Juan Bautista Alberdi (San Miguel de Tucumán, 29 de agosto de 1810 - Neuilly-sur-Seine, Francia, 19 de junio de 1884) fue un abogado, jurista, economista, político, estadista, diplomático, escritor y músico argentino, autor intelectual de la Constitución Argentina de 1853
Casa Natal de J.B.Alberdi (óleo)
Su padre, Salvador Alberdi, era un comerciante vasco, que había dirigido una de las cuatro compañías que organizó José Ignacio Garmendia y Alurralde para la defensa de Buenos Aires en las Invasiones Inglesas. Su madre, Josefa Aráoz y Balderrama, una criolla que falleció a causa del parto de Juan Bautista, era miembro de una de las más importantes familias tucumanas.1
Su familia apoyó la Revolución de Mayo desde sus inicios y su padre frecuentaba al general Manuel Belgrano cuando éste estaba al mando del Ejército del Norte. Salvador Alberdi falleció en 1822, y su hijo Juan Bautista quedó al cuidado de sus hermanos mayores.1
Estudios
Se trasladó desde muy joven a Buenos Aires, donde estudió en el Colegio de Ciencias Morales, gracias a una beca de estudio otorgada por la provincia de Buenos Aires. Abandonó prematuramente sus estudios en 1824 debido a que no se adaptó a las exigencias de la enseñanza. En esos años se desarrolló su gusto por la música.
Se empleó como ayudante de comercio en la casa de Juan B. Maldes, que había sido colaborador de su padre, y cuyo negocio se encontraba enfrente del Colegio. Dado que veía diariamente a sus compañeros, pronto se arrepintió y retomó sus estudios, cursando en el departamento de jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires. Continuaría sus estudios en la Universidad de Córdoba, aunque no los completó en esa época: los continuaría en Montevideo en 1840 y obtendría su título de doctor en jurisprudencia durante su estadía en Chile.
En esos años en Buenos Aires se dedicó a la música y compuso obras clásicas de piano, guitarra y flauta para sus amigos. En 1832 escribió su primer libro, El espíritu de la música.
En 1834 viajó a su provincia natal, deteniéndose para rendir exámenes en Córdoba, obteniendo el título de bachiller en leyes. Éste no lo habilitaba para ejercer la profesión porque para ello debía cursar dos años en la Academia de Práctica Forense y rendir un examen ante la Cámara de apelaciones.
En Tucumán colaboró con el gobernador Alejandro Heredia, a quien dedicó un folleto titulado “Memoria descriptiva de Tucumán”. El caudillo tucumano le ofreció habilitarlo por decreto para el ejercicio profesional e incorporarlo a la legislatura para que se quedara radicado en su provincia, pero Alberdi se negó, aduciendo que aún no era abogado y que quería doctorarse en Buenos Aires.
[editar]La generación del '37
A fines de 1835 regresó a Buenos Aires, donde se unió al llamado Salón Literario, fundado por Marcos Sastre y frecuentado por Juan María Gutiérrez, José Mármol, Miguel Cané entre otros jóvenes, con los que se vinculó a la llamada generación del '37. Estos intelectuales adhirieron a las ideas de la democracia liberal y se asumieron como continuadores de la obra de la Revolución de Mayo, propiciando una organización mixta del país como respuesta al enfrentamiento entre federales y unitarios.
En 1837, siendo aún estudiante, publicó lo que pensaba que sería su tesis doctoral: el Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho, en que pretendía hacer un diagnóstico de la situación nacional y sus posibles soluciones. Esta obra estuvo influenciada por la corriente historicista que fundara Friedrich Carl von Savigny en Alemania y fue la fundación del historicismo jurídico argentino, doctrina que consideraba al sistema jurídico como un elemento dinámico y continuamente progresivo de la vida social.
Ese mismo año editó un periódico, La moda, del cual se publicaron en total veintitrés números. Estaba dedicado a divulgar la evolución de la moda en Europa: vestimenta femenina y masculina, música, poesía, literatura y costumbres. Alberdi escribía bajo el apodo de "Figarillo".
[editar]La oposición a Rosas
En noviembre de 1838, debido a su negativa a prestar juramento al régimen del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas y a la persecución de la Mazorca -organización parapolicial creada por Rosas para atemorizar a sus adversarios- se disolvió el Salón Literario, formándose una logia llamada "La joven argentina", cuyos estatutos fueron confiados a Alberdi.
La persecución de parte de Rosas llevó al exilio a la mayoría de sus miembros en países limítrofes. Alberdi hizo lo mismo, exiliándose en Montevideo. Dejaba en Buenos Aires una amante y un hijo recién nacido al cual nunca reconoció: se llamaba Manuel y lo mencionaría años más tarde en su testamento, llamándolo "mi pariente".
[editar]Exilio
A Montevideo llevó las ideas de organización nacional y constitucionalismo llevando en su equipaje los estatutos de la nueva asociación, que se editarían luego con el nombre de "Dogma Socialista".[cita requerida]
En Montevideo trabajó como abogado y periodista apoyando la intervención francesa contra el gobierno de Rosas y escribiendo artículos en varios periódicos, respaldando las acciones militares de ese país contra el suyo. También fue secretario del general Juan Lavalle, de quien se alejó debido a diferencias políticas. En este período escribió sus dos obras de teatro: La Revolución de Mayo y El gigante Amapolas, sátira sobre el régimen rosista y caudillista.
En Montevideo contribuyó con el periódico El Inciador, donde escribían otros exiliados argentinos, y El Corsario, entre otros.
En 1843, durante el sitio militar de Montevideo por un ejército comandado por Oribe pero subvencionado por Rosas, logró escapar disfrazado de marinero francés y se trasladó a Europa acompañado por su amigo Juan María Gutiérrez por un breve período. Residió en París unos pocos meses y conoció al general José de San Martín.
Regresó ese mismo año a América instalándose en Valparaíso, Chile, donde revalidó su título y ejerció como abogado ganando enorme prestigio. Allí presentó su tesis doctoral, que llevó por título 'Sobre la conveniencia y objetos de un Congreso General Americano', donde Alberdi expuso la idea de una unión americana por medio de herramientas tales como una unión aduanera. Adquirió la finca Las Delicias y se puso en contacto con Domingo Faustino Sarmiento, cabeza de la emigración argentina en Chile. Escribió numerosos artículos costumbristas en los periódicos chilenos con el seudónimo de Figarillo.
En Chile se dedicó a estudiar la constitución de los Estados Unidos, con la idea de copiar lo que se pudiera para la de Argentina, cuando llegara el caso de sancionarla. Quería estar preparado para cuando se volviera a discutir la constitución argentina a la cual se oponía el régimen rosista. Pero utilizó una mala traducción, de modo que interpretó erróneamente varios pasajes.2
[editar]La Constitución de 1853
Juan Bautista Alberdi.
Producida la derrota de Rosas como consecuencia de la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, de inmediato se puso a escribir un tratado sobre la futura constitución argentina. Esta fue su principal obra a la que denominó las Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina, tratado de derecho público editado por la imprenta del periódico El Mercurio, de Valparaíso. Este libro lo llevó a la fama, tardó apenas un par de semanas en escribirlo y lo publicó en mayo de ese mismo año. Meses después lo reeditaría con ampliaciones, incluyendo un proyecto de Constitución, basado en la Constitución Argentina de 1826 y en la de los Estados Unidos.
En 1853 publicó un tratado complementario de Bases llamado Elementos de derecho público provincial argentino.
Todo el ideario alberdiano tuvo como fundamento el liberalismo tanto político cuanto económico.
Frente a un país casi despoblado, su principal preocupación fue su población. A tal fin favoreció la inmigración europea, especialmente de los pueblos del norte. Escribió:
Aunque pasen cien años, los rotos, los cholos o los gauchos no se convertirán en obreros ingleses... En vez de dejar esas tierras a los indios salvajes que hoy las poseen, ¿por qué no poblarlas de alemanes, ingleses y suizos?... ¿Quién conoce caballero entre nosotros que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucanía y no mil veces con un zapatero inglés?
Tenemos suelo hace tres siglos, y sólo tenemos patria desde 1810. La patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y en su nombre. Todos estos elementos nos han sido traídos de Europa, desde las ideas hasta la población europea.
En las Bases escribió su lema central:
Gobernar es poblar.
Fuertes fueron sus críticas al estatismo de la herencia colonial hispana, principal barrera, en su opinión, al progreso de la América independiente.
La Constitución es, en materia económica, lo que en todos los ramos del derecho público: la expresión de una revolución de libertad, la consagración de la revolución social de América. Y, en efecto, la Constitución ha consagrado el principio de la libertad económica, por ser tradición política de la revolución de mayo de 1810 contra la dominación española, que hizo de esa libertad el motivo principal de guerra contra el sistema colonial o prohibitivo
En su libro Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina, que también fue una obra complementaria de las "Bases", expresó claramente su pensamiento como jurista y como economista:
El que no cree en la libertad como fuente de riqueza, ni merece ser libre, ni sabe ser rico. La Constitución que se han dado los pueblos argentinos es un criadero de oro y plata. Cada libertad es una boca mina, cada garantía es un venero. Estas son figuras de retórica para el vulgo, pero es geometría práctica para hombres como Adam Smith. Llevad con orgullo, argentinos, vuestra pobreza de un día; llevadla con esa satisfacción del minero que se para andrajoso y altivo sobre sus palacios de plata sepultados en la montaña, porque sabe que sus harapos de hoy serán reemplazados mañana por las telas de Cachemira y de Sedán. - La Constitución es un título de propiedad que os llama al goce de una opulencia de mañana. El que no sabe ser pobre a su tiempo, no sabe ser libre, porque no sabe ser rico.
Los constituyentes que se reunieron en Santa Fe, entre cuyos redactores se encontraba su amigo Gutiérrez, sancionaron la Constitución Argentina de 1853 en base al texto de las Bases de Alberdi.
En esa época se cruzó con Domingo Faustino Sarmiento en una polémica ideológica —limitada dentro del liberalismo— plasmada en las Ciento y una del sanjuanino y las Cartas quillotanas del tucumano. En este debate entre los dos más importantes iuspublicistas argentinos, ambos mostraron sus dotes de estadistas, sus semejanzas y sus diferencias políticas. Ambos fueron los padres de la Constitución Argentina de 1853/60 que culminó con el poder constituyente originario de ese estado.
[editar]La diplomacia en Europa
El presidente Justo José de Urquiza le ofreció a Alberdi el cargo de Ministro de Hacienda de su país, pero lo rechazó. En cambio, aceptó funciones diplomáticas en Europa a partir de 1855. Urquiza le encargó la misión de obtener en Europa el reconocimiento de la Confederación Argentina bajo la nueva Constitución y evitar el reconocimiento del Estado de Buenos Aires, escindido de la Confederación, como nación independiente, misión que Alberdi cumple con éxito y que le valió el encono del general Bartolomé Mitre y de Domingo Faustino Sarmiento, tirria profundizada luego por la oposición frontal de Alberdi a la Guerra de la Triple Alianza, actitud que le valió ser calificado como "traidor".
En 1862, Alberdi publicó en Francia su obra De la anarquía y sus dos causas principales, del gobierno y sus dos elementos necesarios en la República Argentina, con motivos de su reorganización por Buenos Aires, donde analizaba la problemática situación del país y sus raíces históricas.
[editar]La diputación por Tucumán
Sus gestiones en el exterior fueron interrumpidas a partir de la organización de la República, en 1862 al asumir la presidencia Mitre, triunfador sobre Urquiza en Pavón. Regresó a establecerse en Argentina el 16 de septiembre de 1878 al ser elegido como diputado al Congreso Nacional por su provincia. A su regreso se reconcilió con Sarmiento.
En tal calidad asistirá a la lucha por la sucesión presidencial desatada en 1880 cuando el gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor se subleva contra el presidente Nicolás Avellaneda. Este último traslada la sede del gobierno al pueblo de Belgrano siendo seguido por parte del congreso, actitud que no es compartida por Alberdi. Al vencer Avellaneda en la contienda, Buenos Aires fue declarada Capital de la Nación por ley que fue refrendada por la legislatura provincial. Los diputados que no acompañaron al presidente fueron declarados cesantes.
Durante este época fue designado doctor honoris causa por la Facultad de Derecho y en tal carácter asistió a la colación de grados celebrada el 24 de mayo de 1880, acto en el que estaba invitado a usar de la palabra, pero no pudiendo hacerlo en razón de su delicada salud, entregó su discurso a uno de los graduados, Enrique García Merou, que luego sería su biógrafo. La disertación se tituló y luego editó bajo el acápite de "La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual" en la que resumía sus ideas sobre la doctrina del estado omnipotente a la cual oponía la tesis cristiana que consagra el valor inviolable de la libertad y la personalidad humana, base del progreso y la civilización.
Mitre, avivando viejos rencores acuñados en su posición crítica al conflicto bélico con el Paraguay que originó otro de los libros alberdianos más difundidos llamado "El crimen de la guerra", se empeñó en desacreditarlo por medio del diario La Nación, se opuso a la iniciativa de imprimir sus obras completas por parte del Estado Nacional mediante un proyecto de ley que el presidente Julio Argentino Roca, sucesor de Avellaneda, envía al Congreso y a su nombramiento como embajador en Francia. Las obras fueron editadas, pero en el senado no obtuvo el consenso necesario para la designación diplomática.
Abrumado por esta circunstancia, Alberdi se marchó nuevamente a Francia.
Fallecimiento y destino de sus restos
Cenotafio de Juan Bautista Alberdi en el cementerio de la Recoleta, exmausoleo actualmente conservado como monumento.
Murió en Neuilly-sur-Seine, suburbio de París, el 19 de junio de 1884, a la edad de 73 años, recibiendo cristiana sepultura sus restos en el cementerio de dicha localidad.
El político había adquirido previamente una tumba, con busto y lápida incluidos, en el cementerio parisino de Père Lachaise, pero, por decisión de sus albaceas, sus restos nunca llegaron a ocuparla.3 Aunque vacía, esta tumba de París permanece en pie, lo que a veces sigue siendo causa de confusión a pesar de que no figura en las guías oficiales de esta famosa necrópolis.4
El 27 de abril de 1889 sus restos fueron exhumados para ser repatriados por decreto del presidente Miguel Juárez Celman. Embarcados el 28 de mayo de 1889 a bordo del vapor "Azopardo", se los trasladó en principio a la Catedral de Buenos Aires, donde se le rindieron honores hasta el 5 de junio, fecha en que se ubicaron en la bóveda de la familia Ledesma en el Cementerio de la Recoleta, que los albergó hasta ser depositados en el mausoleo erigido en un terreno donado por la Municipalidad.
Actualmente, Alberdi cuenta con dos cenotafios, en ninguno de los cuales está sepultado: sus restos reposan en un nicho especialmente construido en la casa de gobierno de Tucumán, su provincia natal.
jueves, 25 de abril de 2013
JUAN BAUTISTA ALBERDI
Juan Bautista Alberdi (San Miguel de Tucumán, 29 de agosto de 1810 - Neuilly-sur-Seine, Francia, 19 de junio de 1884) fue un abogado, jurista, economista, político, estadista, diplomático, escritor y músico argentino, autor intelectual de la Constitución Argentina de 1853
Casa Natal de J.B.Alberdi (óleo)
Su padre, Salvador Alberdi, era un comerciante vasco, que había dirigido una de las cuatro compañías que organizó José Ignacio Garmendia y Alurralde para la defensa de Buenos Aires en las Invasiones Inglesas. Su madre, Josefa Aráoz y Balderrama, una criolla que falleció a causa del parto de Juan Bautista, era miembro de una de las más importantes familias tucumanas.1
Su familia apoyó la Revolución de Mayo desde sus inicios y su padre frecuentaba al general Manuel Belgrano cuando éste estaba al mando del Ejército del Norte. Salvador Alberdi falleció en 1822, y su hijo Juan Bautista quedó al cuidado de sus hermanos mayores.1
Estudios
Se trasladó desde muy joven a Buenos Aires, donde estudió en el Colegio de Ciencias Morales, gracias a una beca de estudio otorgada por la provincia de Buenos Aires. Abandonó prematuramente sus estudios en 1824 debido a que no se adaptó a las exigencias de la enseñanza. En esos años se desarrolló su gusto por la música.
Se empleó como ayudante de comercio en la casa de Juan B. Maldes, que había sido colaborador de su padre, y cuyo negocio se encontraba enfrente del Colegio. Dado que veía diariamente a sus compañeros, pronto se arrepintió y retomó sus estudios, cursando en el departamento de jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires. Continuaría sus estudios en la Universidad de Córdoba, aunque no los completó en esa época: los continuaría en Montevideo en 1840 y obtendría su título de doctor en jurisprudencia durante su estadía en Chile.
En esos años en Buenos Aires se dedicó a la música y compuso obras clásicas de piano, guitarra y flauta para sus amigos. En 1832 escribió su primer libro, El espíritu de la música.
En 1834 viajó a su provincia natal, deteniéndose para rendir exámenes en Córdoba, obteniendo el título de bachiller en leyes. Éste no lo habilitaba para ejercer la profesión porque para ello debía cursar dos años en la Academia de Práctica Forense y rendir un examen ante la Cámara de apelaciones.
En Tucumán colaboró con el gobernador Alejandro Heredia, a quien dedicó un folleto titulado “Memoria descriptiva de Tucumán”. El caudillo tucumano le ofreció habilitarlo por decreto para el ejercicio profesional e incorporarlo a la legislatura para que se quedara radicado en su provincia, pero Alberdi se negó, aduciendo que aún no era abogado y que quería doctorarse en Buenos Aires.
[editar]La generación del '37
A fines de 1835 regresó a Buenos Aires, donde se unió al llamado Salón Literario, fundado por Marcos Sastre y frecuentado por Juan María Gutiérrez, José Mármol, Miguel Cané entre otros jóvenes, con los que se vinculó a la llamada generación del '37. Estos intelectuales adhirieron a las ideas de la democracia liberal y se asumieron como continuadores de la obra de la Revolución de Mayo, propiciando una organización mixta del país como respuesta al enfrentamiento entre federales y unitarios.
En 1837, siendo aún estudiante, publicó lo que pensaba que sería su tesis doctoral: el Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho, en que pretendía hacer un diagnóstico de la situación nacional y sus posibles soluciones. Esta obra estuvo influenciada por la corriente historicista que fundara Friedrich Carl von Savigny en Alemania y fue la fundación del historicismo jurídico argentino, doctrina que consideraba al sistema jurídico como un elemento dinámico y continuamente progresivo de la vida social.
Ese mismo año editó un periódico, La moda, del cual se publicaron en total veintitrés números. Estaba dedicado a divulgar la evolución de la moda en Europa: vestimenta femenina y masculina, música, poesía, literatura y costumbres. Alberdi escribía bajo el apodo de "Figarillo".
[editar]La oposición a Rosas
En noviembre de 1838, debido a su negativa a prestar juramento al régimen del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas y a la persecución de la Mazorca -organización parapolicial creada por Rosas para atemorizar a sus adversarios- se disolvió el Salón Literario, formándose una logia llamada "La joven argentina", cuyos estatutos fueron confiados a Alberdi.
La persecución de parte de Rosas llevó al exilio a la mayoría de sus miembros en países limítrofes. Alberdi hizo lo mismo, exiliándose en Montevideo. Dejaba en Buenos Aires una amante y un hijo recién nacido al cual nunca reconoció: se llamaba Manuel y lo mencionaría años más tarde en su testamento, llamándolo "mi pariente".
[editar]Exilio
A Montevideo llevó las ideas de organización nacional y constitucionalismo llevando en su equipaje los estatutos de la nueva asociación, que se editarían luego con el nombre de "Dogma Socialista".[cita requerida]
En Montevideo trabajó como abogado y periodista apoyando la intervención francesa contra el gobierno de Rosas y escribiendo artículos en varios periódicos, respaldando las acciones militares de ese país contra el suyo. También fue secretario del general Juan Lavalle, de quien se alejó debido a diferencias políticas. En este período escribió sus dos obras de teatro: La Revolución de Mayo y El gigante Amapolas, sátira sobre el régimen rosista y caudillista.
En Montevideo contribuyó con el periódico El Inciador, donde escribían otros exiliados argentinos, y El Corsario, entre otros.
En 1843, durante el sitio militar de Montevideo por un ejército comandado por Oribe pero subvencionado por Rosas, logró escapar disfrazado de marinero francés y se trasladó a Europa acompañado por su amigo Juan María Gutiérrez por un breve período. Residió en París unos pocos meses y conoció al general José de San Martín.
Regresó ese mismo año a América instalándose en Valparaíso, Chile, donde revalidó su título y ejerció como abogado ganando enorme prestigio. Allí presentó su tesis doctoral, que llevó por título 'Sobre la conveniencia y objetos de un Congreso General Americano', donde Alberdi expuso la idea de una unión americana por medio de herramientas tales como una unión aduanera. Adquirió la finca Las Delicias y se puso en contacto con Domingo Faustino Sarmiento, cabeza de la emigración argentina en Chile. Escribió numerosos artículos costumbristas en los periódicos chilenos con el seudónimo de Figarillo.
En Chile se dedicó a estudiar la constitución de los Estados Unidos, con la idea de copiar lo que se pudiera para la de Argentina, cuando llegara el caso de sancionarla. Quería estar preparado para cuando se volviera a discutir la constitución argentina a la cual se oponía el régimen rosista. Pero utilizó una mala traducción, de modo que interpretó erróneamente varios pasajes.2
[editar]La Constitución de 1853
Juan Bautista Alberdi.
Producida la derrota de Rosas como consecuencia de la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, de inmediato se puso a escribir un tratado sobre la futura constitución argentina. Esta fue su principal obra a la que denominó las Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina, tratado de derecho público editado por la imprenta del periódico El Mercurio, de Valparaíso. Este libro lo llevó a la fama, tardó apenas un par de semanas en escribirlo y lo publicó en mayo de ese mismo año. Meses después lo reeditaría con ampliaciones, incluyendo un proyecto de Constitución, basado en la Constitución Argentina de 1826 y en la de los Estados Unidos.
En 1853 publicó un tratado complementario de Bases llamado Elementos de derecho público provincial argentino.
Todo el ideario alberdiano tuvo como fundamento el liberalismo tanto político cuanto económico.
Frente a un país casi despoblado, su principal preocupación fue su población. A tal fin favoreció la inmigración europea, especialmente de los pueblos del norte. Escribió:
Aunque pasen cien años, los rotos, los cholos o los gauchos no se convertirán en obreros ingleses... En vez de dejar esas tierras a los indios salvajes que hoy las poseen, ¿por qué no poblarlas de alemanes, ingleses y suizos?... ¿Quién conoce caballero entre nosotros que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucanía y no mil veces con un zapatero inglés?
Tenemos suelo hace tres siglos, y sólo tenemos patria desde 1810. La patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y en su nombre. Todos estos elementos nos han sido traídos de Europa, desde las ideas hasta la población europea.
En las Bases escribió su lema central:
Gobernar es poblar.
Fuertes fueron sus críticas al estatismo de la herencia colonial hispana, principal barrera, en su opinión, al progreso de la América independiente.
La Constitución es, en materia económica, lo que en todos los ramos del derecho público: la expresión de una revolución de libertad, la consagración de la revolución social de América. Y, en efecto, la Constitución ha consagrado el principio de la libertad económica, por ser tradición política de la revolución de mayo de 1810 contra la dominación española, que hizo de esa libertad el motivo principal de guerra contra el sistema colonial o prohibitivo
En su libro Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina, que también fue una obra complementaria de las "Bases", expresó claramente su pensamiento como jurista y como economista:
El que no cree en la libertad como fuente de riqueza, ni merece ser libre, ni sabe ser rico. La Constitución que se han dado los pueblos argentinos es un criadero de oro y plata. Cada libertad es una boca mina, cada garantía es un venero. Estas son figuras de retórica para el vulgo, pero es geometría práctica para hombres como Adam Smith. Llevad con orgullo, argentinos, vuestra pobreza de un día; llevadla con esa satisfacción del minero que se para andrajoso y altivo sobre sus palacios de plata sepultados en la montaña, porque sabe que sus harapos de hoy serán reemplazados mañana por las telas de Cachemira y de Sedán. - La Constitución es un título de propiedad que os llama al goce de una opulencia de mañana. El que no sabe ser pobre a su tiempo, no sabe ser libre, porque no sabe ser rico.
Los constituyentes que se reunieron en Santa Fe, entre cuyos redactores se encontraba su amigo Gutiérrez, sancionaron la Constitución Argentina de 1853 en base al texto de las Bases de Alberdi.
En esa época se cruzó con Domingo Faustino Sarmiento en una polémica ideológica —limitada dentro del liberalismo— plasmada en las Ciento y una del sanjuanino y las Cartas quillotanas del tucumano. En este debate entre los dos más importantes iuspublicistas argentinos, ambos mostraron sus dotes de estadistas, sus semejanzas y sus diferencias políticas. Ambos fueron los padres de la Constitución Argentina de 1853/60 que culminó con el poder constituyente originario de ese estado.
[editar]La diplomacia en Europa
El presidente Justo José de Urquiza le ofreció a Alberdi el cargo de Ministro de Hacienda de su país, pero lo rechazó. En cambio, aceptó funciones diplomáticas en Europa a partir de 1855. Urquiza le encargó la misión de obtener en Europa el reconocimiento de la Confederación Argentina bajo la nueva Constitución y evitar el reconocimiento del Estado de Buenos Aires, escindido de la Confederación, como nación independiente, misión que Alberdi cumple con éxito y que le valió el encono del general Bartolomé Mitre y de Domingo Faustino Sarmiento, tirria profundizada luego por la oposición frontal de Alberdi a la Guerra de la Triple Alianza, actitud que le valió ser calificado como "traidor".
En 1862, Alberdi publicó en Francia su obra De la anarquía y sus dos causas principales, del gobierno y sus dos elementos necesarios en la República Argentina, con motivos de su reorganización por Buenos Aires, donde analizaba la problemática situación del país y sus raíces históricas.
[editar]La diputación por Tucumán
Sus gestiones en el exterior fueron interrumpidas a partir de la organización de la República, en 1862 al asumir la presidencia Mitre, triunfador sobre Urquiza en Pavón. Regresó a establecerse en Argentina el 16 de septiembre de 1878 al ser elegido como diputado al Congreso Nacional por su provincia. A su regreso se reconcilió con Sarmiento.
En tal calidad asistirá a la lucha por la sucesión presidencial desatada en 1880 cuando el gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor se subleva contra el presidente Nicolás Avellaneda. Este último traslada la sede del gobierno al pueblo de Belgrano siendo seguido por parte del congreso, actitud que no es compartida por Alberdi. Al vencer Avellaneda en la contienda, Buenos Aires fue declarada Capital de la Nación por ley que fue refrendada por la legislatura provincial. Los diputados que no acompañaron al presidente fueron declarados cesantes.
Durante este época fue designado doctor honoris causa por la Facultad de Derecho y en tal carácter asistió a la colación de grados celebrada el 24 de mayo de 1880, acto en el que estaba invitado a usar de la palabra, pero no pudiendo hacerlo en razón de su delicada salud, entregó su discurso a uno de los graduados, Enrique García Merou, que luego sería su biógrafo. La disertación se tituló y luego editó bajo el acápite de "La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual" en la que resumía sus ideas sobre la doctrina del estado omnipotente a la cual oponía la tesis cristiana que consagra el valor inviolable de la libertad y la personalidad humana, base del progreso y la civilización.
Mitre, avivando viejos rencores acuñados en su posición crítica al conflicto bélico con el Paraguay que originó otro de los libros alberdianos más difundidos llamado "El crimen de la guerra", se empeñó en desacreditarlo por medio del diario La Nación, se opuso a la iniciativa de imprimir sus obras completas por parte del Estado Nacional mediante un proyecto de ley que el presidente Julio Argentino Roca, sucesor de Avellaneda, envía al Congreso y a su nombramiento como embajador en Francia. Las obras fueron editadas, pero en el senado no obtuvo el consenso necesario para la designación diplomática.
Abrumado por esta circunstancia, Alberdi se marchó nuevamente a Francia.
Fallecimiento y destino de sus restos
Cenotafio de Juan Bautista Alberdi en el cementerio de la Recoleta, exmausoleo actualmente conservado como monumento.
Murió en Neuilly-sur-Seine, suburbio de París, el 19 de junio de 1884, a la edad de 73 años, recibiendo cristiana sepultura sus restos en el cementerio de dicha localidad.
El político había adquirido previamente una tumba, con busto y lápida incluidos, en el cementerio parisino de Père Lachaise, pero, por decisión de sus albaceas, sus restos nunca llegaron a ocuparla.3 Aunque vacía, esta tumba de París permanece en pie, lo que a veces sigue siendo causa de confusión a pesar de que no figura en las guías oficiales de esta famosa necrópolis.4
El 27 de abril de 1889 sus restos fueron exhumados para ser repatriados por decreto del presidente Miguel Juárez Celman. Embarcados el 28 de mayo de 1889 a bordo del vapor "Azopardo", se los trasladó en principio a la Catedral de Buenos Aires, donde se le rindieron honores hasta el 5 de junio, fecha en que se ubicaron en la bóveda de la familia Ledesma en el Cementerio de la Recoleta, que los albergó hasta ser depositados en el mausoleo erigido en un terreno donado por la Municipalidad.
Actualmente, Alberdi cuenta con dos cenotafios, en ninguno de los cuales está sepultado: sus restos reposan en un nicho especialmente construido en la casa de gobierno de Tucumán, su provincia natal.
domingo, 21 de abril de 2013
LA TIERRA AVISA
MANUEL de SARRATEA
Manuel de Sarratea
Manuel de Sarratea
2.º gobernador de Buenos Aires
18 de febrero – 6 de marzo de 1820
Predecesor Matías de Irigoyen
Sucesor Juan Ramón González Balcarce
4º gobernador de Buenos Aires
11 de marzo – 2 de mayo de 1820
Predecesor Juan Ramón González Balcarce
Sucesor Ildefonso Ramos Mexía
Datos personales
Nacimiento 11 de agosto de 1774
Ciudad de Buenos Aires, Gobernación del Río de la Plata
Fallecimiento 21 de septiembre de 1849
Limoges, Francia
Manuel de Sarratea.
Nació el 11 de agosto de 1774 en la ciudad de Buenos Aires, hijo de Martín Simón de Sarratea Idígoras, nativo de Oñate, Guipúzcoa, y Tomasa de Altolaguirre Pando Patiño.
Fue educado en Madrid. Regresó al país con el fin de intervenir en una misión diplomática. Participó de la Revolución de Mayo de 1810 y por consejo de Belgrano fue embajador ante Lord Strangford en Río de Janeiro, donde tuvo poco éxito. Al ser disuelta la Primera Junta, formó parte del gobierno que le sucedió, el llamado Primer Triunvirato. Entre las medidas de éste se contó un tratado con el virrey Francisco Javier de Elío, por el que se le cedía la Banda Oriental a éste.
En 1812, después del cambio de autoridades en Montevideo, el tratado se rompió y se reinició la guerra contra los realistas de esa ciudad. La mayor parte de los orientales habían abandonado el territorio, siguiendo a su caudillo, José Artigas. Sarratea se hizo cargo del ejército en la Banda Oriental, considerando que su principal misión era quitarle las tropas a Artigas. Lo intentó por las buenas y luego por el soborno; como no tuvo éxito, declaró traidor a Artigas. Pero esta medida fue rechazada por el resto del Triunvirato.
Mientras tanto, el Triunvirato fue dominado por su ministro Bernardino Rivadavia, hasta su caída en octubre de 1812. A pesar de no ser ya parte del gobierno, Sarratea siguió a cargo del ejército hasta principios del año siguiente, en que fue reemplazado por José Rondeau. Sólo cuando el ex triunviro se fue, Artigas y sus hombres se incorporaron al sitio de Montevideo.
Permaneció inactivo durante más de dos años, hasta que el Director Gervasio Posadas lo envió en misión diplomática a Madrid y Londres. Al llegar a España ofreció al rey la sumisión de las Provincias Unidas del Río de la Plata a la corona española bajo una cierta autonomía. Pero fue tratado como representante de un grupo de rebeldes, y tuvo que huir hacia Inglaterra. Allí se encontró con otros dos embajadores, Belgrano y Rivadavia, a quienes convenció de una idea: coronar como rey del Río de la Plata a un hermano de Fernando VII, Francisco de Paula de Borbón, con el aval de su padre, Carlos IV. Las negociaciones llegaron bastante lejos, e incluso redactaron un proyecto de constitución monárquica; como el mismo príncipe se negó, planearon secuestrarlo para coronarlo en Buenos Aires.
[editar]Gobernador de Buenos Aires
Regresó al Río de la Plata a mediados de 1816 y fue ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Directorio, a cargo de Juan Martín de Pueyrredón. Renunció por motivos de salud, y enseguida entró en contacto con la oposición federal porteña, terminando desterrado en Montevideo por orden del mismo Director.
Después de la batalla de Cepeda se unió al ejército federal dirigido por Estanislao López y Francisco Ramírez. Éstos lo enviaron como representante suyo ante el cabildo de Buenos Aires, al que convenció de nombrarlo gobernador. Asumió el 18 de febrero de 1820. Enseguida firmó con los jefes federales el Tratado del Pilar, por el que la provincia se reconocía como igual a las demás Provincias Unidas.
Entre las cláusulas secretas del Tratado se comprometió a entregar un importante armamento a los caudillos vencedores. Cuando los militares se enteraron de que se las estaba entregando, se levantaron en su contra y lo depusieron el 6 de marzo, nombrando en su lugar al general Juan Ramón Balcarce. Pero éste se sostuvo en el poder menos de una semana, porque el general Ramírez amenazó con atacar la ciudad si no se cumplía con toda la entrega acordada.
Asumió su gobierno nuevamente el 11 de mayo, y le cedió también a Ramírez algunas unidades militares, al mando del coronel Lucio Norberto Mansilla. No logró contener el permanente estado de anarquía en que se debatía la provincia ni volver a la obediencia a los militares, por lo que renunció en mayo.
Se unió al ejército de Ramírez en su campaña contra Artigas, y la derrota de éste fue tal vez su mayor éxito personal. También participó en los preparativos de la guerra del caudillo entrerriano contra Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, que terminó en un desastre. Por un tiempo estuvo alejado de la política.
viernes, 19 de abril de 2013
BIOGRAFÍA DE JUAN VUCETICH
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martes, 16 de abril de 2013
CLAVES PARA UN MUNDO MEJOR
sábado, 13 de abril de 2013
SOLEDAD PASTORUTTI- "LA EDAD DEL SOL"
jueves, 11 de abril de 2013
SOLEDAD PASTORUTTI
LA JUSTICIA-Lo que discute hoy...
miércoles, 10 de abril de 2013
CONSEJO DE LA MAGISTRATURA (3)
CONTINUACIÓN:
11. Organizar el funcionamiento de la Escuela Judicial, dictar su
reglamento, aprobar sus programas de estudio y establecer el valor de
los cursos realizados, como antecedentes para los concursos previstos en
el inciso anterior. Planificar los cursos de capacitación para magistrados,
funcionarios y empleados del Poder Judicial para la eficaz prestación de
los servicios de justicia. Todo ello en coordinación con la Comisión de
Selección y Escuela Judicial.
12. Aplicar las sanciones a los magistrados a propuesta de la Comisión
de Disciplina y Acusación.
Las decisiones deberán adoptarse con el voto de la mayoría absoluta de
los miembros presentes.
La Corte Suprema y los tribunales inferiores mantienen la potestad
disciplinaria sobre los funcionarios y empleados del Poder Judicial de la Nación, de acuerdo a las leyes y reglamentos vigentes.
La decisión de abrir un proceso disciplinario no podrá extenderse por un
plazo mayor de tres años contados a partir del momento en que se
presente la denuncia contra el magistrado. Cumplido el plazo indicado
sin haberse tratado el expediente por la comisión, éste pasará al plenario
para su inmediata consideración.
13. Reponer en sus cargos a los magistrados suspendidos que, sometidos
al Jurado de Enjuiciamiento, no hubieran resultado removidos por
decisión del Tribunal o por falta de resolución dentro del plazo
constitucional. Dicha reposición deberá tener lugar dentro de los cinco
días siguientes de la fecha de finalización del enjuiciamiento, o del
término del plazo previsto en el artículo 115, tercer párrafo de la
Constitución Nacional.
14. Remover a los miembros representantes de los jueces, abogados de
la matrícula federal y del ámbito académico y científico de sus cargos,
por el voto de las tres cuartas partes de los miembros totales del cuerpo,
mediante un procedimiento que asegure el derecho de defensa del
acusado, cuando incurrieran en mal desempeño o en la comisión de un
delito, durante el ejercicio de sus funciones.
Los representantes del Congreso y del Poder Ejecutivo, sólo podrán ser
removidos por cada una de las Cámaras o por el Presidente de la
Nación, según corresponda, a propuesta del pleno del Consejo de la
Magistratura, previa recomendación tomada por las tres cuartas partes
de los miembros totales del cuerpo. En ninguno de estos
procedimientos, el acusado podrá votar.
Modificado por: Ley 26.080 Art.3
(B.O. 27/02/2006) ARTICULO SUSTITUIDO
Antecedentes: Ley 25.876 Art.1
Incs. 15 y 16 incorporados (B.O. 22-01-2004).
Reuniones del plenario.Publicidad de los expedientes.
*Artículo 8 - El Consejo de la Magistratura se reunirá en sesiones
plenarias ordinarias y públicas, con la regularidad que establezca su
reglamento interno o cuando decida convocarlo su presidente, el
vicepresidente en ausencia del presidente o a petición de ocho de sus
miembros.
Los expedientes que tramiten en el Consejo de la Magistratura serán
públicos, especialmente los que se refieran a denuncias efectuadas
contra magistrados.
Modificado por: Ley 26.080 Art.4
(B.O. 27/02/2006) ARTICULO SUSTITUIDO
CONSEJO DE LA MAGISTRATURA (2)
Requisitos
Artículo 4 - Para ser miembro del Consejo de la
Magistratura se requerirán las condiciones exigidas para ser juez
de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Incompatibilidades e inmunidades.
Artículo 5 - Los miembros del Consejo de la Magistratura
estarán sujetos a las incompatibilidades e inmunidades que
rigen para sus calidades funcionales. Los miembros
elegidos en representación del Poder Ejecutivo, de los
abogados y del ámbito científico o académico estarán sujetos a las
mismas inmunidades e incompatibilidades que rigen para los jueces.
Los miembros del Consejo de la Magistratura no podrán concursar
para ser designados magistrados o ser promovidos si lo fueran,
mientras dure su desempeño en el Consejo y hasta después de
transcurrido un año del plazo en que debieron ejercer sus funciones.
CAPITULO II
Funcionamiento (artículos 6 al 9)
Modo de actuación
Artículo 6 - El Consejo de la Magistratura actuará en
sesiones plenarias, por la actividad de sus comisiones y
por medio de una Secretaría del Consejo, de una
Oficina de Administración Financiera y de los
organismos auxiliares cuya creación disponga.
Atribuciones del Plenario
*Artículo 7 - El Consejo de la Magistratura reunido en sesión plenaria,
tendrá las siguientes atribuciones:
Dictar su reglamento general.
2. Dictar los reglamentos que sean necesarios para ejercer las facultades
que le atribuye la Constitución Nacional y esta ley a fin de garantizar
una eficaz prestación de la administración de justicia.
3. Tomar conocimiento del anteproyecto de presupuesto anual del Poder
Judicial que le remita el presidente y realizar las observaciones que
estime pertinentes para su consideración por la Corte Suprema de
Justicia de la Nación.
4. Designar entre sus miembros a su presidente y a su vicepresidente.
5. Designar los integrantes de cada comisión por mayoria absoluta de
los miembros presentes.
6. Designar al administrador general del Poder Judicial de la Nación, al
secretario general del Consejo y al secretario del cuerpo de Auditores
del Poder Judicial, a propuesta de su presidente, así como a los titulares
de los organismos auxiliares que se crearen, y disponer su remoción por
mayoría absoluta de sus miembros.
7. Decidir la apertura del procedimiento de remoción de magistrados -
previo dictamen de la Comisión de Disciplina y Acusación-, formular la
acusación correspondiente ante el Jurado de Enjuiciamiento, y ordenar
después, en su caso, la suspensión del magistrado, siempre que la mis
ma se ejerza en forma posterior a la acusación del imputado. A tales
fines se requerirá una mayoría de dos tercios de miembros presentes.
Esta decisión no será susceptible de acción o recurso judicial o
administrativo alguno.
La decisión de abrir un procedimiento de remoción no podrá extenderse
por un plazo mayor de tres años contados a partir del momento en que
se presente la denuncia contra el magistrado.
Cumplido el plazo indicado sin haberse tratado el expediente por la
comisión, éste pasará al plenario para su inmediata consideración.
8. Dictar las reglas de funcionamiento de la Secretaría General, de la
Oficina de Administración y Financiera, del Cuerpo de Auditores del
Poder Judicial y de los demás organismos auxiliares cuya creación
disponga el Consejo.
9. Reglamentar el procedimiento de los concursos públicos de
antecedentes y oposición en los términos de la presente ley.
10. Aprobar los concursos y remitir al Poder Ejecutivo las ternas
vinculantes de candidatos a magistrados. CONTINUARÁ
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lo que se discute hoy/ abril/
CONSEJO DE LA MAGISTRATURA (1)
lunes, 8 de abril de 2013
LA MÚSICA DE SARITA MONTIEL
SARITA MONTIEL
jueves, 4 de abril de 2013
BANCO MUNDIAL (1)
PRÉSTAMOS DEL BANCO MUNDIAL...
BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO-GESTIÓN DE RIESGOS DE DESASTRES NATURALES
martes, 2 de abril de 2013
lunes, 1 de abril de 2013
KELPER- SUS FORMAS DE VIDA
Kelper
Kelp.
Kelper en argot inglés es un gentilicio que suele utilizarse para referirse a un habitante de las islas Malvinas. El término, que se viene utilizando desde al menos 1960,[cita requerida] se hizo mundialmente conocido durante la guerra sostenida entre la Argentina y el Reino Unido por la soberanía sobre este archipiélago. Sin embargo, los mismos malvinenses prefieren los términos Islander (isleño) o Falkland Islander (isleño de las Malvinas).
Los kelpers, generalmente de origen británico y lengua inglesa, se consideran a sí mismos británicos, pero con una identidad particular.1 2 Por tanto, son mayoritariamente partidarios de la posición británica en el conflicto. Los primeros llegaron a las islas en el desembarco británico de 1833, y se unieron con los pocos individuos de la colonia argentina que escogieron permanecer en las islas dspués del alzamiento de Antonio Rivero en 1834. Otros grupos étnicos que han contribuido a su origen son los gibraltareños, los uruguayos, los chilenos y los escandinavos.
Los isleños son apodados kelpers porque las islas están rodeadas por grandes algas marinas, llamadas kelp.3 4
Su idioma es un dialecto del inglés, con influencia del español y una pronunciación que se parece a la del inglés australiano.
CÓMO VIVEN HOY LOS KELPERS
Al llegar los turistas a las islas, el guía que los recibe les recomienda que no utilicen el término ’kelper’ para dirigirse a los isleños. Les explica que el kelp es una especie de alga que crece en la costa, en abundancia y con alto valor nutritivo. "Así como antes se burlaban de los irlandeses por vivir de la patata, se mofaban de nosotros por consumir kelp al desayuno, al almuerzo y a la cena. Fue por eso que nuestros hermanos londinenses nos colgaron el mote de kelpers", les explica Tom Fisher a los que vienen a conocer las famosas pingüineras de las islas.
El apelativo llegó a ser considerado como sinónimo de pobreza y de rusticidad y así quedó hasta el estallido de la Guerra de Malvinas. Quién hubiera pensado que el conflicto que comenzó con la invasión argentina del archipiélago el 2 de abril de 1982 y concluyó con su derrota a manos de la fuerza expedicionaria británica dos meses más tarde, abriría una nueva etapa en la vida de los sufridos isleños.
Antes de la guerra su estatus era el de ’ciudadanos asociados’ al Reino Unido. Una especie de súbditos condicionales de la corona inglesa. El 16 de junio de 1982, dos días después de la rendición de las fuerzas argentinas, se les concedió la plena ciudadanía. Ahí fue cuando empezó la bonanza económica de Falklands (Malvinas para los argentinos). "Nos empezaron a mirar con respeto, como a los herederos del coraje que demostraron los ingleses durante los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial. Una delegación de veteranos de esa guerra vino de visita. Se tomaban fotos abrazados a los lugareños", recuerda Jeff Paterson, cuyos antepasados se afincaron en el rocoso archipiélago a comienzos del siglo XX.
Desde la metrópoli les enviaron un ejército, esta vez de ingenieros y de obreros especializados, para transformar la pequeña pista de aterrizaje que utilizaban los aviones militares en Mount Pleasant en un aeropuerto internacional. Y la caleta de Puerto Stanley en modernos muelles para el amarre de barcos de carga, petroleros y embarcaciones turísticas.
¿De qué vivían hasta entonces? En las dos islas mayores del archipiélago pastaban unas 500.000 ovejas de las que se obtenía una lana esponjosa y suave que los criadores exportaban a Inglaterra. También practicaban la pesca artesanal, para consumo interno. "Las pocas frutas que se vendían en la tienda venían envueltas en papel celofán cómo si fuesen joyas", acota Paterson.
Pero lo más insólito es que en la preguerra, los por entonces ’kelpers’ recibían cuantiosa ayuda de... Argentina. El vecino sudamericano reclamaba la soberanía de las islas, pero al mismo tiempo proporcionaba gas y productos frescos a los pobladores. La compañía argentina LADE realizaba dos vuelos semanales llevando medicinas y servicio médico gratuito. Antes de la guerra, los isleños se consideraban muy ’british’ pero en la práctica eran una colonia argentina.
El cambio que sobrevino después de la guerra es de no creerlo. Por las licencias de pesca que concede a compañías extranjeras, Falkland recibe 70 millones de dólares al año. No están incluidos los ingresos que obtienen por las capturas de sus propios barcos. "En otoño y en primavera las tripulaciones se refuerzan con trabajadores del continente y con jóvenes que vienen de Nueva Zelanda o Australia. Con el sueldo que ganan pueden recorrer luego Sudamérica y hasta les queda un ahorro", dice Mark, tripulante del Moody Brook, pesquero con bandera de Falkland.
El turismo también es una actividad lucrativa; en el 2011 más de 50.000 personas visitaron las islas, la mayoría llegaron a bordo de gigantescos cruceros. Gracias a la bonanza pesquera y turística el ingreso per cápita en Falkland –de 69.500 dólares anuales- es el cuarto del mundo después de Qatar, Luxemburgo y Lichtenstein.
Debido a las desavenencias entre las partes, los acuerdos suscritos por Argentina y Gran Bretaña para la explotación conjunta de la plataforma marítima se convirtieron en letra muerta. En el 2006 Gran Bretaña estableció para sus súbditos de ultramar una zona económica de 320 kilómetros de diámetro. Dentro de esa zona subyacen grandes napas petrolíferas, con reservas estimadas de 60.000 barriles de crudo. La estatal ’Falkland Oil & Gas’ licitó a tres compañías británicas para la exploración y explotación de los yacimientos. De momento no se ha extraído petróleo en cantidades comerciales. Pero los técnicos confían en que tarde o temprano brotará el sifón de oro negro.
Pese a los recursos con que cuentan, los ’falklanders’ –ya no ’kelpers’- mantienen una vida sencilla. La educación es gratuita y los seguros médicos están al alcance de los 3.145 pobladores permanentes o transitorios. Pero las viviendas son sumamente sencillas y funcionales al clima frío y tempestuoso. A diferencia de otros países, donde los vehículos 4X4 son símbolo de estatus, en Falkland son herramientas de trabajo.
"La vida al aire libre, las excursiones y la vida en familia forman parte de nuestra genética. Para mí tiene más encanto encender una fogata en la cima del Monte Kent, que alojarme en un hotel de cinco estrellas", afirma el guía que mencionábamos al principio. Pero cualquiera de estos días una de las plataformas alejadas de la costa destapa el corcho de una gigantesca napa de crudo y los parientes pobres del Reino Unido se convierten en los jeques del Atlántico Sur.
Fuente: http://www.elmundo.es/america/2012/03/31/argentina/1333193974.html
domingo, 31 de marzo de 2013
sábado, 30 de marzo de 2013
CRISTO QUE LO PUEDES TODO...
CRISTO QUE PUEDES TODO
CRISTO QUE PUEDES TODO
CRISTO que sabes cómo…
¡YO NO QUIERO LA GUERRA!
CRISTO QUE PUEDES TODO
nunca nos dejas solos…
¡YO NO QUIERO LA GUERRA!
CRISTO QUE PUEDES TODO
con miseria y abandono…
¡YO NO QUIERO LA GUERRA!
CRISTO QUE PUEDES TODO
Con la plata y con el plomo
¡YO NO QUIERO LA GUERRA!
CRISTO QUE PUEDES TODO
Soy apenas un niño
¡YO NO QUIERO LA GUERRA!
QUERO A TODOS MIS AMIGOS
mis juguetes y a mi perro
¡YO NO QUIERO LA GUERRA!
QUIERO A MAMÁ Y PAPÁ
tíos, primos y abuelos,
a hermanos y amiguitos,
abrazarlos en mis sueños…
CRISTO QUE PUEDES TODO
dile a Dios que te comprenda,
que los niños de este mundo
NO DESEAN OTRA GUERRA…
Seudónimo: MARTINA
30/ marzo/2013
DE la Página:https://www.facebook.com/pages/Hablalisto-escribe-bien/173840779432417
miércoles, 27 de marzo de 2013
martes, 26 de marzo de 2013
LA SEMANA SANTA
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