósmico, dejando al Uni- verso vacío de nuestra insustituible presencia e inteligencia... ¿Qué será de ese Universo después de nuestra desaparición? Después de largo meditar y con abundantes ideas en la mente, el autor decidió comenzar la ardua y larga tarea de investigación, base de este libro, dando forma a un programa de trabajo. En definitiva,* todo consistiría en tratar de desvelar, al menos parcialmente, algunos de los enigmas relativos a la Gran Esfinge y a la Gran Pirámide, para lo cual se imponía la necesidad de hacer una revisión general de todo lo que él mismo, ya desde tiempo atrás, había estudiado y parcial- mente escrito. Pero también se imponía la necesidad de visitar nuevamente el milenario Egipto y sus misteriosos monumentos. (20)

martes, 17 de mayo de 2016

MENONITAS


Menonitas Definiciones web Los menonitas son una rama pacifista y trinitaria del movimiento cristiano anabaptista, originado en el siglo XVI, como expresión radical de la Reforma. De Rusia a América[editar] Artículo principal: Menonitas de Rusia En 1788, a invitación de Catalina la Grande, emperatriz del Imperio ruso, grupos de agricultores menonitas de Prusia (donde se les impusieron en 1786 severas condiciones para su permanencia), emigraron a Ucrania. Con el correr del tiempo, muchos menonitas de los establecidos en Rusia habían luchado y padecido por su bienestar espiritual, cultural y material en diversas regiones de Europa y de la Rusia asiática. Los menonitas habían sido eximidos por Catalina II de la obligación de prestar el servicio militar, pero esta condición, al igual que la autonomía de que gozaban en sus escuelas y comunidades, fueron abolidas en 1870, por lo que muchos menonitas decidieron ir al Canadá, donde fueron aceptados en 1873, y a Estados Unidos, donde había muchas comunidades menonitas y Amish desde 1683. En la misma época aparecen registros de menonitas emigrados de Rusia a América. Fue en Argentina, en 1877, cuando se formó una colonia agrícola en el arroyo Nievas, cerca de Olavarría, en la provincia de Buenos Aires[cita requerida]. Estos menonitas no mantuvieron su identidad, y posiblemente se fusionaron con iglesias luteranas que servían a otros inmigrantes alemanes que llegaron en la misma época[cita requerida]. En Estados Unidos, deseando mantener su ética pacifista, muchos menonitas rehusaron apoyar la Primera Guerra Mundial. Algunos conscriptos jóvenes en Europa y Estados Unidos pasaron el conflicto en la cárcel, donde algunos murieron como consecuencia de maltratos y torturas. Al avecinarse la Segunda Guerra Mundial se reconoció en Estados Unidos el derecho de los objetores de conciencia, y miles de jóvenes participaron en un Servicio Voluntario Alternativo. El modelo fue tan exitoso que ha continuado hasta ahora (es la base de los voluntarios del Comité Central Menonita), y ha sido imitado por programas como el Cuerpo de Paz de los Estados Unidos. En la Unión Soviética, las políticas de Stalin causaron nuevos éxodos de menonitas a América. Entre 1920 y 1930 nuevos grupos se establecieron en Canadá, México y Paraguay. La Segunda Guerra Mundial resultó desastrosa para la mayoría de los menonitas que quedaron en Ucrania y Rusia. Se los consideró "alemanes" por el idioma que hablaban, y miles murieron o fueron deportados a Siberia. Parte de los menonitas de la Unión Soviética que huían de la persecución stalinista emigraron a Paraguay en 1930. Allí se trasladaron también otros menonitas de Estados Unidos, Canadá, Belice y México. En 1945 llegó una nueva ola de refugiados, que se instalaron en Uruguay, Brasil y Paraguay. En las últimas décadas se han acelerado los movimientos migratorios, y hoy hay importantes colonias de menonitas que mantienen el uso del idioma alemán en Paraguay, Bolivia, Uruguay, Brasil, México y en Argentina ,cerca de Guatraché, en la provincia de La Pampa y cerca de Pampa de los Guanacos, en la provincia de Santiago del Estero). En Estados Unidos y Europa, los menonitas se han opuesto a tomar parte en las guerras en Vietnam e Irak y han participado en numerosas campañas pacifistas. Las colonias agrícolas de los "Menonitas de Rusia"[editar] Antigua iglesia menonita en Molochansk (Ucrania). Aproximadamente el 15% de los menonitas pertenecen a comunidades donde, junto con el idioma alemán, se conservan tradiciones centenarias. La historia de este grupo de menonitas se caracteriza por las migraciones repetidas de sus grupos, ya que buscan lugares donde se puedan establecer y donde sus prácticas sean aceptadas sin interferencia del estado o la sociedad. Estos grupos son principalmente de dos vertientes: a) de Suiza, donde en 1700 se originaron los amish y otros grupos menores ahora en Canadá y Estados Unidos; y b) del Imperio ruso. Estos grupos, llamados en general "La Antigua Colonia" por la zona de la Colonia de Jórtytsia donde habitaban, comenzaron a radicarse a partir de 1874 en Estados Unidos y Canadá y a partir de 1922 en México, a partir de 1927 en Paraguay, a partir de 1930 en Brasil, a partir de 1954 en Bolivia y a partir de 1958 en Belize y, recientemente, en Costa Rica, Argentina y Uruguay. Estos grupos se han dedicado a la labranza de la tierra y a vivir un estilo de vida sencillo, sin automóviles, electricidad ni otros progresos de la vida moderna. Se distinguen por sus vestimentas modestas. Todo es expresión de su entendimiento de la fe cristiana, en la que es muy importante mantenerse apartados del mundo. Cabe destacar que existen también colonias, especialmente en Paraguay y Brasil, que profesan la fe tradicional pero no tanto así la vida sencilla, empleando modernas técnicas en la agricultura y ganadería, contando incluso con modernas industrias y sistemas de producción que están entre los más avanzados de la región. [cita requerida] Comité Central Menonita[editar] Diferentes denominaciones menonitas, los Hermanos en Cristo y los amish fundaron en 1920, con recursos de congregaciones de Canadá, Estados Unidos y Los Países Bajos, el Comité Central Menonita, para ayudar a sus hermanos de Ucrania, afectados por los sufrimientos causados por la Primera Guerra Mundial y la guerra civil subsiguiente. Desde entonces, el Comité ha logrado exitosas campañas para socorrer en todo el mundo a poblaciones pobres o afectadas por catástrofes naturales o guerras, sin importar las creencias de las personas que reciben la ayuda. En Laos el Comité ha ayudado a financiar los programas para eliminar las minas antipersonales que quedaron sembradas durante las campañas militares norteamericanas por la Guerra de Vietnam. Además de su presencia en situaciones de desastre en diferentes partes, el Comité Central Menonita desarrolla también programas de intercambio cultural, como el IVEP (International Visitor Exchange Program) que tienen como propósito desarrollar y fortalecer las habilidades vocacionales de sus participantes y proveer de experiencias interculturales y de servicio voluntario. Algunos de los objetivos del IVEP son: - Promover la paz y reconciliación internacional. - Ayudar a los participantes a entender mejor a otros y a sí mismos. - Fortalecer los lazos de la comunidad cristiana, entre otros. Este programa está dirigido principalmente a adultos jóvenes entre 18 y 30 años de edad, de 30 países; y van a Canadá y a EU por un año. Difusión[editar] Coro de la iglesia menonita de Singelkerk, en Ámsterdam. Según un informe publicado a principios del 2007 por la Conferencia Mundial Menonita, hay en el mundo aproximadamente 1.480.000 miembros, distribuidos en 82 países. Debe recordarse que estas estadísticas no incluyen niños, sino solamente miembros adultos bautizados. Aunque en sus primeros 450 años los menonitas estaban radicados principalmente en el hemisferio norte (Europa y América del Norte), en las últimas décadas han experimentado un notable crecimiento en los otros continentes, y en los primeros años del Siglo XXI sólo el 37% vive en Europa y América del Norte. Hay más menonitas en África que en cualquier otro continente. Las estadísticas a fines del 2006 eran: África: 530.000 Norteamérica: 500.000 Asia,y el Pacífico: 241.500 América Central,y Caribe: 356.000 America del sur:270.000 Europa: 52.500 América[editar] A principios del siglo XX se despertó en las iglesias menonitas de los Estados Unidos, Canadá y México el interés por enviar misioneros a otros países, especialmente de América. Los primeros misioneros llegaron a la Argentina en 1917. Detrás de ellos se fueron abriendo obras misioneras en otros países, con congregaciones americanas étnicas, cuyo primer idioma es el español, el portugués, el francés, y diversos idiomas indígenas. En la actualidad hay iglesias menonitas activas en: Argentina (principalmente en La Pampa y Santiago del Estero) Bahamas Belice Bolivia Brasil Colombia Costa Rica Chile Cuba Ecuador El Salvador Guatemala Guyana Haití Honduras Jamaica México (Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua) Nicaragua Panamá Paraguay: Filadelfia, Neuland Perú Puerto Rico República Dominicana Trinidad y Tobago Uruguay: Colonia Nicolich, El Ombú, Gartental, Delta Venezuela El total de menonitas en esos países puede superar los 156.000 miembros. Inmigración de menonitas en Argentina Artículo principal: Inmigración en Argentina Menonitas en Argentina Mennoniten in Argentinien Queso menonita Guatraché.JPG El queso pategrás argentino es elaborado por los menonitas de Guatraché. Regiones de origen Bandera de México México, Bandera de Belice Belice, Bandera de Bolivia Bolivia, Bandera de Paraguay Paraguay, Bandera de Canadá Canadá Población censal 2.000 aprox. Idiomas plautdietsch, alemán, español Religiones cristianismo (anabaptismo) Migraciones relacionadas Menonitas, Germano argentinos, Ruso argentinos, Menonitas de Paraguay, Menonitas de Bolivia, Menonitas de México, Menonitas de Costa Rica, Mexicanos en Argentina, Neerlandeses en Argentina Asentamientos y comunidades activas 1.º Remecó y Guatraché (Bandera de Provincia de La Pampa La Pampa) 1300 (aprox.) hab. 2.º Pampa de los Guanacos (Bandera de Provincia de Santiago del Estero Santiago del Estero) 3.º Arroyo Nievas (Bandera de Provincia de Buenos Aires Buenos Aires) 4.º Metán y Salvador Mazza (Bandera de Provincia de Salta Salta) 1 [editar datos en Wikidata] Los menonitas son un grupo religioso cuya doctrina se basa en la Biblia como palabra de Dios. En Argentina, se encuentran desde 1985 y 1987, procedentes de México, Belice,2 Paraguay y Bolivia y descendientes de alemanes3 y rusos. Poseen 10.000 hectáreas a 40 km de Guatraché y a 160 de Santa Rosa, La Pampa (denominada La Nueva Esperanza) y dos comunidades agrícolas de 10.000 hectáreas en Pampa de los Guanacos, Santiago del Estero.4 5 6 7 8 Las comunidades más recientes viven en la provincia de Salta desde 2011.1 Algunas familias menonitas de México, decidieron emigrar a la Argentina en la última década de siglo XX. Los menonitas son un grupo religioso cuya doctrina se basa en la Santa Biblia como palabra de Dios. Tuvieron su origen en el norte de Alemania y Frisia, Países Bajos durante la Reforma Protestante el siglo XVI. El nombre viene de Menno Simons, originalmente un sacerdote de la Iglesia Católica. Sus seguidores fueron llamados comúnmente “discípulos de Menno” y, más tarde, simplemente “Menonitas”. Son incluidos en el grupo de los protestantes. Son pacifistas, niegan el servicio militar y cualquier servicio con armas. Los menonitas sufrieron persecución en Europa, y tuvieron que emigrar a regiones donde podían recibir una limitada tolerancia. Una de esas regiones era Prusia. En el año 1780, la emperatriz (o zarina) Catalina II de Rusia quiso colonizar Crimea, que había conquistado a los turcos otomanos. En búsqueda de agricultores alemanes, los menonitas prusianos fueron invitados a inmigrar. Se les prometió la exención del servicio militar, tierras, y el uso del idioma alemán. Muchos menonitas aceptaropn la invitación, y formaron colonias en el sur de Rusia, dedicadas a la agricultura y ganadería. Aproximadamente 100 años después, el gobierno ruso propuso derogar los privilegios otorgados a los menonitas. En 1877, aproximadamente 18.000 emigraron a América del Norte y hacia América del Sur. El gobierno ruso, ante la posibilidad de perder tantos agricultores expertos, no continuó intentando la eliminación de los privilegios de los menonitas. Los que no emigraron continuaron prosperando, y a comienzos de la Primera Guerra Mundial había unos 120.000 en Rusia. En 1877 llagaron los primeros menonitas rusos que se establecieron a la Argentina. Fundaron la primera colonia agrícola en el Arroyo Nievas, cerca de Olavarría, provincia de Buenos Aires. Estos menonitas no mantuvieron su identidad cultural y al paso de los años se fueron fusionando con las iglesias luteranas que fundaron los inmigrantes alemanes que llegaban a la Argentina y que se distribuían en zonas rurales. Otro movimiento migratorio importante fue en 1945, cuando llegaron otros menonitas desplazados de Rusia. Habían huido de Rusia a Alemania junto con el ejército alemán, y estaban en peligro de ser repatriados a Rusia, donde les esperaba muerte, cárcel o el exilio a Siberia. Nuevamente los menonitas de Canadá y Estados Unidos organizaron la ayuda para que los menonitas se fueran hacia Sudamérica, y miles llegaron al Paraguay, al norte de Argentina y al Uruguay en viajes del buque Volendam. Inicialmente, se esperaba conseguir tierras en la Argentina, pero ese gobierno se resistía a conceder la exención del servicio militar, por lo que orilló a los menonitas a salir de Argentina y emigrar hacia el Chaco paraguayo y hacia Bolivia a través de convenios con el gobierno de Santa Cruz. Sin embargo, al gobierno argentino no le importaba la buena fama de producción agrícola de estas comunidades que se había dado en otros países de América Latina, ya que otros inmigrantes europeos se establecieron en zonas rurales del país y su producción agrícola era tan buena como la de estos grupos de menonitas. Para el año 1980 de nueva cuenta, los menonitas decidieron pedir apoyo al gobierno argentino para reanudar convenios de establecimiento en el país mediante una compra de tierras, lo que ocasionó que se les destinara nuevamente tierras en la provincia de La Pampa, en la que 200 familias procedentes de México, se establecieron de forma definitiva. Al paso de los años llegaron otras familias que procedían de Paraguay, Bolivia y Belice. Entre los motivos de emigración de menonitas mexicanos hacia los países sudamericanos fueron la escasez de agua y los conflictos limítrofes con rancheros y agricultores duranguenses y chihuahuenses, lo que llevó a numerosos juicios por la tenencia de la tierra y la distribución de las aguas del subsuelo en el norte del país. Otros motivos fueron la formación de nuevas familias, enlazándose con menonitas de Paraguay y Bolivia.9 A pesar de que la comunidad menonita no se considera patriota a ninguna nación, debido a sus constantes desplazamientos por las naciones del mundo desde que salieron de Europa, los menonitas nacidos en México debieron reportar su identidad legal en los pasos migratorios aéreos o terrestres de la República Argentina con rumbo a su destino final, en la región pampeana. En la provincia de Salta, al norte de Argentina, existe una colonia menonita de cinco familias y siete hectátras instalada en 2011 en Metán, al sur de la provincia. Allí venden queso y se habla alemán. El pastor y principal miembro de la colonia, proviene de Canadá, habla inglés y no español. Los niños aprenden español en la única escuela del lugar. También hay menonitas en la localidad de Salvador Mazza, al norte de la provincia, provenientes de Bolivia y Paraguay.1 Características[editar] Ubicación del departamento Guatraché en La Pampa. Este grupo se ha dedicado a la labranza de la tierra y a vivir un estilo de vida sencillo, sin electricidad, automóviles, telefonía, televisión, ni otros progresos de la vida moderna. Se distinguen por sus vestimentas modestas y su entendimiento de la fe cristiana, en la que es muy importante mantenerse apartados del mundo.10 Las relaciones con el mundo exterior quedan restringidas a la compra de materia prima, venta de productos elaborados y visitas de turistas.11 12 Los menonitas hablan alemán de Prusia y cantan en plautdietsch los 730 salmos de su libro de himnos. Además, el idioma español es hablado fluidamente por algunos colonos.4 En las nueve escuelas existentes en la colonia de La Pampa, los niños aprenden a leer y escribir en alemán. En un primer momento, el gobierno provincial pretendió crear una escuela incorporada a la Educación General Básica. Frente a la negativa de los colonos y luego de una larga negociación, los mismos padres y familiares de los niños tienen la obligación de enseñarles el idioma español.12 Hacia 2007, fueron censados 1300 habitantes en Remecó, formando alrededor de 200 familias, con un promedio de entre 8 y 12 hijos cada una.9 Los primeros de ellos llegaron desde el estado de Chihuahua en México, en 1985. Ese año también llegaron otros menonitas a La Pampa, desde Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), así como luego se sumarían otros, venidos de Paraguay y Belice.12 Producción[editar] La colonia produce 15 mil litros de leche por día y más de 500 silos por año. Poseen unas 5000 cabezas de ganado vacuno, y la mayoría de las familias, un tambo. Como así también, cultivan papa, rábano, pepino, calabaza, cebolla, chile, zanahoria, girasol, lechuga, repollo, y cilantro, crían aves de corral, chanchos y caballos. A través de una asociación civil, se venden al resto de Argentina quesos, pasta de mozzarella, trigo, muebles, silos y otros implementos para el agro.4 13 Además de la agricultura, algunos colonos realizan también trabajos de metalurgia y carpintería. Hay ocho sitios que fabrican silos, que son vendidos principalmente en la Región Pampeana. Los muebles fabricados poseen gran prestigio y son realizados con madera de caldén.4

CQC (04-12-2011) INFORME: MENONITAS

Cultura menonita enfrenta los cambios de la actualidad

Menonitas hacen frente a la sequía con nuevos métodos de riego

Sequía oblliga a emigrar a menonitas

VISITA A LOS MENNONITAS DE NUEVA DURANGO (PARAGUAY)

Menonitas argentinos

LOS MENONITAS EN BOLIVIA.mpg

Joven menonita fue expulsado de su colonia por querer contraer nupcias c...

Nuevos alemanes en la selva de Peru, Los Menonitas llegaron a colonizar...

Reportaje Menonitas - Chihuahua (Mexico)

Divulgación Científica en la Radio para Colonos Menonitas del Estado de ...

Baile de menonitas

COLONIA MENONITA · LA PAMPA · #2

VARIETE TN - UN PUEBLO DEL 1800 - MENONITAS EN GUATRACHE - LA PAMPA

Visión Siete: Refugiados en el pasado (2 de 2)

Visión Siete: Refugiados en el pasado (1 de 2)

Vivo en Argentina - Quehué, La Pampa - 06-03-12 (2 de 4)

ESTANCIAS ANTIGUAS ARGENTINAS


ESTANCIA LAGUNA DE LOS PADRES-Mar del Plata
Casco de estancia donde en la década del 50 fue instalado el Museo José Hernández de Laguna de los Padres. Foto de Miguel Lima. Fotos de Familia - Diario La Capital Buena parte de los primeros cimientos con que está edificada la historia marplatense pueden encontrarse en el casco de la Estancia Laguna de los Padres. Basta señalar que ahí no más, a pocos metros, se acomodaron los Jesuitas para darle vida a la Reducción del Pilar, primer intento serio y próspero de relacionarse con las tribus de indígenas serranos liderados por el cacique Cangapol. A partir de esa época –última porción del siglo XVIII-, esa zona rural fue el escenario principal donde se escribieron los primeros capítulos de los ciento veinticinco años de la vida del pago chico. Uno de los trabajos que de manera más completa puso la lupa sobre el pasado de la estancia –en el período que va de 1820 a 1950-, fue llevado a cabo por el Profesor en historia César Román, miembro del Grupo H.I.S.A., que depende de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata. La investigación se basó en el análisis minucioso de las testamentarias de todos los propietarios de la estancia (ver aparte), los que se obtuvieron en el Archivo Histórico de la Nación, en el de la provincia de Buenos Aires y en el Juzgado de Paz de Dolores. Estancia Laguna de los Padres - Foto de Oscar Casemayor - Blog Patrimonio Arquitectonico Marplatense La investigación comenzó en septiembre del ’97 y concluyó en marzo del ’98. El informe final salió a la luz a fin del año pasado. El principal propósito de la investigación fue el de elaborar un nuevo guión científico que sirviera de referencia para producir el montaje museográfico y, además, como documentación de base para la visita guiada que realiza el personal del Museo Municipal José Hernández, dependiente de la comuna de Mar del Plata. El rastreo de información se inició con documentos de 1820. “Sobre los decretos de las tierras del Vulcan, hacia 1818 se inscribe el pedido de tierras de Pedro Alcántara Capdevila sobre el Paraje de Lobería Chica, futura estancia Laguna de los Padres”, Señala César Román en su informe. Alcántara Capdevila era una figura importante de la elite comerciante de Buenos Aires y necesitaba trasladar a mejores campos -los ganados que tenía en la zona Conocida como «de los Quilmes». Estancia Laguna de los Padres - Foto de Oscar Casemayor - Blog Patrimonio Arquitectonico Marplatense “Estas necesidades convergen con la perspectiva del gobierno, que estaba interesado en amojonar, poblar las estancias y establecer vínculos de sociabilidad con los indios”, agrega el investigador. Una parte sustancial de lo que hoy es el partido de General Pueyrredon le fue entregada a Capdevila. Si bien en aquel contexto el espacio estaba preconfigurado al menos en su forma jurídica, no obstante existía un conjunto de obstáculos entre los cuales, el más importante, era el indio. Las dificultades se volvieron insalvables. Las comunidades indígenas rechazaron toda idea de consolidación rural en los años 1819, 1823 y 1824. “Con esta Confirmación quedó demostrado que el contacto interétnico en la región es tan tardío como las evidencias arqueológicas lo vienen demostrando”, Subraya Román. Estancia Laguna de los Padres - Foto de Oscar Casemayor - Blog Patrimonio Arquitectonico Marplatense El informe vuelca una catarata de luz sobre un período de la historia rural poco conocida y también poco tratada por los clásicos historiadores locales. Entre 1860 y 1888 la atención está centrada en varios lados, pero menos en el campo. En esos años la ciudad se transformaba y comenzaba a perder su imagen de caserío costero para convertirse en una villa turística con aires mediterráneos. El mayor interés de los investigadores, hasta el momento, estuvo en analizar mejor ese proceso de cambio. Basándose en las testamentarias de los principales protagonistas que tuvo la historia de la Estancia Laguna de los Padres, Román recompone formas de producción, acumulación y distribución de la economía terrateniente de entonces. También apunta a resaltar las características sociales y culturales de los estancieros, una elite que comenzaba a tomar un rol protagónico en la historia política y económica del país. Son aquellos los años en que se consolida el proceso de ocupación de la tierra, las Sociedades indígenas son obligadas a retroceder y, desde entonces hasta la Primera Guerra Mundial, la economía argentina se volverá floreciente. Es también el momento de mayor vinculación económica con Inglaterra, cuando el ferrocarril ayuda a dejar la materia prima en el puerto. Y en tal esquema, la pampa húmeda cobra un valor trascendente como base del Crecimiento económico argentino. Estancia Laguna de los Padres - Foto de Oscar Casemayor - Blog Patrimonio Arquitectonico Marplatense “Este proceso de cambios es notorio en la Estancia Laguna de los Padres y en las demás de la región. El hecho de que Eusebio Zubiaurre mande a construir el casco en 1882 es una evidencia de que nacía una nueva etapa. Con mayor producción, inversión en maquinarias y capacitación para efectuar diversidad de alternativas, los estancieros encontraron los caminos para ser los dueños de las decisiones en la Argentina. Y eso en todos los aspectos”, señala Román. Tiempo de estancias en la laguna En 1819, Pedro Alcántara recibe 32 leguas cuadradas -83 mil hectáreas-, las que conserva hasta 1828, año en que sus sucesores las venden a Ladislao Martínez Castro. Si bien el nuevo dueño nunca pisó las tierras, fue el encargado de comenzar con la producción ganadera junto con su hermano Marcelino, quien la denominó Laguna de los Padres en homenaje a los jesuitas. Estancia Laguna de los Padres - Foto de Oscar Casemayor - Blog Patrimonio Arquitectonico Marplatense En 1847 las tierras pasaron a manos de José Gregorio Lezama, quien le sumó los establecimientos La Armonía, en 1850, y San Julián de Vivoratá, en 1852. Hay que saber algo: Martínez Castro se había enfrentado a Rosas en 10 que se denominó la Revolución de los Libres del Sur. Pero al ser derrotados, el gobierno rosista expropió las tierras que años más tarde quedaron bajo el dominio de Lezama. Los tres establecimientos llegaron a ocupar 54 leguas de Campo -casi 140.000 hectáreas-, lo que representaba la totalidad del actual Partido de General Pueyrredon. En 1856, las tres estancias pasan al dominio de José Coelho de Meyrelles, quien realiza la operación como socio de Domingo Sá Pereyra y como apoderado de Ireneo Evangelista de Sousa, el mítico Barón de Mauá, El Objetivo era fortalecer la exportación de productos vía el precario puerto que por aquellos años estaba en la actual Punta Iglesia. Claro que antes debía construirse el Saladero. Por entonces, en la región pastaban 115 mil cabezas de ganado, entre vacuno manso, alzado, yeguarizo y lanar. Estancia Laguna de los Padres - Foto de Oscar Casemayor - Blog Patrimonio Arquitectonico Marplatense Estamos en 1860. Jacinto Peralta Ramos compró el saladero y parte de los campos que lo sustentaban. Al año siguiente subdividió la tierra y vendió la mayoría de los lotes. Sólo se reservó el llamado Lote XIII, en donde estaba el caserío que lo llevó, en 1874, a fundar Mar del Plata. Para la compra del consorcio que comandaba el Barón de Mauá, Peralta Ramos se había asociado con Anacarsis Lanús, Eusebio Zubiaurre y Benigno Barbosa. Con este último habían quedado como propietarios de la vieja estancia Laguna de los Padres, que tenía una extensión de 12 leguas, algo así como 36.000 hectáreas. Cuando murió Barbosa, en 1866, Peralta Ramos volvió a fraccionar las tierras para venderlas. En su investigación, César Román señala que “si consideramos globalmente este proceso, podemos ver que la Clase terrateniente se forma de la renovación y transformación de los gran- des comerciantes porteños en organizadores de las bases materiales de esta nueva configuración socioeconómica. La naturaleza del cambio en el carácter de los grupos dominantes, durante el período que nos ocupa, no solo transforma a los integrantes del grupo hegemónico sino el carácter mismo de esa hegemonía”. Estancia Laguna de los Padres - Foto de Oscar Casemayor - Blog Patrimonio Arquitectonico Marplatense Para Román, “las transformaciones están íntimamente vinculadas a la Constitución del Estado, particularmente del Estado provincial a partir de 1820, que como actor distinguido revela las aspiraciones de la clase dominante y, al mismo tiempo, expresa la conciencia de ella, es decir, la transforma en clase dirigente también”. Quien compró la estancia Laguna de los Padres -en ese momento de 7.500 hectáreas-, fue Eusebio Zubiaurre. En 1876 le agregó dos leguas más a la que ya tenía con la estancia Ituzaingó, en cuyas tierras ahora está el Museo Municipal José Hernández. Durante este período Se construyó el primer casco. En 1888 se hizo cargo de la estancia otro Eusebio Zubiaurre, cuya familia mantuvo la propiedad hasta que en 1946 Se inició el proceso de expropiación provincial de la estancia. Con las fragmentaciones y subdivisiones que Se fueron sucediendo a través del tiempo, la estancia quedó con una extensión de 2.700 hectáreas. Esas tierras dieron origen a la actual colonia agrícola, que tiene 166 parcelas de entre 10 y 25 hectáreas Cada una. En el casco de la estancia Se delimitó una reserva forestal y hasta 1960 el actual Museo Municipal fue sede de la Dirección de Asuntos Agrarios de la provincia de Buenos Aires. Estancia Laguna de los Padres - Foto de Oscar Casemayor - Blog Patrimonio Arquitectonico Marplatense Fuente: Revista Toledo con todos http://toledocontodos.com.ar/?p=1785 Antiguo establecimiento rural fundado en 1819 por Marcelino Martinez Castro, que había sido mandado por su hermano Ladislao para ese fin, cerca de la Laguna de los Padres y de la Reducción Nuestra Señora del Pilar. Luego de abandonada la reducción, en 1780 se hicieron las primeras edificaciones. En 1847 las tierras fueron vendidas a Gregorio de Lezama quién agrandó la superficie de la estancia, con el agregado de otras estancias pioneras, hasta alcanzar las 50 leguas cuadradas. Luego fue dueño Coelho de Meyrelles y éste se la vendió a Patricio Peralta Ramos. Después vendrá la figura de Eusebio Zubiaurre quién fundó en otra fracción la Estancia Ituzaingó (Ituzaingó) y en 1862 compró la Estancia Laguna de los Padres. Los Zubiaurre son los que le dieron el perfil moderno al casco viejo. El actual casco es de 1886. Las construcciones primitivas hacia 1840, eran ranchos con paredes de “chorizo”. El proceso consistía en poner palos de madera , unidos por líneas de alambre. Por otro lado se hacían tiras de paja embebidas en barro, se retorcían y se entrelazaban entre los alambres. Luego se revocaban interior y exteriormente con barro. Los techos eran de paja y los pisos de tierra. En el casco nuevo se usaron las técnicas contemporáneas. Zubiaurre hace construir el casco nuevo junto con las construcciones anexas como los galpones de esquila, casa de los caseros, bañadero del ganado y otras zonas para tareas generales del campo. La construcción principal está formada por pabellones separados dispuestos en forma de “U”, rodeando un patio central. Todos los edificios son de ladrillos asentados en barro y revocados a la cal. Presentan galerías dobles semicubiertas con chapas de zinc y con terminaciones de cenefas de madera calada. Las cubiertas son a dos aguas de chapas de zinc. Los pisos son de ladrillo y baldosas cerámicas. Estructura original donde en la década del 50 fue instalado el Museo José Hernández de Laguna de los Padres. Foto de Miguel Lima. - Fotos de Familia - Diario La Capital El 11 de marzo de 1960 la Asociación Museo Tradicionalista Argentino José Hernández funda el museo en las instalaciones del casco y en 1966 la institución pasa a depender de la Municipalidad del Partido de General Pueyrredon. El museo cuenta con 8 salas de exposición permanente en las que se puede apreciar una colección compuesta de objetos indígenas, armas y elementos de trueque fronterizos, instrumentos rurales, mapas, documentos de las primeras estancias regionales, mobiliario y vestimentas. El casco fue declarado bien patrimonial municipal en 1994, luego se sumaron las construcciones anexas y por Ley 13421 fue declarado Monumento Histórico Arquitectónico Provincial. Fuente: Blog Patrimonio Arquitectonico Marplatense http://patrimoniomdp.com.ar/news.php?newsid=347

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