miércoles, 2 de septiembre de 2015

MIGRACIONES - ¿Dónde están los Derechos Humanos? CAUSAS-(3)


Clases de migraciones-WIKIPEDIA La ciudad nueva New Harmony, Indiana, Estados Unidos, planificada según los lineamientos del socialista utópico Robert Owen en 1838, que iba a ser fundada con inmigrantes Según el tiempo: Migración temporaria: cuando el migrante va a estar en el lugar de destino por un periodo de tiempo y después regresa a su lugar de origen. Migración permanente: cuando el migrante va a estar en el lugar de destino de manera permanente o de por vida. Según su carácter: Migración forzada: cuando el migrante parte de su lugar de residencia por situaciones que amenazan su vida o en contra de su voluntad. Por ejemplo, un conflicto armado o los desastres naturales. Migración voluntaria: cuando el migrante parte de su lugar de residencia por voluntad propia en busca de una mejor calidad de vida. Según su destino: Migración interna: cuando el lugar de destino del migrante es dentro del mismo país, es decir, se traslada a otra región o lugar. Migración internacional: cuando el lugar de destino del migrante es otro país diferente. Las migraciones se pueden considerar según el lugar de procedencia y según la duración del proceso migratorio. Si hay cruce de fronteras entre dos países, la migración se denomina externa o internacional e interna o nacional en caso contrario. Las migraciones pueden considerarse como emigración desde el punto de vista del lugar de salida y como inmigración en el lugar de llegada. Se denomina balanza migratoria o saldo migratorio a la diferencia entre emigración e inmigración. Así, el saldo migratorio podrá ser positivo cuando la inmigración es mayor que la emigración y negativo en caso contrario. En algunos textos se denomina emigración neta al saldo migratorio negativo e inmigración neta al saldo migratorio positivo. El empleo de estas últimas denominaciones se hace para evitar la confusión entre el significado cuantitativo del término positivo (más habitantes) y el significado cualitativo de dicha palabra (mejor). Podemos decir, en sentido inverso, la misma idea con respecto al saldo migratorio negativo. La imagen nos muestra el diseño de una ciudad nueva (New Harmony) planificada por el socialista utópico de origen galés Robert Owen que se iba a construir en un terreno deshabitado de Indiana, en Estados Unidos, con el fin de proporcionar una residencia y distintos tipos de trabajo para inmigrantes procedentes de otros lugares. Aunque este proyecto no llegó a realizarse, la historia está llena de proyectos más o menos similares y mucho más afortunados que han venido a ser, al mismo tiempo, una especie de señuelo para nuevos inmigrantes, y una solución económica para el desarrollo económico de las nuevas tierras. Entre estos proyectos pueden citarse: La planificación de las ciudades iberoamericanas (principalmente, hispanoamericanas) de acuerdo a las Ordenanzas de Felipe II, que establecían en el siglo XVI las características que debían tener todas las ciudades españolas de América; El diseño del Ensanche en Barcelona según las ideas de Ildefonso Cerdá, que recogía algunas de las propuestas de Owen con respecto a la construcción de viviendas alrededor con una zona central común para pequeñas industrias, institutos educativos y comercios, La idea de las ciudades-satélite (soviéticas y de muchos otros países), etc. El poblamiento de las zonas fronterizas con Haití por parte de la República Dominicana durante los años de postguerra (Guerra Civil española y Segunda Guerra mundial). Se aceptaron colonos procedentes de España y de otros países, con el fin de establecer una cierta presión en contra de la inmigración ilegal de la población haitiana, mucho más numerosa y en peor estado de superpoblación y de pobreza, que venía huyendo de su situación extremadamente precaria. Y todas estas ideas tenían en común que se han venido desarrollando con el aporte mayoritario de inmigrantes. Migrant Mother (Madre migrante), foto de Dorothea Lange, muestra a Florence Owens Thompson, de 32 años, una cosechadora de guisantes y madre de 7 hijos, durante la época de la Gran Depresión, en Nipomo, California (marzo de 1936). En cuanto a la duración de las migraciones se pueden considerar las migraciones temporales, que a veces son migraciones estacionales para trabajar en las cosechas, regresando después a sus lugares de origen; y las migraciones definitivas, cuando los emigrantes se establecen en el país o lugar de llegada por tiempo indefinido. Una situación aún más dura es la que tenían que soportar los trabajadores de las tareas agrícolas durante la época de la Gran Depresión, puesta de relieve por la imagen de la Madre migrante (Florence Owens Thompson) tomada por Dorothea Lange, destacada fotógrafa y fotoperiodista famosa por su trabajo periodístico sobre la Gran Depresión. En efecto, los agricultores desposeídos durante esta época, que coincidió con los años 30 del siglo XX, se veían obligados a desplazarse continuamente en busca de trabajo por lo que su existencia era muy precaria. El nombre de la fotografía, Migrant Mother (Madre migrante) aclara muy bien esta situación puesto que, en realidad, era, al mismo tiempo emigrante e inmigrante, ya que tenía que desplazarse como nómada en busca de trabajo por distintos estados norteamericanos. Los habitantes de algunas comunidades latinoamericanas (especialmente de México) trabajan en los Estados Unidos y regresan anualmente a sus poblaciones de origen al vencerse su contrato. A esto se le llama migración cíclica, porque realizan el mismo desplazamiento de manera regular y constante. Muchos de ellos migran a los Estados Unidos por la vía ilegal, pagando los servicios de polleros o coyotes (traficantes de personas) y viajando en condiciones en las que ponen en alto riesgo su vida. Lo mismo sucede en otros continentes y países aunque los traficantes de personas, así como los medios de emigración y el tratamiento de la inmigración ilegal en los distintos países reciben otros nombres y los problemas varían a lo largo del tiempo (las políticas migratorias pueden variar) y del espacio: las políticas migratorias pueden variar, y de hecho varían, de país en país. La ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), una oficina de las Naciones Unidas ubicada en Ginebra que se encarga de la situación mundial de los refugiados y de sus problemas humanitarios cada vez más graves, ha editado numerosos trabajos sobre este tema (4 ) Causas de las migraciones[editar] Las migraciones constituyen un fenómeno demográfico sumamente complejo que responde a causas diversas y muy difíciles de determinar, en especial porque debido a las migraciones irregulares o disfrazadas de actividades turísticas o de otra índole, los datos cuantitativos son difíciles de obtener, especialmente en el caso de los países subdesarrollados. Las principales causas de las migraciones son: Causas políticas[editar] Se refieren a las causas derivadas de las crisis políticas que suelen presentarse en ciertos países. Muchas personas que temen a la persecución y venganza políticas abandonan un país para residenciarse en otro o, al menos, intentan abandonarlo, aunque a menudo pueden llegar inclusive a perder la vida cuando se trata de regímenes totalitarios. Cuando las personas emigran por persecuciones políticas en su propio país se habla de exiliados políticos, como sucedió en el caso de los españoles que huían de la persecución del gobierno franquista después de la Guerra Civil española. Ejemplos de este último caso lo representan Juan David García Bacca y Pablo Vila Dinarés así como muchos otros que se dirigieron a otros países. En Venezuela se produjo en diversas ocasiones el mismo proceso de exilio, pero en sentido inverso a la inmigración de los exiliados españoles y de otros países: el caso de Andrés Eloy Blanco podría señalarse como ejemplo. Y en la Venezuela del Siglo XXI también parece haber regresado una época de saldo migratorio negativo (emigración mayor que inmigración), aunque los datos de los dos últimos censos (2001 y 2011) no parecen ser muy confiables y son hasta dudosos en este sentido. Se cree que han emigrado en los últimos 16 años, entre unos 800.000 y alrededor de 2 millones de venezolanos. Un reciente artículo titulado Krypton y publicado en el periódico El Universal de Caracas hace referencia a esta reciente emigración venezolana (5 ). El nombre de Krypton se refiere al mundo donde nació Supermán y a su carácter de emigrante a nuestro planeta al ser enviado por sus padres: debido a sus extraordinarios poderes puede volar a cualquier lugar del universo, menos a su lugar de origen, que desapareció en mil pedazos. Se trata, por supuesto, de una emigración forzosa, como son casi todas las emigraciones producidas por causas políticas, especialmente durante las guerras.

MIGRANTES ¿DÓNDE ESTÁN LOS DERECHOS HUMANOS? (2)


- -Foto de hoy 02/09/2015 del Diario EL PAÍS Migración humana Wikipedia Tasas de migración en 2006: positiva (azul), negativa (naranja), estable (verde), sin datos (gris) La migración humana se refiere a la migración de las poblaciones de seres humanos y tiene dos acepciones: una amplia, que incluye a todos los tipos de desplazamientos de los seres humanos, y otra, más restringida, que sólo toma en cuenta aquellos desplazamientos que involucran un cambio de residencia de quienes los realizan.1 Índice 1 Emigración e inmigración 12 Enlaces externos Emigración e inmigración Cualquier proceso migratorio implica dos conceptos: Emigración, es la salida de personas de un país, lugar o región, para establecerse en otro país, lugar o región. La emigración implica una estimación negativa del nivel de vida de una persona y de su entorno familiar y una percepción de que al establecerse en otra parte aumentarán sus perspectivas económicas, sociales o de otro tipo o, por lo menos, de que sus esperanzas de una vida mejor se harán efectivas en el futuro. Inmigración es la llegada a un país de personas procedentes de otro país o lugar. La forma de migración más importante desde el siglo XIX hasta la época actual es la que se conoce como éxodo rural, que es el desplazamiento masivo de habitantes desde el medio rural al urbano: millones de personas se trasladan anualmente del campo a la ciudad en todos los países del mundo (sobre todo, en los países subdesarrollados) en busca de mejores condiciones de vida y, sobre todo, de mayores oportunidades de empleo. Creencias[editar] Muchas culturas y grupos religiosos tienen mitos y referencias a las migraciones, que se remontan a tiempos muy antiguos: El éxodo del pueblo judío desde Egipto, Los viajes de san Pedro, san Pablo y Santiago el Mayor en los primeros tiempos del cristianismo, La Hégira de Mahoma, Las migraciones de los sefarditas a través de cuatro continentes, La migración desde el lago Titicaca al Cusco en la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo en el origen del Imperio inca, etc. Historia[editar] La migración de los seres humanos es un fenómeno mundial y está presente en todas las épocas de la historia y en todas partes de nuestro planeta. Estos movimientos de la población se han venido incrementando, sobre todo por el enorme desarrollo de los medios de comunicación a partir de la revolución industrial. La historia y la prehistoria de la humanidad hace referencia a los grandes movimientos culturales, económicos, geográficos y políticos que dieron origen a desplazamientos en masa de la población, tanto espontáneos como forzados. Las migraciones humanas prehistóricas del paleolítico, constituyeron el primer proceso efectivo en la expansión de la humanidad hace más de 60.000 años, tomando en cuenta el origen africano de los humanos modernos. En América, a partir del ingreso de los primeros seres humanos, se produjeron amplias migraciones que poblaron todas las regiones del continente.2 La revolución neolítica de África-Eurasia de hace unos 9.000 años y que consistió básicamente en el desarrollo de la agricultura intensiva bajo riego, trajo consigo un desplazamiento enorme de las poblaciones, en el que millones de personas abandonaron su modo de vida nómada para hacerse sedentarios. El proceso de esta primera revolución ocurrida en la historia de la humanidad está bien explicado en varias obras de V. Gordon Childe (especialmente en Los orígenes de la civilización (3 ) La revolución neolítica americana de hace unos 7.000 años impulsó grandes migraciones diferenciadas hacia Centroamérica, las áreas andinas sudamericanas y las amplias planicies orientales.2 En el Oriente Medio y en el Mediterráneo oriental (Mesopotamia, Egipto, Persia, Media, Grecia, Macedonia, Fenicia) y en el Mediterráneo occidental (Cartago y Roma) la formación de los primeros imperios trajo consigo grandes desplazamientos de pobladores y soldados, que se encargaron de ocupar, tanto libremente como por la fuerza, nuevas tierras. El caso de los colonos romanos que se establecieron en la antigua Dacia (actual Rumanía) puede servir de ejemplo de estos desplazamientos. En América, la formación de los imperios andinos y centroamericanos, impulsaron movimientos poblacionales en la región del Océano Pacífico, provenientes del norte y del sur del continente, que difundieron descubrimientos como el del maíz. En el área del Océano Atlántico el poblamiento fue influido por las grandes migraciones de la civilización no urbana tupí-guaraní.2 El periodo de las grandes migraciones sirvió para que muchos pueblos indoeuropeos se establecieran a ambos lados de los antiguos limes (límites) del Imperio romano. En Europa, el feudalismo tuvo un efecto dual en cuanto se refiere a las migraciones de población: por una parte fijó a los campesinos al suelo, es decir, a la tierra y aldeas de los distintos feudos. Por la otra, aunque redujo el comercio, aumentó enormemente las guerras de conquista entre los feudos existentes, lo cual dio origen a verdaderas invasiones y desplazamientos masivos de la población, que fueron creciendo con el aumento y transformación de algunos feudos en los Estados Nacionales a fines de la Edad Media lo que, a su vez, determinó la decadencia definitiva del sistema feudal. En la Baja Edad Media se desarrollaron las redes de las ciudades estado, como la Liga Hanseática en el noroeste europeo y las ciudades surgidas a ambos lados de los pasos a través de los Alpes y en las ciudades del Norte de Italia, con el predominio de Venecia, que llegó a ser la mayor ciudad de Europa gracias al desarrollo del comercio. Estas ciudades crecieron enormemente por el desarrollo del comercio y dieron lugar a grandes desplazamientos o migraciones entre el mundo rural y dichas ciudades, así como el surgimiento de otras aldeas transformadas en burgos dedicados a la manufactura artesanal que alimentaba ese comercio. Los comienzos de la Edad Moderna marcan el inicio de los viajes de descubrimiento, la formación de Imperios de ultramar, la colonización de otros continentes y países por parte, principalmente, de los países europeos. El desarrollo de la navegación dio lugar a unos desplazamientos masivos de millones de personas que, al mismo tiempo que dieron origen a una verdadera despoblación en muchos países europeos, sirvieron para fundar y poblar muchos países nuevos, sobre todo en América, a través de un proceso que puede considerarse, al mismo tiempo, como una invasión y hasta genocidio (especialmente en los primeros tiempos) pero también como la fundación y desarrollo de un nuevo mundo con una mayor calidad de vida. La ocupación progresiva de la América del Norte por parte de los españoles, franceses e ingleses (en este orden) se hizo más intensa con el descubrimiento de oro y plata en el Oeste del territorio en 1848, pero esta ocupación, sobre todo en el siglo XIX, tuvo caracteres muy distintos a la expansión colonial en Hispanoamérica durante la época colonial. Relacionado con la ocupación colonial de América, en los siglos XVII y XVIII, varias monarquías europeas impulsaron el secuestro y la migración forzada de millones de personas africanas hacia el continente americano, para ser utilizadas como esclavos. El desarrollo de la Revolución Industrial dio origen al mayor proceso migratorio de toda la historia que no ha terminado aún, sino que está tomando nuevas formas: el llamado éxodo rural, que involucró a miles de millones de campesinos en todo el mundo que fueron dando origen, a su vez, al crecimiento descontrolado y excesivo de ciudades enormes. La Gran Emigración europea (1800-1950). Relacionado con el éxodo rural desde comienzos del siglo XIX y durante casi un siglo y medio, millones de europeos pobres emigraron principalmente hacia América y Australia. Simultáneamente, América recibió grandes cantidades de inmigrantes provenientes del Medio Oriente. A partir de 1950 en adelante se ha venido desarrollando un proceso emigratorio de dimensiones incalculables en los países del Tercer Mundo, especialmente en los más poblados. También relacionado con el éxodo rural, que en el Tercer Mundo comenzó después que en Europa, millones de personas de los países no desarrollados iniciaron un proceso de migraciones hacia Estados Unidos, Europa, Canadá, Japón y Australia, principalmente. Y la dimensión interna de esta gran emigración siempre ha sido mucho mayor que la internacional, lo que está avalado por el hecho notorio de que las grandes ciudades más pobladas del mundo actual han surgido, precisamente, en países del Tercer Mundo (Shanghái, Bombai, México).WIKIPEDIA

MIGRANTES - ¿Y LOS DERECHOS HUMANOS? (1)


- FOTO: El País ¿Y LOS DERECHOS HUMANOS? Hispanos Católicos en Estados Unidos Migrantes en otros países El fenómeno de la migración De acuerdo a las Naciones Unidas, a nivel mundial, los migrantes internacionales alcanzaron los 191 millones, cerca del 3 por ciento de la población mundial, en 2005 Por: José Manuel Ortiz | Fuente: Yo Influyo Una de las principales características que ha tenido el ser humano ha sido su movilidad. Actualmente, debido a la complejidad de nuestra sociedad actual, y a los siempre presentes problemas de búsqueda de oportunidades y conflictos regionales, el fenómeno de la migración ha crecido hasta convertirse en una situación global. Como cualquier hecho humano, la migración implica amenazas y oportunidades para las sociedades y los países, tanto para los que emiten como para los que reciben. Entre las oportunidades para los países que reciben inmigrantes, está el incrementar su capital humano y la posibilidad de enriquecer su cultura. Por su parte, los países de origen pueden recibir remesas o disminuir la presión social en sus comunidades. El fenómeno a nivel global De acuerdo a las Naciones Unidas, a nivel mundial, los migrantes internacionales alcanzaron los 191 millones en 2005. Esto significa que cerca del 3 por ciento de la población mundial ha cambiado de país. De ese grupo de migrantes, un tercio vive en países en desarrollo y procede de otro país en desarrollo, mientras que otro tercio vive en un país desarrollado, siendo originario de un país en desarrollo. Es decir, que los migrantes “Sur – Sur” son tan numerosos como los migrantes “Sur – Norte”. Para 2005, el continente que recibió más personas fue Europa, que albergó al 34 por ciento de todos los migrantes; América del Norte (Estados Unidos y Canadá) al 23 por ciento; y Asia al 28. Sólo el 9 por ciento vivía en África, el 3 por ciento en América Latina y el Caribe y el otro 3 por ciento en Oceanía. Alrededor de 6 de cada 10 migrantes internacionales (lo que totaliza 112 millones de personas) reside en países designados como de “ingresos altos”. Pero estas naciones de altos ingresos incluyen a 22 países en desarrollo tales como Bahrein, Brunei, Kuwait, República de Corea, Arabia Saudita, Singapur y los Emiratos Árabes Unidos. Cerca de la mitad de los migrantes alrededor del mundo son mujeres. En países desarrollados, las mujeres superan en número a los migrantes masculinos. En 72 países el número de inmigrantes decreció entre 1990 y 2005. Diecisiete naciones dieron cuenta del 75 por ciento del incremento en el volumen de migrantes de ese periodo, siendo los Estados Unidos el principal destino migratorio, toda vez que recibieron 15 millones de personas, mientras que Alemania y España recibieron 4 millones cada uno. Ahora bien, un gran número de personas educadas abandonan su país en búsqueda de mejores oportunidades; así, alrededor de 6 de cada 10 migrantes altamente educados, residentes en países de la OCDE en el 2000, provenían de países en desarrollo. Esa situación es más drástica en países con altos niveles de marginación, ya que por ejemplo, entre el 33 y el 55 por ciento de las personas altamente educadas de Angola, Burundi, Ghana, Kenya, Mauricio, Mozambique, Sierra Leona, Uganda y la República Unida de Tanzania, residen en países de la OCDE. Esa proporción es incluso mayor en países como Trinidad y Tobago, Guayana, Haití, Fiji, y Jamaica, donde cerca del 60 por ciento de las personas con alto nivel de educación dejaron el país. Esa situación se ve reflejada en el dinero enviado a sus lugares de origen por parte de los migrantes internacionales, que aumentó de 102 mil millones en 1995, a 232 mil millones en 2005. La proporción de las remesas mundiales que se dirige a países en desarrollo también aumentó, del 57 por ciento en 1995 (58 mil millones de dólares), al 72 por ciento en 2005 (167 mil millones). Sin embargo, los 20 primeros países receptores recibieron el 66 por ciento de las remesas mundiales en 2004, y de esos, sólo ocho son países desarrollados. En ese sentido, un tercio del total de las remesas se destinó a sólo 4 países: India, China, México y Francia (en orden del total de dinero recibido por cada uno). Causas de la migración De acuerdo al Dr. Hidalgo Capitán de la Universidad de Huelva, algunas teorías de las causas más importantes de los flujos de migración serían las siguientes: La brecha salarial entre los países desarrollados y los subdesarrollados. Esto generaría el aumento de la demanda de trabajo de baja calificación y baja retribución provocado por la dualización del mercado de trabajo de los países desarrollados. Otra teoría considera la funcionalidad de los inmigrantes como ejército industrial de reserva en donde se considera que la existencia de un mercado dual de trabajo debilita a la clase obrera pues la divide entre trabajadores inmigrantes y trabajadores nativos. Las diferencias en los niveles de rentas entre países desarrollados y países en desarrollo serían otra causa de la migración. Otros autores sostienen que la causa principal de la migración se encuentra en las estrategias económicas de las familias. Para estos, la decisión de emigrar no es individual, sino que se adopta en el seno de una familia que decide enviar a uno o varios de sus miembros a países desarrollados, mientras que otros permanecen en el país en desarrollo asumiendo otras responsabilidades familiares. Otros planteamientos, de carácter geográfico, inciden en la idea de la proximidad como elemento favorecedor de las migraciones. Es evidente que a mayor distancia, existirá una menor propensión a la emigración. Con iguales pautas geográficas, y haciendo una interpretación del enfoque de la redes sociales, existe lo que podríamos llamar un hermanamiento de localidades por las razones migratorias, donde diferentes estudios empíricos han demostrado cómo los movimientos migratorios presentan ciertas pautas geográficas de naturaleza local, en la medida en que se observa cómo en determinadas localidades de los países desarrollados receptores de las migraciones se concentran inmigrantes de otras localidades de países en desarrollo. Desde una perspectiva demográfica, tendríamos como causa de las migraciones la necesidad de un reemplazo poblacional. En los países desarrollados se está produciendo un problema de envejecimiento de la población, lo que genera una necesidad de atracción de mano de obra. Los factores anteriores han sido acentuados por dos fenómenos. El primero, el liberalismo, que considera al trabajo como una mercancía más; el segundo consiste en el "efecto demostración", que es la adopción por parte de los ciudadanos de países en desarrollo de estilos de vida, pautas de consumo y ambiciones propias de los ciudadanos de los países desarrollados. Problemas generados por la migración Considerando la complejidad del fenómeno migratorio, los problemas que se generan cambian de manera dinámica con el tiempo y dependen del punto de vista de la sociedad que recibe o de la que salen las personas. Desde el punto de vista del migrante, algunas dimensiones que se deben de considerar son las siguientes: la situación legal en la que emigra, las razones por las cuales emigra, el perfil educativo o de competencias que tiene, su edad y sexo, si pretende abandonar definitivamente su tierra o buscará regresar, entre otros. Una vez que una persona emigró, puede encontrar algunos problemas en el lugar al que llegó, que pueden ser legales, de discriminación racial o religiosa, dificultades culturales como el idioma, las costumbres y reglas sociales a las que deberá adaptarse. Otro fenómeno que está afectando negativamente a países en Centroamérica y crecientemente a México, es el problema de las bandas delictivas que están estableciendo sus redes criminales con personas que han sido deportadas de Estados Unidos. Mexicanos en el extranjero De acuerdo a cifras oficiales, más de 10 millones de mexicanos viven en Estados Unidos, si consideramos a sus hijos, que por derecho pueden reclamar la ciudadanía mexicana, esta cifra podría elevarse a cerca de 25 millones de personas, esto es, 1 de cada cuatro mexicanos vive fuera del país. La importancia de los mexicanos radicados en el extranjero se ve reflejada en las remesas enviadas a nuestro país, que de acuerdo al Banco de México, en 2006 ascendieron a 23 mil 742 millones de dólares. Esa misma fuente reporta que, durante este año, el dinero enviado desde Estados Unidos a nuestro país ha tenido un incremento de 1.25 por ciento. Para darnos cuenta de la importancia de las remesas a nuestro país, como referencia, y de acuerdo al mismo Banxico, durante el año 2006 la inversión extranjera directa en el país fue de 19 mil 211 millones de dólares. El problema de la migración se hace aún más severo si consideramos el alto número de personas que pierden su vida al tratar de cruzar lafrontera. Considerando que no existen cifras oficiales, se estima que durante los últimos 10 años más de 3 mil personas han perdido la vida en su intento de llegar a los Estados Unidos. De acuerdo a otras fuentes, más de 5 mil personas han perecido durante los últimos 13 años. Esto es, cerca de 300 personas pierden la vida en el intento. Ese no es el único problema, toda vez que los “polleros” cobran entre 5 mil y 10 mil dólares por pasar la frontera, con el inconveniente de que en el intento pueden dejar a su suerte a los indocumentados. ¿Soluciones? Las situaciones descritas anteriormente, no podrán ser solucionadas fácilmente, sin embargo, nos dan algunas pautas. Primero, es evidente que mientras tengamos una brecha en desarrollo tan grande con Estados Unidos, difícilmente se podrá detener el flujo migratorio, toda vez que se genera una situación de demanda de trabajo y de falta de oportunidades en el lugar de residencia. Por otro lado, es evidente que las medidas unilaterales tomadas recientemente por Estados Unidos difícilmente solucionarán su problema, toda vez que gran parte de su economía depende de mano de obra barata, y por otro lado, la diferencia en desarrollo seguirá atrayendo a migrantes. Por último, independientemente del origen de las personas, se debe respetar su dignidad y estatuto de persona humana, lo que evitará abusos. Conclusión El siempre bien recordado Juan Pablo II, en la celebración del Jubileo de los emigrantes, en el año 2000, mencionó: “Ciertamente, en una sociedad como la nuestra, compleja y marcada por múltiples tensiones, la cultura de la acogida se debe conjugar con leyes y normas prudentes y clarividentes, que permitan valorar los aspectos positivos de la movilidad humana, previniendo sus posibles manifestaciones negativas. Esto hará que efectivamente se respete y acoja a todas las personas”.

lunes, 31 de agosto de 2015

La guerra contrainsurgente de hoy Pablo Bonavena[1] y Flabián Nievas[2] Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy - (4) última...


La guerra contrainsurgente de hoy Pablo Bonavena[1] y Flabián Nievas[2] Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy - (4) http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy Toda esta marcha atrás moral es consecuencia y, a la vez, componente vital de la política contrainsurgente que considera un estorbo aplicar el derecho internacional humanitario, ya que su respeto generaría una apreciable desventaja militar frente al bando enemigo.[82] La guerra contra la insurgencia solo sería posible desplegarla con cierto éxito si se renuncia a los principios fundamentales de la modernidad. En tal sentido no es un dato menor la emergencia de un tipo de planteo que en su formalización jurídica se conoce como “derecho penal del enemigo”, pero cuyo formato es compatible con grandes líneas de pensamiento contemporáneo, que podríamos definir como el proyecto “anticipatorio”, la prevención por anticipación del hecho. Este formato surge de fundir la prevención con la disuasión; la primera es activa y la segunda pasiva: una cosa es tomar medidas disuasivas del delito, y otra muy distinta (aunque en este enfoque aparece como similar o idéntica) es la de anticiparse al hecho. Se funda en el contrafáctico de lo no ocurrido pero que potencialmente podría ocurrir. Tomando como verdadero lo hipotético, la acción anticipatoria aparece entonces como una “corrección” de la historia. Pongámoslo en un ejemplo. El sujeto A es un terrorista que está a punto de cometer un atentado que produciría una cantidad de víctimas; anticipándose al hecho se lo aprehende o se lo elimina, evitándose de ese modo la acción y, con ello, salvando la vida de las potenciales víctimas. Todo parece muy convincente excepto por la cuestión, no menor, de que tal sucesión de acontecimientos nunca sucedió. Frente a esta objeción, no sin encono se responde: ¿es que acaso hay que esperar a que se produzca el ataque para luego aprehenderlo? La coerción moral que se ejerce con tal pregunta puede invalidar cualquier razonamiento alternativo, pero lo cierto es que no existe certeza alguna de que los hechos se fueran a desarrollar de tal o cual manera, y que solo se trata de una especulación. Nadie puede garantizar que los hechos sucederían necesariamente o inevitablemente así. Porque no se trata de situaciones inminentes, claras y precisas de las que por supuesto se pueden colectar pruebas acerca de las intenciones de un sujeto, sino de presunciones fundadas en un formato de pensamiento especulativo y fuertemente prejuicioso en contra de determinadas figuras. El caso del ciudadano brasileño Jean Charles Menezes asesinado por la policía en el subterráneo de Londres con 8 balazos el 25 de julio del 2005 es un tipo de hecho que resulta mucho más cotidiano de lo que estaríamos dispuestos a aceptar.[83] Esta matriz de pensamiento trasvasa el ámbito estrictamente militar logrando una instalación social de gran envergadura de importantes consecuencias, creando una corriente de opinión que redundará, tarde o temprano, en su beneficio.
www.aler.org Vemos que la lógica que sustenta la forma actual de la contrainsurgencia para definir su contrincante es idéntica a la lógica que se le imputa a algunos jueces “garantistas”, al reprochárseles que la excarcelación de algunos reclusos redunda en la reincidencia de éstos, tomando en consideración lo realizado después de la liberación, como si el juez pudiera saber ex ante la conducta que seguirá el liberado y mantenerlo recluido por lo que aún no ha hecho pero que, tal vez, luego hará. Esta lógica lineal, menuda, tosca e infantil, se ha explayado en vastas capas sociales, circulando profusamente por los medios masivos de comunicación, siguiendo el mismo formato anticipatorio que surge, en origen, de las políticas contrainsurgentes. Las garantías procesales, los derechos humanos y los derechos civiles se erigen, para esta concepción, en obstáculos que deben ser removidos. Se trata, en tal apreciación, de puros formalismos. Se vacía el contenido que los mismos tienen. En tanto este formato de pensamiento se extiende como el nuevo sentido común, generalizándose tras el imperativo de la “seguridad”. Obsérvese la similitud del objetivo; la seguridad es una de las principales preocupaciones de la contrainsurgencia. Y, como toda acción de inteligencia, no quedan claros los orígenes, nunca son totalmente visibles para el público –que ha sido objeto de la operación–. Por supuesto no se trata de “inventar” una realidad de la nada, sino de brindar interpretaciones, es decir, formas de vincular elementos de la realidad, pero no de manera sistemática y con arreglo a un método, como es el análisis científico, sino con el deliberado propósito de enfatizar algunos elementos en detrimento de otros, de manera independiente de la frecuencia o relevancia que tenga la presencia de tales elementos en el despliegue de la totalidad. Operaciones de tal envergadura no son a) de implementación inmediata, ni b) totalmente impuestas, ni tampoco c) plenamente dirigidas por un comando central, idea que se corresponde con la ingenua imagen del “lavado de cerebro”. No. Se trata de construcciones mucho más complejas, en las que ni siquiera todos los que participan de ellas son concientes de que lo hacen. Se trata de estimular determinado tipo de percepción operando sobre estructuras psicosociales muy elementales, como las del miedo y el deseo —estructuras, éstas, que se encuentras hiperestimuladas por la actividad mercantilista del capitalismo actual—, para lo cual, además, conjugan intereses tanto de índole económica como política de sectores relativamente concentrados.[84] La enorme cantidad de mensajes-estímulos que recibimos diariamente satura la capacidad de análisis crítico del habitante medio, y los mismos van sedimentando constituyéndose en certezas sobre las cuales luego se elaboran juicios. De esta manera se va acuñando una forma de pensar, de procesar la información, de producir datos, que conduce inevitablemente a un determinado tipo de conclusiones. Al tratarse de procesos sociales, y no individuales, actúan sinérgicamente potenciándose en cada sujeto. Entonces, mediante el rumor,[85] se certifican como certezas “de primera mano” las sucesivas validaciones reificatorias de un determinado tipo de pensamiento que supera y contraría los postulados de la modernidad. No se tratan los incidentes en tanto tales, sino como ratificación de las nuevas certezas: no hay delitos, sino delincuentes; no hay actos de terrorismo, sino terroristas. Se desplaza el significado de la acción hacia una ontología del sujeto: se es delincuente, terrorista, etc. Observemos las implicancias de esta operación: de acuerdo a los postulados de la modernidad una persona que comete un delito purga una pena y se reinserta socialmente; de acuerdo a la nueva forma de pensamiento vigente, el delito no se trata de un hecho incidental sino que es la acción contenida en la naturaleza de la persona, del delincuente. Naturaleza que, por otra parte, se vincula social y generacionalmente (los delincuentes viven en las villas, son hijos y padres de delincuentes, etc.). ¿Cuál es la única respuesta posible ante ello? De manera más solapada o más abierta siempre aparece: el exterminio (pena de muerte, cárcel perpetua, etc.). ¿No son acaso las mismas estructuras que promueve la contrainsurgencia? Instaladas por medio del terror, estas estructuras operan con menor densidad en momentos históricos en los que no se requiere un mayor énfasis en su práctica debido al escaso desarrollo de la lucha de clases y la insurgencia. Pero están ahí, incólumes, fortalecidas, vueltas sentido común, constituidas en certezas, dispuestas a ser exacerbadas cuando la situación lo amerite. En el plano de la guerra los Estados Unidos proponen suspender el Derecho pues, afirman sus ideólogos, el enemigo terrorista también avasalla sus parámetros. En la vida diaria de cada uno de nosotros como ciudadanos se nos dice, una y otra vez, que los “delincuentes comunes” tampoco deberían gozar del amparo jurídico puesto que tampoco respetan la ley. Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy - Prohibida su reproducción sin citar el origen. La lucha por la vigencia de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario cobra cada vez más sentido en este contexto, y el sano ejercicio de ir actualizando su contenido se vuelve una necesidad imperiosa al calor de los nuevos desafíos que nos obligan a enfrentar el retroceso inhumano que postula la política imperialista en la “guerra contra el terrorismo” y la “mano” dura en la cotidiana “guerra contra el delito”.[86] En esta dirección es auspiciosa la tarea que están abordando los organismos defensores de los Derechos Humanos en la Argentina en defensa de la represión policial contra los sectores populares donde abrevan los posibles “delincuentes”, y los casos de ejecución sumaria de sospechosos, conocidos como víctimas del “gatillo fácil policial”, asociando la lucha contra el genocidio promovido por la última dictadura con el genocidio que transcurre bajo los gobiernos parlamentarios que la siguieron. Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy - Prohibida su reproducción sin citar el origen.(4)
FUENTES intervinientes: Notas: [1] Universidad de Buenos Aires – Universidad Nacional de La Plata, República Argentina. [2] Universidad de Buenos Aires – (CONICET), República Argentina. [3] Gassino, Riobó y Alfaro, 2004: 405/6. [4] Parte de este argumento también es usado actualmente por los defensores de los miembros de la última dictadura militar argentina juzgados por crímenes contra la humanidad. [5] Zolo, 2007. [6] Caro Garzón, 2006. Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy - Prohibida su reproducción sin citar el origen. (Otras que forman parte de la nota se explicitan aparte por ser muy extensas)Consultar la fuente:http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy

La guerra contrainsurgente de hoy Pablo Bonavena[1] y Flabián Nievas[2] Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy - Prohibida su reproducción sin citar el origen. (3)


(3) La guerra contrainsurgente de hoy Pablo Bonavena[1] y Flabián Nievas[2] Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy - Prohibida su reproducción sin citar el origen. http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy La contracara necesaria La negación que supone la práctica contrainsurgente del ius ad bellum y del ius in bello sería probablemente tan costoso en términos políticos si cobrara plena visibilidad que la tornarían impracticable. Por lo general, las poblaciones suelen censurar el uso de los instrumentos propios de la contrainsurgencia y, transitivamente, a los gobiernos que las impulsan.[67] Por eso no es paradójico que de manera paralela al desarrollo de estas prácticas, las cuales, en ocasiones, enarbolan la defensa de los derechos humanos como justificación, se refuercen las instancias jurídicas de regulación de la guerra, con la pretensión de proteger a las poblaciones, las mismas que son blancos de métodos de exterminio modulado. Con un conjunto contradictorio de buenas intenciones e hipocresía malsana, se creó en 1998 la Corte Penal Internacional, para juzgar responsables de graves crímenes contra el Derecho Internacional (genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y crimen de agresión). Es interesante observar en que uno de los hechos desencadenantes para la creación de esta Corte fue el genocidio de Rwanda, ocurrido en 1994, en el que estuvo implicado, tanto por acción como por omisión, el Estado francés. Y sin embargo Francia es uno de los países miembros de esta Corte. En teoría, la jurisdicción de esta Corte es de alcance universal. En la práctica hay países, entre ellos Estados Unidos, Rusia, India, China e Israel, que no reconocen este tribunal. En 2002 el Capitolio estadounidense aprobó la American Servicemember’s Protection Act (Ley para la protección del personal de los servicios exteriores), por medio de la cual gestiona la impunidad de su personal militar en el exterior, el que debe ser tratado con las prerrogativas del personal diplomático. En la práctica, este tribunal sólo actúa contra dictadorzuelos de poca monta, sin respaldo internacional; nunca pasó por allí ningún militar o político occidental, independientemente de lo que hubiese hecho o avalado. Pero, no obstante, su sola existencia lava la conciencia democrática de occidente, lo que habilita a muchos Estados occidentales a seguir cometiendo crímenes impunemente en otras regiones del mundo.[68] Conforma, de hecho, parte del ariete ideológico que torna viable la contrainsurgencia como práctica, ya que se concentra el foco de atención en estos juzgamientos, quitando la mirada del resto de los crímenes, los que, cuando se visibilizan, simplemente aparecen como “daños colaterales” o con sanciones menores, como fue el caso de la aplicación de tormentos en la cárcel de Abu Ghraib. En este sentido, el servicio que prestan los medios de difusión a los centros de poder es imprescindible.[69] Las implicancias de la contrainsurgencia de hoy www.elpais.comHoy en el marco de la llamada guerra contra el terrorismo son más tangibles las consecuencias de este tipo de planteo. Desde los ’90 se abre una nueva epata del desarrollo de la doctrina contrainsurgente que prosigue lenta pero de manera sostenida, aunque en gran parte inadvertidamente, corroyendo los pilares jurídicos del Estado nación, asentados en valores propios de la modernidad. También van quedado truncos los intentos de conformar un orden jurídico internacional. Estados Unidos, secundado con entusiasmo por Israel, avanza decididamente en esta línea, impulsando un nuevo salto cualitativo doctrinario en la dirección que adelantamos en la primera página de este artículo. Desde la gestión de George W. Busch se impulsó una reinterpretación del principio de igualdad soberana que retrocede a una etapa muy anterior a la Paz de Westfalia. La perspectiva esgrimida desde el 2002 “transforma la soberanía de los demás Estados en una soberanía condicionada al respeto de unos determinados valores que se declaran como universales (libertad, la democracia y la libre empresa) y de un modelo concreto de Estado basado en la primacía del Derecho, la separación de poderes, la igualdad social y de género, la tolerancia étnica y religiosa y el respecto a la propiedad privada”. La traducción de esta definición en términos políticos concretos es la siguiente: el único Estado soberano es el de los Estados Unidos que, a su vez, tiene vía libre para avasallar la soberanía en cualquier lugar del mundo, cuando se quebrantan unos valores que ellos mismos definen. Esta postura es el correlato de asumir que los Estados Unidos se encuentra “en guerra dondequiera que haya sospechosos de terrorismo, independientemente de si existe un peligro real”. Doctrinariamente, las fuerzas armadas norteamericanas quedan habilitadas para intervenir en cada lugar del mundo donde sospechen que se esconde un riesgo para su país, asignándose la facultad de actuar bélicamente en prevención de una amenaza tanto inminente, con enemigos precisos, como de un futuro peligro basado en difusos indicios y sospechas. Violenta así los criterios históricos de la Guerra Justa (ius ad bellum). Sin duda se enarbola una concepción de la “autodefensa” basada en la presunta inminencia de una agresión que los licenciaría, argumentan, para actuar militarmente aunque no exista certeza de un plan de ataque del enemigo; incluso podrían intervenir con la fuerza militar antes de que se forme una amenaza terrorista concreta [70] y Parte de todo este arsenal ideológico fue utilizado para argumentar la pertinencia de la invasión a Irak en el año 2003, para evitar el peligro que entrañaba la presunta presencia de armas de destrucción masiva en ese país. [71] Considerando otro plano de la cuestión, dado que la guerra contrainsurgente se libra contra un enemigo “invisible”, el enemigo potencial es toda la población civil. Por lo tanto, el universo de sospechosos abarca al conjunto de la población que será pasible, entonces, de maniobras tendientes al control militar de la misma. La contrainsurgencia actual no desconoce, tampoco, que la represión pura sólo acarrea pérdida de legitimidad lo que, en el mediano plazo se traduce en la imposibilidad de controlar la situación o de “estabilizar” áreas del planeta bajo condiciones de invasión. Su ejercicio en varias épocas y situaciones, como hemos visto, aconsejan otros aditamentos. Por ello se plantea y actualiza la idea de ganar “mentes y corazones”, es decir, simpatía política e ideológica,[72] a través de ayuda material o meras promesas, sin lo cual la derrota es una perspectiva bastante cierta, como lo demuestra la historia y gran parte del presente.[73] Por eso las fuerzas norteamericanas vuelven a combinar medidas positivas y negativas para combatir la insurgencia, argucia que Andrew Birtle sintetiza con la fórmula “zanahorias y palos” (o “persuasión y coerción”), sin perder de perspectiva que las operaciones de contrainsurgencia no “son concursos de popularidad”, realismo que limita las iniciativas “positivas” por ser siempre económicamente costosas. Esta argucia, como señalamos, fue construida en muchos años de operativos contrainsurgentes y se proyecta también en las actuales circunstancias que atraviesa el conflicto armado. La alteración de la ecuación tradicional del esfuerzo militar que supone el pasaje de la guerra regular a la lucha antiterrorista impone, obligadamente, transformar el trabajo de inteligencia en una tarea trascendental, en detrimento del combate directo, ya que la lucha se establece contra fuerzas asimétricas estratégicamente “no cooperativas”. Es preciso comprender que inteligencia no debe ser asociado a espionaje, tarea que es parte de la inteligencia, pero no la única. El espionaje, consistente principalmente en espiar, se conjuga con la “contrainteligencia”, o inducción al engaño, en principio del oponente, pero en contrainsurgencia, dado que el enemigo carece de contornos definidos, de toda la población civil. En función de ello se conciben las Psyop (operaciones psicológicas) con las que se pretende influir en los estados de ánimo colectivos y, de ser posible, instaurar certezas, es decir, representaciones (configuraciones simbólicas) por fuera de toda duda,[74] tanto en el territorio propio como en los “países anfitriones”. Por eso los especialistas norteamericanos, ante los traspiés en Irak y Afganistán, aconsejan que los soldados “expedicionarios” manejen idiomas, desarrollen más capacidad de “asesoría” a la población, tengan destrezas para trabajar en la restauración de los servicios públicos, la construcción o reconstrucción de infraestructura y la posibilidad de fomentar o inculcar el arte del “buen gobierno”.[75] Una de las mayores operaciones psicológicas ha sido, sin dudas, la instauración del “terrorismo” como un horizonte de confrontación. Cualquier militar sabe -también y, principalmente, los estadounidenses- que el planteo de la guerra contra el terrorismo es un planteo absurdo, toda vez que el terrorismo es un método, y no un sujeto: “Si se toma en sentido literal, una guerra contra el terror es contra una táctica. Es el equivalente a responder a Pearl Harbor declarándole la guerra a los ataques sorpresas en lugar de a Japón”. Combatir el terrorismo es como enfrentar el paracaidismo, o cualquier otra modalidad, que lógicamente puede ser utilizada por cualquier bando combatiente, pero la modalidad no define ni expresa las características de quienes lo practican. En esa representación fantástica se presenta al “terrorista” como un sujeto desprovisto de racionalidad, cuya única motivación es infligir daño, movido por el odio a la libertad y a la democracia, en función de unos principios religiosos malsanos e intolerantes anclados, por lo general, en el fundamentalismo islámico. Los ideólogos norteamericanos acusan al terrorismo de atacar a civiles desprevenidos, suponiendo que su acción es diferente a otro tipo de guerra pues los terroristas toman como blanco a la población general. Argumentan que los terroristas no puede actuar sino es “empleando medidas de ataque deliberado contra personas y lugares que se encuentran protegidos específicamente por el Protocolo I de los Convenios de Ginebra”, y que les es imposible conducir la guerra “sin intencionalmente violar” esos acuerdos. No recuerdan, por ejemplo, que al ejército norteamericano no le preocupa cometer crímenes de guerra como quedó evidenciado con el ataque a las presas de Toksan y Chosan en el marco de la guerra de Corea, inundando campos de arroz a pesar de que el derecho internacional prohíbe destruir fuentes de alimentos. Un tiempo antes, en Japón con las bombas atómicas arrojadas en Hiroshima y Nagasaki no demostraron reparos a la hora de masacrar no combatientes, lo mismo que con el napalm regado en Vietnam. Tampoco tienen presente que de las 146 guerras que se registraron entre 1945 y hasta 1990, de los aproximadamente 35 millones de muertos el 75 % fueron civiles. Sin embargo estos datos son eclipsados por la argamasa ideológica que construye la inteligencia, que le asigna el “mal” al enemigo. La magnitud del éxito de esa operación puede mensurarse en el nivel de aceptación que ha tenido, en diversos países, la restricción a libertades básicas y derechos fundamentales en función de la aplicación de políticas “antiterroristas”. La llamada “ley patriota” (cuyo deliberado acrónimo devela el esmero puesto en enfatizar la finalidad por sobre los medios)[76] impuso una serie de restricciones que fueron acogidas con beneplácito por sus directos perjudicados,[77] los que operación psicológica mediante se consideraron los principales protegidos, aunque se avasallen sus derechos ciudadanos. [78] De igual manera, los más sonados crímenes se pueden cometer con cada vez menor necesidad de ocultamiento. El retroceso ético que supone la aceptación de la contrainsurgencia puede considerarse en la escala moral propuesta por Jean Piaget en 1984 cuando investigaba la noción de la justicia en los niños. Dos de las formas más primitivas de justicia es la retributiva, es decir, lo que vulgarmente conocemos por venganza, y la culpabilidad colectiva y comunicable, son justamente los fundamentos del intervencionismo del nuevo siglo, particular -aunque no únicamente- de Estados Unidos. Después del ataque sufrido en su propio territorio aquel famoso 11 de septiembre, decidieron que como era posible pensar que Osama Bin Laden haya estado detrás de los mismos, y al ser probable que estuviese oculto en Afganistán, todo el pueblo afgano era responsable y, en consecuencia, debía padecer los horrores de la guerra. Diez años después, finalmente dieron con el paradero del supuesto mentor de tales ataques y lo ejecutaron, sin el menor intento de procesarlo formalmente (venganza).[79] Eso, empero, hizo subir la imagen positiva de Barack Obama en varios puntos de un día para el otro,[80] a pesar de ser un burdo y cobarde asesinato de un hombre sin capacidad de resistirse a un simple arresto, y una flagrante violación de la soberanía paquistaní. Pasa casi desapercibido, asimismo, el reconocimiento de la aplicación de tormentos (submarino seco, interrupción del sueño, diversas formas de degradación, etc.) y la tenencia pública de prisioneros clandestinos, no solo en la base de Guantánamo, sino en diversos países de Europa, África, Asia y Oceanía, con lo que explícitamente se acepta la existencia de campos de reclusión semiclandestinos donde los prisioneros carecen de derechos, incluso de acusaciones formales, y su reclusión es por tiempo indeterminado.[81] Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy - Prohibida su reproducción sin citar el origen.

La guerra contrainsurgente de hoy Pablo Bonavena[1] y Flabián Nievas[2] Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy - (2)


(2) La cambiante realidad de la guerra: el surgimiento de la contrainsurgencia moderna http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy En paralelo al avance de las normas jurídicas sobre el derecho de guerra y el derecho a la guerra estructurado en base a tales consideraciones, la propia beligerancia como fenómeno social que tiene regularidades propias, fue cambiando de manera cualitativa en el último medio siglo. Aunque toda guerra es un fenómeno particular, es posible encontrar elementos o circunstancias más o menos invariantes que permiten tipificarlas de acuerdo a estas repeticiones; el problema surge cuando la acumulación de “pequeñas” variaciones en las regularidades culminan, al cabo de un tiempo, conformando un fenómeno con atributos que escapan a las tipificaciones previas. Podríamos afirmar que la guerra insurgente y, por ende, su contrapartida la guerra contrainsurgente, es tan vieja como la propia guerra.[24] Sin embargo es preciso señalar que el peso de la insurgencia como alternativa de combate armado fue cambiando en la historia. Remite a una forma de lucha no convencional que supone la asimetría de fuerzas entre los oponentes: es un enfrentamiento entre diferentes; no es polar la relación por cuanto las fuerzas insurgentes no son asimilables a una tropa regular.[25] Así estamos frente a una modalidad de confrontación que se aleja de los moldes trazados por el Tratado de Westfalia, distancia que supone al mismo tiempo el apartamento de los contratos establecidos entre los sujetos estatales. Conocida como guerra irregular, eclipsada un largo tiempo por la guerra convencional post Westfalia, una de las maneras más habituales para aproximarse a ella transita el camino de la constitución histórica de la personificación del “partisano”, como paradigma del combatiente no sujeto a las reglas pactadas por los Estados. Se pueden localizar antecedentes en la “guerra de los Treinta Años” en Alemania (1618-1684), en los combates de los independentistas norteamericanos contra el regular ejército inglés (1774-1783), en los enfrentamientos entre jacobinos y Chouans en la Vendée (1793-1796), en las guerrillas españolas (1808) y tirolesas (1809) contra la invasión napoleónica.[26] Esta presencia junto a otras figuras combatientes como los francotiradores, que generalizaron su accionar a partir de 1870, ganaron un lugar en la consideración de la agenda de los estados mayores.[27] El inquietante grado de letalidad alcanzado por estas formas irregulares de lucha que rompían con las reglas de juego formalizadas entre Estados generó como contrapartida la necesidad de otras instancias de combate. Se fueron sintetizando así diferentes experiencias prácticas de maniobras contrainsurgentes en la línea de formular algunas prescripciones para enfrentarlas con algún éxito. Su orientación básica general desde mediados del siglo XX se dirige a “combatir la revolución”.[28] En la primera guerra mundial el partisano y sus acciones irregulares fue una figura marginal, pero puede postularse la segunda guerra mundial como un momento en que con claridad aparece el ejercicio extendido de la insurgencia irregular y, en consecuencia, la contrainsurgencia como práctica[29] -aunque todavía ni una ni otra recibían esta denominación. Ante la primera oleada del ejército alemán, con los ejércitos aliados relativamente diezmados en el continente europeo, los mandos comienzan a apoyar a incipientes organizaciones de civiles resistentes. Esta política se encuadraba aún en el pensamiento clásico de Clausewitz: aumentar la fricción del ejército ocupante, es decir, ralentizar sus movimientos, tornarles más costosa la ocupación, etc. Lo que escapó del libreto es que algunas de estas formaciones partisanas fueron más allá y lograron vencer en el terreno a las fuerzas ocupantes. El caso de Josip Broz Tito es paradigmático, pero también los italianos, los polacos, los griegos y, en gran medida, la resistencia francesa ocuparon un lugar destacado en la derrota alemana en sus territorios.[30] Los efectos de esto se vieron inmediatamente después de culminada la guerra: la dificultad de desmovilizar a estas organizaciones que reclamaban, con cierta legitimidad, su participación en el gobierno. La situación más aguda se dio en Grecia, donde los resistentes se organizaron en guerrillas que siguieron combatiendo hasta bastante después de terminada la guerra. Fue a partir de la segunda guerra mundial entonces que la contrainsurgencia se fue constituyendo como una práctica expandida, acompañada muy lentamente por el esbozo de una doctrina.[31] En la posguerra, la instalación paulatina de un nuevo tipo de guerra reclamaba una nueva base doctrinaria que fundamente la práctica militar. Cada vez más, los conflictos armados que se fueron librando incurrieron en el patrón de la insurgencia–contrainsurgencia, tomando el legado teórico de Mao Tse Tung principalmente, y la práctica histórica de los partisanos de la segunda guerra. El formato de la lucha insurgente emergió plenamente en las guerras de descolonización, en particular en la primera importante de ellas, que fue la de Indochina. Repasemos algunos antecedentes. Los alemanes: la práctica I Durante la segunda guerra mundial los alemanes fueron la fuerza que sufrió más hostigamiento partisano, lo cual es lógico puesto que fueron durante gran parte de la misma la principal fuerza de ocupación en Europa. Frente a las fuerzas insurgentes los alemanes aplicaron básicamente cuatro tácticas, dos preventivas y dos represivas: a) como forma preventiva, la del control de la población, con detención e interrogatorio de sospechosos, a menudo con tormentos, en particular la redacción y aplicación de las “Directivas para la persecución de las infracciones cometidas contra el Reich o las Fuerzas de Ocupación en los Territorios Ocupados”, también conocido como decreto “Noche y niebla”, por el cual inauguraba el mecanismo de la desaparición forzada de personas; b) alimentar las tensiones entre grupos potencialmente adversos a ellos, pero con contradicciones entre sí, particularmente étnicas, religiosas y políticas; c) como políticas represivas utilizaron la de las represalias, que podían ir desde la no toma de prisioneros (ejecución de los rehenes) hasta el encarcelamiento o los fusilamientos de civiles -los italianos fueron más allá, incendiando aldeas completas en Albania, y d) las de cerco y aniquilamiento: rodear a las fuerzas insurgentes y aniquilarlas. Esta última fue empleada con éxito en las operaciones Gemsbock (gamuza) y Steinadler (águila real), en 1944 en el norte de Grecia y en el sur de Albania respectivamente.[32] También puede observarse en este caso un patrón de la guerra contrainsurgente, cual es que las fuerzas partisanas tienen mayor cantidad de bajas que las tropas regulares, situación que no afecta de manera decisiva su capacidad militar, ya que suele actuar como estimulante moral. Sin duda, las guerrillas golpearon letalmente a las fueras de ocupación. En lo relativo a lo realizado en territorio soviético, aunque la brutalidad fue máxima,[33] hubo algunos experimentos contrainsurgentes que contrariaban esa línea, aunque no prosperaron ni se generalizaron.[34] http://elmalcontento.blogspot.com Las tropas alemanas y sus aliados se tuvieron que enfrentar con un fenómeno relativamente novedoso, al menos en esa escala, que eran pequeñas formaciones con escaso entrenamiento y pobre armamento, que mediante sus pequeñas pero persistentes acciones lograba enlentecer su maquinaria de guerra, diseñada para enfrentarse a otros ejércitos regulares.[35] Los alemanes actuaron más de lo que reflexionaron.[36] Quizás por ello arguyeron un instrumento jurídico para lo que se transformaría con el tiempo en una práctica secreta: la desaparición forzada de personas. Los ingleses: la práctica II Es poco frecuente el reconocimiento de la existencia de una “escuela” conformada desde las prácticas ensayadas por los británicos contra los intentos insurgentes de corte anticolonial.[37] A ellos se debe una frase que según los especialistas sintetiza un principio doctrinario básico de la lucha contrainsurgente: la necesidad de “ganar los corazones y las mentes” de la población civil en la zona donde actúa la resistencia. La idea fue puesta en esas palabras por el mariscal Gerald Templer en 1951, que en el marco de la llamada “guerra de liberación nacional antibritánica” de Malasia o la “emergencia malaya” (1948-1960) a la salida de la segunda guerra mundial (textualmente sostuvo: “la respuesta no está en introducir más tropas en la jungla, sino en los corazones y las mentes de la población”).[38] Su objetivo era aislar a las fuerzas insurgentes de su base en la población, iniciativa que se plasmó en la construcción de una importante red de inteligencia y en el traslado forzado de unas 500.000 personas a ámbitos fortificados, rememorando parte de lo hecho en la lucha contra los Boers a través de la localización de la población en campos de concentración alambrados y fuertemente vigilados.[39] Sumó a esta táctica una intervención agresiva de patrullas para perseguir a la guerrilla y establecer cercos en sus bases operativas en la selva. La forma de lucha aplicada en Malasia se transformó en un modelo para las campañas contrainsurgentes, pues estos movimientos de población se combinaron para conquistar “corazones y mentes” con medidas —y mentiras— que buscaban demostrar a la población que su futuro parecía más promisorio bajo la conducción inglesa y el gobierno autóctono tutelado por ella, que el orden social que pretendían instalar los insurgentes.[40] Estas acciones se combinaron con otras practicadas en la lucha contra las rebeliones irlandesas, como la destrucción en la década del ’20 de las viviendas de los sospechados de ser insurgentes, medida que adoptaría más tarde Israel en suelo palestino. Andre Beaufre sintetiza a la escuela inglesa señalando que buscaba poner a cargo autoridades nativas bajo su control, la gestión de la población y acciones contra-guerrilleras. La experiencia en la selva malaya, y la lucha contra los levantamientos anticoloniales en Kenia y Chipre, no impactaron de manera inmediata o directa sobre el adiestramiento de las tropas comandadas por Inglaterra ni en la doctrina. Pero en Malasia se fue desarrollando el “oficio” de combate contra las formas guerrilleras de lucha, que obviamente repercutirían en el ámbito institucional de las fuerzas armadas, como en el centro de entrenamiento “Fuerzas de Tierra del Lejano Oriente”, que formaría importantes cuadros que rápidamente se destacarían en varias acciones en suelo africano. Estas vivencias recibirían luego las elaboraciones de la escuela francesa.[41] Los franceses: la reflexión Los franceses, con un ejército adiestrado en la guerra regular, pagaron muy caro en Indochina la falta de adecuación al tipo de planteamiento militar que no propone un enfrentamiento abierto, con uso de tácticas convencionales, sino que pone en práctica como principal arma la sorpresa, el ataque inesperado, de baja letalidad pero de suma eficacia y, sobre todo, con el máximo resguardo de las propias fuerzas. Sin embargo, de su derrota sacaron lecciones: a partir de allí surge el núcleo de la doctrina contrainsurgente propiamente dicha. Entre los pioneros en esta tarea se destaca la delimitación que hacen varios oficiales franceses en la primavera de 1948 de lo que llamaron la “acción psicológica”, que buscaba “conquistar poblaciones” a partir de campañas de información y de acción social (construcción de escuelas, operativos de vacunación, etc.) perspectiva que casi en paralelo desarrollarían los británicos en Malasia. Debemos destacar asimismo al mariscal Louis Layautey y sus campañas coloniales en territorio africano a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Se suman a estas las experiencias en Indochina (1945-1954) y Argelia (1954-1962).[42] También es considerable el aporte del coronel Charles Lacheroy y su artículo “La estrategia revolucionaria del Viet-minh” –publicado en el mes de agosto de 1954– y las reflexiones del general L. M. Chassin.[43] Pero fue el coronel Roger Trinquier quien sistematizó esas enseñanzas y las aplicó en Argelia, reinaugurando una asociación originalmente planteada por los nazis, tan falaz como extendida en nuestros días: la asimilación del combatiente insurgente con el terrorista.[44] En su libro La guerra moderna,[45] sostuvo que en lugar del ataque atómico el arma principal de la guerra moderna es el “terrorismo”.[46] Tomó conciencia de que en una guerra con estas características más que nunca la información es un insumo indispensable para la acción militar, premisa que lo lleva a avalar y fundamentar explícitamente el uso de los tormentos como forma de combate contrainsurgente: “[…] el terrorista sabe que, sorprendido y capturado, no puede esperar que le traten como un criminal ordinario o que se limiten a tomarle prisionero como lo hacen con los soldados en el campo de batalla. Las fuerzas del orden tienen que aplicarle distintos procedimientos, porque lo que se busca en él no es el castigo de su acción, de la que en realidad no es totalmente responsable, sino la eliminación de su organización o su rendición. En consecuencia cuando se le interroga no se le piden detalles de su vida ni se le pregunta sobre los hechos que ha realizado con anterioridad, sino precisa información sobre su organización. En particular, sobre quiénes son sus superiores y la dirección de los mismos, a fin de proceder a su inmediato arresto. Ningún abogado está presente cuando se efectúa este interrogatorio. Si el prisionero ofrece rápidamente la información que se le pide, el examen termina en seguida. Pero si esta información no se produce de inmediato, sus adversarios se ven forzados a obtenerla empleando cualquier medio. Entonces el terrorista […] tiene que soportar sus sufrimientos, y quizás hasta la misma muerte, sin decir media palabra.”.[47] Claramente se vulneran los límites morales humanitarios subyacentes en todas las regulaciones internacionales sobre la guerra. Pero se va más allá: se reinstala un método premoderno. Contrariando los argumentos de los modernos Beccaria (1984) y Verri (1997) acerca de la inutilidad de los tormentos para obtener confesiones -centralmente se sostiene que la tortura se vincula a la resistencia física, y no a la verdad, es decir, que el supliciado admitirá cualquier cosa cuando ya no soporte el sufrimiento- la contrainsurgencia redescubre la tortura como práctica sistemática.[48] Además de este recurso funesto, Trinquier proyectaba un “programa de protección urbana” de gran alcance elaborado como dispositivo de control poblacional que, entre otras argucias, comprendía la un censo para identificar las relaciones familiares procurando generar un dispositivo de seguridad a través de la responsabilidad de familia, imponiendo a los “jefes” de cada grupo familiar la garantía sobre los movimientos y paraderos de sus integrantes.[49] Los franceses irradiaron esta doctrina; primero en América Latina, región donde tal vez alcanzó su mayor desarrollo fáctico, y luego en Estados Unidos donde obtuvo también su máximo punto de formulación teórica.[50] Estados Unidos: la síntesis Los Estados Unidos tienen en su historia importantes antecedentes prácticos para la elaboración de una doctrina contrainsurgente. En Norteamérica fue denominada “guerras de baja intensidad” o “conflictos de baja intensidad”.[51] La intensidad se clasifica de la siguiente manera: las contiendas “irregulares” son calificadas de baja intensidad; los conflictos regionales con uso de armas convencionales modernas, son catalogados como de media intensidad; finalmente, las conflagraciones globales o con uso de armas nucleares remiten a la alta intensidad. [52] Como suele ocurrir en la historia, los estadounidenses habían tenido una larga trayectoria en contrainsurgencia antes de comenzar a reflexionar sobre ello.[53] En primer lugar podemos destacar como referencia a la guerra por la independencia, donde pusieron en funcionamiento distintas variantes de lucha irregular.[54] Se destaca la estrategia militar aplicada especialmente durante 1778, cuando el mando británico reconoció la necesidad de lograr un mayor arraigo en la población civil para resolver los graves problemas que tenían en el campo de batalla, generándose así salto cualitativo en ambos bandos sobre la toma de conciencia acerca del tipo de guerra que transitaban. Sin duda esta experiencia de 8 años de enfrentamientos dejó su marca en varios órdenes de la sociedad norteamericana, también en los asuntos militares.[55] www.elporvenir.com.mxLo mismo ocurrió con la Guerra Civil (1861-1865) y la guerra con Filipinas de 1899 a 1902, cuando los filipinos rechazaron el dominio estadounidense tras la Guerra Hispano-americana. En este último conflicto los norteamericanos impulsaron medidas de tipo político en gran escala. Propugnaron acuerdos con dirigentes locales en pos del establecimiento de gobiernos de todos los niveles, propusieron amnistías, construyeron escuelas, obras públicas, procuraron respetar normas culturales y se impulsaron reformas para la supuesta mejora del funcionamiento de las instituciones gubernamentales. Estas acciones fueron combinadas con el traslado forzado de población a campamentos de detención, incendios intencionales punitivos, cierre de áreas de abastecimientos de víveres, entre otras acciones para generar temor, que como reconocen los propios militares norteamericanos estuvieron plagadas de “excesos”. Sin embargo 220 mil filipinos muertos en 3 años de operaciones contrainsurgentes demuestran un “entusiasmo” por aniquilar que sobrepasa los límites de cualquier “exceso” o “efecto colateral”.[56] Más allá de estas experiencias, y otras la lucha contra las guerrillas tras la invasión a México a finales de 1847 y la respuesta con operaciones punitivas en masa o el enfrentamiento contra la resistencia a la ocupación de Nicaragua comandada por Augusto César Sandino, el mayor laboratorio contrainsurgente para los norteamericanos se localiza en los años que siguieron a la segunda guerra mundial. La lucha en Grecia al finalizar la guerra se constituyó en un hito muy importante para la elaboración de la concepción norteamericana de la lucha contrainsurgente. Como aseveran Klare, M. T. y Kornbluh, P: “[…] en 1946, con la doctrina Truman, Estados Unidos comenzó a desarrollar una rudimentaria estrategia contrainsurgente para encarar a las guerrillas comunistas”.[57] En efecto, el 12 de marzo de 1947 Truman volcó 300 millones de dólares, armas y asesores para frenar la presencia comunista, pidiendo a cambio la prohibición del derecho de huelga y la expulsión de funcionarios sospechados de ser comunistas, entre otras políticas represivas.[58] Otro jalón fundamental fue la campaña “antihuk” en Filipinas desde septiembre de 1950, cuando el coronel Lansdale combinó la acción militar con pequeñas unidades de asalto combinada con operaciones de inteligencia y guerra psicológica junto con promesas –muy pocas veces cumplidas– de reformas políticas, sociales y económicas como la donación de tierras o la construcción de pozos de agua. La fórmula mezclaba ayuda militar, “acción cívica” y guerra psicológica. [59] Desde el punto de vista doctrinario y teórico, no obstante, el salto cualitativo se vive a partir del gobierno de John Fitzgerald Kennedy, como lo caracteriza Robin, “el apóstol de la guerra contra-revolucionaria” Asumió con gran determinación la necesidad de modificar el ángulo elaborado para abordar la cuestión militar en la guerra regular y nuclear; el diagnóstico era: la actualidad dictaba como requerimiento afrontar formas no convencionales de lucha, colocando a la experiencia Malaya como referencia inmediata para abordar la tarea de generar prescripciones para librar la guerra irregular con eficacia. Se inició así un camino para instalar una perspectiva ofensiva en pro de lograr la iniciativa frente a los peligros revolucionarios, especialmente en el llamado Tercer Mundo. Estados Unidos reconoce que estaba en una “guerra de fronteras imprecisas” y se mostraba favorable a la reorganización del aparato de seguridad hacia operaciones especiales, acciones encubiertas, organizaciones paramilitares e infantería ligera.[60] El gobierno de Ronald Reagan expresó otro salto cualitativo en este proceso que tiene un importante punto de llegada en 1985, año en que se puso en marcha el “Proyecto sobre Guerra de Baja Intensidad” que produjo un escrito de dos volúmenes editados en 1986 con el fin de poder aplicar los conocimientos logrados en América Latina. Así se fue configurando una doctrina que le atribuye a los conflictos signados por la baja intensidad algunas características básicas. Su carácter es tanto político como militar; las operaciones armonizan acciones clandestinas y abiertas; y no tienen límites territoriales o frentes de combate claros (“fronteras imprecisas”). Según el propio Manual de Campo, las operaciones que comprenden son: 1) Apoyo para la insurgencia y la contrainsurgencia; 2) lucha contra el terrorismo; 3) operaciones de mantenimiento de la paz; y 4) operaciones de contingencia en tiempos de paz.[61] La primera se puede desagregar en pro-insurgencia -apoyo material (con equipo y/o instructores) a los grupos insurgentes contrarrevolucionarios en países del Tercer Mundo- y contrainsurgencia; la segunda abarca dos tipos de medidas; las propiamente antiterroristas (operaciones defensivas, para prevenir ataques) de las contraterroristas (disposiciones ofensivas para combatir “terroristas”);[62] las terceras son cada vez más comunes: “el uso de las fuerzas estadounidenses (a menudo bajo auspicios internacionales), con objeto de supervisar la ejecución de los acuerdos relativos al cese de hostilidades, o de establecer una valla entre los ejércitos rivales”. (En esta categoría entran la intervención en Somalia y las acciones multinacionales en Kosovo y Libia). Finalmente, entre el cuarto tipo de operaciones se encuentran las acciones militares puntuales para fortalecer la política exterior estadounidense, como lo son las maniobras de proyección de poder (amenazas), ataques punitivos,[63] u operativos de rescate de prisioneros. (Fue el caso de la ocupación de Granada, en 1983).[64] Según el mismo manual, “el conflicto de baja intensidad es una confrontación político-militar entre Estados o grupos rivales, por debajo de la guerra convencional y por encima de la competición de rutina, pacífica entre los Estados. Con frecuencia implica prolongadas luchas de competencia de principios e ideologías. […] Es llevada a cabo por una combinación de medios, empleando los instrumentos políticos, económicos, informativos y militares. Los conflictos de baja intensidad se han localizado, por lo general en el Tercer Mundo, pero contienen implicaciones para la seguridad regional y mundial” [65] Justifica su actividad por fuera de las convenciones tradicionales, al sostener que “la revolución y la contrarrevolución desarrollan su propia concepción ética y moral, la cual habilita el uso de cualquier medio para procurar la victoria. La supervivencia se convierte en el criterio definitivo de moral.” Se enuncia así un nuevo marco doctrinario en el que no cabe pensar en términos de “errores”, “excesos”, etc., ya que trasvasa explícitamente los límites jurídicos sin disimulo ni reparos.[66] Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy - Prohibida su reproducción sin citar el origen.

La guerra contrainsurgente de hoy Pablo Bonavena[1] y Flabián Nievas[2]


http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy (1) La guerra contrainsurgente de hoy Pablo Bonavena[1] y Flabián Nievas[2] Exploramos las características de las guerras y sus modalidades, específicamente las contrainsurgentes y sus implicaciones económicas, políticas y en materia de derechos humanos. Palabras clave: guerra, contrainsurgencia, derechos humanos, autonomía, terrorismo Introducción En los últimos años, pero con casi excluyente centralidad en la última década, a partir de los ataques al World Trade Center y al Pentágono, el tipo de guerra que se desarrolla en el mundo es contrainsurgente. Incluso las campañas desarrolladas por fuerzas convencionales multinacionales en Irak y Afganistán no tuvieron una matriz regular ni siquiera en su primera fase, que fue la de instalación en el territorio. Ni las fuerzas iraquíes, desgastadas después de las guerras con Irán y la primera guerra del Golfo, ni mucho menos las afganas, que prácticamente carecían de estructura, pudieron oponer resistencia real a los invasores. Militares observadores se preguntaban con lucidez si a partir del 1° de mayo de 2003, fecha en que Estados Unidos dio oficialmente por concluida la guerra en Irak, no habría comenzado realmente la guerra,[3] lo que, con el tiempo, quedó demostrado. Esa guerra real fue de corte contrainsurgente. La cuestión de la guerra contrainsurgente instala, inmediatamente, la problemática sobre la tortura, los crímenes de guerra y de lesa humanidad. Su íntima relación con el terrorismo estatal o las intervenciones militares imperialistas reactualizan sistemáticamente la preocupación, entre otras, por la violación a los Derechos Humanos y el genocidio. Sin embargo, esta casi automática vinculación de un problema con otro en los últimos años está cruzada por otras tres asociaciones que van ganando presencia y espesor. Por un lado, existe una tendencia teórico-política que intenta vincular a la insurgencia con la violación a los Derechos Humanos para quitarle legitimidad política, es decir, sostener que se trata de actos “terroristas”. Esta línea argumentativa tuvo entre sus pioneros a la República Argentina en tiempos de la última dictadura militar, pero que ahora es esgrimida por importante cuadros orgánicos (militares, académicos e intelectuales) de las fuerzas armadas norteamericanas.[4] Esta perspectiva busca forzar una inversión de la “carga de la prueba”, esto es, que los insurgentes deban demostrar que no violan los derechos humanos. Por otro, una línea impulsada explícitamente por George W. Bush que habilita el llamado “intervencionismo humanitario” con fuerzas armadas en la supuesta defensa de los Derechos Humanos.[5] Fundándose en los muy difusos derechos de tercera generación (derechos colectivos) se arguye desde esta perspectiva que la “comunidad internacional” tiene la obligación de intervenir en el territorio de un Estado cuando éste vulnere los Derechos Humanos de sus ciudadanos. Finalmente, también durante la administración de G. W. Bush, se reactualizó la muy vieja y olvidada doctrina medieval (tomista) de la “guerra justa”, ahora bajo el nombre de “guerra preventiva”[6], con lo que pretendidamente se anticipan las amenazas antes de que estas se concreten, situación que, desde el punto de vista lógico, constituye una profecía autocumplida, pero desde el punto de vista político, es un argumento que aumenta las posibilidades de intervención militar. www.hispantv.ir Con estas tres fundamentaciones queda abierto el camino a la invasión militar e, inclusive, se criminaliza la resistencia, que puede ser estatal (de hecho se mencionan Estados “canallas”) o insurgente, o bien la una devenida la otra.[7] Tales iniciativas, evidentemente, buscan mellar la fuerza de la primera definición que se sustenta en la probada relación entre contrainsurgencia y “guerra sucia”, confirmando un verdadero contragolpe ideológico contra una certeza cargada de evidencia empírica y horror. Los países imperialistas, por ejemplo, acusados de grandes matanzas de población se postulan enérgicamente a favor de los Derechos Humanos tras el lanzamiento de cada misil, procurando pasar del lugar de verdugo al de víctimas con derecho a defenderse.[8] Esta manipulación tiene notables consecuencias políticas, que incluso llegan a nuestra vida cotidiana. Ambas van conformando el sustento de la nueva doctrina contrainsurgente que acompaña las invasiones norteamericanas. La economía de la violencia en la guerra y sus orígenes Las inquietudes humanitarias para limitar la violencia de todo tipo de confrontación armada se remontan a muchos siglos atrás. Los aztecas restringían el número de combatientes, determinaban los días de duración y el lugar de la batalla según acuerdos que hacían con sus enemigos; las antiguas civilizaciones hindú, egipcia y hebrea establecieron pautas para el tratamiento de prisioneros y población no militarizada en tiempos de guerra, y el la Edad Media el código de caballería reglaba los combates entre caballeros y creó un conjunto de normas respecto de la captura, el trato y el rescate de prisioneros.[9] Actualmente el llamado Derecho Internacional Humanitario,[10] el denominado Derecho de la Haya y más reciente orientación política que procura limitar anticipadamente a que se desaten los choques bélicos propiamente dichos ciertos métodos y medios para hacer la guerra –conocida como la “rama de Nueva York”– tienen anclaje en la perspectiva de brindar protección a las víctimas de las conflagraciones o paliar los efectos traumáticos que promueven los conflictos armados.[11] Hacen a la búsqueda de la regulación de la guerra, en una tendencia que incluye, incluso, su criminalización. Esta pretensión encuentra un hito muy importante para su expansión en un momento histórico donde, producto de la guerra, se establece el reconocimiento de quienes serían los sujetos habilitados para practicarla y, asimismo, la asignación de un espacio legítimo para su ejercicio. A partir de 1648, con la firma en Westfalia de los tratados de paz con los que culminó la “guerra de los Treinta Años”, los convenidos suscriptos dieron el fundamento a los Estados nacionales modernos. Se establecieron las bases de un nuevo orden interestatal europeo, luego extendido al resto del mundo, de cuyas bases se desprenden, entre otras cosas, dos cuestiones importantes para nuestro análisis: a) la delimitación de fronteras estables, que posibilitó una estructuración del espacio más estable; b) el reconocimiento de los Estados como únicos agentes legítimos de la guerra, es decir, el cese del uso de los ejércitos privados que permitían a cualquier señor o príncipe contar con fuerzas militares para emprender sus guerras.[12] La demarcación de fronteras precisas implicó un “adentro” y un “afuera”, es decir, un estatuto de ciudadanía y de extranjería. Aquende las fronteras habitan nacionales; allende las mismas, extranjeros. Los primeros con ciertos derechos e incluso privilegios respecto de los segundos. Todavía no se ha instaurado la ciudadanía, pero ya existe uno de sus fundamentos y condición de posibilidad, que es la delimitación espacial de la misma. Por otra parte siendo los Estados los únicos agentes legítimos para la gestión de la violencia, tanto interna como externa, se cancela la posibilidad de existencia de ejércitos errantes: todos los habitantes estaban igualmente desarmados frente a la maquinaria militar del Estado; sus habitantes no son ni pueden ser combatientes entre sí. La guerra es un asunto externo, no interno: queda delimitado así su lugar específico. La determinación de la especialidad estatal construye, al mismo tiempo, la espacialidad para el gran combate. En tal sentido son muy ilustrativas las justificaciones de los contractualistas, particularmente de Thomas Hobbes, quienes elucubran un discurso que, lejos de ser demiúrgico, aparece como una forma de racionalización de la situación política que de hecho se fue configurando en los albores del capitalismo. Para la visión de Hobbes la conformación de los Estados generaba un “estado de naturaleza” internacional; por eso recomendaba estar siempre preparados para la guerra. [13] http://razonesdecuba.cubadebate.cu/ Carl Schmitt sostiene, en la misma línea que venimos argumentado, que el acotamiento de la guerra, vía el Derecho de Gentes, se produce con la consolidación del Estado, que a su vez supone la liquidación de la guerra civil y reduce la guerra a un enfrentamiento entre Estados: “la igualdad de los soberanos los convierte en partenaires de guerra con derechos idénticos y evita los métodos de la guerra de aniquilación”.[14] Queda establecido así un primer límite fundamental para economizar violencia, aunque su incidencia fuera más ideológica que real. El westfaliano es un ordenamiento internacional “espacializado”,[15] un entramado geopolítico donde los conflictos se estructuraron entre Estados nacionales. En dicho marco –en el cual fue acuñada la teoría “clásica” de la guerra, elaborada por Karl von Clausewitz– las guerras se desarrollaron de acuerdo a una dinámica relativamente estable que llevó a considerarlas “guerras regulares”. Características de este tipo de guerras son: el enfrentamiento entre dos o más Estados, con tropas total o parcialmente profesionalizadas e identificables, la disputa en (y por) un territorio delimitado, en una línea temporal fácilmente determinable (es decir, que era sencillo establecer cuándo comenzaban y terminaban las guerras). La definición de la misma surgía del “combate decisivo”, en función del cual se desarrollaban las distintas estrategias y sus respectivas tácticas, y el fin solía cobrar alguna forma cuasi jurídica, sea mediante un acuerdo de paz o un armisticio. Estas guerras “regulares” fueron progresivamente reguladas (en el lábil sentido de las normas internacionales). Si bien siempre se atendieron a los usos y costumbres, una creciente estructuración jurídica fue cerniéndose en torno a la guerra: el ius ad bellum o derecho a la guerra y el ius in bello o derecho en la guerra, que conforman los pilares de esta juricidad.[16] Al primero corresponde la regulación de los bandos beligerantes y las formas de actuar: no cualquiera puede desarrollar una guerra;[17] también a las formas de comienzo y finalización: la declaración formal de una guerra, y el tratado de paz que la concluye. Asimismo, justifica la guerra sólo cuando un Estado enfrenta un peligro real y luego de haber procurado la solución al conflicto agotando las diferentes vías pacíficas, permitiendo sólo un daño al enemigo proporcional a la agresión recibida. El ius in bello, en cambio, tiende a regular las acciones dentro de la guerra, estableciendo una clara distinción entre personal militar (combatiente) y civiles (no combatientes). Estos últimos deben ser resguardados de los efectos directos de la guerra.[18] Pero aún para el personal militar se generaron una serie de regulaciones tendientes a protegerlos de toda incidencia más allá del combate. Los principios elaborados tuvieron un reforzamiento en el Congreso de Viena de 1814-1815 que vigorizó las nociones del Derecho de guerra europeo –que luego se denominaría “Derecho de guerra clásico”– diferenciando claramente a la guerra de la paz, a los combatientes de aquellos que no lo eran y a los enemigos de los “criminales”, siendo enemigos de un Estado únicamente otro Estado, quedando reservada la figura del criminal para el combatiente irregular. [19] Este proceso en procura de acotar la guerra se profundizó en 1864 con al firma del primer “Convenio de Ginebra para el mejoramiento de la suerte que corren los militares heridos en los ejércitos en campaña”, al concluir la conflagración entre Dinamarca y la alianza austro–prusiana. Por entonces se desarrollaba lo que se considera la primera guerra que tuvo las características propias de las conflagraciones del siglo XX, que fue la guerra civil estadounidense, que ocasionó más de 600.000 muertos y 1.100.000 heridos. [20] En 1906 se suscribió el segundo “Convenio de Ginebra para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos, enfermos o náufragos en las fuerzas armadas en el mar”. Hubo que pasar por la traumática experiencia de la primera guerra mundial para que en 1929 se acordara el tercer “Convenio de Ginebra para mejorar la suerte de los heridos y enfermos de los ejércitos en campaña y el Convenio de Ginebra relativo al trato de los prisioneros de guerra”. Pero lo que se considera la base del derecho internacional humanitario son los cuatro tratados firmados en la misma ciudad luego de concluida la segunda guerra mundial, con un saldo de varios millones de muertos entre todos los bandos. En diciembre de 1949, es decir un año después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se rubricaron cuatro tratados: I) “Convenio de Ginebra para Aliviar la Suerte que Corren los Heridos y Enfermos de las Fuerzas Armadas en Campaña”; II) Convenio de Ginebra para Aliviar la Suerte que Corren los Heridos, los Enfermos y los Náufragos de las Fuerzas Armadas en el Mar; III) Convenio de Ginebra relativo al trato debido a los prisioneros de guerra; y IV) Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra.[21] Como puede observarse, toda esta estructura jurídica –de escaso acatamiento, por cierto– se fundamenta en la distinción original “westfaliana” de combatiente-no combatiente, robustecida por el Congreso de Viena. Pero, asimismo, se sientan sobre otros principios dignos de destacar. Las guerras entre Estados a partir de Westfalia tienen legalidad y legitimidad y se caracterizan por ser enfrentamientos entre fuerzas relativamente simétricas, atributo que abrió la posibilidad de desarrollar “…una forma especial de sujeción de la guerra a normas jurídicas…”.[22] En la firma de la Paz de Westfalia las partes se consideraban iguales, idea fuerza de la soberanía estatal, principio que fue condición de posibilidad para establecer el derecho internacional.[23] Los Estados podían declarar la guerra, los asistía ese derecho, pero obedeciendo a ciertas normas como la prohibición de torturar a prisioneros o las ejecuciones sin juicio Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy - Prohibida su reproducción sin citar el origen.CONTINÚA (1)

domingo, 30 de agosto de 2015

Alexander Fleming y la penicilina - "La maravilla de drogas"


Casa Alexander Fleming y la penicilina - "La maravilla de drogas" 00:0000:00 Un día, en septiembre de 1928, el Dr. Alexander Fleming estaba limpiando en marcha su laboratorio en la Escuela de Medicina del Hospital de St. Mary en Londres, Inglaterra. Entre el desorden habitual en su espacio de trabajo, el profesor Fleming vio algo inusual en una placa de cultivo. Él había estado investigando Staphylococcus, un tipo de bacteria. En una placa de Petri, que contiene que las bacterias, el moho (también deletreado "molde") fue creciendo en forma de un anillo. El moho en una placa de Petri había nada inusual, en y por sí mismo. Lo que llamó la atención del profesor Fleming, sin embargo, era algo muy diferente. El área alrededor del anillo de molde parecía estar libre de bacterias. Fleming se preguntó: ¿Hay algo acerca de este molde particular que está matando a las bacterias? Si es así, ¿qué sustancia está llegando desde el molde? Fleming investigó el molde un poco más lejos. Se lo puso en un plato para que pudiera verlo crecer. A medida que crecía, él fue capaz de extraer un poco de líquido de ella. Su investigación adicional demostró que lo estaba activo en el líquido, que se extrae del molde, también podría matar a otros tipos de bacterias. Tomando su investigación un paso más, esta curiosa bacteriólogo descubrió que podía dar un poco de extracto líquido para animales pequeños sin efectos secundarios. Su descubrimiento parecía tener increíbles propiedades antibióticas. Como él continuó estudiando el molde, Fleming se dio cuenta de que se trataba del género "Penicillium", que primero se había descrito en 1809 por Johann Heinrich Friedrich Link (en Observationes en naturales ordines plantarum). Ese nombre - penicillium - fue seleccionado debido a que el hongo, bajo el microscopio, se asemeja a pincel de un pintor. La palabra latina para "pincel de pintor" es penicillium. Ocupado con otras cosas, el profesor Fleming pasó a otras investigaciones. Simplemente no podía exprimir fuera bastante del "zumo de molde" para que sea un foco importante de su obra. Él dio su descubrimiento un nombre, sin embargo. Lo llamó "penicilina", y publicó un documento sobre sus hallazgos en 1929. Entonces ... nueve años pasaron. Sobre el tiempo de la Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania, en 1939, un profesor de la Universidad de Oxford de Patología - Dr. Howard Florey - estaba examinando sustancias capaces de combatir las bacterias. Él y su colega, el Dr. Ernst Chain, cree que la penicilina era la mejor opción. Se enfrentaron el mismo problema difícil, ya que el profesor Fleming, sin embargo. ¿Qué método se podrían utilizar para extraer de manera eficiente la penicilina a partir de los cultivos de moho? ? Y ... ¿cómo iban a probar la eficacia de sus muestras de la historia de la Universidad de Oxford sobre la penicilina nos dice más: Con Norman Heatley, un bioquímico que se convirtió en investigador asociado de Florey en 1940, el equipo resuelve ambos problemas. Heatley ideó una nueva técnica para medir la actividad de una muestra de la penicilina y se acercó con un método llamado retro-extracción para aislar la penicilina. Se las arregló para automatizar este procedimiento utilizando un montaje consistente en botellas, bidones de leche, patios de vidrio y tubos de goma. Una vez Florey y su equipo tenían suficiente penicilina utilizar para las pruebas, que trabajó con ratones para determinar si podría luchar eficazmente las bacterias: Para el 25 de mayo de 1940, el equipo había llegado a un punto en que podían llevar a cabo un nuevo experimento que probar si la penicilina podía ser un importante fármaco antibacteriano. Ocho ratones recibieron dosis letales de estreptococos. Cuatro de los ratones entonces recibieron inyecciones de penicilina. A la mañana siguiente todos los ratones no tratados habían muerto mientras que los que habían recibido la penicilina sobrevivieron durante días o semanas. Con la guerra todavía furioso, Florey y su equipo creen que la penicilina podría ser una gran ayuda para todos los hombres que resultaron heridos en los enfrentamientos. Ellos trabajaron duro para producir suficiente penicilina para las pruebas en humanos: Él [Florey] volvió la Escuela Dunn [en Oxford] en una especie de fábrica de la penicilina. Seis chicas "penicilina" fueron tomadas en mantener la producción en 700 buques de nuevo diseño que estaban continuamente en uso. Por 02 1941 Florey sentía que tenía suficiente penicilina para comenzar los ensayos en humanos. El primer sujeto humano era un oficial de policía que estaba cerca de la muerte a causa de una infección. Tal vez la penicilina podría salvarlo: Con la ayuda de Charles Fletcher, un joven médico en el Radcliffe Infirmary, el 12 de febrero de 1941, Albert Alexander, un policía de 43 años de edad, se convirtió en el primer paciente a ser tratado con penicilina. Él había arañado el rostro de un rosal, la herida se había convertido infectado y la infección se había extendido. Fletcher le inyectó penicilina regularmente durante cuatro días, y dentro de 24 horas que se mejora en gran medida. Pero los suministros de la nueva droga acabaron antes de su curación fue completa. Él recaída a principios de marzo, y murió dos semanas después. Ensayos en humanos adicionales, en cinco pacientes, también producen buenos resultados. Para realmente hacer una diferencia en el esfuerzo de guerra, sin embargo, el nuevo fármaco tendría que ser producida en cantidades mucho mayores que los profesores y sus equipos podrían inventar en un laboratorio. Florey no presentó una patente. Había estado pidió no hacerlo por razones éticas. Se pensó, en Gran Bretaña, que el tratamiento de la penicilina sería tan significativa que debe beneficiar a toda la humanidad. Mientras tanto, los médicos de la Universidad de Columbia (Nueva York), escribieron el Dr. Florey. Gladys Hobby y sus colegas (Karl Meyer y Martin Henry Dawson) solicitó una muestra del molde. Ellos querían ver si podían ayudar a producir más del ingrediente activo. Como escribe en su libro, La penicilina: Enfrentando el Desafío, Hobby y miembros de su equipo se quedó sin espacio para almacenar sus frascos: Pronto cientos de frascos de dos litros ... alinearon cada mesa de laboratorio aula de la Escuela de Medicina de la Universidad de Columbia. (Eric Lax, citando el libro del Dr. Hobby en el molde en Escudo del Dr. Florey: La historia de la penicilina Milagro, en la página 145). Incluso eso no era suficiente. En poco tiempo, los miembros del equipo estaban almacenando sus frascos debajo de los asientos en dos pisos anfiteatro de la Universidad. Resultó de salida a ser una gran incubadora. Después Dr. Hobby y sus colegas publicaron sus hallazgos, informando que la penicilina podría ser un muy significativo antiséptico, las compañías farmacéuticas en el Reino Unido y los EE.UU. estaban dispuestos a hacer la penicilina a gran escala. Dr. Andrew J. Moyer - un investigador estadounidense que trabaja en un Departamento de Agricultura de laboratorio en Peoria, Illinois - figuró fuera cómo fabricar la penicilina a escala industrial. Solicitó, y recibió una patente (US 2.443.989). En junio de 1944 - cuando la invasión de Normandía tuvo lugar - había suficientes suministros de penicilina para hacer una diferencia monumental para las fuerzas aliadas: En 1943, fue posible para el tratamiento de 1500 el personal militar, y sólo un año después, un sinnúmero de heridos en los desembarcos del Día D fueron salvados por la penicilina. El rendimiento había aumentado de 1% en frascos de 1 litro de 80 a 90% en 10.000 tanques de galones .. Fleming, quien murió el 11 de marzo de 1955, vivió lo suficiente como para entender el valor generalizado de su trabajo. Él, Florey y Chain conjuntamente ganó el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1945. Norman Heatley - el "héroe tranquilo, pragmática en la historia de éxito de penicilina" que hizo posible la extracción de la penicilina - no fue incluido en la adjudicación de 1945. En 1990, sin embargo, recibió un honor aún más raro que un Premio Nobel. Se le dio el primer doctorado honoris causa en 800 años de historia de Oxford. En ese momento, la gente llamó penicilina "la droga de la maravilla." A día de hoy, la penicilina está beneficiando a millones de personas en todo el mundo. Y ... ¿qué hay de la patente que no ha sido buscado por el equipo de Oxford? ... Hasta el día de hoy el pesar británica que, por razones éticas, que habían pedido Florey no presentar una patente sobre la penicilina. La Universidad de Oxford nunca tuvo su cuota de los fabulosos beneficios obtenidos de la penicilina en los EE.UU., y, en añadir insulto a la injuria, el Reino Unido tuvo que pagar derechos de licencia a las empresas estadounidenses. (Ver Biotecnología para principiantes, de Reinhard Renneberg, en la página 121.) Créditos de Medios Vídeo en línea, el canal de cortesía Wellcome Library en YouTube. La película se describe como: Un gobierno produce película sobre el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming, y el continuo desarrollo de su uso como un antibiótico por Howard Florey y Ernst Boris Chain. La película utiliza muchas animaciones modernistas para representar la investigación científica. Premio Nacional de la Asociación de Cine Industrial Británica, 1964; un Primer Premio, Festival de cine Quinta Internacional Industrial, Londres, 1964; un Diploma al Mérito, Festival Internacional de Cine de Melbourne, 1964. 2 segmentos. Una oficina central de la película de la Información. Producido por TVC London Limited, escrito por Donald Holms, animada por Dave Rich, Gordon Harrison y Dennis Hunt, cámara de John Williams, editado por Alex Rayment, la música de Peter Snade y dirigida por Denis Rich. Licencia: Creative Commons Reconocimiento-No comercial 2.0 Reino Unido: Inglaterra y Gales-https://www.awesomestories.com/asset/view/Alexander-Fleming-and-Penicillin-The-Wonder-Drug-